Capítulo 12 · 13 min de lectura · 16 min de escucha
2.8 El octavo mandamiento
«No hurtarás.» Éxodo 20:15.
ASÍ como la santidad de Dios lo pone contra la impureza, en el mandamiento «No cometerás adulterio», así la justicia de Dios lo pone contra la rapiña y el robo, en el mandamiento «No hurtarás». Lo prohibido en este mandamiento es entrometerse en la propiedad de otro. Los juristas civiles definen el furtum, el hurto o robo, como «poner injustamente las manos sobre lo que es de otro»: invadir el derecho ajeno.
I. Las causas del hurto.
[1] Las causas internas son: (1) La incredulidad. El hombre desconfía profundamente de la providencia de Dios. «¿Podrá Dios poner mesa en el desierto?» Salmo 78:19. ¿Puede Dios ponerme mesa a mí?, dice el incrédulo. No, no puede. Por eso resuelve ponerse la mesa él mismo, pero a costa de otros, y tanto el primer plato como el segundo se servirán con bienes robados. (2) La codicia. La palabra griega para codicia significa «un deseo desmedido de adquirir», que es la raíz del hurto. El hombre codicia más de lo suyo, y esta comezón de la codicia le hace arañar lo que puede de otro. El humor codicioso de Acán le hizo robar la cuña de oro, una cuña que partió su alma y la separó de Dios. Josué 7:21.
[2] La causa externa del hurto es la instigación de Satanás. Judas era ladrón. Juan 12:6. ¿Cómo llegó a ser ladrón? «Satanás entró en él». Juan 13:27. El diablo es el gran maestro de ladrones: nos robó la túnica de nuestra inocencia, y persuade a los hombres a tomar su oficio; les dice qué bien vivirán robando, y cómo pueden hacerse con una hacienda. Como Eva escuchó la voz de la serpiente, así hacen ellos. Como aves de rapiña, viven del despojo y del saqueo.
II. Las clases de hurto.
[1] Hay un hurto contra Dios. Son ladrones los que roban a Dios alguna parte de su día. «Acuérdate del día de reposo para santificarlo.» No solo una parte del día, sino el día entero debe dedicarse a Dios. Y, para que nadie lo olvide, el Señor ha puesto delante un memento: «acuérdate». Por tanto, después del sacrificio de la mañana, pasar el resto del día de reposo en vanidad y placeres es un hurto espiritual. Roba a Dios lo que se le debe, y los mismos paganos se levantarán en el juicio contra tales cristianos; porque los paganos, como observa Macrobio, guardaban un día entero a sus dioses falsos.
[2] Hay un hurto contra otros. Hay un robo de almas, como el de los herejes, que, robando a los hombres la verdad, les roban el alma. El robo de dinero y de bienes. Hay
(1) El salteador de caminos, que quita la bolsa, contra la letra del mandamiento. «No robarás a tu prójimo.» Levítico 19:13. «No hurtes.» Marcos 10:19. Esta no es la violencia que «arrebata por la fuerza el reino de los cielos». Mateo 11:12.
(2) El ladrón de casa, que sisa y hurta de la caja de su amo, o le roba sus mercancías y drogas. El apóstol dice que «algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles» (Hebreos 13:2); pero muchos amos han hospedado ladrones en sus casas sin saberlo. El ladrón de casa es un hipócrita además de ladrón; porque tiene aire recatado y aparenta ayudar a su amo, cuando solo se ayuda a sí mismo.
(3) El ladrón que se ampara en la ley, como el procurador o abogado injusto, que prevarica y obra con falsedad con su cliente. Esto es robar al cliente. Con engaño y prevaricación, el abogado roba al cliente su tierra, y puede ser el medio de arruinar a su familia; y a los ojos de Dios no es mejor que un ladrón.
(4) El ladrón de iglesia, o pluralista, que tiene varios beneficios, pero rara vez o nunca predica al pueblo. Se queda con el vellocino de oro, pero deja que el rebaño muera de hambre. «¡Ay de los pastores de Israel!» Ezequiel 34:2. Ellos «se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas»; vers. 8. Estos ministros serán acusados de ladrones ante el tribunal de Dios.
(5) El ladrón de tienda, que roba al vender. El que usa pesas y medidas falsas roba a otros lo que les corresponde. «Achicando el efa.» Amós 8:5. El efa era una medida que usaban los judíos para vender. Algunos achicaban el efa y daban medida escasa, lo cual era claramente robar. «En su mano tiene balanza de engaño.» Oseas 12:7. Al hacer más ligeros sus pesos, los hombres hacen más pesadas sus cuentas. Roba al vender el que pone precios excesivos a sus mercancías. Cobra por un artículo tres veces lo que le costó o lo que vale. Aprovecharse de otros al vender es robarles el dinero. «No defraudarás a tu prójimo, ni le robarás.» Levítico 19:13. Defraudarlo es robarle; aprovecharse de otros al vender es una manera astuta de robar, y va contra la ley y contra el evangelio. Va contra la ley de Dios. «Cuando vendiereis algo a vuestro prójimo, no engañe ninguno a su hermano.» Levítico 25:14. Va contra el evangelio. «Que ninguno oprima, ni engañe en nada a su hermano.» 1 Tesalonicenses 4:6.
(6) El usurero, que saca a otros por extorsión. Parece ayudar al otro prestándole dinero en su necesidad, pero lo enreda en obligaciones y le chupa la sangre y el tuétano. Leo de una mujer a quien Satanás había atado (Lucas 13:16), y en verdad está casi en tan mala condición aquel a quien el usurero ha atado. El usurero es un salteador. Un usurero preguntó una vez a un pródigo cuándo dejaría de gastar. El pródigo respondió: «Dejaré de gastar lo que es mío cuando tú dejes de robar lo que es de otros.» Zaqueo era un extorsionador que, tras su conversión, hizo restitución. Lucas 19:8. Consideraba un hurto todo lo que había obtenido por extorsión.
(7) El fideicomisario a quien se encomienda la hacienda del huérfano, que es nombrado su tutor y administra sus bienes por él: si merma la hacienda, saca de ella un buen vellón para sí y agravia al huérfano, es un ladrón. Esto es peor que quitar una bolsa por la violencia, porque traiciona la confianza depositada en él, lo cual es el colmo de la traición y de la injusticia.
(8) El que toma dinero prestado de otros con intención de no devolverlo nunca. «El impío toma prestado, y no paga.» Salmo 37:21. ¿Qué es sino latrocinio tomar dinero y bienes de otros y no restituirlos? El profeta Eliseo mandó a la viuda vender su aceite, pagar sus deudas y vivir luego de lo que quedara. 2 Reyes 4:7.
(9) La última clase de hurto es la del receptador de bienes robados. El receptador, si no es el autor principal, es al menos cómplice del hurto, y la ley lo declara culpable. El ladrón roba el dinero, y el receptador sostiene el saco para meterlo. La raíz moriría si no se la regara, y el robo cesaría si el receptador no lo alentara. Me inclino a pensar que el que no tiene escrúpulo en meter en su casa bienes robados tampoco lo tendría en robarlos.
¿Cuáles son los agravantes de este pecado?
(1) Robar sin necesidad; ser un ladrón rico.
(2) Robar sacrílegamente; devorar las cosas apartadas para usos santos. «Lazo es al hombre el devorar lo santo.» Proverbios 20:25. Tal fue Dionisio, que robó el templo y se llevó los vasos de plata.
(3) Cometer el pecado del hurto contra los frenos de la conciencia y los ejemplos de la justicia de Dios; lo cual, como el tinte para la lana, tiñe el pecado de color carmesí.
(4) Robar a la viuda y al huérfano. «A ninguna viuda ni huérfano afligiréis.» Peccatum clamans [Este pecado clama a gritos]. «Si a mí clamaren, ciertamente los oiré.» Éxodo 22:23.
(5) Robar al pobre. ¡Cuánto se airó David de que el rico quitara la cordera del pobre! «Vive el Señor, que ciertamente morirá.» 2 Samuel 12:5. ¡Qué es el cercar los terrenos comunales sino robar al pobre!
[3] Hay un hurto contra uno mismo. Un hombre puede ser ladrón de sí mismo.
¿Cómo es eso?
(1) Por la mezquindad. El mezquino es un ladrón; se roba a sí mismo al no concederse lo necesario. Tiene por perdido lo que gasta en sí mismo; se priva de lo indispensable. «Hombre a quien Dios dio riquezas, mas Dios no le dio facultad de comer de ello» Eclesiastés 6:2. Atiborra su arca y mata de hambre a su vientre; es como el asno cargado de oro que se alimenta de cardos; se roba lo que Dios le concede. Esto es ser castigado con riquezas: tener hacienda y carecer de corazón para disfrutar de ella.
(2) Un hombre puede robarse a sí mismo malgastando neciamente su hacienda. El pródigo derrocha el oro de la bolsa; es como Crates, el filósofo, que arrojó su oro al mar. El pródigo hace hervir una gran hacienda hasta reducirla a nada. Es ladrón de sí mismo el que dilapida la hacienda que podría contribuir al bienestar de la vida.
(3) Es ladrón de sí mismo por la ociosidad, cuando malgasta su tiempo. El que pasa sus horas en placeres y vanidades se roba aquel precioso tiempo que Dios le ha dado para ocuparse en su salvación. El tiempo es una mercancía valiosa, porque del buen empleo del tiempo presente depende una eternidad dichosa. El que pasa su tiempo ociosa y vanamente es ladrón de sí mismo; se roba estaciones de oro y, por consiguiente, la salvación.
(4) Un hombre puede ser ladrón de sí mismo saliendo fiador. «No estés entre los que fían por deudas.» Proverbios 22:26. El acreedor cae sobre el fiador por la deuda, y así, pagando la deuda de otro, se hace ladrón de sí mismo. Que nadie diga que lo habrían tenido por poco amable si no se hubiera obligado por su amigo. Mejor es que tu amigo te tenga por poco amable que todos los hombres te tengan por imprudente. Presta a otro lo que puedas ahorrar; aún más, dale si lo necesita, pero nunca salgas fiador. No es sabiduría ayudar a otro de tal modo que uno se arruine a sí mismo. Es robarse a sí mismo y a su familia.
Aplicación 1. Para refutar la doctrina de la comunidad de bienes, según la cual todas las cosas son comunes y un hombre tiene derecho a la hacienda de otro. Esto lo refuta la Escritura. «Cuando entrares en la mies de tu prójimo, no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.» Deuteronomio 23:25. Hay que respetar la propiedad; Dios ha puesto este octavo mandamiento como un vallado alrededor de la hacienda del hombre, y este vallado no puede romperse sin pecado. Si todas las cosas fueran comunes, no podría haber hurto, y así este mandamiento sería en vano.
Aplicación 2. Para reprensión de los que viven del robo. En lugar de vivir por la fe, viven de sus artimañas. El apóstol exhorta a que «cada uno coma su propio pan». 2 Tesalonicenses 3:12. El ladrón no come su propio pan, sino el de otro. Si hay alguno culpable de este pecado, procure zafarse del lazo del diablo por el arrepentimiento, y muestre su arrepentimiento mediante la restitución. Non remittitur peccatum nisi restituatur ablatum. Agustín. «Sin restitución no hay remisión.» «Si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.» Lucas 19:8. Las cosas mal adquiridas pueden restituirse por la propia mano o por medio de otro. Mil veces mejor es restituir los bienes ilícitamente obtenidos que rellenar tu almohada de espinas y que la culpa turbe tu conciencia en el lecho de muerte.
Aplicación 3. Para exhortar a todos a guardarse del pecado del hurto, que va contra la luz de la naturaleza. Algunos tal vez intenten excusar este pecado. Burda es la lana que no toma ningún tinte, y malo el pecado que no tiene excusa.
Yo (dice uno) he venido a menos en el mundo, el comercio va mal y no tengo otro medio de ganarme la vida.
(1) Esto muestra gran desconfianza en Dios, como si no pudiera proveer para ti sin tu pecado. (2) Muestra que el pecado ha llegado a gran altura, puesto que, por haber venido un hombre a menos en el mundo, quiere Acheronta movere [llamar a la puerta del infierno], acudir al diablo para ganarse la vida. Abraham no quería que se dijera que «el rey de Sodoma lo había enriquecido». Génesis 14:23. ¡Oh, que nunca se diga que el diablo te ha enriquecido! (3) No debes emprender ninguna acción sobre la cual no puedas pedir una bendición; pero no puedes pedir bendición sobre bienes robados. Por tanto, guárdate de este pecado; lucrum in arca, damnum in conscientia [ganas en lo material, pero tu conciencia sufre pérdida]. Agustín. Guárdate de ganar el mundo con la pérdida del cielo.
Aplicación 4. Para disuadir a todos de este horrible pecado, considera: (1) Los ladrones son las orugas de la tierra, enemigos de la sociedad civil. (2) Dios los aborrece. En la ley, el cormorán era inmundo, por ser criatura ladrona y voraz, ave de rapiña; con lo cual Dios mostró su aborrecimiento de este pecado. Levítico 11:17. (3) El ladrón es un terror para sí mismo; siempre vive con miedo. «Allí se sobresaltaron de pavor» se cumple en el ladrón. Salmo 53:5. La culpa engendra temor: con solo oír el temblor de un árbol, le tiembla el corazón. Se dice de Catilina que tenía miedo de cualquier ruido. Si una zarza se engancha en el vestido de un ladrón, teme que sea el alguacil que viene a prenderlo; y el temor lleva en sí tormento. 1 Juan 4:18. (4) Los juicios que siguen a este pecado. Acán el ladrón murió apedreado. Josué 7:25. «¿Qué ves? Y respondí: Un rollo que vuela. . . . Esta es la maldición que sale sobre la faz de toda la tierra; yo la saqué, dice el Señor, y vendrá a la casa del ladrón» Zacarías 5:2, 3, 4. Fabio, censor romano, condenó a muerte a su propio hijo por robo. Los ladrones mueren con ignominia; la escalera es su ascenso; y hay algo peor que la muerte, porque mientras roban a otros su dinero, se roban a sí mismos la salvación.
¿Qué debe hacerse para evitar el hurto?
(1) Vive en una vocación. «El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, obrando con sus manos.» Efesios 4:28, etc. El diablo contrata a los que están ociosos y los pone en el oficio de la ratería. La persona ociosa tienta al diablo a que la tiente.
(2) Conténtate con la condición que Dios te ha dado. «Estad contentos con lo que tenéis.» Hebreos 13:5. El hurto es hijo de la avaricia. Estudia el contentamiento. Cree que la mejor condición es la que Dios te ha trazado. Él puede bendecir la poca harina de la tinaja. No necesitaremos estas cosas por mucho tiempo: del mundo no sacaremos con nosotros nada sino nuestra mortaja. Si tenemos lo suficiente para costear el viaje al cielo, es bastante.
Capítulo 12 completado
2.8 El octavo mandamiento