Capítulo 48 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Otros hechos
§48. Otros hechos. La continencia cristiana de las vírgenes y de los ascetas. Los mártires. El poder de la cruz contra los demonios y la magia. Cristo, por su poder, se muestra más que un hombre, más que un mago, más que un espíritu. Porque todos estos le están totalmente sometidos. Por tanto, él es el Verbo de Dios.
Ahora bien, estos argumentos nuestros no se reducen a meras palabras, sino que tienen en la experiencia real un testigo de su verdad. 2. Porque el que quiera, que se acerque y contemple la prueba de la virtud en las vírgenes de Cristo y en los jóvenes que practican la santa castidad, y la certeza de la inmortalidad en tan grande compañía de sus mártires. 3. Y venga el que quiera poner a prueba por la experiencia lo que acabamos de decir, y en presencia misma del engaño de los demonios, de la impostura de los oráculos y de los prodigios de la magia, use la señal de aquella cruz de la que ellos se ríen, y verá cómo por medio de ella huyen los demonios, cesan los oráculos, y toda magia y hechicería queda reducida a nada. 4. ¿Quién es, pues, y cuán grande este Cristo, que con su propio nombre y presencia eclipsa y reduce a nada todas las cosas por todas partes, y es el único fuerte contra todos, y ha llenado el mundo entero con su enseñanza? Que nos lo digan los griegos, a quienes les gusta reírse y no se avergüenzan. 5. Porque si es un hombre, ¿cómo, entonces, un solo hombre ha superado el poder de todos aquellos a quienes ellos mismos tienen por dioses, y los ha convencido por su propio poder de no ser nada? Pero si lo llaman mago, ¿cómo puede ser que por un mago toda la magia sea destruida en lugar de confirmada? Porque si hubiera vencido a ciertos magos en particular, o prevalecido sobre uno solo, sería lógico que ellos sostuvieran que superaba a los demás por una habilidad mayor; 6. pero si su cruz ha obtenido la victoria sobre absolutamente toda magia, y sobre su mismo nombre, ha de ser evidente que el Salvador no es un mago, puesto que aun los demonios invocados por los demás magos huyen de él como de su Señor. 7. Quién es él, pues, que nos lo digan los griegos, cuya única ocupación seria es la burla. Quizá dirían que también él era un demonio, y que de ahí venía su fuerza. Pero digan esto cuanto quieran, la burla se volverá contra ellos, pues una vez más pueden ser avergonzados por nuestras pruebas anteriores. Porque ¿cómo es posible que sea un demonio el que expulsa a los demonios? 8. Porque si solo expulsara a ciertos demonios en particular, con razón podría sostenerse que prevalecía contra los menores por el príncipe de los demonios, tal como le dijeron los judíos cuando querían injuriarlo. Pero si, con solo nombrar su nombre, toda la locura de los demonios queda desarraigada y ahuyentada, ha de ser evidente que también en esto se equivocan, y que nuestro Señor y Salvador Cristo no es, como piensan, algún poder demoníaco. 9. Entonces, si el Salvador no es ni un simple hombre, ni un mago, ni algún demonio, sino que por su propia divinidad ha reducido a nada y eclipsado tanto la doctrina que se halla en los poetas como el engaño de los demonios y la sabiduría de los gentiles, ha de ser evidente, y todos lo reconocerán, que este es el verdadero Hijo de Dios, el Verbo, la Sabiduría y el Poder del Padre desde el principio. Pues por esto también sus obras no son obras de hombre, sino que se reconocen como superiores al hombre y verdaderamente obras de Dios, tanto por los hechos en sí mismos como por la comparación con [el resto de] la humanidad.
Capítulo 48 completado
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