La libertad de la voluntad
Sección III. Sobre el significado de los términos necesidad, imposibilidad, incapacidad, etc., y de contingencia

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Sección III. Sobre el significado de los términos necesidad, imposibilidad, incapacidad, etc., y de contingencia

Sección III.

Sobre el significado de los términos necesidad, imposibilidad, incapacidad, etc., y de contingencia.

Las palabras necesario, imposible, etc., se usan profusamente en las controversias sobre el libre albedrío y la agencia moral; y, por tanto, debe entenderse con claridad el sentido en que se emplean.

Podría decir aquí que se dice que una cosa es necesaria cuando tiene que ser y no puede ser de otro modo. Pero esto no sería propiamente una definición de la necesidad, como tampoco explicaría yo la expresión tiene que diciendo que hay necesidad. Las palabras tiene que, puede y no puede necesitan explicación tanto como las palabras necesario e imposible; salvo que las primeras son palabras que usamos más comúnmente desde la más temprana edad.

La palabra necesario, tal como se usa en el habla común, es un término relativo, y se refiere a alguna oposición supuesta que se hace a la existencia de una cosa, oposición que es vencida o resulta insuficiente para impedirla o alterarla. Es necesario, en el sentido original y propio de la palabra, lo que es, o será, a pesar de toda oposición que pueda suponerse. Decir que una cosa es necesaria es lo mismo que decir que es imposible que no sea. Pero la palabra imposible es manifiestamente un término relativo, y hace referencia a un poder supuesto que se ejerce para llevar a cabo una cosa y que es insuficiente para el efecto; así como la palabra incapaz es relativa y guarda relación con una capacidad, o un esfuerzo, que es insuficiente. Asimismo, la palabra irresistible es relativa, y siempre hace referencia a una resistencia que se hace, o puede hacerse, a alguna fuerza o poder que tiende a un efecto, y que es insuficiente para hacer frente al poder o impedir el efecto. La noción común de necesidad e imposibilidad implica algo que frustra el esfuerzo o el deseo. Aquí han de notarse varias cosas.

1. Se dice que son necesarias en general las cosas que son o serán a pesar de cualquier oposición que pueda suponerse, venga de donde venga. Pero se dice que son necesarias para nosotros las cosas que son o serán a pesar de toda oposición que en el caso pueda suponerse de parte nuestra. Lo mismo puede observarse de la palabra imposible y de otros términos semejantes.

2. Estos términos —necesario, imposible, irresistible, etc.— pertenecen más especialmente a las controversias sobre la libertad y la agencia moral cuando se usan en el segundo de los dos sentidos ahora mencionados, a saber, como necesario o imposible para nosotros, y en relación con alguna oposición o esfuerzo nuestro que pueda suponerse.

3. Así como la palabra necesidad, en su uso vulgar y común, es relativa y siempre hace referencia a alguna oposición insuficiente que pueda suponerse, así también, cuando hablamos de algo como necesario para nosotros, es en relación con alguna oposición supuesta de nuestra voluntad, o con algún ejercicio o esfuerzo voluntario nuestro en sentido contrario. Porque propiamente no hacemos oposición a un suceso de otro modo que oponiéndonos a él voluntariamente. Se dice que las cosas son lo que tiene que ser, o que son necesariamente, en lo que a nosotros respecta, cuando son, o serán, aunque deseemos o procuremos lo contrario, o intentemos impedir o eliminar su existencia; pero tal oposición nuestra siempre consiste en una oposición de nuestra voluntad, o la implica.

Es manifiesto que todas las palabras y expresiones semejantes, tal como se usan vulgarmente, se entienden de este modo. Se dice que una cosa es necesaria cuando no podemos evitarla, hagamos lo que hagamos. Así, se dice que algo nos es imposible cuando querríamos hacerlo, o querríamos que se llevara a cabo, y lo procuramos, o al menos puede suponerse que lo deseamos y buscamos, pero todos nuestros deseos y esfuerzos son, o serían, vanos. Y se dice que es irresistible aquello que vence toda nuestra oposición, resistencia y esfuerzo en sentido contrario. Y se dice que somos incapaces de hacer una cosa cuando nuestros deseos y esfuerzos supuestos son insuficientes.

Estamos acostumbrados, en el uso común del lenguaje, a aplicar y entender así estas expresiones: crecemos con ese hábito, el cual, por el uso diario de estos términos desde la niñez, llega a quedar fijo y asentado; de modo que la idea de una relación con una voluntad, un deseo y un esfuerzo nuestros supuestos está fuertemente conectada con estos términos siempre que oímos usar esas palabras. Tales ideas y estas palabras están tan asociadas que inevitablemente van juntas: una sugiere la otra, y nunca pueden separarse con facilidad mientras vivamos. Y, aunque usemos las palabras como términos técnicos en otro sentido, a menos que seamos sumamente circunspectos, nos deslizaremos insensiblemente a su uso vulgar, y así aplicaremos las palabras de un modo muy incoherente, lo cual nos engañará y confundirá en nuestros razonamientos y discursos, aun cuando pretendamos usarlas como términos técnicos.

4. De lo que se ha observado se sigue que, cuando estos términos —necesario, imposible, irresistible, incapaz, etc.— se usan en casos en que no se supone, ni puede suponerse, ninguna voluntad insuficiente, sino que la naturaleza misma del caso supuesto excluye toda oposición, voluntad o esfuerzo, entonces no se usan en su significado propio. La razón es manifiesta: en tales casos no podemos usar las palabras con referencia a una oposición, voluntad o esfuerzo que pueda suponerse. Y, por tanto, si alguien usa estos términos en tales casos, o bien los usa sin sentido, o bien en algún sentido nuevo, diverso de su significado original y propio. Por ejemplo: si alguien afirmara de este modo que es necesario para un hombre, o que es lo que tiene que ser, que elija la virtud antes que el vicio durante el tiempo en que prefiere la virtud al vicio; y que es cosa imposible e irresistible que sea de otro modo sino que tenga esta elección mientras esta elección perdure; tal persona usaría los términos tiene que, irresistible, etc., o bien sin significado, o bien en algún sentido nuevo, diverso de su uso común, que es, como se ha observado, con referencia a una oposición, renuencia y resistencia que puedan suponerse; mientras que aquí la suposición misma excluye y niega tal cosa, porque el caso supuesto es el de estar dispuesto y elegir.

5. De lo dicho se desprende que estos términos —necesario, imposible, etc.— son usados a menudo por filósofos y metafísicos en un sentido muy diverso de su significado común y original, pues los aplican a muchos casos en que no puede suponerse oposición alguna. Así, los usan respecto a la existencia de Dios antes de la creación del mundo, cuando no había otro ser; respecto a muchas de las disposiciones y actos del Ser divino, como su amarse a sí mismo, su amar la justicia, aborrecer el pecado, etc. Del mismo modo los aplican a muchos casos de las inclinaciones y acciones de seres inteligentes creados en que toda oposición de la voluntad queda excluida por la suposición misma del caso.

La necesidad metafísica o filosófica no es otra cosa que su certeza. No hablo ahora de la certeza del conocimiento, sino de la certeza que hay en las cosas mismas, la cual es el fundamento de la certeza del conocimiento, o aquello en que reside la razón de la infalibilidad de la proposición que las afirma.

Lo que a veces se da como definición de la necesidad filosófica, a saber, «aquello por lo cual una cosa no puede sino ser», o «por lo cual no puede ser de otro modo», no llega a ser una explicación adecuada de ella por dos razones. Primera: las palabras puede o no puede necesitan explicación tanto como la palabra necesidad; y tan bien pueden explicarse aquellas por esta como esta por aquellas. Así, si alguien nos preguntara qué queremos decir cuando decimos que una cosa no puede sino ser, podríamos explicarnos diciendo que tiene que ser así necesariamente; del mismo modo que explicamos la necesidad diciendo que es aquello por lo cual una cosa no puede sino ser. Y segunda: esta definición está expuesta al gran inconveniente antes mencionado: las palabras no puede, o incapaz, son propiamente relativas y guardan relación con un poder ejercido, o que puede ejercerse, con vistas a la cosa de que se habla; y a ello, como acabo de observar, la palabra necesidad, tal como la usan los filósofos, no hace referencia alguna.

La necesidad filosófica no es en realidad otra cosa que la CONEXIÓN PLENA Y FIJA ENTRE LAS COSAS SIGNIFICADAS POR EL SUJETO Y EL PREDICADO DE UNA PROPOSICIÓN que afirma que algo es verdadero. Cuando existe tal conexión, entonces lo que se afirma en la proposición es necesario en sentido filosófico, se suponga o no oposición alguna o esfuerzo contrario. Cuando el sujeto y el predicado de la proposición que afirma la existencia de cualquier cosa —sea sustancia, cualidad, acto o circunstancia— tienen una plena CONEXIÓN CIERTA, entonces se dice que la existencia o el ser de esa cosa es necesario en sentido metafísico. Y en este sentido uso la palabra necesidad en el discurso que sigue, cuando procuro probar que la necesidad no es incompatible con la libertad.

El sujeto y el predicado de una proposición que afirma la existencia de algo pueden tener una conexión plena, fija y cierta de varias maneras.

(1.) Pueden tener una conexión plena y perfecta en sí mismos y por sí mismos, porque suponerlos no conectados puede implicar una contradicción o un absurdo grosero. Así, muchas cosas son necesarias por su propia naturaleza. De este modo, la existencia eterna del ser, considerado en general, es necesaria en sí misma, porque sería en sí el mayor de los absurdos negar la existencia del ser en general, o decir que hubo una nada absoluta y universal; y es, por así decirlo, la suma de todas las contradicciones, como podría mostrarse si este fuera el lugar adecuado para ello. Así, la infinitud de Dios y sus demás atributos son necesarios. Así, es necesario por su propia naturaleza que dos y dos sean cuatro; y es necesario que todas las líneas rectas trazadas desde el centro de un círculo hasta la circunferencia sean iguales. Es necesario, justo y conveniente que los hombres hagan con los demás lo que quisieran que los demás hiciesen con ellos. Así, innumerables verdades metafísicas y matemáticas son necesarias en sí mismas: el sujeto y el predicado de la proposición que las afirma están perfectamente conectados por sí mismos.

(2.) La conexión del sujeto y el predicado de una proposición que afirma la existencia de algo puede quedar fijada y hacerse cierta porque la existencia de esa cosa ya ha tenido lugar, y o bien es ahora, o bien ha sido; y así, por decirlo así, ha asegurado su existencia. Y, por tanto, la proposición que afirma su existencia presente o pasada puede, por este medio, hacerse cierta y necesaria e inalterablemente verdadera: el suceso pasado ha fijado y decidido el asunto en cuanto a su existencia, y ha hecho imposible que la existencia no se predique de él con verdad. Así, la existencia de todo lo que ya ha tenido lugar se ha vuelto ahora necesaria; se ha vuelto imposible que no sea verdad que tal cosa ha sido.

(3.) El sujeto y el predicado de una proposición que afirma que algo es pueden tener una conexión real y cierta de modo consecuente; y así la existencia de la cosa puede ser necesaria por consecuencia, en cuanto puede estar segura y firmemente conectada con alguna otra cosa que es necesaria en uno de los sentidos anteriores; es decir, en cuanto está plena y completamente conectada, o bien con aquello que es absolutamente necesario por su propia naturaleza, o bien con algo que ya ha recibido y asegurado su existencia. Esta necesidad reside en la conexión de dos o más proposiciones entre sí, o puede explicarse por ella.——Las cosas que están perfectamente conectadas con otras cosas que son necesarias son necesarias ellas mismas, con una necesidad de consecuencia.

Y aquí puede observarse que todas las cosas futuras, o que en adelante comenzarán a ser, de las que pueda decirse que son necesarias, son necesarias solo de esta última manera. Su existencia no es necesaria en sí misma, pues, si lo fuera, habrían existido siempre. Ni su existencia se ha vuelto necesaria por haber tenido ya lugar. Por tanto, el único modo en que algo que ha de suceder en adelante es o puede ser necesario es mediante una conexión con algo que es necesario por su propia naturaleza, o con algo que ya es o ha sido; de modo que, supuesto lo uno, lo otro se sigue ciertamente.—Y este es también el único modo en que todas las cosas pasadas, exceptuando las que fueron desde la eternidad, pudieron ser necesarias antes de suceder; y, por tanto, el único modo en que cualquier efecto o suceso, o cualquier cosa que haya tenido o haya de tener un comienzo, ha llegado a existir necesariamente, o existirá necesariamente en adelante. Y, por tanto, esta es la necesidad que pertenece especialmente a las controversias sobre los actos de la voluntad.

Puede ser de alguna utilidad en estas controversias observar además, acerca de la necesidad metafísica, que (conforme a la distinción antes observada respecto a la necesidad tal como se entiende vulgarmente) de las cosas que existen puede decirse que son necesarias con una necesidad general o con una necesidad particular. Puede decirse que la existencia de una cosa es necesaria con una necesidad general cuando, consideradas todas las cosas, hay un fundamento para la certeza de su existencia; o cuando, en la visión más general y universal de las cosas, el sujeto y el predicado de la proposición que afirma su existencia aparecerían con una conexión infalible.

Puede decirse que un suceso, o la existencia de una cosa, es necesario con una necesidad particular cuando nada de lo que pueda tomarse en consideración, en una persona, cosa o tiempo, o en torno a ellos, altera en absoluto el caso en cuanto a la certeza de un suceso o la existencia de una cosa, ni puede tener peso alguno para determinar la infalibilidad de la conexión del sujeto y el predicado en la proposición que afirma la existencia de las cosas; de modo que, al menos en lo que toca a esa persona o cosa en ese momento, es lo mismo que si la existencia fuera necesaria con una necesidad del todo universal y absoluta. Así, hay muchas cosas que suceden a personas particulares, en cuya existencia no interviene en absoluto ninguna voluntad de ellas, al menos en ese momento; cosas que, sean o no necesarias respecto a las cosas en general, son sin embargo necesarias para ellas, y respecto a cualquier volición suya en ese momento, en cuanto impiden todo acto de la voluntad acerca del asunto.—Tendré ocasión de aplicar esta observación a casos particulares en el discurso que sigue.—Si las mismas cosas que son necesarias con una necesidad particular no son también necesarias con una necesidad general, puede ser asunto de consideración futura. Sea como fuere, ello no altera el caso en cuanto al uso de esta distinción entre las clases de necesidad.

Estas cosas pueden bastar para explicar los términos necesario y necesidad como términos técnicos, y tal como los usan a menudo los metafísicos y los escritores polémicos de teología, en un sentido diverso de su significado original en el lenguaje común, que antes se explicó, y más amplio que él.

Lo que se ha dicho para mostrar el significado de los términos necesario y necesidad puede bastar para explicar los términos opuestos, imposible e imposibilidad. Porque no hay diferencia alguna, salvo que estos son negativos y aquellos positivos. La imposibilidad es lo mismo que una necesidad negativa, o una necesidad de que una cosa no sea. Y se usa como término técnico con una divergencia respecto a su significado original y vulgar semejante a la de necesidad.

Lo mismo puede observarse acerca de las palabras incapaz e incapacidad. Se ha observado que estos términos, en su uso original y común, guardan relación con una voluntad y un esfuerzo que pueden suponerse en el caso, y que son insuficientes para llevar a cabo lo querido y procurado. Pero tal como estos términos son usados a menudo por filósofos y teólogos, especialmente por los que escriben sobre las controversias acerca del libre albedrío, se usan en un sentido muy diferente y mucho más amplio, y se aplican a muchos casos en que no hay, ni puede suponerse, voluntad ni esfuerzo alguno para llevar a cabo la cosa.

Así como las palabras necesario, imposible, incapaz, etc., son usadas por los escritores polémicos en un sentido diverso de su significado común, lo mismo ha sucedido con el término contingente. Se dice que algo es contingente, o que sucede por azar o por accidente, en el significado original de tales palabras, cuando no se discierne su conexión con sus causas o antecedentes según el curso establecido de las cosas; y así es algo que no tenemos medio de prever. Y especialmente se dice que algo es contingente, o accidental, respecto a nosotros, cuando sucede sin nuestra presciencia y fuera de nuestro designio y propósito.

Pero la palabra contingente se usa profusamente en un sentido muy diferente: no para aquello cuya conexión con la serie de las cosas no podemos discernir, de modo que podamos prever el suceso, sino para algo que no tiene en absoluto ningún fundamento o razón previos con los cuales su existencia tenga una conexión fija y cierta.

Capítulo 3 completado

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