Esperando en Dios ·Por la Venida de su Hijo

Capítulo 30 · 5 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

Por la Venida de su Hijo

Día Vigésimo Octavo. ESPERANDO EN DIOS: Por la Venida de su Hijo.

«Sed vosotros semejantes a hombres que esperan a su señor.»—Lucas 12:36.

«Hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo, la cual a su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes y Señor de señores.»—1 Tim. 6:14,15.

«Convertidos de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar a su Hijo de los cielos.»—1 Tes. 1:9, 10.

ESPERAR en Dios en el cielo y esperar a su Hijo desde el cielo: estas dos cosas Dios las ha unido, y ningún hombre las separe. La espera en Dios por su presencia y su poder en la vida diaria será la única verdadera preparación para esperar a Cristo en humildad y verdadera santidad. La espera de Cristo, que viene del cielo para llevarnos al cielo, dará a la espera en Dios su verdadero tono de esperanza y de gozo. El Padre que a su tiempo revelará a su Hijo desde el cielo es el Dios que, mientras esperamos en él, nos prepara para la revelación de su Hijo. La vida presente y la gloria venidera están inseparablemente unidas en Dios y en nosotros.

A veces hay peligro de separarlas. Siempre es más fácil ocuparse de la religión del pasado o del futuro que ser fiel en la religión de hoy. Al mirar lo que Dios ha hecho en el pasado, o lo que hará en el tiempo por venir, se puede eludir la exigencia personal del deber presente y de la presente sumisión a su obra. La espera en Dios ha de conducir siempre a la espera de Cristo como la gloriosa consumación de su obra; y la espera de Cristo ha de recordarnos siempre el deber de esperar en Dios, como nuestra única prueba de que esa espera de Cristo es en espíritu y en verdad. Hay tanto peligro de que nos ocupemos más de las cosas que han de venir que de Aquel que ha de venir; hay en el estudio de los sucesos futuros tanto campo para la imaginación, la razón y el ingenio humano, que solo una espera profundamente humilde en Dios puede librarnos de confundir el interés y el placer del estudio intelectual con el verdadero amor a él y a su venida. Todos vosotros que decís que esperáis la venida de Cristo, aseguraos de esperar en Dios ahora. Todos vosotros que buscáis esperar ahora en Dios para que revele a su Hijo en vosotros, cuidad de hacerlo como hombres que aguardan la revelación de su Hijo desde el cielo. La esperanza de aquella gloriosa aparición os fortalecerá en la espera en Dios por lo que él ha de hacer en vosotros ahora: el mismo amor omnipotente que ha de revelar aquella gloria obra en vosotros aun ahora para prepararos para ella.

«La esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo» es uno de los grandes vínculos de unión dados a la Iglesia de Dios a través de los siglos. «Vendrá para ser glorificado en sus santos y admirado en todos los que creen.» Entonces nos encontraremos todos, y la unidad del cuerpo de Cristo se verá en su divina gloria. Será el lugar de encuentro y el triunfo del amor divino. Jesús recibiendo a los suyos y presentándolos al Padre. Los suyos encontrándose con él y adorando con amor sin palabras aquel bendito rostro. Los suyos encontrándose unos con otros en el éxtasis del amor mismo de Dios. Esperemos, anhelemos y amemos la venida de nuestro Señor y Esposo celestial. El amor tierno a él y el amor tierno de unos a otros es el verdadero y único espíritu de la esposa.

Mucho temo que esto se olvide a veces. Un amado hermano en Holanda hablaba de que la expectación de la fe es la verdadera señal de la esposa. Me atreví a expresar una duda. Una esposa indigna, a punto de casarse con un príncipe, podría estar pensando únicamente en la posición y las riquezas que iba a recibir. La expectación de la fe podría ser fuerte, y faltar por completo el verdadero amor. Es el amor lo que hace el espíritu de la esposa. No es cuando más ocupados estamos con los temas proféticos, sino cuando en humildad y amor nos mantenemos estrechamente unidos a nuestro Señor y a sus hermanos, cuando ocupamos el lugar de la esposa. Jesús se niega a aceptar nuestro amor si no es amor a sus discípulos. Esperar su venida significa esperar la gloriosa manifestación venidera de la unidad del cuerpo, mientras procuramos aquí mantener esa unidad en humildad y amor. Los que más aman son los que están más preparados para su venida. El amor de unos a otros es la vida y la hermosura de su esposa, la Iglesia.

¿Y cómo ha de lograrse esto? ¡Amado hijo de Dios! Si quieres aprender rectamente a esperar a su Hijo desde el cielo, vive ya desde ahora esperando en Dios en el cielo. Recuerda cómo Jesús vivió siempre esperando en Dios. Nada podía hacer por sí mismo. Fue Dios quien perfeccionó a su Hijo por medio del sufrimiento y luego lo exaltó. Solo Dios puede darte la honda vida espiritual del que verdaderamente espera a su Hijo: espera en Dios para recibirla. ¡Oh, cuán distinto es esperar a Cristo mismo de esperar cosas que pueden llegar a suceder! Lo segundo lo puede hacer cualquier cristiano; lo primero Dios ha de obrarlo en ti cada día por su Espíritu Santo. Por tanto, todos vosotros que esperáis en Dios, mirad a él por gracia para esperar a su Hijo desde el cielo en el Espíritu que del cielo viene. Y tú que quieres esperar a su Hijo, espera continuamente en Dios para que revele a Cristo en ti.

La revelación de Cristo en nosotros, tal como se da a los que esperan en Dios, es la verdadera preparación para la plena revelación de Cristo en gloria.

«¡Alma mía, espera solamente en Dios!»

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Esperando en Dios Andrew Murray

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