Capítulo 29 · 2 min de lectura · 2 min de escucha
La bondad y la paz del hombre
PRIMERO ten paz contigo mismo; luego podrás llevar la paz a los demás. Un hombre pacífico hace más bien que un hombre docto. Mientras el hombre apasionado convierte aun el bien en mal y cree con facilidad lo malo, el hombre pacífico, siendo él mismo bueno, convierte todas las cosas en bien.
El que está en perfecta paz no sospecha de nadie, pero el espíritu turbado y descontento se agita con muchas sospechas. Ni descansa él ni deja descansar a los demás. Muchas veces dice lo que no debería decir y deja de hacer lo que debería hacer. Se ocupa de los deberes de los otros y descuida los suyos.
Dirige, pues, tu celo primero hacia ti mismo; después podrás con justicia ejercerlo con los que te rodean. Eres muy hábil en disfrazar tus propias acciones con excusas que no aceptas de los demás, aunque sería más justo acusarte a ti mismo y excusar a tu hermano. Si quieres que los demás te soporten, tienes que soportarlos tú a ellos. ¡Mira cuán lejos estás de la verdadera caridad y humildad, que no sabe enojarse con nadie ni indignarse sino solo contra sí misma!
No es gran cosa tratar con los buenos y mansos, porque ese trato agrada naturalmente. Todos gustan de una vida tranquila y prefieren a las personas de costumbres afines. Pero poder vivir en paz con hombres ásperos y perversos, o con los indisciplinados y con los que nos contrarían, es una gran gracia, algo digno de alabanza y propio de hombres valientes.
Algunos viven en paz consigo mismos y con sus semejantes; pero otros nunca están en paz consigo mismos ni la llevan a nadie. Estos últimos son una carga para todos, pero más carga son aún para sí mismos. Unos pocos, en fin, viven en paz consigo mismos y procuran devolverla a los demás.
Ahora bien, toda nuestra paz en esta vida miserable consiste en sufrir con humildad, más que en no tener sufrimientos. El que mejor sabe sufrir gozará de mayor paz, porque es vencedor de sí mismo, señor del mundo, amigo de Cristo y heredero del cielo.
Capítulo 29 completado
La bondad y la paz del hombre