La imitación de Cristo
Resistir a las tentaciones

Capítulo 14 · 3 min de lectura · 4 min de escucha

Resistir a las tentaciones

MIENTRAS vivamos en este mundo no podemos librarnos del sufrimiento y de la tentación. Por eso está escrito en Job: «La vida del hombre sobre la tierra es una milicia». Cada uno, pues, debe guardarse de la tentación y velar en oración, no sea que el diablo, que nunca duerme, sino que anda alrededor buscando a quien devorar, halle ocasión de engañarlo. Nadie es tan perfecto ni tan santo que no sea tentado alguna vez; el hombre no puede verse del todo libre de la tentación.

Sin embargo, las tentaciones, aunque molestas y graves, son muchas veces útiles al hombre, porque en ellas es humillado, purificado e instruido. Todos los santos pasaron por muchas tentaciones y pruebas, y sacaron provecho de ellas; en cambio, los que no supieron resistir se hicieron réprobos y desfallecieron. No hay estado tan santo ni lugar tan escondido adonde no lleguen tentaciones y pruebas. El hombre nunca está seguro de ellas mientras vive, porque nacen de dentro de nosotros: en pecado nacimos. Cuando pasa una tentación o una prueba, viene otra; siempre tendremos algo que sufrir, porque hemos perdido el estado de nuestra felicidad original.

Muchos procuran huir de las tentaciones y caen en ellas más gravemente. No podemos vencer solo con huir, sino que con paciencia y verdadera humildad nos hacemos más fuertes que todos nuestros enemigos. Quien solo esquiva las tentaciones por fuera y no las arranca de raíz adelantará poco; antes bien, volverán pronto, y con más violencia que antes.

Poco a poco, con paciencia y longanimidad, las vencerás, con la ayuda de Dios más que con asperezas y con tus propios arrebatos. Pide consejo a menudo cuando seas tentado; y no seas duro con los demás que son tentados, sino consuélalos como tú mismo quisieras ser consolado.

El principio de toda tentación está en la inconstancia del alma y en la poca confianza en Dios; porque así como la nave sin timón es llevada de acá para allá por las olas, así el hombre descuidado e irresoluto es tentado de muchas maneras. El fuego prueba el hierro, y la tentación templa al justo. Muchas veces no sabemos lo que podemos soportar, pero la tentación nos descubre lo que somos.

Sobre todo, hemos de estar muy alerta al comienzo de la tentación, porque el enemigo es vencido más fácilmente si no se le deja entrar en el alma y se le sale al encuentro fuera del umbral en cuanto llama.

Alguien dijo con mucho acierto: «Resiste a los principios; tarde llega el remedio cuando el mal ha cobrado fuerza con la larga demora». Primero viene a la mente un simple pensamiento, luego una fuerte imaginación, después el deleite, el placer malo y el consentimiento. Así, por no resistirle al principio, Satanás entra del todo. Y cuanto más tarda el hombre en resistir, tanto más débil se vuelve cada día, mientras crece contra él la fuerza del enemigo.

Algunos sufren grandes tentaciones al principio de su conversión, otros hacia el fin, y otros son molestados casi continuamente a lo largo de toda su vida. Otros, en cambio, son tentados solo levemente, según la sabiduría y la justicia de la divina Providencia, que pesa el estado y los méritos de cada uno y todo lo dispone para la salvación de sus escogidos.

No debemos, pues, desesperar cuando somos tentados, sino rogar a Dios con más fervor que se digne ayudarnos, porque, según la palabra de Pablo, él dará juntamente con la tentación la salida, para que podamos soportarla. Humillemos nuestras almas bajo la mano de Dios en toda prueba y tentación, porque él salvará y ensalzará a los humildes de espíritu.

En las tentaciones y pruebas se mide el progreso del hombre; en ellas se hace más manifiesta la ocasión del mérito y de la virtud.

No le es difícil al hombre ser fervoroso y devoto cuando nada lo turba; pero si en tiempo de adversidad se sostiene con paciencia, hay esperanza de gran progreso.

Algunos, guardados de las grandes tentaciones, son vencidos con frecuencia por las pequeñas, para que, humillados por su debilidad en las pruebas pequeñas, no presuman de sus propias fuerzas en las grandes.

Página 1 / 1 · 3 min restantes en el capítulo
Anterior Siguiente