El progreso del peregrino
Apología del autor por su libro

Capítulo 1 · 10 min de lectura

Apología del autor por su libro

APOLOGÍA DEL AUTOR
POR SU LIBRO

Cuando por primera vez tomé mi pluma en la mano

para escribir de este modo, no comprendía

que llegaría a componer un pequeño libro

de esta forma; antes bien, había emprendido

hacer otro, el cual, estando casi terminado,

sin darme cuenta, este comencé.

Y así fue: yo, escribiendo del camino

y la carrera de los santos en este nuestro día del evangelio,

caí de pronto en una alegoría

sobre su viaje, y la senda hacia la gloria,

en más de veinte cosas que fui anotando

Hecho esto, otras veinte tenía en la mente,

y de nuevo comenzaron a multiplicarse,

como chispas que de las brasas del fuego saltan.

Pues bien, pensé, si os multiplicáis tan aprisa,

os apartaré por vuestra cuenta, no sea que al fin

resultéis ad infinitum, y devoréis

el libro que ya tengo entre manos.

Bien, así lo hice; pero aun así no pensaba

mostrar a todo el mundo mi pluma y mi tinta

de este modo; solo pensaba hacer

no sabía qué; ni tampoco emprendí

con ello agradar a mi prójimo; no, yo no;

lo hice para complacerme a mí mismo.

Ni gasté sino ratos desocupados

en este mi garabato; ni pretendía

sino distraerme, al hacer esto,

de peores pensamientos, que me hacen obrar mal.

Así puse la pluma al papel con deleite,

y pronto tuve mis pensamientos en blanco y negro;

pues teniendo ya mi método en la mano,

conforme tiraba, venía; y así lo fui escribiendo

hasta que llegó a ser, por fin,

en largo y ancho, del tamaño que veis.

Bien, cuando así hube reunido mis propósitos

se los mostré a otros, para ver si

los condenarían, o los justificarían:

y unos dijeron: que vivan; otros: que mueran:

unos dijeron: Juan, imprímelo; otros dijeron: No así:

unos dijeron: Podría hacer bien; otros dijeron: No.

Me hallaba en un aprieto, y no veía

cuál era lo mejor que yo debía hacer:

al fin pensé: Puesto que así estáis divididos,

lo imprimiré; y así quedó decidido el caso.

Pues, pensé, a algunos veo que lo querrían hecho,

aunque otros no siguen ese cauce:

para probar, entonces, quién aconsejó mejor,

así juzgué oportuno ponerlo a prueba.

Pensé además que si ahora negara

a los que lo deseaban, así complacerlos;

no sabía si acaso vendría a privarlos

de aquello que sería para ellos gran deleite.

A los que no estaban por su publicación,

les dije: Ofenderos me es penoso;

mas ya que vuestros hermanos con él se complacen,

absteneos de juzgar, hasta que veáis más.

Si no quieres leerlo, déjalo estar;

unos aman la carne, otros gustan de roer el hueso.

Sí, para mejor apaciguarlos,

también así razoné con ellos:

¿No puedo escribir en un estilo como este?

¿Y en tal método también, sin errar

mi fin, que es tu bien? ¿Por qué no habría de hacerse?

Las nubes oscuras traen aguas, cuando las claras no traen ninguna.

Sí, oscuras o claras, si sus gotas de plata

hacen descender, la tierra, al dar cosechas,

alaba a ambas, y de ninguna se queja,

sino que atesora el fruto que juntas rinden;

sí, de tal modo las mezcla, que en su fruto

nadie puede distinguir esta de aquella; le sientan

bien cuando tiene hambre; mas si está saciada,

vomita a ambas, y anula su bendición.

Ves los modos que el pescador emplea

para atrapar el pez; ¡qué artificios fabrica!

Mira cómo aplica todo su ingenio;

también sus trampas, sedales, cañas, anzuelos y redes:

mas hay peces que ni anzuelo ni sedal,

ni trampa, ni red, ni artificio pueden hacer tuyos:

hay que tantearlos, y cosquillearlos también,

o no serán atrapados, hagas lo que hagas.

¡Cómo procura el cazador de aves atrapar su presa

por diversos medios! que uno no logra nombrarlos todos.

Sus escopetas, sus redes, sus varas con liga, luz y campana:

se arrastra, avanza, se detiene; sí, ¿quién puede referir

todas sus posturas? mas ninguna de estas

lo hará dueño de las aves que a él le plazcan.

Sí, ha de tocar la flauta y silbar, para atrapar esta;

mas si así lo hace, aquella ave se le escapará.

Si una perla puede morar en la cabeza del sapo,

y hallarse también en la concha de una ostra;

si las cosas que nada prometen, contienen

lo que es mejor que el oro; ¿quién desdeñará,

teniendo un indicio de ello, mirar allí,

para poder hallarlo? Ahora bien, mi pequeño libro,

(aunque carece de todos esos adornos que puedan hacer

que este o aquel hombre lo tome,)

no está falto de aquellas cosas que superan

a cuanto mora en nociones vistosas pero vacías.

«Bien, aun así no estoy del todo convencido

de que este libro tuyo resista, cuando sea bien probado.»

¿Cómo, cuál es el problema? «Es oscuro.» ¿Y qué?

«Pero es ficción.» ¿Qué hay con eso? Creo yo

que algunos hombres, con palabras fingidas, tan oscuras como las mías,

hacen que la verdad reluzca, y que sus rayos brillen.

«Pero les falta solidez.» Di, hombre, lo que piensas.

«Ahogan a los débiles; las metáforas nos ciegan.»

La solidez, en verdad, conviene a la pluma

del que escribe cosas divinas a los hombres:

mas ¿he de carecer forzosamente de solidez, porque

hablo por metáforas? ¿No fueron las leyes de Dios,

sus leyes del evangelio, en tiempos antiguos expuestas

por tipos, sombras y metáforas? Sin embargo, reacio

se mostrará todo hombre sensato a hallar falta

en ellas, no sea que se le encuentre atacando

¡la más alta sabiduría! No, más bien se inclina,

y busca descubrir qué, por clavijas y lazos,

por becerros y ovejas, por novillas y carneros,

por aves y hierbas, y por la sangre de corderos,

Dios le habla; y feliz es aquel

que halla la luz y la gracia que en ellos hay.

Mas no tan pronto, por tanto, en concluir

que me falta solidez, que soy tosco;

no todo lo que aparenta ser sólido lo es;

no despreciemos todo lo dicho en parábola,

no sea que recibamos a la ligera lo más dañino,

y de las cosas que son buenas privemos a nuestras almas.

Mis palabras oscuras y nubladas no hacen sino guardar

la verdad, como los cofres encierran el oro.

Los profetas se sirvieron mucho de metáforas

para exponer la verdad: sí, quien bien considere

a Cristo, y también a sus apóstoles, verá con claridad

que las verdades hasta el día de hoy van en tales mantos.

¿Temo acaso decir que la santa Escritura,

que por su estilo y su frase supera todo ingenio,

está por doquier tan llena de todas estas cosas,

figuras oscuras, alegorías? Sin embargo, brota

de ese mismo libro aquel lustre, y aquellos rayos

de luz, que tornan nuestras noches más oscuras en días.

Ven, que mi criticón mire ahora su propia vida,

y halle allí líneas más oscuras que las que en mi libro

él encuentre; sí, y sepa

que en sus mejores cosas hay también peores líneas.

Si tan solo compareciéramos ante hombres imparciales,

contra su pobre línea me atrevería a apostar diez,

a que tomarán mi sentido en estas líneas

mucho mejor que el suyo yace en santuarios de plata.

Ven, la verdad, aunque en pañales, hallo

que instruye el juicio, rectifica la mente;

complace el entendimiento, hace que la voluntad

se someta, y también llena la memoria

con lo que agrada a nuestra imaginación;

asimismo tiende a apaciguar nuestras aflicciones.

Palabras sanas, lo sé, ha de usar Timoteo,

y las fábulas de viejas ha de rechazar;

mas en ninguna parte el grave Pablo le prohíbe

el uso de parábolas, en las que yacía escondido

aquel oro, aquellas perlas, y piedras preciosas que eran

dignas de excavarse, y eso con el mayor cuidado.

Permíteme añadir una palabra más. Oh hombre de Dios,

¿estás ofendido? ¿Deseas que hubiera

expuesto mi materia con otro ropaje?

¿O que hubiera sido más explícito en las cosas?

Tres cosas déjame proponer; luego me someto

a los que son mejores que yo, como es debido.

1. No hallo que se me niegue el uso

de este mi método, con tal que ningún abuso

ponga en las palabras, las cosas, los lectores, ni sea tosco

al manejar la figura o la semejanza,

en su aplicación; sino que en todo lo que pueda

busque el avance de la verdad por este o aquel camino.

¿Negado, dije? No, tengo licencia,

(y ejemplo también, y ese de aquellos que han

agradado más a Dios, por sus palabras o sus caminos,

que cualquier hombre que hoy respire,)

así para expresar mi mente, así para declararte

cosas que son de lo más excelente.

2. Hallo que hombres altos como árboles escriben

a modo de diálogo; y nadie los menosprecia

por escribir así. En verdad, si abusan

de la verdad, malditos sean, y el arte que usan

con tal intento; mas dejad que la verdad quede libre

de hacer sus incursiones sobre ti y sobre mí,

por donde plazca a Dios: pues ¿quién sabe,

mejor que aquel que primero nos enseñó a arar,

guiar nuestras mentes y plumas para sus designios?

Y él hace que las cosas humildes den paso a las divinas.

3. Hallo que la santa Escritura, en muchos lugares,

guarda semejanza con este método, donde los casos

piden que una cosa exponga a otra:

puedo, pues, usarlo, sin sofocar en nada

los rayos dorados de la verdad: antes bien, por este método puedo

hacer que lance sus rayos claros como el día.

Y ahora, antes de guardar mi pluma,

mostraré el provecho de mi libro; y luego

os encomendaré, a ti y a él, a aquella mano

que abate a los fuertes, y sostiene a los débiles.

Este libro traza ante tus ojos

al hombre que busca el premio eterno:

te muestra de dónde viene, adónde va,

qué deja sin hacer; y también qué hace:

te muestra también cómo corre, y corre,

hasta que llega a la puerta de la gloria.

Muestra, también, quiénes partieron con brío hacia la vida,

como si la corona perdurable fueran a obtener;

aquí también puedes ver la razón por la cual

pierden su labor, y como necios mueren.

Este libro hará de ti un viajero,

si por su consejo te dejas gobernar;

te dirigirá a la Tierra Santa,

si quieres entender sus indicaciones

Sí, hará que el perezoso se vuelva activo;

y que el ciego vea cosas deleitosas.

¿Buscas algo raro y provechoso?

¿O querrías ver una verdad dentro de una fábula?

¿Eres olvidadizo? ¿Querrías recordar

desde el día de Año Nuevo hasta el último de diciembre?

Entonces lee mis fantasías; se pegarán como abrojos,

y podrán, para el desvalido, ser un consuelo.

Este libro está escrito en tal lenguaje

que puede mover las mentes de los hombres apáticos:

parece una novedad, y sin embargo no contiene

sino sanos y honestos acentos del evangelio.

¿Querrías distraerte de la melancolía?

¿Querrías ser ameno, y a la vez estar lejos de la necedad?

¿Querrías leer enigmas, y su explicación?

¿O acaso quedar sumido en tu contemplación?

¿Amas escoger la mejor carne? ¿O querrías ver

a un hombre en las nubes, y oírle hablarte?

¿Querrías estar en un sueño, y sin embargo no dormir?

¿O querrías en un instante reír y llorar?

¿Querrías perderte y no sufrir daño alguno,

y volver a hallarte sin ningún hechizo?

¿Querrías leerte a ti mismo, y leer no sabes qué,

y con todo saber si eres bendecido o no,

al leer las mismas líneas? Oh, entonces ven acá,

y junta mi libro, tu cabeza y tu corazón.

JUAN BUNYAN.

Capítulo 1 completado

Apología del autor por su libro

Página 1 / 1 · 10 min restantes en el capítulo