Capítulo 18 · 1 min de lectura · 1 min de escucha
La vida monástica
SI QUIERES tener paz y concordia con los demás, has de aprender a quebrantar tu voluntad en muchas cosas. Vivir en monasterios o en comunidades religiosas, permanecer allí sin queja y perseverar fielmente hasta la muerte no es poca cosa. Dichoso en verdad el que allí vive bien y allí acaba felizmente sus días.
Si quieres perseverar en la búsqueda de la perfección, has de tenerte por peregrino y desterrado sobre la tierra. Si quieres ser religioso, has de contentarte con parecer necio por amor de Cristo. El hábito y la tonsura cambian poco al hombre; es el cambio de vida, la entera mortificación de las pasiones, lo que hace al verdadero religioso.
El que busca otra cosa que no sea solo Dios y la salvación de su alma no hallará más que tribulación y dolor; y el que no procura ser el menor y el siervo de todos no puede permanecer mucho tiempo en paz.
Has venido a servir, no a mandar. Debes entender también que has sido llamado a padecer y a trabajar, no a holgar y perder el tiempo en charlas. Aquí se prueban los hombres como el oro en el crisol. Aquí nadie puede permanecer si no desea de todo corazón humillarse delante de Dios.
Capítulo 18 completado
La vida monástica