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Las posibilidades de la fe

Retrato de A. B. Simpson A. B. Simpson

Texto

Marcos 9:23

Traducción por IA — pendiente de revisión

En breve

Un recorrido ascendente de lo que abarca de veras aquello de que al que cree todo le es posible: salvación para el peor de los pecadores, santificación, sanidad del cuerpo, provisión diaria y la evangelización del mundo. Simpson aprieta el paralelo asombroso — lo que es posible para Dios se le ofrece a la fe — y llama al lector a reclamarlo en oración creyente.


"Si puedes creer, al que cree todo es posible."—Marcos 9:23.

Estas son palabras audaces y asombrosas. Abren la casa del tesoro del Rey Eterno a gusanos pecadores, y ofrecen a los hijos del barro el privilegio de la propia omnipotencia de Dios y todas las posibilidades de sus recursos infinitos. Lado a lado se alzan estas dos declaraciones portentosas: "Para Dios todo es posible"; "Al que cree todo es posible".

I. Consideremos las posibilidades de la fe:--

  1. La salvación es posible al que cree. No importa cuán vil sea el pecado, cuántos o cuán grandes sean los pecados, cuán agravada la culpa, cuán profunda la corrupción, cuán larga la carrera de impenitencia y crimen: en todo lugar y para siempre es verdad que "el que cree en el Hijo tiene vida eterna", "Cree en el Señor Jesús, y serás salvo". Y solo así puede ser salva cualquier alma, porque igualmente es verdad para siempre, cualesquiera sean las cualidades que el alma posea, ya sea la moralidad más alta o la depravación más profunda: "mas el que no creyere, será condenado". Este bendito texto abre las puertas del Paraíso y todas las posibilidades de la gracia a todo y cada pecador, y "el que quiera, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente".
  2. La santificación es posible al que cree. "Herencia entre los santificados por la fe que es en mí" es todavía la inscripción sobre las puertas de nuestra plena herencia. "Purificando por la fe sus corazones" es todavía el proceso divino de la salvación completa. Solo así puede ser santificada el alma. No es una obra, sino un don de la gracia, y toda gracia ha de ser por fe. No es posible por dolorosos esfuerzos; no es posible por penitencia y auto-tortura; no es posible por enfermedad, sufrimiento o auto-crucifixión; no es posible por persuasión moral, formación cuidadosa, enseñanza correcta y ejemplo perfecto; no es posible ni siquiera por las aguas oscuras y frías de la muerte misma. El alma que muere sin santificar quedará sin santificar para siempre. "El que es santo, santifíquese todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía." Pero es posible al que cree. Es el don de Jesucristo; es la entrada y morada de Jesucristo; es la vida interior y la comunicación divina del Espíritu Santo, y ha de ser solo por fe. Y es posible a toda alma que quiera creer, por impía que haya sido, por perversa que sea; tan vil quizá y torcida como Jacob, tan grosera como David en su pecado más oscuro, tan segura de sí como Simón Pedro, tan obstinada y satisfecha de su propia justicia como Pablo: puede ser y será hecha tan sin mancha como el Hijo de Dios, tan santa como la santidad de Jesús mismo, que viene a morar dentro, con tal que creamos y recibamos.
  3. La Sanidad Divina es posible al que cree. "Y la oración de fe salvará al enfermo" es todavía la palabra inalterada del Maestro para su iglesia doliente. Y esta fe ha de ser la fe del que recibe, pues en la epístola se dice: "No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor". Sigue siendo tan cierto como cuando el Maestro tocó los ojos de los ciegos a quienes se lo dijo: "Conforme a vuestra fe os sea hecho". No importa cuán grave sea la enfermedad; puede ser tan desvalida como la de aquella encorvada que de ningún modo podía enderezarse; tan crónica como la del hombre impotente que yació treinta y ocho años inválido junto al estanque; un caso tan oscuro y despreciado como el de aquellos pobres ciegos que mendigaban junto al camino y a quienes la multitud tenía por indignos de la atención de Cristo, o como la pecadora sirofenicia, a quien aun el Salvador llamó perrillo, y sin embargo a ella, como a otros, le vino la sanidad cuando él pudo decir: "Grande es tu fe; hágase contigo como quieres". No es la fe la que sana, es el Dios que la fe toca; pero no hay otro modo de tocar a Dios sino por la fe, y, por tanto, si hemos de recibir su toque Todopoderoso, debemos creer.
  4. Todo poder para el servicio es posible al que cree. El don del Espíritu Santo se recibe por fe. El poder de los apóstoles era en proporción a su fe. Esteban, "lleno de fe y de poder", pudo hacer frente a toda la sabiduría de Saulo de Tarso y de la sinagoga de los cilicios. La sencilla historia de Bernabé es que "era varón bueno, y lleno de fe y del Espíritu Santo, y una gran multitud fue agregada al Señor". El secreto de la predicación eficaz no es la lógica, ni la retórica, ni la elocución, sino poder decir: "Creí, por lo cual hablé". El éxito de algunos evangelistas y obreros cristianos está fuera de toda proporción con su talento o capacidad en cualquier dirección, pero tienen un don que ejercen fielmente, y es esperar que Dios les dé almas; y, por tanto, nunca quedan defraudados. La iglesia aún ha de ver en la generación presente las plenas posibilidades de la fe en la obra del Señor. Los ejemplos de un Moody y un Harrison no son sino tipos de lo que es posible para el obrero más humilde que, con la mirada puesta únicamente en la gloria de Dios y en sencilla fidelidad al evangelio de Cristo, se atreva a esperar los resultados más poderosos. Ambos ejemplos, quizá los casos más señalados de amplia fecundidad en la generación presente, son personas sin grandes dones naturales ni ventajas educativas, y, por tanto, tanto más alentadoras como estímulos para la obra de fe. Humilde trabajador en la viña del Señor, ¿saldrás a todas las posibilidades de la fe en tu obra para él, al comprender la fuerza de tu debilidad y el poder de tu Dios? Porque "no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos".

    Ha llegado el día para que Dios se revele a través de la misma debilidad de sus instrumentos, y pruebe una vez más que ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil para avergonzar a lo fuerte.

  5. Todas las dificultades y peligros han de ceder ante la omnipotencia de la fe. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días, y todavía las ciudadelas más poderosas del adversario han de ceder ante la marcha firme y victoriosa de la fe. Por la fe cerró Daniel la boca de los leones, y fue librado, se nos dice expresamente, porque creyó en su Dios. No fue la rectitud de su vida, ni su valiente fidelidad lo que le salvó, sino su confianza en Jehová. Tal fe llevó al intrépido Arnot a través de las selvas de África, y libró al heroico Paton de la furia asesina de los salvajes de Tanná, y detuvo el golpe de la muerte y el desastre amenazante de muchos de nosotros en las experiencias más humildes de nuestras vidas providenciales. Todavía el Dios de la fe está tan cerca, tan poderoso y tan fiel como cuando anduvo con los jóvenes hebreos por el fuego, y guardó al heroico Pablo a través de todos los peligros de su vida cambiante. No hay dificultad demasiado pequeña para su ejercicio, ni crisis demasiado terrible para su triunfo. ¿Saldremos con este escudo y esta adarga, y probaremos todas las posibilidades de la fe? Entonces, en verdad, llevaremos una vida guardada aun a través de las mismas huestes del infierno, y sabremos que somos inmortales hasta que nuestra obra esté cumplida.
  6. Todas las victorias de la oración son posibles al que cree. "Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis." "Todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá." No es la fuerza ni la extensión de la oración lo que prevalece, sino la sencillez de su confianza. Es la oración de fe la que reclama el poder sanador del Salvador inmutable. Es la oración de fe la que alcanza al alma que ninguna mano humana, quizá, puede tocar, y a veces trae del Cielo la respuesta antes de que se haya apagado el eco de la petición. Allá, en la ciudad de Cleveland, una esposa de corazón quebrantado ora con un evangelista por el alma de su marido. En esa misma hora, una influencia por completo desconocida para él lo conduce a una reunión de oración en Chicago al mediodía, y antes de que aquella oración termine, los coros del Cielo cantan sobre un alma arrepentida, y el Espíritu Santo susurra a su corazón que la obra está cumplida, no menos ciertamente que cuando al día siguiente el veloz correo trae las buenas nuevas de su propia mano. La oración de fe ha levantado esos monumentos perdurables en Ashley Down, donde dos mil huérfanos son alimentados cada día por la sola mano de Dios, en respuesta al clamor humilde y creyente de un ministro fiel. Estos no son sino muestras de lo que Dios siempre ha estado dispuesto a hacer, y ha sido estorbado solo por la incredulidad de su pueblo. Amados, estas posibilidades están abiertas a cada uno de nosotros. Puede que no seamos llamados al servicio público, ni capacitados para la palabra instructiva, ni dotados de riqueza e influencia, pero a cada uno de nosotros se nos da el poder de tocar la mano de la omnipotencia y ministrar ante el altar de oro de la oración que prevalece. Un solo incensario hemos de traer: la copa de oro de la fe; y al llenarla con los carbones encendidos del fuego del Espíritu Santo, y con el incienso del gran Sumo Sacerdote, ¡he aquí! habrá silencio una vez más en el Cielo, mientras Dios aquieta al universo para escuchar, y entonces el fuego vivo será derramado sobre la tierra en las poderosas fuerzas de la providencia y la gracia por las cuales ha de ser introducido el reino de nuestro Señor.
  7. Toda paz y gozo son posibles al que cree. La oración del apóstol por los romanos es que el Dios de esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer. Es la voluntad y el propósito de Dios que el alma incrédula sea un alma infeliz, y que sea guardado en completa paz aquel cuyo pensamiento persevera en Dios y confía en él. ¿Querrías, entonces, conocer la paz que sobrepasa todo entendimiento? Por nada estés afanoso, y cree firmemente que el Señor está cerca, supremo sobre toda circunstancia, y que hace que todas las cosas ayuden a bien a los que le aman. ¿Querrías ser feliz en la hora más oscura? Entonces confía en el Señor y apóyate en tu Dios. ¿Querrías tener los perennes desbordamientos del gozo? Entonces aprende a decir: "A quien, aunque ahora no lo veáis, creyendo en él os alegráis con gozo inefable y glorioso". El gozo de la mera emoción pasajera es como la flor cortada de un breve día de invierno, separada de la raíz y marchitándose antes de que otro sol se ponga. El gozo de la fe es el fruto y la floración perpetua que cubre el árbol vivo, o brota de la planta arraigada en el huerto regado.

    "Los hombres de fe han hallado

    que la gloria comienza aquí abajo—

    fruto celestial en suelo hostil

    de la fe y la esperanza puede brotar."

  8. La evangelización del mundo ha de ser entregada a la fe. Las operaciones misioneras más exitosas de hoy se sostienen por completo mediante la fe en Dios y el poder de la oración. Si China ha de ser evangelizada en el presente siglo, será debido a la fe de un humilde misionero que se ha atrevido a intentar grandes cosas para Dios y a esperar grandes cosas de él. No hay campo para la fe tan vasto y tan sublime como el campo misionero de hoy, y no hay límite a las posibilidades que la fe puede reclamar. Oh, ¡que algunos de nosotros nos levantemos a la magnitud de esta gran oportunidad y lleguemos a ser colaboradores con Dios para el mayor logro de todos los siglos cristianos!
  9. La venida del Señor será, sin duda, entregada al fin a la fe. Habrá una generación que dirá: "He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado". Por ahora es nuestra bienaventurada esperanza, pero algún día llegará a ser más. Y leyendo tanto en la tierra como en el cielo las señales de su venida, su esposa que le aguarda oirá el gozoso clamor: "Han llegado las bodas del Cordero". Al anciano Simeón le fue revelado que vería al Cristo del Señor, y a algunos les será dada en los últimos tiempos la Estrella de la Mañana que ha de preceder al amanecer Milenario. Ayúdenos el Señor a comprender así nuestros tiempos y la obra que el Maestro espera de nosotros para preparar su venida, de modo que se nos permita compartir su gloriosa recompensa de fe y aun apresurar aquel día de gozo.
  10. Pero más allá de todo lo dicho, esta promesa significa que todas las cosas son posibles al que cree. Es posible tener alguno o aun muchos de los logros mencionados y sin embargo perder el todo de la voluntad más alta de Dios. El significado de esta promesa en su plenitud es que la fe puede reclamar una vida completa, una bendición a la cual nada falte, un servicio acabado, y una corona de la que no falte ninguna joya de recompensa. Hay vidas que no están del todo perdidas y sin embargo no están salvas hasta lo sumo. Hay arcoíris cuyo arco está roto, pero hay un arcoíris alrededor del trono cuyo círculo perfecto es el tipo de un registro consumado y una recompensa infinita. Muchos de nosotros nos quedamos cortos de todo lo que Dios ha tenido en su pensamiento más alto para nosotros. Cuando el rey de Israel estaba junto al lecho del profeta moribundo del Señor, Eliseo puso su mano sobre las manos de Joás y le ayudó a disparar las flechas que eran símbolo de fe y victoria; pero entonces el profeta requirió que el rey siguiera este acto de fe mutua con una expresión más individual de la medida de su propia expectativa. Ay, como la mayoría de nosotros, su fe se evaporó mucho antes de que su obra necesaria estuviera hecha. Golpeó tres veces la tierra y luego se detuvo. Demasiado tarde para recobrar su bendición perdida, el profeta afligido y airado le reprendió por su negligencia y estrechez de corazón, y le dijo con tristeza que su bendición sería limitada conforme a la medida de su propia poca fe. Nunca olvidaré la solemnidad con que Dios trajo este pasaje a mi alma en una crisis de mi vida, y me preguntó cuánto tomaría de él y con cuán poco se contentaría mi fe. Gracias a Dios que me capacitó para decir con el corazón rebosante: "Nada menos que todo tu pensamiento y voluntad más altos, aun el todo de las mayores posibilidades de la fe". Ayúdenos el Señor a mirar siempre adelante, al tiempo en que todas estas oportunidades pasarán de nuestro alcance, y a vivir cada día bajo el poder de aquellas santas aspiraciones cuyo verdadero valor entonces podremos comprender, y a decir por siempre con Aquel que abrazó la misma noble ambición: "Ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo". Amados, ¿estás dejando escapar algo de tu vida, tu único, precioso y estrecho lapso de oportunidad terrenal, el eje sobre el cual gira la eternidad, la única posibilidad eterna que jamás volverá otra vez? Dios está esperando para darte todo, y todas las cosas son posibles al que cree.

II. La razonabilidad de la fe. ¿Por qué había Dios de hacer que todas las cosas dependieran de nuestra fe?

  1. Porque la ruina de la raza comenzó con la pérdida de la fe, y su recuperación ha de venir por el ejercicio de la fe. El veneno que Satanás inyectó en la sangre de Eva fue una cuestión sobre la fidelidad de Dios, y la única receta que el Evangelio da a los pecadores no salvos es: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo".
  2. La fe es la ley del cristianismo, el principio vital de la dispensación del Evangelio. La ley de la fe la llama el apóstol, en distinción de la ley de las obras. El Señor Jesús la expresó en la sencilla fórmula que ha llegado a ser la norma de las oraciones contestadas y de toda bendición que recibimos por el nombre de Jesús. Dios está, por tanto, obligado a obrar conforme a nuestra fe, y también conforme a nuestra incredulidad.
  3. La fe es el único modo que conocemos por el cual podemos aceptar un don de Dios, y por cuanto todas las bendiciones del Evangelio son dones de la gracia, han de venir a nosotros por la fe y en la medida de nuestra fe, si es que vienen.
  4. La fe es necesaria como influencia subjetiva para preparar nuestro propio corazón para la recepción de Dios y de su gracia. ¿Cómo puede el Padre comunicar su amor a un corazón tímido y tembloroso? ¿Cómo puede Dios acercarse a un niño asustado? He visto a un pajarillo morir de terror en mi mano, cuando yo no le quería ningún daño, sino que en vano procuraba acariciarlo y ganar su cariño. Y así el corazón individual sin fe moriría en la presencia de Dios de absoluto terror, e incapaz de recibir el desbordante amor del Padre que no podría comprender.
  5. La fe es una fuerza real y espiritual. Es, sin duda, uno de los atributos de Dios mismo. La hallamos ejemplificada en Jesús en todos sus milagros. Él explica a sus discípulos que fue el mismo poder por el cual secó la higuera, y el poder por el cual ellos podrían vencer y disolver los mayores obstáculos en su camino. No hay duda de que, mientras el alma ejerce por el poder de Dios la fe que ordena lo que Dios ordena, una fuerza poderosa opera en ese mismo momento sobre el obstáculo, una fuerza tan real como las corrientes de la electricidad o el poder de la dinamita. Dios ha puesto realmente en nuestras manos uno de sus propios instrumentos de omnipotencia y nos ha permitido usarlo en el nombre de Jesús conforme a su voluntad y para el establecimiento de su Reino.
  6. La razón preeminente por la cual Dios requiere fe es que la fe es el único medio por el cual Dios mismo puede tener espacio absoluto para obrar, pues la fe es precisamente esa actitud incolora y sencilla por la cual el hombre cesa de sus propias obras y entra en la obra de Dios. Es la diferencia entre lo humano y lo divino, lo natural y lo sobrenatural. La razón, por tanto, por la cual la fe es tan poderosa y en verdad omnipotente, es que abre paso a la omnipotencia de Dios. Por eso las dos frases son extraña y exactamente paralelas. "Para Dios todo es posible." "Al que cree todo es posible." El mismísimo poder es poseído por Dios y por el que cree, y la razón es que este último está perdido en el primero, y por completo identificado con él. ¿Cómo ilustraremos la poderosa distancia entre lo terrenal y lo celestial, lo humano y lo divino, lo finito y lo infinito? Alguien ha dicho: toma la pieza de artillería más potente, cárgala hasta la boca con pólvora o dinamita, mete en ella la bala de acero más perfecta, asegúrate de tener todos los últimos adelantos, luego dispárala, y tu proyectil surcará el espacio a razón de seiscientos pies por segundo. Pero en ese segundo, que Dios, con un solo destello de luz y sin esfuerzo ni sonido, impulse un rayo de aquel sol, o estrella, o lámpara de medianoche, y volará seiscientas mil millas. ¡Seiscientos pies, seiscientas mil millas! Esta es una débil figura de la diferencia entre lo humano y lo divino. Aquel pesado cañón, con su poder lento pero destructivo, es un tipo de las obras del hombre. Aquel suave rayo de sol y de luz, con su ministerio silencioso, veloz y benéfico, es un tipo de los recursos infinitos de Dios. Este es el mundo al cual la fe nos introduce. Entregando su propia insuficiencia, se une a la toda-suficiencia de Dios, y sale triunfante exclamando: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece", mientras el Cielo aprobador devuelve el eco: "Al que cree todo es posible".

III. La posibilidad de la fe. "Si puedes, cree."

  1. Por supuesto, apenas necesitamos decir que la fe depende de la obediencia y de la rectitud de corazón y de vida. No podemos confiar en Dios en presencia del pecado voluntario, y aun un estado no santificado es fatal para todo alto grado de fe, pues el corazón carnal no es el suelo en que ella pueda crecer, sino que es el fruto del Espíritu, y es estorbada por las malezas del pecado y de la complacencia voluntaria. La razón de que muchísimos cristianos tengan tan poca fe es que viven en el mundo y en sí mismos, y separados en tan gran parte de su vida de Dios y de la santidad. Cuando se construyó el Observatorio Lick en la costa del Pacífico, fue necesario subir por encima de los valles y tierras bajas de la costa, donde las nieblas y brumas colgaban pesadamente sobre la tierra, y elegir un emplazamiento en la cumbre del Monte Hamilton, por encima de las nieblas y vapores del suelo, y con vista clara y despejada de los cielos. Así la fe requiere, para su visión celestial, las tierras altas de la santidad y la separación, y el cielo claro y puro de una vida consagrada.

    Amados, ojalá halléis en esto la explicación de muchas de vuestras dudas y temores: que vuestro plano es demasiado bajo, vuestro corazón demasiado mezclado, y vuestra vida demasiado cercana a este "presente siglo malo".

  2. La fe es estorbada por la manera débil y antibíblica en que tantos excusan su incredulidad y piensan y hablan a la ligera del pecado de dudar de Dios. Si hemos de tener fe fuerte, debemos reconocerla como una obligación imperativa y sagrada, y creer en Dios firme y resueltamente, y rehusar dudar jamás de él. No digamos que no podemos creer. Es verdad, no podemos por nosotros mismos, pero Dios también provee todo eso, y nos ha provisto el poder de creer si escogemos hacerlo. No condonemos, pues, ni paliemos más nuestras dudas como enfermedades inofensivas y tristes desgracias, sino "mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo".
  3. La fe es estorbada por la confianza en la sabiduría humana, sea la nuestra o la sabiduría de otros. El primer cebo del diablo a Eva fue una oferta de sabiduría, y por ella vendió su fe. "Seréis como Dios", dijo, "sabiendo el bien y el mal", y desde la hora en que empezó a saber, dejó de confiar. Fueron los espías los que perdieron la tierra de promisión para el Israel de antaño. Fue su necia propuesta de explorar la tierra, y averiguar por investigación si Dios había dicho la verdad o no, lo que condujo al terrible estallido de incredulidad que cerró las puertas de Canaán a toda una generación. Es muy significativo que los nombres de estos espías sean casi todos sugerentes de sabiduría, grandeza y fama humanas. Y así, en los días de Cristo, fue la servidumbre de los judíos a las tradiciones de los padres y a las opiniones de los hombres lo que los retuvo de recibirle. "¿Cómo podéis vosotros creer", preguntó, "pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?" Esto, hoy, tiene mucho que ver con la limitación de la fe de la iglesia. La Biblia se mide por la crítica humana, y las promesas de Dios se pesan en la balanza de la probabilidad natural y la razón humana. Nuestra propia sabiduría es igual de peligrosa si toma el lugar de la sencilla palabra de Dios, y por tanto, si hemos de "fiarnos de Jehová de todo nuestro corazón", no debemos "apoyarnos en nuestra propia prudencia".
  4. La autosuficiencia y la dependencia de nuestra propia fuerza son también un estorbo para nuestra fe.

    Dios, por tanto, ha de reducirnos a la impotencia antes de que podamos tener mucha confianza en él. La hora de su intervención más poderosa suele ser el tiempo de nuestra mayor extremidad.

    Un semanario secular cuenta la historia de un pequeño cuya experiencia representa a muchas personas mayores. Había llegado a esa época en la vida de un niño en que recibe sus primeros pantalones, y el ascenso desequilibró su balance espiritual. Hasta entonces había sido un pequeño cristiano devoto, y de ordinario se unía cada mañana a su hermanita para pedir la ayuda y la bendición del Señor para el día; pero esta mañana, al mirar sus pantalones nuevos y sentirse todo un hombre, detuvo a su hermanita cuando ella empezó a orar por él como de costumbre: "Señor Jesús, cuida hoy de Freddie, y guárdalo de todo mal"; y, como el pobre Simón Pedro, en su propia autosuficiencia, exclamó: "No, Jennie, no digas eso; Freddie puede cuidarse solo ahora". La pequeña santa quedó pasmada y asustada, pero no supo qué hacer. Y así comenzó el día; pero antes del mediodía ambos treparon a un cerezo, y mientras alcanzaba la tentadora fruta, Freddie cayó de cabeza en un ángulo entre el árbol y la cerca, y con todos sus desesperados forcejeos y los de su asustada hermana, le fue del todo imposible librarse; y al fin miró a Jennie con una expresión de vergüenza y entendimiento mezclados, y dijo: "Jennie, ora; Freddie no puede cuidarse solo, después de todo". Justo entonces un hombre fuerte venía por el camino, y la respuesta a su oración vino pronto, pues los robustos brazos en pocos minutos habían desmontado la cerca, y Freddie quedó libre, y salió con una lección para la vida: andar como Simón Pedro, con la cabeza inclinada y humilde confianza en una fuerza y un cuidado más poderosos que los suyos.

    ¡Verdaderamente este es el suelo de la fe! Sabiamente dijo Habacuc, hace siglos, al contrastar la soberbia y la confianza: "He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá".

    Amados, ¿os ha traído Dios al fin de vuestras fuerzas? Regocijaos y alegraos en gran manera, porque es el comienzo de su Omnipotencia, con tal que la fe caiga en sus poderosos brazos y clame como los de antaño: "¡Jehová, para ti no hay diferencia alguna en ayudar al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en tu nombre vamos contra esta multitud".

  5. La fe es estorbada por la vista y los sentidos, y por nuestra necia dependencia de las evidencias externas.

    La evidencia misma en la cual debemos vivir y crecer es lo invisible, y por tanto todas las cosas exteriores han de ser apartadas antes de que podamos verdaderamente creer; y al no mirar nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, estas se vuelven reales, más reales que las cosas de los sentidos, y entonces Dios las hace reales en cumplimiento efectivo. Pero la fe debe primero salir a lo grande y desconocido, y andar sobre las aguas para ir a Jesús, más aún, andar sobre el aire; pero donde solo había vacío, hallará la roca debajo, como el viajero en los Alpes que había llegado al fin del sendero de la montaña cuando este desaparecía de pronto bajo una gran masa de hielo y nieve y se convertía en un torrente subterráneo, mientras la montaña se alzaba severa por delante, y las millas de desolación que había recorrido quedaban atrás. ¿Qué debía hacer? De repente su guía exclamó: "¡Sígueme!", y se lanzó al torrente que descendía, y luego desapareció de su vista bajo la gran montaña que aquel horadaba. Era una aventura espantosa, pero debía o seguir o morir, y lanzándose adentro, hubo una sacudida repentina, y el remolino de las aguas y la negrura de las tinieblas, y luego un estallido de luz, y estaba tendido en las orillas de un tranquilo arroyo al otro lado de la montaña, en el dulce valle de abajo. El camino invisible había conducido a la vida y a la luz.

    Así la fe todavía anda muchas veces por sendas de misterio, pero Dios siempre la hará clara. ¿No es este el estorbo de tu fe, que vacilas en creer antes de aventurarte sobre la desnuda palabra de la promesa? Solo tu fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. ¡Ayúdenos Dios a andar por fe, y no por vista!

    Por tanto, Dios ha de adiestrarnos en el camino de la fe mediante dificultades, pruebas y aparentes negativas, hasta que, como la mujer sirofenicia, sencillamente sigamos confiando y rehusemos ser rechazados. Él siempre está esperando para recompensar nuestra confianza con las gozosas palabras: "¡Grande es tu fe! Hágase contigo como quieres".

  6. Finalmente, esta fe es estorbada, más que por nada, por lo que llamamos "nuestra fe", y por nuestros infructuosos esfuerzos por producir una fe que, después de todo, no es sino un simulacro y un desesperado tratar de confiar en Dios, y que siempre ha de quedar corta de sus vastas y gloriosas promesas. La verdad es que la única fe que está a la altura de las estupendas promesas de Dios y de las inconmensurables necesidades de nuestra vida, es "la fe de Dios" mismo, la misma confianza que él infundirá en el corazón que inteligentemente le espera como su poder para creer, así como su poder para amar, obedecer, o realizar cualquier otro ejercicio de la vida nueva.

¡Bendito sea su nombre! No nos ha dado una cadena que llegue hasta un solo eslabón de nuestro pobre corazón indefenso, dejando que ese último eslabón sea fatal para toda la cadena. No; el último eslabón, el que se sujeta del lado humano, es tan divino como el eslabón que ata la cadena de la promesa a su Trono de promesa en los cielos. "Tened fe en Dios" es su gran mandato. "Vivo en la fe del Hijo de Dios" es el testimonio victorioso de uno que la había probado verdadera.

Amados, a la luz de esta gran provisión, escuchad ahora la poderosa promesa, y en su fe levantaos para reclamar: "Si puedes, cree. Al que cree todo es posible"; y clamad: "Señor, creo; no yo, sino tú. ¡Ayuda mi incredulidad!".

Y ahora, amados, esta poderosa máquina de poder espiritual es puesta en nuestras manos por el amor Omnipotente. ¿La reclamaremos, y, con la ayuda de Dios, nos levantaremos a sus máximas posibilidades, y desde esta hora la volveremos, como un arma celestial, sobre el campo de la vida y el conflicto cristianos, y la usaremos para todo aquello a lo cual Dios nos ha llamado en los grandes conflictos de la época y para el Reino de nuestro Señor y Salvador Jesucristo? Nuestra suerte ha caído en tiempos trascendentales; la última década de este estupendo siglo apenas ha comenzado, y encuentra a la Iglesia de Dios despertando a la mayor campaña de los siglos cristianos, la evangelización del mundo, con miras a la preparación para la inminente venida de nuestro Señor. ¡Qué gloriosa posibilidad! Es una de las posibilidades de la fe.

Anoche, mientras estaba sentado junto a mi ventana abierta, hasta bien entradas las vigilias de la noche, desde una de aquellas casitas de allá oí la voz de oración elevarse toda la noche. Era un clamor incesante y poderoso: que el Dios poderoso obrara con todo su poder y su gloria; y aunque las mismas palabras eran repetidas a menudo por la misma voz, nunca pareció volverse monótono, pues había tanto que el lenguaje no podía expresar en aquella oración, que tocó mi corazón con ternura y solemnidad, y pareció como una profecía de lo que confío ha de salir de esta poderosa convocación y ser recogido por todo el mundo, hasta que sea respondido por las voces del cielo arriba, proclamando: "Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo. ¡Aleluya! El Señor nuestro Dios Todopoderoso reina". Oh, ¿tomaremos esta máquina de omnipotencia, la oración de fe, y la volveremos hacia los cielos, y la volveremos sobre la tierra, y la volveremos contra todo enemigo, hasta que la hallemos del todo verdadera: "Al que cree todo es posible"?

Se ha propuesto que formemos, este día, una Alianza de Oración, por la evangelización del mundo durante el presente siglo, y por la pronta venida de nuestro Señor Jesús. Amados, ¿puede haber oportunidad más grande para la aplicación práctica de este gran tema, y no habremos de unir, con un solo corazón, las manos en oración creyente, alrededor del mundo, hasta el día feliz en que unamos las manos una vez más alrededor del Trono Milenario y le alabemos por el glorioso cumplimiento?

Escritura en este sermón Marcos 9:23

Dominio público. Texto original de la edición original.