La vida, experiencia y labores del evangelio ·A las Personas de Color

Capítulo 10 · 3 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

A las Personas de Color

SINTIENDO en mi ánimo un vivo interés por vuestro bienestar, me dirijo a vosotros con afectuosa simpatía, habiendo sido yo esclavo, y tan deseoso de libertad como cualquiera de vosotros; y con todo, los lazos de la esclavitud eran tan fuertes que ningún camino se abría para mi liberación; sin embargo, a veces surgía en mi corazón la esperanza de que un camino se abriría para ello; y cuando mi mente era misericordiosamente visitada con el sentimiento del amor de Dios, entonces crecían estas esperanzas, y nacía la confianza de que él haría lugar para mi liberación; y como era necesaria una paciente espera, a veces me era concedida; otras veces me hallaba muy impaciente. Entonces la perspectiva de la libertad casi se desvanecía, y me hallaba en tinieblas y perplejidad.

Os menciono mi experiencia para que vuestros corazones no desfallezcan ante las desalentadoras perspectivas que podáis tener, y para que pongáis vuestra confianza en Dios, que ve vuestra condición; y así como un padre misericordioso se compadece de sus hijos, así se compadece Dios de los que le aman; y como vuestros corazones se inclinan a servir a Dios, sentiréis un afectuoso respeto hacia vuestros amos y amas, así llamados, y hacia toda la familia en que vivís. Esto será visto por ellos, y contribuirá a promover vuestra libertad, especialmente con los que tienen amos compasivos; y si fueren de otra manera, tendréis el favor y el amor de Dios morando en vuestros corazones, lo cual estimaréis más que cualquier otra cosa, y os será consuelo en la peor condición en que podáis hallaros, y ningún amo podrá privaros de ello; y como la vida es corta e incierta, y el fin principal de nuestra existencia en este mundo es prepararnos para uno mejor, deseo que penséis en esto más que en ninguna otra cosa; entonces tendréis una vislumbre de aquella libertad que gozan los hijos de Dios; y si las tribulaciones de vuestra condición terminan con vuestras

vidas, seréis admitidos a la libertad que Dios ha preparado para los de todos los colores que le aman. Allí termina el poder del más cruel de los amos, y toda tristeza y todo temor son enjugados.

A vosotros que sois favorecidos con la libertad: que vuestra conducta manifieste vuestra gratitud hacia los compasivos amos que os han hecho libres; y que ningún rencor ni mala voluntad se aloje en vuestro pecho por cualquier mal trato que hayáis recibido de alguno. Si lo hacéis, pecáis contra Dios, que no os tendrá por inocentes. Él no lo consintió ni siquiera en su amado pueblo Israel; ¿y pensáis que nos lo permitirá a nosotros? Muchos de los blancos han sido instrumentos en las manos de Dios para nuestro bien; aun aquellos que nos han tenido en cautividad abogan ahora por nuestra causa con ahínco y celo; y me duele decir que demasiados piensan más en el mal que en el bien que han recibido, y en lugar de tomar el consejo de sus amigos, lo rechazan con indiferencia. Mucho depende de nosotros para la ayuda de nuestra raza, más de lo que muchos advierten. Si somos perezosos y ociosos, los enemigos de la libertad lo alegan como razón por la cual no debemos ser libres, y dicen que estamos mejor en un estado de servidumbre, y que darnos la libertad sería un daño para nosotros; y con tal conducta fortalecemos los lazos de la opresión, y mantenemos en cautiverio a muchos más dignos que nosotros mismos. Os ruego que consideréis la obligación que nos incumbe de ayudar a adelantar la causa de la libertad. Nosotros, que sabemos cuán amarga es la copa que el esclavo ha de beber, ¡oh, cómo debiéramos sentir por los que aún permanecen en cautiverio! ¿Nos excusarán acaso nuestros propios amigos, nos perdonará Dios, por la parte que tomamos en fortalecer las manos de los enemigos de nuestra raza?

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