Sermones escogidos de George Whitefield
Cristo, el único descanso para los cansados y cargados

Capítulo 21 · 20 min de lectura · 26 min de escucha

Cristo, el único descanso para los cansados y cargados

Mateo 11:28 — «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.»

Nada se conoce más generalmente que los deberes que pertenecen al cristianismo; y sin embargo, ¡qué asombroso es!, nada se practica menos. Hay mucho de él en nombre y apariencia, pero poco en el corazón y en la conducta; en verdad, si ir a la iglesia y a la santa cena, o si llevar el nombre de Cristo y haber sido bautizados en ese nombre, bastara para hacernos cristianos, creo que todos nosotros tendríamos derecho a ello. Pero si consiste en el corazón; si ha de haber un principio interior obrado en nosotros por la fe; si ha de haber un cambio de toda la naturaleza, un despojarse del viejo hombre con sus hechos, un volverse del pecado a Dios, un aferrarse únicamente al Sol de justicia; si ha de haber un nuevo nacimiento, y hemos de experimentar sus dolores; si debéis sentiros trabajados y cargados con vuestros pecados antes de buscar ser librados de ellos; si así ha de ser, si tanto encierra el ser hijos de Dios, ¡ay!, ¡cuántos hay que se complacen en una apariencia exterior, en tener nombre de que viven estando muertos; y qué pocos tienen parte alguna en este estado espiritual, en este nombre verdadero y vivo! ¡Qué pocos son los que están trabajados y cargados con sus pecados y buscan a Cristo para hallar descanso! Dicen, de manera formal y rutinaria, que somos pecadores y que no hay en nosotros salud; pero ¡qué pocos se sienten pecadores, y están tan oprimidos en su propio espíritu que no tienen quietud ni descanso dentro de sí, a causa de la carga de sus pecados y del peso que ha caído y yace sobre su mente!

Bajo estas cargas, estas pesadas cargas, no saben qué hacer para obtener descanso; corren a sus obras, van a un ministro, y este les dice que lean, que oren, que mediten y que tomen la santa cena; así se van, y leen, y oran, y meditan casi sin cesar, y nunca descuidan la santa cena siempre que hay ocasión de tomarla. Pues bien, cuando la pobre alma ha hecho todo esto, todavía no halla alivio, aún no hay descanso. Y entonces, ¿qué hacer? Quedarse quietos bajo la carga no pueden, y librarse de ella tampoco. ¡Oh, qué hará el alma cargada! Pues vuelve otra vez al clérigo, le cuenta su caso, lo que ha hecho, y que no está mejor. Bien, le pregunta él, ¿has dado limosna a los pobres? Pues no. Entonces ve y hazlo, y hallarás descanso. Así el pobre pecador es arrastrado de deber en deber, y sigue sin hallar descanso: todo es inquietud y desasosiego por dentro, y no queda descanso en el alma. Y aunque recorriera todos los deberes de la religión y leyera mil manuales de oraciones, ninguno daría jamás descanso al alma; nada lo dará hasta que vaya al Señor Jesucristo, porque allí está el único descanso verdadero; ese es el descanso que permanece y durará para siempre. No está en vuestras propias obras ni en vuestros esfuerzos: no; cuando Cristo entra en vuestras almas, os perdona sin mirar en absoluto a vuestras obras, ni pasadas, ni presentes, ni por venir.

De las palabras que acabo de leer, hermanos míos, voy a

I. Mostraros quiénes son los trabajados y cargados.

II. Indagar qué se entiende por venir a Cristo. Y,

III. Concluir exhortándoos a aceptar la invitación que el Señor Jesucristo os hace de venir a él, con la seguridad de hallar descanso.

Primero, he de mostraros quiénes son los trabajados y cargados.

Y aquí será necesario considerar quiénes no lo son, y después, quiénes son los que verdaderamente lo están.

1. Los que se creen bastante buenos, y se complacen en no ser tan malos como otros, esos no están trabajados ni cargados.

No, estos fariseos no se turban así; se ríen y se burlan de los que hablan de sentir sus pecados, y piensan que no hay motivo para hacer tanto aspaviento con la religión: eso es ser demasiado justos, y el modo de destruiros a vosotros mismos. Creen que con tener buena intención y rezar sus oraciones, como ellos las llaman, basta; aunque recen una oración, y aun miles de oraciones, y todo ese tiempo no estén haciendo más que ofrecer el sacrificio de los necios. Pueden llamar a Dios Padre todos los días, cuando no es más que burlarse de Dios y ofrecerle fuego extraño; y sería justo que los tratara como trató a Nadab y Abiú, que los destruyera y los cortara de sobre la faz de la tierra; pero él espera para tener piedad, y está dispuesto a probar un poco más si daréis algo más que la levadura de una profesión exterior, que no es todo lo que el Señor pide; no, él quiere el corazón; y a menos que lo honréis con él, no hace caso de vuestras bocas mientras el corazón está lejos de él. Podéis decir vuestras oraciones toda la vida, y sin embargo no orar de veras ni una sola vez; por tanto, mientras os lisonjeáis de ser bastante buenos y de estar en estado de salvación, no hacéis más que engañar a vuestras propias almas y apresurar vuestra propia destrucción. Venid a él, no como quienes son bastante buenos, sino como viles pecadores, como pobres, y ciegos, y desnudos, y miserables, y entonces Jesús tendrá compasión.

Oh fariseos, ¿qué frutos dais? Pues sois criaturas morales y corteses; hacéis vuestros esfuerzos, hacéis lo que podéis, y así Jesús ha de completar el resto. Os tenéis por seres finos, racionales y corteses, y pensáis que orar está demasiado pasado de moda; no es bastante distinguido: quizá habéis leído algunas oraciones, pero no sabíais orar de corazón; no, de ninguna manera: eso sí que habría sido ser demasiado justos.

Pero cuando una vez os deis cuenta de que sois criaturas perdidas y condenadas, y veáis el infierno abierto, listo para recibiros si Dios cortara tan solo el hilo de la vida, ¡oh, entonces, entonces clamaríais con fervor al Señor que os recibiera, que os abriera la puerta de la misericordia! Entonces cambiaríais de tono; ya no os lisonjearíais de vuestras capacidades y buenos deseos; no, veríais cuán incapaces sois, cuán impotentes para salvaros a vosotros mismos; que no hay en vosotros aptitud alguna ni libre albedrío; ninguna aptitud sino para la condenación eterna, ningún libre albedrío sino el de hacer el mal; y que cuando queréis hacer el bien, el mal está en vosotros, y lo que no queréis, eso hacéis. Él conoce la intención secreta de todo corazón; y esto es un gozo para vosotros, mis queridos hermanos, que venís a propósito para encontraros con él, aunque sea en un campo. Y aunque algunos me tengan por charlatán y entusiasta, por uno que solo va a volveros locos con método; aunque lancen sus invectivas contra mí, Cristo lo sabe todo; él lo toma en cuenta, y yo le dejaré a él defender mi causa, porque es un Señor bondadoso: ya lo he hallado así, y estoy seguro de que seguirá siéndolo. Suya es la venganza, y él la pagará. Que me injurien; que me echen de sus sinagogas y tengan mi nombre por oprobio; no les responderé injuriando a mi vez ni hablando mal de ellos: no, ese no es el Espíritu de Cristo, sino la mansedumbre, la paciencia, la longanimidad, la benignidad, etc.

Fariseos, que procuráis establecer vuestra propia justicia; vosotros, que sois demasiado corteses para seguir al Señor Jesucristo con sinceridad y verdad; vosotros, que todo lo dais a un poco de apariencia, a un poco de obra exterior; que lleváis vidas morales, civiles y decentes: Cristo no os conocerá en el gran día, sino que os dirá: Oh fariseos, ¿hubo algún lugar para mí en vuestro amor? ¡Ay!, estáis llenos de ira y de malicia y de voluntad propia; y aun así pretendíais amarme y servirme, y ser mi pueblo; pero yo os desprecio; yo, que soy Dios y conozco el secreto de todos los corazones; yo, que soy la verdad misma, el testigo fiel y verdadero, os digo: «Apartaos de mí, obradores de maldad, a ese lugar de tormento preparado para el diablo y para sus ángeles». ¡Dios bendito! ¿Y han de sufrir el castigo del fuego eterno estas criaturas discretas y corteses, que nunca hicieron daño a nadie, sino que llevaron vidas tan civiles y decentes? ¿No pueden salvarse sus almas justas? ¿Dónde aparecerán entonces el pecador y el impío? ¿Dónde aparecerás tú, oh profanador del día de reposo, tú que puedes tomar tu placer, tu recreo, en el día del Señor, que rehúsas oír la palabra de Dios, que no quieres venir a la iglesia para ser instruido en los caminos del Señor? ¿Dónde apareceréis vosotros, oh adúlteros, fornicarios y semejantes de esta generación? A los fornicarios y a los adúlteros juzgará Dios, y a ellos condenará. Entonces no llamaréis a estas cosas travesuras de juventud: no, sino que clamaréis a las peñas y a los montes que caigan sobre vosotros, para esconderos del furor y de la ira del Señor. ¿Dónde aparecerás tú, oh hombre, que te complaces en burlarte del pecado, que desprecias toda reprensión, que arrojas tus chanzas como el loco arroja fuego, y preguntas si no lo hacías en broma? ¿Dónde aparecerás tú, oh hombre, que haces oficio de predicar contra los hijos del Altísimo; tú, que inventas métodos para detener el avance del evangelio, y usas todo tu poder para sofocar [aplastar] su predicación; que levantas malos rumores contra los discípulos de Cristo, y los tienes por locos, necios, cismáticos y una partida de chusma? Tú, oh hombre, con toda tu erudición de la letra, de cierto verás el tribunal de Cristo, aunque quizá muy contra tu voluntad, para ser echado por él al fuego eterno, lugar preparado para el diablo y para sus ángeles. Hay un Tofet ardiente, encendido por el furor de un Dios vengador, que nunca, nunca se apagará. El diablo anhela abrazaros en sus brazos infernales, en cuanto se haya pronunciado la sentencia, allí donde habréis de cargar para siempre con el peso de vuestro pecado: entonces ya no hay redención; el día de la gracia ha pasado; la puerta de la esperanza está cerrada; ya no se ofrecerá más misericordia, sino que habréis de ser excluidos de Dios para siempre. ¡Oh, quién podrá habitar con las llamas eternas!

Penséis lo que penséis del infierno, de cierto no es un fuego pintado; no es una invención para tener a la gente atemorizada: entonces, entonces sentiréis el poder del brazo todopoderoso. Si no queréis asiros de su cetro de oro, os quebrantará con su vara de hierro. Oh fariseos, que ahora sois tan buenos, tanto mejores que los demás, ¿cómo estaréis en pie delante de Cristo cuando aparezca revestido de su gloria como juez? Vosotros, arrianos, podéis despreciar ahora su divinidad; entonces tendréis prueba de ella; él mostrará que tiene todo poder, y que no era un Dios subordinado; os mostrará que tiene toda potestad en el cielo y en la tierra; que era Rey de reyes y Señor de señores; que era el Dios fuerte, el Padre eterno; y ese poder que tiene lo ejercerá en conservaros con ningún otro fin que el de castigaros para siempre. Así, vosotros que ahora os complacéis en ser bastante buenos, que aquí no estáis trabajados y cargados con el sentimiento de vuestros pecados, estaréis trabajados y cargados con el sentimiento de vuestro castigo en el más allá.

2. No están trabajados y cargados con el sentimiento de sus pecados, hermanos míos, los que pueden deleitarse en los refinados entretenimientos de la época y seguir las diversiones pecaminosas de la vida.

Ahora pueden ir a bailes y tertulias, a teatros y carreras de caballos; no piensan en sus pecados; no saben lo que es llorar por el pecado ni humillarse bajo la poderosa mano de Dios; pueden ahuyentar sus penas con la risa, sus cuidados con el canto, y desechar estos pensamientos melancólicos: son demasiado finos para dar cabida a pensamientos tristes; hablar de la muerte y del juicio les fastidia, porque apaga su alegría; no podrían soportar pensar en su pecado y en su peligro; no podrían ir a una comedia y pensar en el infierno; no podrían ir tranquilos a una mascarada y pensar en su peligro; no podrían ir en paz a un baile o a una tertulia si pensaran en sus pecados.

Y así queda probado, hasta la evidencia, que estos no están trabajados y cargados; porque si no se preocupan por sus pecados, nunca estarán trabajados y cargados por ellos. Pero en el día del juicio todo habrá terminado; perderán toda su alegría carnal, todo su placer; todo su deleite se habrá ido para siempre.

Dirán entonces de su risa: Es locura; y del placer: ¿Qué haces tú? Sus ocurrencias alegres y sus chistes ingeniosos contra el pobre y despreciado pueblo de Dios habrán terminado entonces. Su alegría no fue más que como el estrépito de las espinas debajo de la olla; hizo una gran llamarada y un ruido indecoroso por un rato, pero pronto se acabó, y no volverá más.

Piensan ahora que si ayunaran o oraran, meditaran y lloraran, serían demasiado justos y se destruirían a sí mismos; que su vida sería una molestia continua y que los volvería locos. ¡Ay, hermanos míos, qué miseria ha de ser esa vida donde ya no hay días placenteros, ni más bailes ni comedias, ni naipes ni dados, esos derrochadores del tiempo precioso, ni carreras de caballos ni peleas de gallos, de las que jamás salió bien alguno, a menos que pueda llamarse así abusar de las criaturas del Dios Todopoderoso y darles un uso para el cual él nunca las destinó! ¡Qué miserable será vuestra vida cuando todos vuestros goces hayan terminado, cuando todos vuestros placeres hayan pasado y no haya más alegría ni pasatiempo! ¿Creéis que hay un solo corazón alegre en el infierno? ¿Un solo semblante risueño? ¿O una lengua que bromee, se mofe o jure? Ahora un sermón os fastidia; la oferta de salvación por la sangre de Jesucristo se llama ahora entusiasmo; pero entonces daríais miles de mundos, si estuviera en vuestro poder, por un solo ofrecimiento de misericordia, por una sola oferta de gracia, que ahora tanto despreciáis.

Ahora no estáis cansados de vuestras diversiones, ni estáis cargados con los pecados que las acompañan; pero entonces estaréis cansados de vuestro castigo y del agravante que lo acompaña. Vuestros naipes y dados, vuestros halcones y sabuesos, y bolos, y vuestros alegres deportes habrán terminado entonces. ¿Qué alegría tendréis al recordar vuestros deportes y diversiones? No quisiera que me entendierais mal y dijerais que solo os predico muerte y condenación; solo os estoy mostrando cuál será la consecuencia de seguir en estos placeres pecaminosos; y si el diablo no os arrastra fuera de aquí a medio sermón, os mostraré cómo evitar estos peligros, que ahora predico como efecto del pecado del que no hay arrepentimiento. Menciono esto no sea que el diablo os arrastre fuera; pero no os ofendáis si os señalo más de los terrores que acompañarán el seguir estos entretenimientos refinados y de moda de la época presente, y el no estar trabajados y cargados con el sentimiento de vuestros pecados.

Los que se deleitan en beber vino con exceso, y son borrachos, ¡qué tragos amargos tendrán en lugar de vino y cerveza! El ardor de la lujuria también se habrá apagado entonces; ya no cantarán la canción del borracho; ya no pasarán su tiempo cortejando a sus amantes, en conversaciones lascivas, en canciones amorosas, en coqueteos desenfrenados, en inmundicias brutales: no, todo eso habrá terminado; y no hará más que traspasarles el corazón mirarse unos a otros a la cara. Entonces desearán haber orado juntos en lugar de pecar juntos; haber frecuentado las sociedades religiosas; haberse estimulado unos a otros al amor y a la santidad, y haberse esforzado por convencerse mutuamente de la maldad del pecado, y de cuán expuestos están a la ira de Dios, y de la necesidad de estar trabajados y cargados con el sentimiento de ella; para haber escapado así del castigo que sufren por haber seguido las diversiones pecaminosas y refinadas de la época en que cayeron. Pero como fue contra Dios mismo contra quien pecaron, nadie menos que Dios los castigará por sus ofensas: él ha preparado esos tormentos para sus enemigos; su ira continua los estará devorando sin cesar; el soplo de su indignación encenderá la llama; su ira será una carga continua para sus almas. ¡Ay de aquel que cae bajo el golpe del Todopoderoso!

Así pues, no están trabajados y cargados con sus pecados los que pueden seguir los entretenimientos refinados y de moda de la época. Pero,

En segundo lugar, he de mostraros qué es estar trabajados y cargados con los pecados. Y

1. Puede decirse, hermanos míos, que estáis trabajados y cargados cuando vuestros pecados os resultan dolorosos y los cometéis con pena y aflicción.

Vosotros, que habéis despertado al sentimiento de vuestros pecados, que veis cuán aborrecibles son para Dios y cómo os exponen a su ira e indignación, y que de buena gana los evitaríais; que os aborrecéis a vosotros mismos por cometerlos; cuando así estáis convencidos de pecado, cuando veis los terrores de la ley y teméis sus juicios, entonces puede decirse que estáis cansados de vuestros pecados. ¡Y oh, qué terribles aparecen cuando despertáis por primera vez al sentimiento de ellos; cuando no veis otra cosa que la ira de Dios lista para caer sobre vosotros, y teméis sus juicios! ¡Oh, qué pesado os resulta entonces vuestro pecado! Entonces sentís su peso, y que es insoportable de llevar.

2. Cuando os veis obligados a clamar bajo la carga de vuestros pecados, y no sabéis qué hacer para hallar alivio; cuando este es vuestro caso, estáis cansados de vuestros pecados. No consiste en un cansancio repentino; no, es la carga continua de vuestra alma; es vuestra pena y vuestra preocupación no poder vivir sin ofender a Dios y pecar contra él; y estos pecados son tantos y tan grandes que teméis que no os serán perdonados.

Paso, en segundo lugar, a mostraros qué se entiende por venir a Cristo.

No es, hermanos míos, venir con vuestras propias obras: no, debéis venir con entera dependencia del Señor Jesucristo, mirándolo como el Señor que murió para salvar a los pecadores. Id a él, decidle que sois pecadores perdidos, arruinados y miserables, y que no merecéis otra cosa que el infierno; y cuando así vayáis al Señor Jesucristo, saliendo de vosotros mismos, con entera dependencia del Señor Jesucristo, lo hallaréis un Salvador poderoso y dispuesto; a él le agrada ver a los pecadores venir a él con el sentimiento de su propia indignidad; y cuando su caso parece más peligroso, más angustioso, entonces el Señor en su misericordia interviene y os da su gracia; pone su Espíritu dentro de vosotros, quita vuestro corazón de piedra y os da un corazón de carne. No os resistáis, pues, a este Señor, sino id a él, no en vuestras propias fuerzas, sino en la fuerza de Jesucristo.

Y esto me lleva, en tercer lugar, a considerar la exhortación que Cristo os dirige a todos vosotros, altos y bajos, ricos y pobres, unos y otros, a venir a él para que tengáis descanso. Y si Jesucristo os da descanso, podéis estar seguros de que será un verdadero descanso; será el descanso que vuestra alma necesita; será un descanso que el mundo no puede dar ni quitar. ¡Oh, venid todos vosotros esta noche, y hallaréis descanso: Jesucristo lo ha prometido! He aquí una invitación llena de gracia; no dejéis que un poco de lluvia os aparte de oírla; considerad tan solo lo que el diablo y los espíritus condenados darían por tener la oferta de misericordia y por aceptar a Cristo, para ser librados de los tormentos que padecen y que han de padecer para siempre; o cuán grata les sería esta lluvia para refrescar sus lenguas resecas; pero se les niegan ambas cosas, mientras que a vosotros se os ofrece misericordia: misericordia libre y abundante para venir a Cristo; aquí hay alimento para vuestras almas, y la lluvia viene a hacer brotar los frutos de la tierra como alimento para vuestros cuerpos. Aquí hay misericordia sobre misericordia.

Permitidme rogaros que vengáis a Cristo, y él os hará descansar; hallaréis descanso para vuestras almas. Oh vosotros, mis hermanos cansados y agobiados, id tan solo a Cristo de esta manera, y aunque vayáis a él cansados, hallaréis descanso antes de apartaros de él: que nada que no sea el Señor Jesucristo sea vuestro descanso; porque dondequiera que busquéis, quedaréis defraudados; pero si buscáis tan solo al Señor Jesucristo, allí hallaréis la plenitud de todo lo que vuestra alma cansada necesita. Id a él esta noche; aquí hay una invitación para todos vosotros, almas cansadas. No os llama a vosotros, oh fariseos; no, solo a vosotros, pecadores cansados; y de cierto no os mantendréis lejos de él, sino que aceptaréis su invitación; no os demoréis; un momento puede ser peligroso: la muerte puede llevaros de repente. No sabéis si un ataque de apoplejía os arrebatará del tiempo a la eternidad; por tanto, no os empeñéis en esperar hasta tener algo que traer; venid con todos vuestros harapos, con toda vuestra inmundicia, con todas vuestras angustias, y pronto hallaréis a Jesucristo dispuesto a ayudaros y a aliviaros; él os ama tanto en vuestros harapos como en vuestras mejores ropas; no mira vuestro vestido; no, venid tan solo a él, y pronto hallaréis descanso para vuestras almas.

¿Qué decís? ¿Diré a mi Señor que vendréis a él y que lo aceptaréis en sus propias condiciones? Permitidme, hermanos míos, rogaros que toméis a Jesús sin nada de vuestra propia justicia: porque si esperáis mezclar algo de vosotros mismos con Cristo, edificáis sobre un cimiento de arena; pero si tomáis a Cristo por vuestro descanso, él lo será para vosotros. Permitidme rogaros que edifiquéis sobre esta Roca de los siglos. Oh hermanos míos, pensad en la invitación llena de gracia, «Venid a mí», a Jesucristo; es él quien os llama; ¿y no iréis?

Venid, venid a él. Si vuestras almas no fueran inmortales, y no estuvierais en peligro de perderlas, no os hablaría así; pero el amor de vuestras almas me constriñe a hablar: me parece que esto me constreñiría a hablaros para siempre. Venid, pues, por la fe, y asíos del Señor Jesús; aunque está en el cielo, ahora te llama a ti. Venid, todos vosotros, borrachos, blasfemos, profanadores del día de reposo, adúlteros, fornicarios; venid, todos vosotros, burladores, rameras, ladrones y homicidas, y Jesucristo os salvará; él os hará descansar, si estáis cansados de vuestros pecados. ¡Oh, venid, asíos de él! Si yo amara menos vuestras almas, quizá hablaría menos; pero el amor de Dios, que está derramado en mi corazón, no me permitirá dejaros hasta ver si vendréis a Cristo o no. ¡Oh, por vuestra vida, recibidlo, no sea que nunca más os llame! He aquí, el esposo viene; puede ser que esta misma noche se oiga el clamor. ¿Querríais oír esto ahora, si estuvierais seguros de morir antes de la luz de la mañana? Dios os conceda comenzar a vivir, para que, cuando venga el rey de los espantos, no tengáis otra cosa que hacer sino encomendar vuestras almas en las manos de un Redentor fiel.

Ahora, a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo, sea toda honra, alabanza, dominio y poder, desde ahora y para siempre. Amén, amén.

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