Antes de escribir El progreso del peregrino, John Bunyan escribió la historia de su propia alma. Gracia abundante para el mayor de los pecadores es la autobiografía espiritual de Bunyan, compuesta durante su largo encarcelamiento por predicar sin licencia, y es uno de los relatos de conversión más honestos y penetrantes que se hayan escrito jamás. Su mismo título anuncia su tema: por grande que sea el pecador, la gracia de Dios es mayor todavía. Para todo el que alguna vez haya temido ser demasiado pecador para ser salvo, o haya luchado con la duda y la seguridad de la salvación, el relato de Bunyan es un compañero y un consuelo. Esta guía presenta el libro, su mensaje central y cómo leerlo para bien de tu alma.
De qué trata el libro
Bunyan (1628–1688) era un hombre común — calderero de oficio, que remendaba ollas y cacerolas —, con poca instrucción y un pasado tosco. Gracia abundante recorre su camino desde un joven descuidado y profano, a través de una lucha espiritual prolongada y angustiosa, hasta una fe asentada y la seguridad en Cristo, y finalmente hasta su llamamiento como predicador y su encarcelamiento por el evangelio. No es un testimonio pulcro, sino un registro crudo, golpe a golpe, de un alma que se abre paso a la fuerza hacia la paz.
El título procede de las palabras de Pablo: “donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Romanos 5:20). Bunyan se veía a sí mismo como el mayor de los pecadores — haciéndose eco de la propia confesión de Pablo: “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15) —, y su libro es un monumento a la verdad de que nadie está fuera del alcance de la gracia de Dios. Si la gracia pudo abundar para Bunyan, puede abundar para cualquiera.
La larga batalla por la seguridad
Lo que hace a Gracia abundante tan poco común, y tan útil, es su honestidad implacable acerca de la duda. Bunyan no se deslizó con facilidad hacia la fe. Durante años lo atormentó el temor de haber pecado más allá del perdón, de no estar entre el pueblo de Dios, de que ciertos pasajes de la Escritura lo dejaran fuera. Se aferraba a un versículo consolador solo para volver a hundirse en la desesperación por causa de otro amenazante. Su vida interior era un campo de batalla.
Uno de los episodios más memorables del libro es el largo tormento de Bunyan por un pensamiento fugaz e intrusivo de “vender” a Cristo — una tentación que se apoderó de su imaginación y lo dejó convencido, por un tiempo, de que había cometido un pecado imperdonable, como Esaú, que vendió su primogenitura. Durante meses anduvo bajo esa sombra, escudriñando la Escritura en busca de un veredicto, oscilando entre el terror y la esperanza. Al lector moderno quizá le parezca extraña tanta intensidad, pero muchos que han sufrido un temor religioso obsesivo se reconocerán en ella al instante, y hallarán en Bunyan un compañero poco común que nombra la angustia con honestidad.
Y entonces, una y otra vez, una palabra de la Escritura se abría paso y lo afirmaba. Describe cómo promesas como “al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37) llegaban a él con poder y lo sacaban del hoyo. Poco a poco, a través de esa larga lucha, llegó a descansar no en sus sentimientos, sino en Cristo y en la libre gracia de Dios. Su experiencia es una ilustración vívida y extensa del testimonio del salmista: “Me hizo subir del pozo horrible... puso mis pies sobre peña” (Salmo 40:2).
Temas clave a los que prestar atención
Mientras lees, fíjate primero en el poder de la Escritura en la lucha de Bunyan. Toda su batalla se libra con versículos de la Biblia — unos que hieren, otros que sanan —, y su paz final llega cuando por fin vencen las promesas de la gracia. El libro es un testimonio de cómo Dios usa su palabra para salvar y para dar seguridad. Fíjate también en la conciencia sensible de Bunyan, tan delicada ante el pecado que al lector moderno quizá le parezca extrema; revela a un hombre que tomaba a Dios y a su propia alma con absoluta seriedad.
Un tercer tema es la libre gracia misma. Bunyan descubrió, como todo creyente ha de descubrirlo, que la salvación no se gana con nuestra bondad ni se pierde por nuestra maldad, sino que es el don gratuito de Dios que se recibe por la fe: “por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8–9). Y fíjate en su llamamiento a predicar y en su encarcelamiento, donde la misma gracia que lo salvó lo sostuvo en el sufrimiento por el evangelio.
De la celda a la alegoría inmortal
Vale la pena recordar las circunstancias en que se escribió Gracia abundante. Bunyan pasó unos doce años en la cárcel de Bedford porque no quiso dejar de predicar el evangelio sin la licencia del Estado. Podría haber salido libre en cualquier momento con solo prometer callar; se negó, y prefirió la cárcel a una conciencia amordazada. De aquel largo encierro nació este libro — y, más tarde, de ese mismo encarcelamiento o de un segundo, más breve, la alegoría que lo hizo famoso.
La relación entre ambas obras es estrecha y esclarecedora. El drama interior que Bunyan registra con tanta sencillez en Gracia abundante — la carga del pecado, los asaltos de la duda, el pantano de la desesperación, el dulce alivio de una promesa creída — es la misma experiencia que después vistió de alegoría como el viaje de Cristiano a la Ciudad Celestial. Leer Gracia abundante es ver la autobiografía en bruto que hay detrás de El progreso del peregrino: el peregrino es Bunyan, y el Pantano del Desaliento y la mazmorra del Gigante Desesperación son lugares por los que había pasado su propia alma. Leer las dos obras juntas enriquece a ambas, porque la alegoría da forma a la experiencia, y la experiencia da carne y sangre a la alegoría.
Cómo leerlo
Lee Gracia abundante como lo que es — un testimonio personal, no un molde que toda conversión deba seguir. La prolongada agonía de Bunyan fue su camino particular; Dios guía a otros con más suavidad, y ningún lector debería concluir que una conversión verdadera tiene que sentirse como la de Bunyan. Léelo más bien por su mensaje central y universal: que la gracia de Dios es mayor que el mayor pecado, y que la seguridad se halla descansando en Cristo y en sus promesas, no en el estado de nuestros sentimientos.
Es especialmente valioso para quienes luchan con la duda, la culpa o el temor de haber ido demasiado lejos. Esos lectores hallarán en Bunyan a un compañero de sufrimiento que libró las mismas batallas y salió a tierra firme. En una época que con demasiada frecuencia presenta la vida cristiana como uniformemente soleada, la honestidad de Bunyan acerca de la oscuridad — y su testimonio de que Dios lo sacó de ella — es un regalo poco común que da estabilidad. No finge que el camino fuera fácil; muestra que la gracia bastó para un camino duro, que es exactamente lo que necesita oír un lector que lucha.
Léelo también atento a la firmeza que Bunyan alcanzó al final. El propósito de registrar tanta angustia es engrandecer la gracia que al fin prevaleció. El libro no termina en el Pantano del Desaliento, sino sobre la roca; no en la duda, sino en una seguridad ganada a pulso que descansaba solo en Cristo. Esa trayectoria — de la esclavitud a la libertad, del terror a la paz — es el mensaje, y es un mensaje de esperanza. Léelo despacio, con tu Biblia abierta, observando cómo las promesas que rescataron a Bunyan pueden rescatarte a ti. Y léelo como compañero de El progreso del peregrino, porque la lucha interior que Bunyan registra aquí es la materia prima de la alegoría que escribió después — el viaje de Cristiano es el del propio Bunyan.
Por qué sigue hablando hoy
Siglos después, Gracia abundante perdura porque el corazón humano no ha cambiado. Hay quienes todavía temen no tener perdón; los creyentes todavía batallan con la duda y la seguridad; los pecadores todavía se preguntan si la gracia podría alcanzarlos a ellos. A todos ellos el libro de Bunyan les dice, desde una experiencia ganada a pulso: sí. La gracia que abundó para el mayor de los pecadores abunda todavía.
Su don perdurable es esperanza para los peores — la seguridad de que Cristo “puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios” (Hebreos 7:25), y de que aunque nuestros pecados “fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos” (Isaías 1:18). En una época que todavía condena y todavía desespera, el testimonio de Bunyan sobre la gracia abundante hace tanta falta como siempre.
Léelo por ti mismo
La prosa sencilla y vívida de Bunyan se aprecia mejor de primera mano, así que ve al libro mismo y sigue a un alma honesta desde la desesperación hasta la seguridad. Si alguna vez has dudado de que la gracia sea para ti, deja que la historia de Bunyan te responda. Y cuando lo hayas leído, pasa a su gran alegoría del mismo viaje, y a otros clásicos de la gracia, y deja que te asienten cada vez con más firmeza sobre el único fundamento que sostuvo a Bunyan: la gracia libre y abundante de Dios en Jesucristo. Si alguna vez el acusador te susurra que has pecado demasiado para ser recibido, que el título de Bunyan sea tu respuesta — gracia abundante, abundante todavía, abundante incluso para el mayor de los pecadores y, por tanto, abundante para ti. Ningún pecador que lea este libro con un corazón sincero tiene por qué volver a creer jamás la mentira de que está fuera del alcance de Dios.