Libro
Cantos divinos para niños
Escritos en lenguaje sencillo para uso de los niños
Isaac Watts · 1674–1748
- 3 capítulos
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Cantos divinos, primera parte
Acerca de este libro
El padre de la himnodia inglesa escribió estos pequeños cantos en 1715 para que los niños más pequeños pudieran cantar las grandes verdades de la fe con palabras de una o dos sílabas. La alabanza y la creación, el amor de Dios, la brevedad de la vida, la bondad, la honradez y el pecado de la pereza: todo puesto en versos sencillos que un niño puede aprender de memoria. Durante más de un siglo fueron los poemas más aprendidos de la lengua inglesa; «How doth the little busy bee» («Cómo la abejita laboriosa») y «’Tis the voice of the sluggard» («Es la voz del perezoso») nacieron aquí.
1 ¡Qué glorioso es nuestro Rey celestial, que reina sobre el cielo! ¿Cómo osará un niño cantar su temible majestad? 2 Nadie puede decir cuán grande es su poder, ni pensar cuán inmensa es su gracia; ni los hombres de aquí abajo, ni los santos que moran en lo alto ante su rostro.
Índice
Preguntas y respuestas
¿Qué son los Cantos divinos para niños?
Es una colección de pequeños cantos que Isaac Watts escribió en 1715 para que los niños más pequeños pudieran cantar las grandes verdades de la fe con palabras de una o dos sílabas. Tratan de la alabanza y la creación, el amor de Dios, la brevedad de la vida y virtudes como la bondad, la honradez y la diligencia, y están puestos en versos sencillos que un niño puede aprender de memoria.
¿Quién fue Isaac Watts?
Isaac Watts (1674–1748) fue un ministro y compositor de himnos inglés, llamado a menudo «el padre de la himnodia inglesa», que escribió muchos de los himnos más queridos de esa lengua, como «When I Survey the Wondrous Cross» («La cruz excelsa al contemplar») y «Joy to the World» («¡Al mundo paz!»). Los Cantos divinos para niños fueron su esfuerzo por poner ese mismo don para el verso cantable al alcance del niño más pequeño.
¿Por qué escribió Watts cantos especialmente para niños?
Porque quería que los niños más pequeños pudieran aprender y cantar las grandes verdades de la fe, y creía que unos versos sencillos, en las propias palabras del niño, grabarían esas verdades hondamente en la memoria. Al escribir con palabras de una o dos sílabas, quiso dar a los niños algo fácil de aprender y digno de llevar consigo toda la vida.
¿Qué enseñan los cantos?
Las verdades y los deberes centrales de la vida cristiana, dichos con sencillez: la alabanza de Dios, su obra en la creación, su amor, la brevedad de la vida y la certeza de la muerte, y virtudes cotidianas como la bondad, la honradez y la diligencia frente al pecado de la pereza. Cada una está puesta en versos fáciles de recordar, para que el niño aprenda a la vez doctrina y carácter por medio del canto.
¿Por qué fueron tan importantes estos cantos en la historia?
Durante más de un siglo estuvieron entre los poemas más aprendidos de la lengua inglesa, enseñados a generaciones de niños. Versos famosos como «How doth the little busy bee» («Cómo la abejita laboriosa») y «’Tis the voice of the sluggard» («Es la voz del perezoso») nacieron aquí, y eran tan conocidos que Lewis Carroll los parodió más tarde en Alicia en el país de las maravillas, señal de lo hondo que habían entrado en la cultura.
¿Siguen valiendo la pena hoy estos cantos?
Sí: su propósito no pasa con el tiempo, pues buscan grabar en la memoria del niño las verdades de la fe y la forma de un buen carácter por medio de versos sencillos y cantables. Aunque parte del lenguaje es antiguo, los cantos siguen siendo una manera encantadora y eficaz de enseñar a los niños la alabanza, la gratitud, la honradez y la diligencia, y una ventana a cómo se enseñaba a las generaciones anteriores.
¿Para quién son estos cantos?
Para los niños, y para los padres y maestros que los leen y cantan con ellos. Watts los escribió para los más pequeños, así que se prestan al culto familiar, al primer aprendizaje y a la hora de dormir: dan a los mayores versos sencillos que enseñar, y a los niños verdades que podrán llevar consigo mucho después de la infancia.
¿Por dónde debería empezar el lector?
Por el canto que más le atraiga: son breves e independientes, pensados para aprenderse de uno en uno. Una familia podría comenzar con un canto de alabanza o con los conocidos versos de la abejita laboriosa y del perezoso, y dejar que los niños los memoricen poco a poco, un pequeño canto cada vez.
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Traducción de un original de dominio público. Texto original de la edición original.
Aelbert Cuyp, “A View of Vianen with a Herdsman and Cattle by a River” (c. 1643–c. 1645). The Art Institute of Chicago, CC0.
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