Método corto y fácil de oración ·La simple presencia de Dios

Capítulo 9 · 4 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

La simple presencia de Dios

El alma, ejercitándose fielmente en el afecto y el amor de su Dios, se asombra de hallar que él toma completa posesión de ella.

Su presencia llega a ser tan natural, que sería imposible no tenerla: se hace habitual al alma, la cual es también consciente de una gran calma que se extiende sobre ella. Su oración es todo silencio, y Dios le comunica un amor intrínseco, que es el comienzo de una felicidad inefable.

¡Oh, si pudiera describir los infinitos grados que siguen! Pero debo detenerme aquí, pues escribo para principiantes, y esperar a que Dios saque a luz lo que pueda ser útil a los más adelantados. Solo puedo decir que, en este punto, es sumamente importante que toda operación natural cese, para que Dios obre solo: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”, es su propia palabra por David (Salmo xlvi. 10).

Pero el hombre está tan apegado a sus propias obras, que no puede creer que Dios obra, a menos que pueda sentir, conocer y distinguir su operación. No ve que es la rapidez de su carrera lo que le impide ver la extensión de su avance; y que la operación de Dios, al hacerse más abundante, absorbe la de la criatura, como vemos que el sol, a medida que se levanta, absorbe la luz de las estrellas, que antes de aparecer él se distinguían fácilmente. No es la falta de luz, sino un exceso de luz, lo que nos impide distinguir las estrellas.

Aquí sucede lo mismo; el hombre ya no puede distinguir su propia operación, porque la fuerte luz absorbe todas sus lucecillas distintas y las hace desvanecerse por completo, porque el exceso de Dios las sobrepasa a todas. De modo que quienes acusan a este grado de oración de ser un estado de ociosidad, están muy engañados; y solo hablan así por falta de experiencia. ¡Oh, si tan solo lo probaran! ¡En cuán poco tiempo llegarían a conocer experimentalmente este asunto!

Digo, pues, que esta cesación de obra no brota de la escasez, sino de la abundancia.

Dos clases de personas callan: unas porque no tienen nada que decir, otras porque tienen demasiado. Así es en este grado. Callamos por exceso, no por carencia.

El agua causa la muerte a dos personas de maneras muy distintas. Una muere de sed, otra se ahoga: una muere por carencia, la otra por abundancia. Así, aquí es la abundancia lo que causa la cesación de la operación natural. Por eso es importante en este grado permanecer cuanto sea posible en quietud.

Al comienzo de esta oración, es necesario un movimiento de afecto; pero cuando la gracia empieza a fluir en nosotros, no tenemos otra cosa que hacer sino permanecer en reposo y recibir todo lo que Dios da. Cualquier otro movimiento nos impediría aprovechar esta gracia, que se da para atraernos al reposo del amor.

El alma, en esta pacífica actitud de oración, cae en un sueño místico, en el cual todas sus potencias naturales son acalladas, hasta que lo que había sido temporal llega a ser su condición permanente. Ves que el alma es así conducida, sin esfuerzo, sin estudio, sin artificio.

El corazón no es una plaza fortificada, que deba tomarse a cañonazos y con violencia: es un reino de paz, que se posee por el amor. Siguiendo suavemente en su séquito, pronto alcanzarás el grado de la oración intuitiva. Dios no pide nada extraordinario ni difícil: al contrario, nada le agrada tanto como la sencillez de un niño.

La parte más grande de la religión es la más sencilla. Lo mismo sucede con las cosas naturales. ¿Deseas llegar al mar? Embárcate en un río, e insensiblemente y sin esfuerzo serás llevado a él. ¿Deseas llegar a Dios? Toma su camino, tan tranquilo, tan fácil, y en poco tiempo serás llevado a él de una manera que te sorprenderá. ¡Oh, si tan solo lo intentaras! ¡Cuán pronto verías que te digo demasiado poco, y que la experiencia sobrepasaría con mucho cualquier descripción que pudiera darse! ¿Qué temes? ¿Por qué no te arrojas de una vez en los brazos del Amor, que solo los extendió en la cruz para acogerte? ¿Qué riesgo puede haber en confiar en Dios y abandonarte a él? Oh, no te engañará, a no ser dándote mucho más de lo que jamás esperaste: mientras que quienes lo esperan todo de sí mismos bien pueden tomar para sí el reproche que Dios pronuncia por boca de Isaías: “En la grandeza de tu camino te cansaste; mas no dijiste: No hay esperanza” (Isaías lvii. 10).

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Método corto y fácil de oración Jeanne Guyon

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