Método corto y fácil de oración ·A todos se les manda orar

Capítulo 3 · 3 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

A todos se les manda orar

La oración no es otra cosa sino la aplicación del corazón a Dios y el ejercicio interior del amor. San Pablo nos manda “orar sin cesar” (1 Tes. v. 17). Nuestro Señor dice: “Mirad, velad y orad”. “Y las cosas que a vosotros digo, a todos las digo” (Mar. xiii. 33, 37). Todos, pues, son capaces de orar, y es deber de todos ejercitarse en ella.

Pero no creo que todos sean aptos para la meditación; y, por tanto, no es esa clase de oración la que Dios exige o desea de ellos.

Mis queridos amigos, quienesquiera que seáis, que deseáis ser salvos, venid a Dios en oración. “Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico” (Apoc. iii. 18). Fácilmente se obtiene, mucho más fácilmente de lo que jamás pudierais imaginar.

Venid todos los que tenéis sed, y tomad de esta agua de vida gratuitamente (véase Apoc. xxii. 17). No os entretengáis en labraros “cisternas rotas que no detienen las aguas” (Jer. ii. 13). Venid, almas hambrientas, que nada halláis que os satisfaga, y seréis saciadas. Venid, pobres afligidos, agobiados de penas y dolores, y seréis consolados. Venid, enfermos, al gran Médico, y no temáis acercaros a Él por ser tan débiles y dolientes: exponedle todas vuestras enfermedades, y serán sanadas.

Venid, hijos, a vuestro Padre; Él os recibirá con los brazos abiertos de amor. Venid, ovejas descarriadas y dispersas, a vuestro Pastor. Venid, pecadores, a vuestro Salvador. Venid, ignorantes y necios, que os creéis incapaces de orar; sois vosotros los más aptos para ello. Venid todos sin excepción; Jesucristo os llama a todos.

Que solo se nieguen a venir los que no tienen corazón. La invitación no es para ellos; pues hemos de tener corazón para poder amar. ¿Pero quién hay, en verdad, sin corazón? ¡Oh, ven y da ese corazón a Dios, y aprende en el lugar de la oración cómo hacerlo! Todos los que anhelan la oración son capaces de ella, los que tienen la gracia ordinaria y el don del Espíritu Santo, que gratuitamente se promete a todos los que lo piden.

La oración es la llave de la perfección y de la felicidad soberana; es el medio eficaz para librarse de todos los vicios y adquirir todas las virtudes; porque el camino para llegar a ser perfecto es vivir en la presencia de Dios. Él mismo nos lo dice: “Anda delante de mí, y sé perfecto” (Gén. xvii. 1). Solo la oración puede introducirte en su presencia, y mantenerte en ella continuamente.

Lo que necesitamos, pues, es una actitud de oración, en la cual podamos permanecer constantemente, y de la que las ocupaciones exteriores no puedan arrancarnos; una oración que puedan ofrecer por igual príncipes, reyes, prelados, magistrados, soldados, niños, artesanos, labradores, mujeres y enfermos. Esta oración no es mental, sino del corazón.

No es una oración de solo pensamiento, porque la mente del hombre es tan limitada que, mientras se ocupa de una cosa, no puede estar pensando en otra. Pero es la ORACIÓN DEL CORAZÓN, que no puede ser interrumpida por las ocupaciones de la mente. Nada puede interrumpir la oración del corazón sino los afectos desordenados; y una vez que hemos gustado el amor de Dios, es imposible hallar nuestro deleite en otra cosa que no sea Él mismo.

Nada hay más fácil que tener a Dios y vivir de Él. Él está más verdaderamente en nosotros que nosotros mismos. Está más ansioso de darse a nosotros que nosotros de poseerle. Todo lo que necesitamos es conocer el modo de buscarle, que es tan fácil y tan natural que ni el respirar mismo lo es más.

Oh, vosotros que os imagináis incapaces de sentimiento religioso, podéis vivir en oración y en Dios tan fácil y continuamente como vivís del aire que respiráis. ¿No seréis, pues, inexcusables si dejáis de hacerlo, después de haber aprendido el camino?

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Método corto y fácil de oración Jeanne Guyon

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