Capítulo 25 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Relatos extraordinarios de demonios expulsados
63. Después, en otra ocasión, habiendo bajado a las celdas exteriores, le pidieron que subiera a una embarcación y orara con los monjes, y solo él percibió un olor sumamente desagradable. Pero los que iban a bordo dijeron que el hedor provenía del pescado y de la carne salada que había en la nave. Él, sin embargo, respondió que aquel olor era distinto; y mientras hablaba, un joven poseído por un espíritu maligno, que había subido y se había escondido en la nave, se puso a gritar. Pero el demonio, reprendido en el nombre del Señor Jesucristo, salió de él, y el hombre quedó sano. Y todos supieron que el mal olor provenía del demonio.
64. Y otro, un hombre de alcurnia, vino a él poseído por un demonio; y el demonio era tan terrible que el poseído no sabía que lo llevaban ante Antonio. Llegaba incluso a comerse sus propios excrementos. Así que los que lo traían rogaron a Antonio que orara por él. Y Antonio, compadecido del joven, oró y veló con él toda la noche. Y hacia el amanecer el joven se lanzó de repente contra Antonio y le dio un empujón. Pero como los que habían venido con él se indignaron, Antonio dijo: «No os enojéis con el joven, porque no es él, sino el demonio que está en él. Y al ser reprendido y recibir la orden de irse a lugares secos, el demonio se ha puesto furioso y ha hecho esto. Por tanto, dad gracias al Señor, porque este ataque suyo contra mí es señal de que el espíritu maligno se marcha». En cuanto Antonio hubo dicho esto, el joven quedó sano al instante y, vuelto por fin en su juicio, supo dónde estaba, saludó al anciano y dio gracias a Dios.
Capítulo 25 completado
Relatos extraordinarios de demonios expulsados