Vida de Antonio
Cómo visitó Alejandría, sanó y convirtió a muchos, y cómo Atanasio lo acompañó fuera de la ciudad

Capítulo 31 · 1 min de lectura · 2 min de escucha

Cómo visitó Alejandría, sanó y convirtió a muchos, y cómo Atanasio lo acompañó fuera de la ciudad

70. Todo el pueblo, pues, se alegró al oír anatematizar aquella herejía anticristiana por boca de semejante hombre. Y toda la gente de la ciudad acudió en tropel a ver a Antonio; y los griegos y los que se llaman sus sacerdotes entraron en la iglesia, diciendo: «Pedimos ver al hombre de Dios», porque así lo llamaban todos. Pues también allí el Señor libró a muchos de los demonios y sanó a los que estaban fuera de sí. Y muchos griegos pedían poder tocar siquiera al anciano, creyendo que obtendrían provecho. Ciertamente, en aquellos pocos días se hicieron cristianos tantos como uno habría visto convertirse en un año. Luego, como algunos pensaran que le molestaban las multitudes y por eso las apartaran a todas de él, dijo sin inmutarse que no eran más numerosos que los demonios con los que luchaba en la montaña.

71. Pero cuando partía, y nosotros lo íbamos acompañando en su camino, al llegar a la puerta una mujer gritó desde atrás: «¡Detente, hombre de Dios! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Detente, te lo suplico, no sea que también yo me haga daño de tanto correr». Y el anciano, al oírla y a ruegos nuestros, se detuvo de buena gana. Y cuando la mujer se acercó, la niña fue arrojada al suelo. Pero cuando Antonio hubo orado e invocado el nombre de Cristo, la niña se levantó sana, porque el espíritu inmundo había salido. Y la madre bendijo a Dios, y todos dieron gracias. Y también el propio Antonio se alegró, y partió hacia la montaña como quien vuelve a su propia casa.

Capítulo 31 completado

Cómo visitó Alejandría, sanó y convirtió a muchos, y cómo Atanasio lo acompañó fuera de la ciudad

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