Vida de Antonio
De su discernimiento, y de cómo era consejero de todos

Capítulo 40 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

De su discernimiento, y de cómo era consejero de todos

88. Porque esto era lo admirable de la ascesis de Antonio: que, como dije antes, teniendo el don del discernimiento de espíritus, reconocía sus movimientos y no ignoraba hacia dónde dirigía cada uno de ellos su empeño ni por dónde lanzaba su ataque. Y no solo no se dejaba engañar por ellos, sino que, animando a los que estaban turbados por dudas, les enseñaba a desbaratar sus planes, explicándoles la debilidad y la astucia de los que los poseían. Así, cada uno bajaba de la montaña como si él lo hubiera preparado para la batalla, desafiando las maquinaciones del diablo y de sus demonios. ¡Cuántas doncellas que tenían pretendientes, con solo haber visto a Antonio de lejos, permanecieron vírgenes por amor de Cristo! Y venía a él gente también de tierras extranjeras, y, como todos los demás, después de recibir algún provecho, regresaban como despedidos por un padre. Y ciertamente, cuando murió, todos, como quienes han quedado privados de un padre, se consolaban únicamente con su recuerdo, conservando al mismo tiempo sus consejos y advertencias.

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