Tratado sobre los afectos religiosos
VI. No es prueba de que los afectos religiosos sean salvadores, ni de que sean de otra clase, que haya en ellos una apariencia de amor

Capítulo 8 · 4 min de lectura · 5 min de escucha

VI. No es prueba de que los afectos religiosos sean salvadores, ni de que sean de otra clase, que haya en ellos una apariencia de amor

VI. No es prueba de que los afectos religiosos sean salvadores, ni de que sean de otra clase, que haya en ellos una apariencia de amor.

No hay cristianos profesantes que pretendan que esto sea un argumento contra la verdad y la naturaleza salvadora de los afectos religiosos. Pero, por otra parte, hay algunos que suponen que es una buena prueba de que los afectos proceden de las influencias santificadoras y salvadoras del Espíritu Santo.—Su argumento es que Satanás no puede amar, por ser este afecto directamente contrario al diablo, cuya misma naturaleza es enemistad y malicia. Y es verdad que nada es más excelente, celestial y divino que un espíritu de verdadero amor cristiano a Dios y a los hombres: es más excelente que el conocimiento, o la profecía, o los milagros, o el hablar lenguas humanas y angélicas. Es la principal de las gracias del Espíritu de Dios, y la vida, esencia y suma de toda verdadera religión; y aquello por lo cual somos más conformados al cielo, y más contrarios al infierno y al diablo. Pero, con todo, es vano argüir de aquí que no haya falsificaciones de él. Puede observarse que cuanto más excelente es una cosa, tanto más abundan sus falsificaciones. Así hay muchas más falsificaciones de la plata y el oro que del hierro y el cobre: hay muchos diamantes y rubíes falsos; pero ¿quién se pone a falsificar piedras comunes? Aunque cuanto más excelentes son las cosas, tanto más difícil es hacer algo que se les parezca en su naturaleza esencial y sus virtudes internas, con todo, tanto más numerosas serán sus falsificaciones, y tanto más arte y sutileza se desplegarán en una imitación exacta de la apariencia exterior. Así, el mayor peligro de ser engañado está en la compra de las medicinas más excelentes y eficaces, aunque sea dificilísimo imitarlas con algo de semejante valor y virtud, y sus falsificaciones no sirvan para nada cuando las tenemos. Así sucede con las virtudes y gracias cristianas: la sutileza de Satanás y el corazón engañoso de los hombres suelen ejercitarse principalmente en falsificar las que gozan de mayor estima. Por eso quizá no haya gracias que tengan más falsificaciones que el amor y la humildad, por ser estas virtudes en que la hermosura de un verdadero cristiano se manifiesta especialmente.

Pero, en cuanto al amor, es claro por la Escritura que las personas pueden tener una especie de amor religioso y, sin embargo, no tener gracia salvadora. Cristo habla de muchos cristianos profesantes que tienen tal amor, cuyo amor no perdurará, y que por tanto no alcanzarán la salvación, Mateo 24:12, 13: «Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo». Estas últimas palabras muestran claramente que aquellos de quienes antes se habla, cuyo amor no perdurará hasta el fin sino que se enfriará, no serán salvos.

Las personas pueden parecer tener amor a Dios y a Cristo, sí, tener afectos muy fuertes y vehementes de esta naturaleza, y sin embargo no tener gracia. Porque este fue evidentemente el caso de muchos judíos sin gracia, como los que ensalzaron tanto a Jesús, siguiéndole día y noche, sin comida, bebida ni sueño; como los que dijeron: «Señor, te seguiré adondequiera que vayas», y clamaron: «¡Hosanna al Hijo de David!».1919 De acuerdo con esto, el señor Stoddard observa, en su Guía a Cristo, que algunos pecadores tienen arrebatos de afecto, y cuentan que hallan en sí un espíritu de amor a Dios y que aspiran a la gloria de Dios, teniendo algo que se parece mucho a la gracia salvadora; y que a veces sus afectos comunes son más fuertes que los salvadores. Y supone que a veces los hombres naturales pueden tener arrebatos tan vehementes de falso afecto a Dios que lleguen a creerse dispuestos a ser condenados. Páginas 21 y 65.

El apóstol parece insinuar que en sus días había muchos que tenían un amor falsificado a Cristo, en Efesios 6:24: «Gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en sinceridad». La última palabra, en el original, significa incorrupción; lo cual muestra que el apóstol era consciente de que había muchos que tenían una especie de amor a Cristo, cuyo amor no era puro y espiritual.

Así también puede falsificarse el amor cristiano al pueblo de Dios. Es evidente por la Escritura que puede haber fuertes afectos de esta clase sin gracia salvadora; como los hubo en los gálatas hacia el apóstol Pablo, cuando estaban dispuestos a sacarse los ojos y dárselos; aunque el apóstol expresa su temor de que sus afectos hubieran quedado en nada y de que hubiese trabajado en vano en ellos, Gálatas 4:11, 15.

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