Si has venido buscando un mapa sencillo para recorrer la predicación de George Whitefield, estás en el lugar indicado. Sermones escogidos de George Whitefield reúne unos sesenta de sus mensajes de púlpito más perdurables, y Ochorus ofrece el texto completo para leerlo gratis. Al principio la colección puede parecer inmensa —decenas de sermones, cada uno construido sobre un solo versículo—, así que esta guía te dice qué es el libro, qué sermones abrir primero y el puñado de temas que mantienen unido el conjunto. La respuesta breve es esta: casi todos los sermones de este libro predican una sola cosa desde cien ángulos distintos: que tienes que nacer de nuevo, que tu propia justicia no te salvará y que Cristo se te ofrece gratuitamente, hoy.
Qué es la colección y cómo predicaba Whitefield
George Whitefield (1714–1770) fue el gran predicador itinerante del avivamiento del siglo XVIII que hoy llamamos el Gran Despertar. Cruzó el Atlántico trece veces, predicó en campos abiertos a multitudes que llegaban a decenas de miles de personas y se convirtió —junto con su amigo y a veces rival John Wesley— en una de las dos voces que llevaron el avivamiento evangélico por Gran Bretaña y las colonias americanas. No tenía micrófono ni edificio lo bastante grande; tenía un texto, un corazón cargado y una voz que Benjamin Franklin, como es bien sabido, intentó medir.
Esto es una colección, no un único argumento, y eso determina cómo debes tomarla en tus manos. Cada sermón toma un versículo y lo hace girar lentamente a la luz. Whitefield predicaba sin notas, así que lo que sobrevive en la página es cálido, directo y no teme interpelar al lector. No diserta sobre la religión en abstracto; la aplica con insistencia. Le dolía que tanta asistencia a la iglesia nunca hubiera tocado el corazón:
hay muchísimos que llevan el nombre de Cristo y que, sin embargo, ni siquiera saben qué es el verdadero cristianismo.
George Whitefield
Esa frase es la colección en miniatura: una súplica, no una mera explicación. Como los sermones se predicaron a lo largo de tres décadas y en dos continentes, puedes leerlos en cualquier orden. No perderás el hilo por empezar por la mitad. Lo que encontrarás, una y otra vez, es a un hombre convencido de que el nuevo nacimiento no es una doctrina para admirar, sino una experiencia que buscar.
Sermones clave para empezar
Si el índice te abruma, comienza por los sermones que forjaron la reputación de Whitefield y que aún transmiten su corazón con mayor claridad.
El método de la gracia, predicado sobre Jeremías 6:14, es quizá su mensaje más famoso. Desmonta el falso consuelo de una religión que nunca se ha enfrentado a su propio pecado. Whitefield advierte a sus oyentes sin rodeos:
la mayor maldición que Dios puede enviar sobre un pueblo en este mundo es entregarlo a guías ciegos, no regenerados, carnales, tibios e inexpertos.
George Whitefield
Léelo primero si quieres sentir la fuerza de su predicación. El Señor, justicia nuestra, sobre Jeremías 23:6, es su exposición más clara de la justificación. Aquí nombra la enfermedad contra la que predicó toda su vida, la confianza en uno mismo:
la justicia propia es el último ídolo que se arranca del corazón
George Whitefield
Sobre la regeneración y Señales de una verdadera conversión (Mateo 18:3) forman juntos su enseñanza sobre el nuevo nacimiento: qué es y cómo puedes saber que es real. Y El buen pastor, su sermón de despedida en Londres sobre Juan 10:28, muestra el lado tierno de un hombre al que se suele recordar por sus truenos.
A partir de ahí, sigue tu necesidad. ¿Te inquieta la seguridad de tu salvación? Lee El casi cristiano, sobre Hechos 26:28. ¿Estás cansado y cargado? Acude a Cristo, el único descanso para los trabajados y cargados, sobre Mateo 11:28. ¿Quieres el evangelio entero y sencillo? Cristo, sabiduría, justicia, santificación y redención del creyente lo reúne en un solo texto.
Los temas centrales: el nuevo nacimiento, la justificación, Cristo ofrecido gratuitamente
Tres grandes notas resuenan en toda la colección, y oírlas convierte un montón de sermones en un único mensaje.
El nuevo nacimiento, o regeneración. Este es el tema distintivo de Whitefield, y vuelve a él sin descanso. En Sobre la regeneración llama al nuevo nacimiento aquello de lo que depende todo lo demás:
el gozne mismo sobre el que gira la salvación de cada uno de nosotros
George Whitefield
Se lamenta de que la gente trate la regeneración como una doctrina extraña cuando es lo más claro de las Escrituras. Le dolía que personas respetables y ortodoxas pudieran recitar el credo y, aun así, no haber nacido nunca de nuevo. En Señales de una verdadera conversión, sobre la palabra del Señor en Mateo 18:3 de que debemos volvernos y hacernos como niños, expone las pruebas por las que un corazón puede saber que Dios ha hecho en él una obra verdadera.
La justificación solo por la fe. Whitefield era un calvinista convencido, y sus sermones sobre la justicia —El Señor, justicia nuestra (Jeremías 23:6), La justicia de Cristo, una justicia perdurable (Daniel 9:24) y De la justificación por Cristo— martillean un solo punto: no puedes vestirte a ti mismo con una justicia digna de Dios. Tiene que serte dada. Predicaba que el último ídolo, y el más difícil de abandonar, es la callada confianza en que podemos aportar algo a nuestra propia salvación.
Cristo ofrecido gratuitamente. Frente a toda forma de religión de autoayuda, Whitefield presenta a Cristo como un regalo. Sermones como Cristo, el único descanso para los trabajados y cargados (Mateo 11:28) y La cena del evangelio (Lucas 14:22, con su insistencia en que todavía hay lugar en la mesa) son pura invitación. Incluso sus sermones más severos —La necedad y el peligro de no ser lo bastante justo (Eclesiastés 7:16) o La eternidad de los tormentos del infierno (Mateo 25:46)— buscan llevar al lector no a la desesperación, sino a los brazos abiertos de Cristo.
La amplitud de la colección
Más allá de los grandes sermones evangelísticos, el libro muestra cuán amplio era el alcance de Whitefield. Hay retratos del Antiguo Testamento: Andar con Dios, sobre Enoc (Génesis 5:24), Abraham ofrece a su hijo Isaac (Génesis 22:12) y El alfarero y el barro (Jeremías 18:1). Hay escenas de los Evangelios contadas de nuevo con dramatismo: El ciego Bartimeo (Marcos 10:52), La resurrección de Lázaro (Juan 11:43), La conversión de Zaqueo (Lucas 19:9) y El fariseo y el publicano (Lucas 18:14).
Hay sermones prácticos y escrutadores para la vida cristiana de cada día: El gran deber de la religión familiar (Josué 24:15), El deber de escudriñar las Escrituras (Juan 5:39) e incluso Instrucciones sobre cómo oír sermones (Lucas 8:18), que es un buen lugar para que el lector de este mismo libro haga una pausa. Y hay advertencias directas contra pecados concretos: El abominable pecado de la embriaguez (Efesios 5:18) y El abominable pecado de maldecir y jurar profanamente (Mateo 5:34). Whitefield creía que el evangelio lo tocaba todo, y esta colección lo demuestra.
Quién debería leerlo
Este libro recompensa a varios tipos de lectores. Si eres nuevo en la fe y quieres entender qué es realmente la conversión, los sermones sobre el nuevo nacimiento te darán el relato más claro y personal que probablemente encuentres. Si llevas mucho tiempo yendo a la iglesia y sospechas que tu religión se ha enfriado, El casi cristiano y El método de la gracia se escribieron para ti: todo el ministerio de Whitefield apuntaba a la persona respetable que nunca había venido de verdad a Cristo.
Si eres predicador o maestro, esto es una lección magistral sobre cómo tomar un versículo y predicar a Cristo a partir de él con ardor y claridad. Y si sencillamente amas la historia de los avivamientos, estos son los documentos primarios del Gran Despertar: las palabras mismas que conmovieron a una generación. El calvinismo de Whitefield es evidente en todo el libro, de modo que un lector de cualquier tradición hallará a la vez una convicción estimulante y mucho que sopesar.
Cómo leerlo hoy
Unas pocas sugerencias harán la colección mucho más fructífera. Primero, lee un sermón cada vez, despacio. Fueron pronunciados, no hojeados, y calan mejor cuando les dedicas una sola sentada. Segundo, abre tu Biblia en el texto. Cada sermón pende de un versículo; leer primero Mateo 6:13 o Filipenses 3:10 te permite ver cómo Whitefield extrae todo el mensaje de esas palabras.
Tercero, deja que el inglés antiguo obre en ti. Las frases de Whitefield son largas y su manera de dirigirse al oyente es directa: a menudo se vuelve para hablarte a ti sin previo aviso. No te resistas; de eso se trata. Cuando te plantee una pregunta con insistencia, respóndela con sinceridad en lugar de pasar de largo. Cuarto, lee para tu alma, no solo para tus apuntes. Whitefield preferiría que cerraras el libro cambiado antes que informado. Si un sermón como Cristo, el único descanso para los trabajados y cargados te conmueve, detente y conviértelo en oración antes de seguir.
Puede resultarte útil leerlo junto a un contemporáneo suyo. Los Sermones sobre diversas ocasiones de Wesley te ofrecen la otra gran voz del mismo avivamiento, y la amistad entre ambos, a pesar de sus verdaderas diferencias teológicas, es en sí misma digna de meditación. Para el mismo evangelio de la gracia gratuita en un tono más breve y apacible, Todo por Gracia, de Charles Spurgeon, es un cálido volumen de compañía.
Para la reflexión
Whitefield nunca dejaba que un oyente se marchara sin una pregunta que llevarse a casa. Tómate estas con calma y respóndelas delante de Dios, más que sobre el papel.
- Whitefield insiste en que el nuevo nacimiento es el gozne mismo sobre el que gira nuestra salvación. ¿Puedes señalar evidencias de esa obra en tu propio corazón, o, como Nicodemo, solo has oído alguna vez las palabras?
- Al leer El Señor, justicia nuestra, ¿en qué sigues confiando calladamente en tu propia bondad? ¿Qué te costaría renunciar a ese último ídolo?
- En El casi cristiano (Hechos 26:28), Whitefield describe a personas que están cerca del reino pero no dentro de él. ¿Qué impide que un casi cristiano llegue a ser un cristiano del todo?
- Las invitaciones del evangelio que aparecen aquí —Mateo 11:28 y Lucas 14:22— insisten en que hay lugar para ti. ¿Qué te impide sencillamente venir?
- Después de leer Instrucciones sobre cómo oír sermones (Lucas 8:18), ¿cómo podrías cambiar tu manera de recibir la Palabra de Dios, incluida la manera en que acabas de leer este libro?
Whitefield predicaba buscando un veredicto, y esta colección todavía lo reclama. Comienza allí donde tu necesidad sea mayor, lee en actitud de oración y deja que el gran predicador itinerante haga de nuevo lo que hacía en los campos: señalarte a Cristo, con sencillez y calidez. Sermones escogidos de George Whitefield te espera completo, para leerlo gratis, en Ochorus.