Capítulo 23 · 2 min de lectura · 3 min de escucha
De la muerte de Amún y de la visión que de ella tuvo Antonio
60. Y así es, porque en otra ocasión estaba sentado en la montaña y, alzando la vista, vio en el aire a alguien que era llevado hacia lo alto, y había mucho gozo entre quienes salían a su encuentro. Entonces, maravillado y teniendo por bienaventurado semejante cortejo, oró para saber qué podía ser aquello. Y al instante le llegó una voz: «Esta es el alma de Amún, el monje de Nitria». Ahora bien, Amún había perseverado en la ascesis hasta la vejez; y la distancia de Nitria a la montaña donde estaba Antonio era de trece días de camino. Así que los compañeros de Antonio, viendo asombrado al anciano, le preguntaron qué ocurría, y oyeron que Amún acababa de morir. Y él era bien conocido, porque había estado allí muchísimas veces, y por su medio se habían obrado muchas señales. Y esta es una de ellas. Una vez que tuvo necesidad de cruzar el río llamado Lico (era la época de la crecida), pidió a su compañero Teodoro que se mantuviera a distancia, para que no se vieran desnudos el uno al otro al cruzar el agua a nado. Luego, cuando Teodoro se hubo apartado, sintió vergüenza incluso de verse desnudo a sí mismo. Y mientras reflexionaba, lleno de vergüenza, de repente fue llevado a la otra orilla. Teodoro, pues, que también era un hombre bueno, se acercó y, viendo que Amún había cruzado primero sin que le cayera una gota de agua, le preguntó cómo había pasado. Y cuando vio que Amún no quería decírselo, lo sujetó de los pies y le declaró que no lo soltaría antes de saberlo de su boca. Entonces Amún, viendo la determinación de Teodoro, sobre todo por lo que había dicho, y habiéndole pedido que no se lo contara a nadie antes de su muerte, le dijo que había sido llevado y depositado en la orilla opuesta. Y que ni siquiera había puesto el pie en el agua, ni era eso posible para el hombre, sino solo para el Señor y para aquellos a quienes él se lo permite, como lo hizo con el gran apóstol Pedro. Teodoro, pues, contó esto después de la muerte de Amún. Y los monjes a quienes Antonio habló de la muerte de Amún anotaron el día; y cuando los hermanos subieron de Nitria treinta días después, les preguntaron y supieron que Amún se había dormido en el día y la hora en que el anciano había visto su alma llevada a lo alto. Y tanto estos como los otros se maravillaron de la pureza del alma de Antonio, de cómo había sabido al instante lo que sucedía a trece días de camino y había visto el alma mientras era arrebatada.
Capítulo 23 completado
De la muerte de Amún y de la visión que de ella tuvo Antonio