Los Diez Mandamientos
3.2 Grados del pecado

Capítulo 16 · 14 min de lectura · 19 min de escucha

3.2 Grados del pecado

¿Son igualmente graves todas las transgresiones de la ley?

Algunos pecados, en sí mismos y por razón de diversas agravantes, son más graves que otros a los ojos de Dios.

«El que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene». Juan 19:11. Los filósofos estoicos sostenían que todos los pecados eran iguales; pero esta Escritura muestra claramente que hay diferencia de grado en el pecado: unos son mayores que otros; algunos son «grandes pecados», y pecados que claman». Amós 5:12; Génesis 18:21. Todo pecado tiene voz para hablar, pero algunos pecados claman. Así como unas enfermedades son peores que otras, y unos venenos más ponzoñosos, así algunos pecados son más graves. «Vosotros habéis hecho peor que vuestros padres; vuestros pecados han excedido a los de ellos». Jeremías 16:12; Ezequiel 16:47. Algunos pecados tienen un aspecto más negro que otros; cercenar la moneda del rey es traición, pero herir su persona es traición de grado más alto. Un pensamiento vano es pecado, pero una palabra blasfema es pecado mayor. Que unos pecados son mayores que otros se ve: (1) Porque había diferencia en las ofrendas bajo la ley; la ofrenda por el pecado era mayor que la ofrenda por la culpa. (2) Porque algunos pecados no admiten perdón como otros, y por tanto han de ser por fuerza más graves, como la blasfemia contra el Espíritu Santo. Mateo 12:31. (3) Porque algunos pecados reciben un castigo de mayor grado que otros. «Llevaréis más grave juicio». Mateo 23:14. «El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?». Dios no castigaría a uno más que a otro si su pecado no fuera mayor. Es verdad que «todos los pecados son igualmente graves en cuanto al objeto», es decir, el Dios infinito contra quien se comete el pecado; pero, en otro sentido, no todos los pecados son igualmente graves; algunos pecados llevan circunstancias más sangrientas, que son como el tinte a la lana, que le da un color más subido.

[1] Son más graves aquellos pecados que se cometen sin que se haya ofrecido ocasión alguna; como cuando un hombre jura o se enoja sin tener provocación. Cuanto menor es la ocasión del pecado, mayor es el pecado en sí.

[2] Son más graves los pecados que se cometen con presunción. Bajo la ley no había sacrificio para los pecados de presunción. Números 15:30.

¿Qué es el pecado de presunción, que realza y agrava el pecado y lo hace más grave?

Pecar con presunción es pecar contra las convicciones y las luces recibidas, o contra una conciencia iluminada. «Ellos son de los que se rebelan contra la luz». Job 24:13. La conciencia, como los querubines, está de pie con una espada encendida en la mano para detener al pecador; y aun así él quiere pecar. ¿No pecó Pilato contra su convicción, y con mano alzada, al condenar a Cristo? Sabía que por envidia los judíos se lo habían entregado. Mateo 27:18. Confesó que «no había hallado culpa alguna en este hombre». Lucas 23:14. Su propia mujer le mandó decir: «No tengas que ver con aquel justo». Mateo 27:19. Con todo, pronunció sentencia de muerte contra Cristo. Pecó con presunción, contra una conciencia iluminada. Pecar por ignorancia atenúa y rebaja en algo la culpa. «Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado», es decir, su pecado habría sido menor. Juan 15:22. Pero pecar contra las luces y las convicciones agranda los pecados de los hombres. Estos pecados abren heridas profundas en el alma; otros pecados sacan sangre; estos son una puñalada al corazón.

¿De cuántas maneras puede un hombre pecar contra las luces y las convicciones?

(1) Cuando vive en el total descuido del deber. No ignora que es deber leer la Palabra, y sin embargo deja la Biblia arrinconada como una armadura oxidada, que rara vez se usa. Está convencido de que es deber orar con su familia, y sin embargo puede pasar días y meses sin que Dios sepa de él; llama Padre a Dios, pero nunca le pide su bendición. El descuido de la oración familiar levanta, por así decirlo, el techo de las casas de los hombres, y abre paso a que una maldición llueva sobre su mesa.

(2) Cuando un hombre vive en los mismos pecados que condena en otros. «Tú que juzgas haces lo mismo». Romanos 2:1. Como dice Agustín de Séneca: «Escribió contra la superstición, y sin embargo adoraba las mismas imágenes que reprobaba». Uno condena a otro por censurar a la ligera, y vive él mismo en el mismo pecado; un amo reprende a su aprendiz por jurar, y él mismo jura. Las despabiladeras del tabernáculo eran de oro puro: los que reprenden y despabilan los vicios de otros necesitan estar ellos mismos libres de esos pecados. Las despabiladeras han de ser de oro.

(3) Cuando un hombre peca después de haber hecho votos. «Sobre mí, oh Dios, están tus votos». Salmos 56:12. Un voto es una promesa religiosa hecha a Dios de consagrarnos a él. Un voto no es solo un propósito, sino una promesa. Todo el que hace un voto se hace deudor; se obliga ante Dios de manera solemne. Ahora bien, pecar después de un voto, consagrarse a Dios y entregar el alma al diablo, por fuerza ha de ser contra las más altas convicciones.

(4) Cuando un hombre peca después de consejos, amonestaciones y advertencias, no puede alegar ignorancia. La trompeta del evangelio ha sonado en sus oídos y ha tocado retirada para apartarlo de sus pecados; se le ha hablado de su injusticia, de que vive en la malicia, de que anda en malas compañías; y aun así se arroja al pecado. Esto es pecar contra la convicción; agrava el pecado, y es como un peso puesto en la balanza para que su pecado pese más. Si se coloca una baliza para advertir que en aquel lugar hay bajíos y rocas, y aun así el marinero navega por allí y parte su nave, eso es presunción; y si naufraga, ¿quién tendrá lástima de él?

(5) Cuando un hombre peca contra mandatos expresos y amenazas. Dios ha tronado amenazas contra tales pecados. «Dios herirá la cabelluda mollera del que camina en sus pecados». Salmos 68:21. Aunque Dios ponga la punta de su espada en el pecho del pecador, este seguirá cometiendo pecado. El placer del pecado lo deleita más de lo que las amenazas lo espantan. Como el leviatán, «del blandir de la pica se burla». Job 41:29. Más aún, se mofa de las amenazas de Dios. «Venga ya, apresúrese su obra, y veamos»: mucho hemos oído de lo que Dios piensa hacer y del juicio que se acerca; quisiéramos verlo. Isaías 5:19. Que los hombres vean blandida la espada encendida de la amenaza de Dios y aun así se afirmen en el pecado, es pecar de manera agravada contra la luz y la convicción.

(6) Cuando un hombre peca bajo la aflicción. Dios no solo truena con amenazas, sino que deja caer su rayo. Envía juicios sobre una persona para que lea sus pecados en su castigo, y aun así esta peca. Su pecado era la impureza, con la que malgastó sus fuerzas tanto como su hacienda. Le ha dado un ataque de apoplejía; y aun sintiendo el escozor del pecado, conserva el amor al pecado. Esto es pecar contra la convicción. «En el tiempo de su angustia añadió prevaricación contra el Señor; este es el rey Acaz». 2 Crónicas 28:22. Pecar contra una conciencia iluminada hace mayor el pecado. Está lleno de obstinación. Los hombres no dan razón ni hacen defensa de sus pecados, y aun así están resueltos a aferrarse a la iniquidad. Voluntas est regula et mensura actionis [Una acción puede medirse y juzgarse por la voluntad que interviene en ella]: cuanta más voluntad hay en un pecado, mayor es el pecado. «En pos de nuestras imaginaciones hemos de ir». Jeremías 18:12. Aunque haya muerte e infierno a cada paso, marcharemos bajo las banderas de Satanás. Lo que hizo tan grande el pecado de los ángeles apóstatas fue que era voluntario; no había ignorancia en su mente, ni pasión que los incitara; no había tentador que los engañara, sino que pecaron con obstinación y por elección. Pecar contra las convicciones y las luces va unido al rechazo y al desprecio de Dios. Malo es que el pecador se olvide de Dios, pero peor es que lo desprecie. «¿Por qué desprecia el malo a Dios?». Salmos 10:13. El pecador iluminado sabe que con su pecado desagrada y enoja a Dios; pero no le importa si Dios queda complacido o no: quiere su pecado; por eso de tal persona se dice que injuria a Dios. «La persona que hiciere algo con altiva mano, al Señor injurió». Números 15:30. Todo pecado desagrada a Dios, pero los pecados contra una conciencia iluminada injurian al Señor. Despreciar la autoridad de un príncipe es una injuria que se le hace. Va acompañado de descaro. El temor y la vergüenza quedan desterrados, el velo del pudor se deja a un lado. «El perverso no tiene vergüenza». Sofonías 3:5. Judas sabía que Cristo era el Mesías; estaba convencido de ello por un oráculo del cielo y por los milagros que obraba, y aun así siguió adelante con descaro en su traición, incluso cuando Cristo dijo: «El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar»; y sabía que Cristo se refería a él. Cuando andaba tramando su traición, y Cristo pronunció un ay contra él, a pesar de todo prosiguió en su traición. Lucas 22:22. Pecar así con presunción, contra una conciencia iluminada, tiñe el pecado de color carmesí y lo hace mayor que otros pecados.

[3] Son más graves que otros los pecados de continuidad. Continuar en el pecado es agrandar el pecado. El que trama traición se hace un ofensor mayor. La cabeza de algunos hombres es la casa de moneda del diablo: son una ceca de maldades. «Inventores de males». Romanos 1:30. Unos inventan nuevos juramentos, otros nuevas trampas. Así eran aquellos gobernadores que idearon un decreto contra Daniel y consiguieron que el rey lo firmara. Daniel 6:9.

[4] Son mayores los pecados que proceden de un espíritu de malignidad. Aborrecer con malignidad la santidad es diabólico. Es pecado carecer de gracia; peor es odiarla. En la naturaleza hay antipatías, como entre la vid y el laurel. Algunos tienen antipatía contra Dios por causa de su pureza. «Haced cesar de nuestra presencia al Santo de Israel». Isaías 30:11. Los pecadores, si estuviera en su mano, no solo destronarían a Dios, sino que lo aniquilarían; si pudieran evitarlo, Dios ya no sería Dios. Así el pecado hierve hasta una altura mayor.

[5] Son de mayor magnitud los pecados mezclados con ingratitud. De todas las cosas, lo que Dios no puede soportar es que se menosprecie su bondad. Su misericordia se ve en que concede a los hombres tan larga prórroga, en que los corteja por su Espíritu y por sus ministros para que se reconcilien, en que los corona con tantas bendiciones temporales; y abusar de todo este amor —que, mientras Dios va colmando la medida de su misericordia, los hombres vayan colmando la medida de sus pecados— es alta ingratitud, y tiñe sus pecados de un carmesí más profundo. Algunos se vuelven peores con la misericordia. «El buitre», dice Eliano, «saca enfermedad de los perfumes». Así el pecador contrae mal de los dulces perfumes de la misericordia de Dios. La crónica inglesa cuenta de un tal Parry, que, condenado a muerte, recibió el perdón que le envió la reina Isabel; y, después de perdonado, conspiró y tramó la muerte de la reina. Así mismo tratan algunos a Dios: él les otorga misericordia, y ellos traman traición contra él. «Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí». Isaías 1:2. Los atenienses, en pago del buen servicio que Temístocles les había hecho, lo desterraron de su ciudad. La serpiente de la fábula, estando helada, mordió al que le dio calor. Ciertamente los pecados contra la misericordia son más graves.

[6] Son más graves que otros los pecados que se cometen con deleite. Un hijo de Dios puede pecar por sorpresa, o contra su voluntad. «El mal que no quiero, éste hago». Romanos 7:19. Es como quien es arrastrado corriente abajo sin quererlo. Pero pecar con deleite eleva y agranda el pecado. Es señal de que el corazón está en el pecado. «En su maldad ponen su corazón», como el hombre que persigue su ganancia con deleite. Oseas 4:8. «Mas los perros estarán fuera, y cualquiera que ama y hace mentira». Apocalipsis 22:15. Decir una mentira es pecado; pero amar decir mentiras es pecado mayor.

[7] Son más graves que otros los pecados que se cometen bajo pretexto de religión. Engañar y defraudar es pecado, pero hacerlo con una Biblia en la mano es doble pecado. Ser impúdico es pecado; pero ponerse una máscara de religión para prostituirse hace mayor el pecado. «Sacrificios de paz tengo conmigo; hoy he pagado mis votos; ven, embriaguémonos de amores». Proverbios 7:14, 15. Habla como si hubiera estado en la iglesia diciendo sus oraciones: ¿quién habría sospechado de su deshonestidad? Pero mira su hipocresía: hace de su devoción el prefacio del adulterio. «Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oración». Lucas 20:47. El pecado no estaba en hacer largas oraciones, pues Cristo pasó una noche entera en oración; sino que hacer largas oraciones para poder cometer acciones injustas hacía su pecado más horrendo.

[8] Los pecados de apostasía son más graves que otros. Demas abandonó la verdad y después se hizo sacerdote en un templo de ídolos, según dice Doroteo. 2 Timoteo 4:10. Caer es pecado; pero apartarse es pecado mayor. Los apóstatas echan deshonra sobre la religión. «El apóstata», dice Tertuliano, «parece poner a Dios y a Satanás en la balanza; y, habiendo pesado el servicio de ambos, prefiere el del diablo y lo proclama el mejor amo». En este sentido se dice que el apóstata expone a Cristo «a vituperio». Hebreos 6:6. Esto tiñe el pecado en lo más hondo de la fibra y lo hace mayor. Es pecado no confesar a Cristo, pero es mayor negarlo. No llevar los colores de Cristo es pecado, pero desertar de sus colores es pecado mayor. Un pagano peca menos que un renegado bautizado.

[9] Perseguir la religión hace mayor el pecado. Hechos 7:52. No tener religión es pecado, pero esforzarse por destruir la religión es mayor pecado. Antíoco Epífanes emprendió viajes más penosos y corrió más riesgos para hostigar y oponerse a los judíos que todos sus predecesores para obtener victorias. Herodes «añadió también esto sobre todo, que encerró a Juan en la cárcel». Lucas 3:20. Antes había pecado con el incesto; pero al encarcelar al profeta añadió a su pecado y lo hizo mayor. La persecución colma la medida del pecado. «¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres!». Mateo 23:32. Si echas una escudilla de agua en una cisterna, le añades algo; pero si echas uno o dos cubos llenos, colmas la medida de la cisterna; así la persecución colma la medida del pecado y lo hace mayor.

[10] Pecar con malicia hace mayor el pecado. Tomás de Aquino y otros escolásticos sitúan el pecado contra el Espíritu Santo en la malicia. El pecador hace todo lo que puede para irritar a Dios y hacer afrenta al Espíritu de gracia. Hebreos 10:29. Así Juliano arrojó su daga al aire, como si quisiera vengarse de Dios. Esto hincha el pecado hasta su tamaño máximo; no puede ser mayor. Cuando un hombre ha llegado a esto, a hacer afrenta blasfema al Espíritu, solo le queda un escalón más abajo por donde caer, y es el infierno.

[11] Agrava el pecado y lo hace mayor cuando un hombre no solo peca él mismo, sino que procura hacer pecar a otros. (1) Los que enseñan errores al pueblo, que rebajan la deidad de Cristo o niegan su virtud, haciéndolo solo una cabeza política y no una cabeza de influencia; que predican contra la moralidad del día de reposo o contra la inmortalidad del alma; los pecados de estos hombres son mayores que los de otros. Si pecan los que quebrantan la ley de Dios, ¿qué hacen los que enseñan a los hombres a quebrantarla? Mateo 5:19. (2) Los que destruyen a otros con su mal ejemplo. El padre que jura enseña a su hijo a jurar, y lo condena con su ejemplo. Los pecados de tales hombres son mayores que los de otros, y tendrán un lugar más caliente en el infierno.

Aplicación. Ves que no todos los pecados son iguales; unos son más graves que otros y traen mayor ira; por tanto, guárdate especialmente de estos pecados. «Detén asimismo a tu siervo de las soberbias». Salmos 19:13. El menor pecado ya es bastante malo; no necesitas agravar tus pecados y hacerlos más graves. El que tiene una herida pequeña no la hará más honda. ¡Oh, guárdate de esas circunstancias que aumentan tu pecado y lo hacen más grave! Cuanto más alto suba un hombre en el pecar, más abajo yacerá en el tormento.

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