Capítulo 44 · 4 min de lectura · 5 min de escucha
Si Dios hizo al hombre por una palabra, ¿por qué no restaurarlo por una palabra?
§44. Si Dios hizo al hombre por una palabra, ¿por qué no restaurarlo por una palabra? Pero (1) crear de la nada es distinto de reparar lo que ya existe. (2) El hombre estaba ahí con una necesidad concreta, que reclamaba un remedio concreto. La muerte estaba arraigada en la naturaleza del hombre; él, pues, debía entrelazar estrechamente la vida con la naturaleza humana. Por eso el Verbo se encarnó, para salir al encuentro de la muerte y vencerla en el territorio que ella había usurpado. (Símil de la paja y el amianto.)
Pero quizá, avergonzados hasta el punto de convenir en esto, querrán decir que Dios, si deseaba reformar y salvar al género humano, debería haberlo hecho con un simple mandato, sin que su Verbo tomara un cuerpo, del mismo modo que lo hizo antiguamente, cuando los sacó de la nada. 2. A esta objeción suya cabría responder razonablemente que antiguamente, cuando nada existía en absoluto, lo que hacía falta para hacerlo todo era un mandato y la sola voluntad de hacerlo. Pero una vez que el hombre había sido hecho, y la necesidad exigía curar no lo que no era, sino lo que había llegado a ser, era una consecuencia natural que el Médico y Salvador apareciera en lo que había llegado a ser, para curar también lo que existía. Por esta causa, pues, se ha hecho hombre y se ha servido de su cuerpo como instrumento humano. 3. Porque si este no fuera el camino recto, ¿cómo había de aparecer el Verbo, si quería servirse de un instrumento? ¿O de dónde había de tomarlo, sino de los que ya existían y necesitaban de su divinidad por medio de uno semejante a ellos? Porque no eran cosas sin ser las que necesitaban salvación, de modo que bastara una simple orden, sino que el hombre, ya existente, iba camino de la corrupción y de la ruina. Era, pues, natural y justo que el Verbo se sirviera de un instrumento humano y se revelara por todas partes. 4. En segundo lugar, has de saber también esto: que la corrupción que se había introducido no era exterior al cuerpo, sino que se había adherido a él; y era preciso que, en lugar de la corrupción, la vida se adhiriera a él, de modo que, así como la muerte se ha engendrado en el cuerpo, así también la vida se engendre en él. 5. Ahora bien, si la muerte fuera exterior al cuerpo, convendría que también la vida se hubiera engendrado fuera de él. Pero si la muerte estaba estrechamente entrelazada con el cuerpo y lo dominaba como si estuviera unida a él, era preciso que también la vida se entrelazara estrechamente con el cuerpo, para que así el cuerpo, revistiéndose de vida en su lugar, se despojara de la corrupción. Además, aun suponiendo que el Verbo hubiera venido fuera del cuerpo, y no en él, la muerte habría sido ciertamente vencida por él, en perfecto acuerdo con la naturaleza, ya que la muerte no tiene poder alguno contra la Vida; pero la corrupción adherida al cuerpo habría permanecido en él igualmente. 6. Por esta causa el Salvador se revistió, con razón, de un cuerpo, para que el cuerpo, entrelazado estrechamente con la Vida, ya no permaneciera en la muerte como mortal, sino que, como revestido de inmortalidad, resucitara en adelante y permaneciera inmortal. Porque, una vez revestido de corrupción, no habría podido resucitar si no se hubiera revestido de vida. Y la muerte, asimismo, no podía por su propia naturaleza aparecer sino en el cuerpo. Por eso se revistió de un cuerpo, para hallar la muerte en el cuerpo y borrarla. Porque ¿cómo habría podido demostrarse en absoluto que el Señor era la Vida, si no hubiera vivificado lo que era mortal? 7. Y así como, siendo la paja destructible por naturaleza por el fuego, si (en primer lugar) un hombre mantiene el fuego lejos de la paja, aunque esta no se queme, sigue siendo, con todo, simple paja, que teme la amenaza del fuego, porque el fuego tiene la propiedad natural de consumirla; mientras que si un hombre (en segundo lugar) la envuelve con una buena cantidad de amianto, la sustancia que se dice ser antídoto del fuego, la paja ya no teme al fuego, asegurada como está por su envoltura de materia incombustible; 8. de este mismo modo puede decirse, respecto del cuerpo y de la muerte, que si la muerte hubiera sido apartada del cuerpo por un simple mandato de su parte, este habría seguido siendo igualmente mortal y corruptible, según la naturaleza de los cuerpos; pero, para que esto no fuera así, se revistió del Verbo incorpóreo de Dios, y así ya no teme ni la muerte ni la corrupción, porque tiene la vida por vestidura, y la corrupción queda abolida en él.
Capítulo 44 completado
Si Dios hizo al hombre por una palabra, ¿por qué no restaurarlo por una palabra?