Si has llegado buscando una respuesta breve, aquí la tienes: Una autobiografía es la historia de la vida, contada con sus propias palabras sencillas y gozosas, de Amanda Berry Smith (1837–1915), una mujer nacida en la esclavitud que llegó a ser una de las evangelistas de la santidad más solicitadas del siglo XIX, que predicó a ambos lados del Atlántico y llevó el evangelio a Inglaterra, la India y África Occidental. Su título completo, La historia de los tratos del Señor con la señora Amanda Smith, te dice exactamente qué clase de libro es. No se trata tanto de unas memorias sobre Amanda Smith como de un testimonio acerca del Dios que, tal como ella lo veía, salía a su encuentro una y otra vez junto a la tabla de planchar, en la casa de reuniones y en la cubierta del barco. Ochorus ofrece el texto completo de forma gratuita, y esta guía pretende ayudarte a leerlo bien.

Qué es el libro y quién fue Amanda Smith

Amanda Berry Smith nació esclava en Maryland. Su padre compró su propia libertad y luego trabajó duramente para comprar la de su esposa y la de sus hijos, y ella nunca olvidó que su libertad había sido pagada a un alto precio. Trabajó como lavandera y sirvienta doméstica, enviudó y volvió a casarse, sepultó a varios hijos, y conoció el hambre y el dolor mucho antes de conocer un púlpito. Entonces, en una reunión metodista en Nueva York, recibió lo que ella y su tradición llamaban la bendición de la entera santificación, y su vida se volcó hacia afuera. Sin dinero, sin patrocinio y sin el respaldo del que dependían la mayoría de los predicadores de su época, comenzó a viajar: primero a las reuniones campestres del noreste de los Estados Unidos, luego a Gran Bretaña, y después, durante años, por la India y África, sostenida, según insistía ella, únicamente por la oración y por ofrendas que llegaban justo en el momento en que se necesitaban.

Dictó este libro con una voz que nunca pretende ser otra cosa que la suya: cálida, divertida, humilde hasta el punto de burlarse de sí misma y absolutamente segura de Dios. Escribe sobre la esclavitud y el racismo sin amargura, pero también sin rehuirlos, y escribe sobre sus propias dudas con la misma franqueza que sobre sus victorias. Ya al principio le da al lector la clave de toda su manera de ver la vida:

Muchas veces le digo a la gente que tengo más derecho a gritar de júbilo que otros; he sido comprada dos veces, y liberada dos veces, y por eso siento que tengo todo el derecho de gritar. ¡Aleluya!Amanda Berry Smith

Comprada una vez para salir de la esclavitud, comprada de nuevo por la sangre de Cristo: esa doble liberación es el motor de toda la narración.

El arco de la historia

El libro avanza, a grandes rasgos, en tres grandes etapas, y ayuda leerlo teniendo presente esa forma.

La primera etapa es su infancia y juventud: el nacimiento en la esclavitud, la libertad que la familia conquistó con tanto esfuerzo, su niñez en Pensilvania, el matrimonio y la conversión. Aquí narra la conmovedora escena junto al lecho de muerte en la que una joven ama arranca la promesa de que la madre de Amanda y sus hijos recibirán la libertad, una respuesta, según cree ella, a las oraciones de su abuela.

La segunda etapa es la crisis y el punto de inflexión: su larga lucha en torno a la santificación, sus dudas, el momento de la certeza y sus primeros pasos vacilantes en el ministerio público. Este es el corazón del libro. Describe, con un detalle casi cinematográfico, aquel viernes cualquiera en que dejó de planchar para zanjar la cuestión para siempre, y relata el llamado repentino, que la hizo temblar, a dejar su hogar e ir a una ciudad de la que solo había oído hablar.

La tercera etapa es el ministerio por todo el mundo: las reuniones campestres de Kennebunk y Knoxville, la travesía hasta Liverpool, el avivamiento en Escocia y en Londres, los años de trabajo con los huérfanos de la hambruna y las grandes reuniones en la India, y por último los largos y costosos capítulos africanos: Monrovia, Cabo Palmas, Old Calabar, la obra de templanza, las escuelas y la adopción de un niño africano al que llama el pequeño Bob. Los capítulos finales la llevan de regreso a Inglaterra durante una temporada de sanidad por la fe y luego, de nuevo, a casa. Leído de principio a fin, el arco es inconfundible: una lavandera que había sido esclava se convierte en una misionera cuyo alcance da la vuelta al mundo.

Los temas centrales

La entera santificación y la vida de santidad

Por encima de todo, este es un libro de santidad. Smith pertenece a la tradición wesleyana, que esperaba una segunda obra de gracia bien definida, posterior a la conversión: una limpieza del corazón y una llenura del Espíritu. El relato de cómo la recibió, durante un sermón del hermano Inskip, es uno de los grandes testimonios del movimiento:

“El Señor”, dije, “ha santificado mi alma”. ¡Y se quedaron sin habla! No dije nada más, sino que seguí adelante, ¡agitando el brazo! Supongo que la gente pensó que me había vuelto loca, y así era, ¡porque Dios me había prendido fuego! “¡Oh”, pensaba yo, “si hubiera una plataforma alrededor del mundo, estaría dispuesta a subirme a ella y caminar y contarles a todos acerca de este poder santificador de Dios!”Amanda Berry Smith

Observa que la experiencia es inseparable de sus dudas. Cuando el enemigo le susurró que no tenía ningún testimonio de la bendición, ella llevó el asunto directamente a Dios con un atrevimiento sorprendente: “Señor, no sé qué pedirte como testimonio directo de esta bendición, pero dame algo tan claro y tan preciso que el diablo nunca vuelva a atacarme en ese punto mientras viva”. Los lectores que deseen conocer la teología que hay detrás de oraciones como esta la encontrarán en pasajes clásicos de la santidad como 1 Tesalonicenses 5:23, Hebreos 12:14 y Hebreos 13:12.

La provisión y la guía de Dios

Smith nunca cobró un salario y rara vez sabía de dónde saldría el siguiente pasaje o la siguiente comida; sin embargo, el libro es un registro continuo de provisiones que llegan a tiempo. En África vio cómo una antigua promesa se cumplía libra por libra:

No mucho después de llegar allí, mi amoroso Padre, Dios, comenzó a cumplir aquella bendita y antigua promesa que me dio cuando salí de América: “Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Fil. 4:19.Amanda Berry Smith

Su guía llegaba de la misma manera: una palabra, un texto, un nombre dicho a su corazón. Oyó una sola palabra, “Salem”, y obedeció, aunque no conocía a nadie allí. Léela junto a Filipenses 4:19, Juan 15:7 y Salmos 34:8, y el patrón se convierte en un pequeño curso sobre cómo vivir por fe.

Una fe que cruza razas y naciones

Smith es honesta acerca del racismo que llevaba dentro y del racismo con el que se encontró. Confiesa una desconfianza de toda la vida hacia los blancos, y luego describe la mañana en que ese temor fue quebrantado por un versículo que de repente entendió por primera vez:

Parecían venir de la esquina noreste de la iglesia, despacio, pero con claridad: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. (Gálatas 3:28.) Nunca antes había entendido ese texto. Pero ahora el Espíritu Santo me lo había aclarado.Amanda Berry Smith

Ese versículo se convirtió en el terreno firme sobre el que se mantuvo en cada púlpito blanco y en cada país extranjero. Su ministerio cruzó las fronteras de raza, clase y nación no como un programa, sino como la consecuencia sencilla del evangelio que predicaba.

El llamado misionero

La segunda mitad del libro es un diario misionero, y pertenece a la misma conversación que Mateo 28:19, Hechos 1:8 e Isaías 6:8. Smith no fue al extranjero porque una junta la enviara; fue porque creía que Dios le había dicho que fuera, y se quedó a pesar de la fiebre, la soledad y la pérdida. Sus capítulos sobre los huérfanos de la hambruna en la India y las escuelas de África muestran una fe que se expresa en la obra de templanza, en la educación y en el cuidado diario de los niños: santidad arremangada.

Quién debería leer este libro

Lee Una autobiografía si te encantan los relatos de primera mano sobre el avivamiento y los comienzos del movimiento de santidad: pocos son tan vívidos o tan dignos de confianza. Léelo si te atraen las historias de fe y de provisión, o si estás luchando, como luchó Smith, con lo que significa estar plenamente entregado a Dios. Léelo si te importa la historia del cristianismo negro en los Estados Unidos, o la de las mujeres en el ministerio un siglo antes de que fuera ampliamente aceptado. Y léelo si simplemente quieres la compañía de una creyente gozosa, divertida y profundamente dada a la oración, que pasó por más de lo que la mayoría de nosotros pasará jamás y aun así termina casi cada párrafo con un “Aleluya”. No exige ninguna formación especial; su prosa es sencilla y su corazón está abierto en cada página.

Cómo leerlo hoy

Algunas sugerencias harán la lectura más rica. En primer lugar, deja que el habla popular y las exclamaciones se queden como están. Los gritos de alabanza y las conversaciones que relata no son adorno; así es como suena un testimonio oral del siglo XIX, y suavizarlos en tu mente aplanaría la voz que hace grande a este libro.

En segundo lugar, ten una Biblia a mano. Smith cita y alude constantemente a las Escrituras, y los textos en los que se apoya (Gálatas 3:28, Filipenses 4:19, Juan 15:7, Isaías 35:8) merecen leerse completos allí donde los cita.

En tercer lugar, lee las partes difíciles despacio y con honestidad. Sus descripciones de la esclavitud, de ser la única persona negra en una congregación blanca y de los prejuicios con que se encontró en el ministerio están contadas con dignidad y sin autocompasión. Detente en ellas en lugar de pasarlas de largo; forman parte de lo que su fe le costó y de lo que esa fe venció.

En cuarto lugar, si la extensión te intimida, léelo en sus tres movimientos (la infancia y juventud, la crisis de la santificación y el ministerio por todo el mundo), haciendo una pausa entre uno y otro. Y cuando termines, continúa con un libro que lo acompañe. La lectura siguiente más natural es Un tizón arrebatado del incendio, de Julia Foote, otra mujer negra del movimiento de santidad cuyo testimonio autobiográfico corre notablemente paralelo al de Smith. También puedes explorar más sobre la vida y el legado de Amanda Berry Smith en su página de autora.

Para la reflexión

Ya sea que leas a solas, escribas un diario o te reúnas con un grupo pequeño, estas preguntas te ayudarán a pasar de la historia de Smith a la tuya.

  1. Smith dice que fue “comprada dos veces, y liberada dos veces”. ¿Qué significa para ti que tu libertad en Cristo haya sido comprada a un precio, y cómo podría la gratitud por ella cambiar tu manera de vivir esta semana?
  2. Su certeza de la santificación llegó solo después de pedirle a Dios un testimonio del que no pudiera dudar. ¿En qué aspectos de tu propia vida estás viviendo con preguntas sin resolver que en realidad nunca has llevado a Dios tan directamente como lo hizo ella?
  3. Lee Gálatas 3:28 despacio. Smith lo oyó quebrantar un temor de toda la vida. ¿Qué división (de raza, de clase o de posición) necesitas todavía que el Espíritu Santo te haga “clara”?
  4. Smith fue a “Salem” con la sola fuerza de una palabra, y a África con la fuerza de una promesa como Filipenses 4:19. ¿Cómo sería para ti obedecer un llamado antes de poder ver cómo se proveerá para él?
  5. Ella expresó su santidad por medio de la predicación, la obra de templanza y el cuidado de niños huérfanos. Si una entrega total a Dios tomara forma práctica en tus circunstancias, ¿qué sería lo primero que te pediría?

Amanda Berry Smith te diría que el propósito de su libro no es que la admires a ella, sino que confíes en su Dios. Lee Una autobiografía con ese espíritu, y se convertirá menos en una ventana al pasado que en una invitación a la misma vida de fe que ella encontró: comprada, liberada y enviada.