Capítulo 3 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
Nota introductoria
Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó por su propia sangre. Hechos 20:28
Aunque algunos piensan que la exhortación de Pablo a estos ancianos prueba que él era su gobernante, nosotros, que hoy hemos de hablarles de parte del Señor, esperamos poder hacer libremente lo mismo sin que nadie sospeche tal conclusión. Aunque enseñamos a nuestro pueblo como oficiales puestos sobre ellos en el Señor, también podemos enseñarnos unos a otros como hermanos en el oficio, lo mismo que en la fe. Si el pueblo a nuestro cargo debe «enseñarse, amonestarse y exhortarse unos a otros cada día», sin duda los maestros pueden hacerlo entre sí, sin ninguna superioridad de poder ni de rango. Tenemos los mismos pecados que mortificar, y las mismas gracias que avivar y fortalecer, que tiene nuestro pueblo: tenemos obras mayores que hacer que ellos, y mayores dificultades que vencer, y por tanto necesitamos ser advertidos y despertados, si no instruidos, tanto como ellos. De modo que confieso que, a mi juicio, tales reuniones deberían ser más frecuentes, aunque no tuviéramos otra cosa que hacer en ellas sino esto. Y deberíamos tratarnos unos a otros con tanta llaneza y franqueza como los más serios de entre nosotros tratan a sus rebaños, no sea que, si solo ellos reciben amonestaciones y reprensiones severas, solo ellos estén sanos y llenos de vida en la fe. Que tal era el juicio de Pablo, no necesito otra prueba que esta exhortación, que despierta y derrite el corazón, a los ancianos de Éfeso. ¡Un sermón breve, pero que no se aprende pronto! ¡Si los obispos y maestros de la Iglesia hubieran aprendido a fondo esta breve exhortación, aun a costa de descuidar muchos volúmenes que les han ocupado el tiempo y les han ganado mayor aplauso en el mundo, cuán dichoso habría sido para la Iglesia y para ellos mismos! Al seguir tratando este texto, me propongo seguir el método siguiente:
- Primero, considerar qué es mirar por nosotros mismos.
- Segundo, mostrar por qué debemos mirar por nosotros mismos.
- Tercero, examinar qué es mirar por todo el rebaño.
- Cuarto, explicar de qué manera debemos mirar por todo el rebaño.
- Quinto, exponer algunos motivos por los que debemos mirar por todo el rebaño.
- Por último, hacer alguna aplicación de todo ello.
Capítulo 3 completado
Nota introductoria