Sobre la encarnación
Otras objeciones anticipadas

Capítulo 24 · 2 min de lectura · 3 min de escucha

Otras objeciones anticipadas

§24. Otras objeciones anticipadas. No eligió él la manera de su muerte, pues había de mostrarse vencedor de la muerte en todas o en cualquiera de sus formas (símil del buen luchador). La muerte escogida para deshonrarlo resultó ser el trofeo contra la muerte; además, preservó su cuerpo sin división.

Pero debemos anticiparnos a responder también lo que otros podrían decir. Porque tal vez alguno diría incluso lo siguiente: Si era necesario que su muerte tuviera lugar ante todos y con testigos, para que también se creyera el relato de su resurrección, habría sido mejor, en todo caso, que él mismo se procurara una muerte gloriosa, aunque solo fuera para escapar de la ignominia de la cruz. 2. Pero si hubiera hecho incluso esto, habría dado motivo de sospecha contra sí mismo, de que no tenía poder contra toda muerte, sino solo contra la muerte que él mismo se había procurado; y así, de nuevo, habría habido igualmente un pretexto para no creer en la resurrección. Por eso la muerte llegó a su cuerpo, no de él mismo, sino de los designios de sus enemigos, a fin de que, cualquiera que fuese la muerte que ofrecieran al Salvador, esa misma la aboliera por completo. 3. Y así como un noble luchador, grande en destreza y en valor, no escoge él mismo a sus adversarios, para no levantar la sospecha de que teme a algunos de ellos, sino que deja la elección a los espectadores, y sobre todo si resultan ser sus enemigos, de modo que, contra quienquiera que lo enfrenten, a ese lo derribe y se le crea superior a todos ellos; así también la Vida de todos, nuestro Señor y Salvador, Cristo, no se procuró una muerte para su propio cuerpo, para no parecer que temía alguna otra muerte; sino que aceptó en la cruz, y soportó, una muerte infligida por otros, y sobre todo por sus enemigos, una muerte que ellos tenían por terrible, ignominiosa e insoportable; para que, destruida también esta, se creyera que él mismo era la Vida, y el poder de la muerte quedara enteramente abolido. 4. Así ha sucedido algo sorprendente y asombroso: la muerte que pensaban infligirle como deshonra fue en realidad un trofeo de victoria contra la muerte misma. Por eso no sufrió la muerte de Juan, a quien cortaron la cabeza, ni fue aserrado por la mitad como Isaías, a fin de que aun en la muerte mantuviera su cuerpo sin división y en perfecta integridad, y no se diera pretexto a los que quisieran dividir la Iglesia.

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