Capítulo 12 · 2 min de lectura
Traducción por IA — pendiente de revisión
Distracciones y tentaciones
Tan pronto como caemos en una falta, o nos hemos extraviado, debemos volver de nuevo dentro de nosotros mismos; porque, habiéndonos apartado de Dios esta falta, debemos cuanto antes volvernos hacia él y sufrir la penitencia que él mismo dará.
Es de gran importancia que no nos inquietemos por estas faltas, porque la inquietud solo brota de un orgullo secreto y del amor a nuestra propia excelencia. Nos turbamos al sentir lo que somos.
Si nos desanimamos, nos haremos aún más débiles; y la reflexión sobre nuestras faltas produce un desasosiego que es peor que el pecado mismo.
Un alma verdaderamente humilde no se maravilla de su debilidad, y cuanto más percibe su miseria, más se abandona a Dios y procura permanecer cerca de él, sabiendo cuán profundamente necesita su ayuda. La propia palabra de Dios para nosotros es: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos” (Salmo xxxii. 8).
En las distracciones o tentaciones, en lugar de combatirlas directamente, lo cual solo serviría para aumentarlas y para apartarnos de Dios, con quien únicamente debemos ocuparnos, debemos simplemente apartarnos de ellas y acercarnos más a Dios; como un niño pequeño que, al ver acercarse a un animal feroz, no se quedaría a luchar con él, ni aun a mirarlo, sino que correría a refugiarse en los brazos de su madre, donde estaría seguro. “Dios está en medio de ella; no será conmovida; Dios la ayudará al clarear la mañana” (Salmo xlvi. 5).
Si adoptamos cualquier otro curso de acción, si intentamos atacar a nuestros enemigos en nuestra debilidad, seremos heridos, aunque no seamos del todo derrotados; pero permaneciendo en la simple presencia de Dios, nos hallamos inmediatamente fortalecidos.
Esto fue lo que hizo David: dice: “A Jehová he puesto siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por tanto, se alegró mi corazón, y se gozó mi gloria; también mi carne reposará en esperanza”. También Moisés dice: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis quedos” (Éxodo xiv. 14).