Vida de Antonio
Del conde Arquelao y de la virgen Policracia

Capítulo 24 · 1 min de lectura · 2 min de escucha

Del conde Arquelao y de la virgen Policracia

61. También Arquelao, el conde, habiéndolo encontrado una vez en la montaña exterior, le pidió únicamente que orara por Policracia de Laodicea, una doncella excelente y cristiana, pues sufría terriblemente del estómago y del costado a causa de una ascesis excesiva, y tenía el cuerpo del todo debilitado. Antonio oró, pues, y el conde anotó el día en que se hizo la oración, y habiendo partido hacia Laodicea, encontró sana a la doncella. Y habiendo preguntado cuándo y en qué día se había visto libre de su enfermedad, sacó el papel en el que había escrito la hora de la oración, y tras leerlo mostró de inmediato lo escrito en el papel. Y todos se maravillaron al saber que el Señor la había librado del dolor en el momento en que Antonio oraba e invocaba en su favor la bondad del Salvador.

62. Y acerca de los que venían a verlo, a menudo predecía con algunos días, y a veces con un mes de antelación, cuál era la causa de su venida. Porque unos venían solo por verlo, otros a causa de alguna enfermedad, y otros porque padecían de espíritus malignos. Y nadie consideraba la fatiga del viaje ni una molestia ni una pérdida. Porque cada uno regresaba consciente de haber recibido provecho. Pero aunque decía tales cosas y contemplaba tales visiones, solía pedir que nadie se admirara de él por esto, sino que más bien se maravillaran del Señor por haber concedido a nosotros, los hombres, conocerlo en la medida de nuestras fuerzas.

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