La imitación de Cristo
Evitar el juicio temerario

Capítulo 15 · 1 min de lectura · 2 min de escucha

Evitar el juicio temerario

VUELVE tu atención sobre ti mismo y guárdate de juzgar las obras de los demás, porque juzgando a otros el hombre trabaja en vano, se equivoca muchas veces y peca con facilidad; en cambio, juzgándose y examinándose a sí mismo, hace siempre algo provechoso.

Con frecuencia juzgamos las cosas según las deseamos, porque el sentimiento personal nos hace perder fácilmente la verdadera perspectiva.

Si Dios fuera el único objeto de nuestro deseo, no nos turbaríamos tan fácilmente cuando contradicen nuestro parecer. Pero muchas veces algo se esconde dentro de nosotros, o sucede fuera, que nos arrastra tras de sí.

Muchos, sin darse cuenta, se buscan a sí mismos en lo que hacen. Parecen incluso gozar de paz cuando las cosas suceden según su deseo y su gusto; pero si suceden de otro modo, pronto se turban y se entristecen. Las diferencias de sentimiento y de opinión dividen a menudo a amigos y conocidos, incluso a personas religiosas y devotas.

Es difícil dejar una costumbre antigua, y nadie quiere ser llevado más allá de lo que alcanza a ver.

Si te apoyas más en tu inteligencia o en tu industria que en la virtud de la sujeción a Jesucristo, difícilmente, y en todo caso con lentitud, llegarás a ser un hombre iluminado. Dios quiere que estemos del todo sujetos a él y que, por un amor ardiente, nos elevemos por encima de toda sabiduría humana.

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