Capítulo 12 · 1 min de lectura · 2 min de escucha
Cómo Antonio renovó en este tiempo sus esfuerzos ascéticos
45. Antonio, sin embargo, según su costumbre, volvió solo a su propia celda, aumentó su ascesis y suspiraba cada día pensando en las moradas del cielo, con el deseo puesto en ellas y meditando en la brevedad de la vida del hombre. Y comía, dormía y atendía a todas las demás necesidades del cuerpo con vergüenza, cuando pensaba en las facultades espirituales del alma. Por eso, muchas veces, cuando iba a comer con otros ermitaños, acordándose del alimento espiritual, se excusaba y se alejaba de ellos, pues tenía por cosa vergonzosa que otros lo vieran comer. Comía, no obstante, a solas, por necesidad del cuerpo, pero a menudo también con los hermanos; cubierto de vergüenza en tales ocasiones, pero diciéndoles con franqueza palabras de provecho. Y solía decir que convenía al hombre dedicar todo su tiempo al alma más que al cuerpo, y conceder un breve espacio al cuerpo por sus necesidades, pero entregar con tanto mayor empeño todo el resto al alma y buscar su provecho, para que no fuera arrastrada por los placeres del cuerpo, sino que, por el contrario, el cuerpo estuviera sujeto al alma. Porque esto es lo que dijo el Salvador: «No estéis afanosos por vuestra vida, qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, qué vestiréis. Y vosotros no busquéis qué habéis de comer o qué habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud. Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que necesitáis todas estas cosas. Buscad, pues, primeramente su reino, y todas estas cosas os serán añadidas».
Capítulo 12 completado
Cómo Antonio renovó en este tiempo sus esfuerzos ascéticos