Capítulo 7 · 12 min de lectura · 15 min de escucha
Sección II. Se examinan varias supuestas maneras de eludir el razonamiento anterior
Sección II.
Se examinan varias supuestas maneras de eludir el razonamiento anterior.
Si, para eludir la fuerza de lo que se ha observado, se dijera que, cuando los arminianos hablan de que la voluntad determina sus propios actos, no quieren decir que la voluntad los determine mediante algún acto precedente, ni que un acto de la voluntad determine otro, sino solo que la facultad o poder de la voluntad, o el alma en el uso de ese poder, determina sus propias voliciones, y que lo hace sin que ningún acto preceda al acto determinado, tal evasiva estaría llena del más grosero absurdo. Confieso que es una evasiva de mi propia invención, y no sé si no agraviaría a los arminianos al suponer que alguno de ellos haría uso de ella. Pero, siendo la mejor que puedo inventar, quisiera observar sobre ella unas pocas cosas.
Primero: si el poder de la voluntad determina un acto de volición, o el alma en el uso o ejercicio de ese poder lo determina, eso es lo mismo que el que el alma determine la volición mediante un acto de la voluntad. Porque un ejercicio del poder de la voluntad y un acto de ese poder son la misma cosa. Por tanto, decir que el poder de la voluntad, o el alma en el uso o ejercicio de ese poder, determina la volición sin un acto de la voluntad que preceda a la volición determinada es una contradicción.
Segundo: si un poder de la voluntad determina el acto de la voluntad, entonces lo determina un poder de elegir. Porque, como se observó antes, en todo acto de la voluntad hay elección, y un poder de querer es un poder de elegir. Pero si un poder de elegir determina el acto de volición, lo determina eligiéndolo. Porque es de lo más absurdo decir que un poder de elegir determina una cosa más bien que otra sin elegir nada. Pero si un poder de elegir determina la volición eligiéndola, entonces tenemos aquí el acto de volición determinado por una elección antecedente que elige esa volición.
Tercero: decir que la facultad, o el alma, determina su propia volición, pero no mediante ningún acto, es una contradicción. Porque que el alma dirija, decida o determine algo es obrar; y esto es lo que se supone: pues aquí se habla del alma como causa en este asunto, que hace algo; o, lo que es lo mismo, que se ejerce a sí misma en orden a un efecto, efecto que es la determinación de la volición, o la clase y manera particular de un acto de la voluntad. Pero ciertamente esta acción no es lo mismo que el efecto para cuya producción se ejerce, sino que ha de ser algo anterior a él.
Los defensores de esta noción de la libertad de la voluntad hablan de cierta soberanía en la voluntad, por la cual tiene poder para determinar su propia volición. Y por tanto la determinación de la volición ha de ser ella misma un acto de la voluntad; pues de otro modo no puede ser ejercicio alguno de ese supuesto poder y soberanía. Además, si la voluntad se determina a sí misma, entonces o la voluntad es activa al determinar sus voliciones, o no lo es. Si es activa, entonces la determinación es un acto de la voluntad; y así hay un acto de la voluntad que determina otro. Pero si la voluntad no es activa en la determinación, ¿cómo ejerce en ella alguna libertad? Estos señores suponen que aquello en que la voluntad ejerce la libertad está en determinar sus propios actos. Pero ¿cómo puede ser esto si no es activa al determinar? Ciertamente la voluntad, o el alma, no puede ejercer libertad alguna en aquello en que no obra, o en que no se ejerce a sí misma. De modo que, tómese cualquiera de los dos cuernos de este dilema, este esquema de la libertad, que consistiría en un poder autodeterminante, queda derribado. Si hay un acto de la voluntad al determinar todos sus propios actos libres, entonces un acto libre de la voluntad es determinado por otro; y así tenemos el absurdo de que todo acto libre, incluso el primerísimo, es determinado por un acto libre anterior. Pero si no hay ningún acto o ejercicio de la voluntad al determinar sus propios actos, entonces no se ejerce ninguna libertad al determinarlos. De lo cual se sigue que ninguna libertad consiste en el poder de la voluntad para determinar sus propios actos; o, lo que es lo mismo, que no existe tal cosa como una libertad que consista en un poder autodeterminante de la voluntad.
Si se dijera que, aunque es cierto que, si el alma determina sus propias voliciones, ha de ser activa al hacerlo, y que la determinación misma ha de ser un acto, sin embargo no hay necesidad de suponer que este acto sea anterior a la volición determinada, sino que la voluntad o el alma determina el acto de la voluntad al querer; que determina su propia volición en el acto mismo de volición; que dirige y limita el acto de la voluntad, haciendo que sea así y no de otro modo, al ejercer el acto, sin ningún acto precedente que ejerza este; si alguien hablara de esta manera, habría de querer decir una de estas tres cosas: o bien (1.) que el acto determinante, aunque sea anterior al acto determinado en el orden de la naturaleza, no es anterior a él en el orden del tiempo; o bien (2.) que el acto determinante no es anterior al acto determinado ni en el orden del tiempo ni en el de la naturaleza, ni es verdaderamente distinto de él, sino que el que el alma determine el acto de volición es lo mismo que el que ejerza el acto de volición: que el ejercer la mente tal acto particular es causar y determinar el acto; o bien (3.) que la volición no tiene causa y no es efecto, sino que llega a la existencia con tal determinación particular sin ningún fundamento o razón de su existencia y determinación. Consideraré estas cosas por separado.
(1.) Si todo lo que se quiere decir es que el acto determinante no es anterior al acto determinado en el orden del tiempo, eso no ayuda en nada al caso, aunque se concediera. Si es anterior al acto determinado en el orden de la naturaleza, por ser la causa o el fundamento de su existencia, esto prueba que es distinto de él e independiente de él tanto como si fuera anterior en el orden del tiempo. Así, la causa del movimiento particular de un cuerpo natural en cierta dirección puede no tener distancia alguna en cuanto al tiempo, y sin embargo no puede ser lo mismo que el movimiento que produce, sino que ha de ser tan distinta de él como cualquier otra causa que es anterior a su efecto en el orden del tiempo: como el arquitecto es distinto de la casa que edifica, o el padre distinto del hijo que engendra. Y si el acto de la voluntad que determina es distinto del acto determinado, y anterior a él en el orden de la naturaleza, entonces podemos retroceder de uno a otro hasta llegar al primero de la serie, que no tiene antes de sí en el orden de la naturaleza ningún acto de la voluntad que lo determine; y en consecuencia es un acto no determinado por la voluntad, y por tanto no es un acto libre según esta noción de libertad. Y siendo este el acto que determina todos los demás, ninguno de ellos es un acto libre. Como cuando hay una cadena de muchos eslabones, de la cual solo el primero es asido y arrastrado con la mano: todos los demás pueden seguirlo y moverse en el mismo instante, sin distancia alguna de tiempo; pero aun así el movimiento de un eslabón es anterior al de otro en el orden de la naturaleza; el último es movido por el anterior, y ese por el anterior, y así hasta llegar al primero; el cual, no siendo movido por ningún otro, sino por algo distinto de toda la cadena, prueba tanto que ninguna parte es movida por algún poder automotor en la cadena como si el movimiento de un eslabón siguiera al de otro en el orden del tiempo.
(2.) Si alguien dijera que el acto determinante no es anterior al acto determinado ni en el orden del tiempo ni en el de la naturaleza, ni es distinto de él, sino que el ejercicio de ese acto es la determinación del acto; que, para el alma, ejercer una volición particular es causar y determinar ese acto de volición, yo observaría a esto que la cuestión en debate parece haberse olvidado, o haberse ocultado a la vista en la oscuridad e ininteligibilidad del lenguaje, a menos que tal objetor pretenda contradecirse a sí mismo. El acto mismo de volición es sin duda una determinación de la mente; es decir, es la mente que saca una conclusión, o que llega a una elección entre dos o más cosas que se le proponen. Pero determinarse entre objetos externos de elección no es lo mismo que determinar el acto mismo de elección entre diversos actos posibles de elección. La cuestión es: ¿qué influye en la mente o la voluntad, la dirige o la determina para llegar a la conclusión o elección a la que llega? O ¿cuál es la causa, el fundamento o la razón por la que concluye así y no de otro modo? Ahora bien, según la noción arminiana de libertad, hay que responder que la voluntad se influye, se ordena y se determina a sí misma a obrar así. Y si lo hace, digo, ha de ser mediante algún acto antecedente. Decir que es causada, influida y determinada por algo, y sin embargo no determinada por nada antecedente, ni en el orden del tiempo ni en el de la naturaleza, es una contradicción. Porque eso es lo que se quiere decir con que una cosa es anterior en el orden de la naturaleza: que es de algún modo la causa o la razón de aquella cosa respecto de la cual se dice que es anterior.
Si el acto o ejercicio particular de la voluntad que llega a la existencia es algo propiamente determinado, entonces tiene alguna causa de existir, y de existir de tal manera particular y determinada, y no de otra; alguna causa cuya influencia decide el asunto; y esa causa es distinta del efecto y anterior a él. Pero decir que la voluntad o la mente se ordena, se influye y se determina a sí misma a ejercer un acto por el ejercicio mismo es hacer del ejercicio a la vez causa y efecto; o hacer del ejercer tal acto la causa del ejercicio de tal acto. Porque la cuestión es: ¿cuál es la causa y la razón de que el alma ejerza tal acto? A lo cual la respuesta es: el alma ejerce tal acto, y esa es la causa de ello. Y así, según esto, el ejercicio ha de ser distinto de sí mismo y anterior a sí mismo en el orden de la naturaleza.
(3.) Si lo que se quiere decir es que el ejercicio por parte del alma de tal acto particular de la voluntad es algo que sucede por sí mismo, sin causa alguna, y que no hay absolutamente ninguna razón de que el alma sea determinada a ejercer tal volición y hacer tal elección más bien que otra; digo que, si este es el sentido de los arminianos cuando sostienen con tanto empeño que la voluntad determina sus propios actos y que la libertad de la voluntad consiste en un poder autodeterminante, no hacen más que confundirse a sí mismos y a otros con palabras sin sentido. En la pregunta «¿qué determina la voluntad?», y en su respuesta de que la voluntad se determina a sí misma, y en toda la disputa, parece darse por sentado que algo determina la voluntad; y la controversia sobre este punto no es si su determinación tiene alguna causa o fundamento, sino dónde está su fundamento: si en la voluntad misma o en alguna otra parte. Pero si lo que se pretende es lo arriba mencionado, entonces nada en absoluto determina la voluntad, pues la volición no tiene absolutamente ninguna causa o fundamento de su existencia, ni dentro ni fuera. Se hace mucho ruido acerca del poder autodeterminante como fuente de todos los actos libres de la voluntad; pero cuando se llega a explicar el asunto, lo que se quiere decir es que ningún poder en absoluto es la fuente de estos actos, ni el poder autodeterminante ni ningún otro, sino que surgen de la nada, sin que ninguna causa, ningún poder, ninguna influencia intervenga en absoluto en el asunto.
Sin embargo, esto mismo, a saber, que los actos libres de la voluntad son acontecimientos que suceden sin causa, está ciertamente implícito en la noción arminiana de la libertad de la voluntad; aunque sea muy incoherente con muchas otras cosas de su esquema y contrario a algunas cosas implícitas en su noción de libertad. Su opinión implica que la determinación particular de la volición carece de causa, porque sostienen que los actos libres de la voluntad son acontecimientos contingentes, y la contingencia es esencial a la libertad según su noción de ella. Pero ciertamente aquellas cosas que tienen un fundamento y una razón previos de su existencia particular, una causa que antecedentemente determina que sean y determina que sean exactamente como son, no suceden de manera contingente. Si algo anterior, mediante una influencia y conexión causal, determina y fija con precisión su acontecer y la manera de este, entonces ya no es cosa contingente si han de acontecer o no.
Y puesto que es una cuestión muy importante en muchos aspectos de esta controversia la de si los actos libres de la voluntad son acontecimientos que suceden sin causa, examinaré este punto en detalle en las dos secciones siguientes.
Capítulo 7 completado
Sección II. Se examinan varias supuestas maneras de eludir el razonamiento anterior