Método corto y fácil de oración ·Prefacio de la autora

Capítulo 2 · 4 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

Prefacio de la autora


No escribí esta pequeña obra con la idea de darla al público. La preparé para ayuda de unos pocos cristianos que deseaban amar a Dios con todo el corazón. Pero han sido tantos los que han pedido copias de ella, por el provecho que han sacado de su lectura, que se me ha rogado que la publique.

La he dejado en su natural sencillez. No condeno las opiniones de nadie: al contrario, estimo las que otros sostienen, y someto todo lo que he escrito a la censura de personas de experiencia y saber. Solo pido a todos que no se contenten con examinar lo exterior, sino que penetren en el propósito de la que escribe, que no es otro sino llevar a otros a AMAR a Dios, y a servirle con mayor felicidad y fruto, capacitándolos para hacerlo de un modo sencillo y fácil, apropiado para los pequeñitos, que no son capaces de cosas extraordinarias, pero que verdaderamente desean entregarse a Dios.

Pido a todos los que la lean que lo hagan sin prejuicio; y descubrirán, bajo expresiones comunes, una unción escondida, que los llevará a buscar una felicidad que todos deberían esperar poseer.

Uso la palabra facilidad, al decir que la perfección es fácil, porque es fácil hallar a Dios cuando le buscamos dentro de nosotros mismos. Podría citarse el pasaje que dice: “Me buscaréis, y no me hallaréis” (Juan vii. 34). Mas esto no ha de causar dificultad alguna; porque el mismo Dios, que no puede contradecirse, ha dicho: “El que busca, halla” (Mat. vii. 8). El que busca a Dios y, sin embargo, no está dispuesto a abandonar el pecado, no le hallará, porque le busca donde no puede ser hallado; por eso se añade: “Moriréis en vuestros pecados”. Pero el que sinceramente desea abandonar el pecado para acercarse a Dios, le hallará infaliblemente.

Muchos imaginan la religión tan espantosa, y la oración tan extraordinaria, que no están dispuestos a esforzarse por alcanzarlas, sin esperar jamás lograrlas. Pero como la dificultad que vemos en una cosa nos hace desesperar de conseguirla, y a la vez nos quita el deseo de emprenderla; y como, cuando una cosa parece a la vez deseable y fácil de alcanzar, nos entregamos a ella con placer y la buscamos con denuedo; me he visto obligada a exponer la ventaja y la facilidad de este camino.

¡Oh, si estuviéramos persuadidos de la bondad de Dios hacia sus pobres criaturas, y del deseo que tiene de comunicarse a ellas, no imaginaríamos tantos obstáculos, ni desesperaríamos tan fácilmente de obtener un bien que Él tan infinitamente anhela impartirnos!

Y si no perdonó a su propio Hijo, sino que le entregó por todos nosotros, ¿hay algo que pueda negarnos? Ciertamente no. Solo necesitamos un poco de valor y perseverancia. Tenemos tanto de ambos para los insignificantes intereses temporales, y no tenemos nada para “lo único necesario”.

En cuanto a quienes hallan dificultad en creer que es fácil encontrar a Dios de esta manera, que no crean todo lo que se les dice, sino que más bien hagan la prueba, para que juzguen por sí mismos; y hallarán que digo muy poco en comparación con lo que en realidad es.

Querido lector, estudia esta pequeña obra con corazón sencillo y sincero, con humildad de mente, sin querer criticarla, y hallarás que te es de provecho. Recíbela con el mismo espíritu con que se ofrece, que no es otro sino el anhelo de que seas llevado a entregarte sin reservas a Dios. Mi deseo es que sea el medio de conducir a los sencillos y a los niños a su Padre, que ama su humilde confianza, y a quien tanto le desagrada la desconfianza. No busques sino el amor de Dios; ten un sincero deseo de tu salvación, y ciertamente la hallarás, siguiendo este pequeño método sin método.

No pretendo elevar mis sentimientos por encima de los de otros, sino que relato sencillamente lo que ha sido mi propia experiencia, así como la de otros, y el provecho que he hallado en esta manera sencilla y natural de ir a Dios.

Si este libro no trata de otra cosa sino del método breve y fácil de oración, es porque, habiendo sido escrito solo para eso, no puede hablar de otras cosas. Es cierto que, si se lee con el espíritu con que ha sido escrito, no se hallará en él nada que escandalice la mente. Quienes hagan la experiencia de ello serán los más ciertos de la verdad que contiene.

A Ti, oh santo Niño Jesús, que amas la sencillez y la inocencia, y que hallas tu deleite en los hijos de los hombres, es decir, en aquellos entre los hombres que están dispuestos a hacerse niños;—a Ti, digo, te toca dar mérito y valor a esta pequeña obra, imprimiéndola en el corazón, y llevando a quienes la lean a buscarte dentro de sí mismos, donde tomarás tu reposo, recibiendo las muestras de su amor, y dándoles pruebas del tuyo.

Es obra tuya, ¡oh Niño divino! ¡oh Amor increado! ¡oh Verbo silencioso! el hacerte amar, gustar y oír. Tú eres capaz de hacerlo; y aun me atrevo a decir que lo harás, por medio de esta pequeña obra, que es toda para Ti, toda de Ti, y toda por Ti.

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Método corto y fácil de oración Jeanne Guyon

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