Vida de Antonio
Cómo sobrellevaba las flaquezas de los débiles, y de sus grandes beneficios a todo Egipto

Capítulo 39 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

Cómo sobrellevaba las flaquezas de los débiles, y de sus grandes beneficios a todo Egipto

87. Así, pues, advertía a los crueles. Pero a los demás que venían a él los instruía de tal manera que al instante olvidaban sus pleitos y tenían por dichosos a los que vivían retirados del mundo. Y defendía a los agraviados de tal modo que uno habría pensado que era él, y no los otros, quien sufría. Además, era capaz de ser tan útil a todos que muchos soldados y hombres de grandes posesiones dejaron las cargas de la vida y se hicieron monjes por el resto de sus días. Y era como si Dios hubiera dado un médico a Egipto. Porque ¿quién se encontró afligido con Antonio y no volvió lleno de gozo? ¿Quién vino llorando a sus muertos y no se despojó al punto de su tristeza? ¿Quién vino airado y no se volvió a la amistad? ¿Qué pobre o abatido se encontró con él que, al oírlo y mirarlo, no despreciara la riqueza y se consolara en su pobreza? ¿Qué monje que se había vuelto negligente vino a él y no salió mucho más fortalecido? ¿Qué joven, habiendo venido a la montaña y visto a Antonio, no renunció al punto al placer y amó la templanza? ¿Quién, tentado por un demonio, vino a él y no halló descanso? ¿Y quién vino turbado por dudas y no obtuvo la paz del alma?

Capítulo 39 completado

Cómo sobrellevaba las flaquezas de los débiles, y de sus grandes beneficios a todo Egipto

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