La vid verdadera ·Así como yo os he amado

Capítulo 26 · 3 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

Así como yo os he amado

Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado—Juan 15.12

Esta es la segunda vez que nuestro Señor emplea la expresión: Así como yo. La primera vez fue respecto de su relación con el Padre, guardando sus mandamientos y permaneciendo en su amor. De igual modo, nosotros hemos de guardar los mandamientos de Cristo y permanecer en su amor. La segunda vez habla de su relación con nosotros como la regla de nuestro amor hacia los hermanos: “Amaos los unos á los otros, como yo os he amado”. En cada caso, su disposición y su conducta han de ser la ley de las nuestras. Es de nuevo la verdad en que más de una vez hemos insistido: la perfecta semejanza entre la Vid y el pámpano.

Así como yo—Pero, ¿no es acaso vano imaginar que podemos guardar sus mandamientos y amar a los hermanos, así como él guardó los de su Padre y así como él nos amó? ¿Y no terminará el intento en fracaso y desaliento? Sin duda, si buscamos cumplir el mandato con nuestras propias fuerzas, o sin una plena comprensión de la verdad de la Vid y sus pámpanos. Pero si entendemos que el “así como yo” es precisamente la gran lección de la parábola, el lenguaje continuo de la Vid al pámpano, veremos que no se trata de lo que nos sentimos capaces de lograr, sino de lo que Cristo es capaz de obrar en nosotros. Estos mandamientos altos y santos —“¡Obedece, así como yo! ¡Ama, así como yo!”— tienen precisamente el fin de llevarnos a la conciencia de nuestra impotencia, y por medio de ella despertarnos a la necesidad, la hermosura y la suficiencia de lo que se nos ha provisto en la Vid. Comenzaremos a oír a la Vid hablando a cada instante al pámpano: “Así como yo. Así como yo: mi vida es tu vida; y tienes parte en toda mi plenitud; el Espíritu en ti, y el fruto que sale de ti, es todo exactamente igual que en mí. No temas, sino deja que tu fe se aferre a cada ‘así como yo’ como la divina seguridad de que, por cuanto yo vivo en ti, puedes vivir y de hecho vivirás como yo”.

Pero, si este es en verdad el sentido de la parábola, si esta es en verdad la vida que un pámpano puede vivir, ¿por qué tan pocos la alcanzan? Porque no conocen el misterio celestial de la Vid. Conocen mucho de la parábola y de sus hermosas lecciones. Pero el misterio espiritual y oculto de la Vid en su divina omnipotencia y cercanía, sosteniéndolos y proveyéndoles todo el día, esto no lo conocen, porque no han esperado en el Espíritu de Dios para que se lo revele.

Amaos los unos á los otros, como yo os he amado—“Vosotros, así como yo.” ¿Cómo hemos de comenzar, si de veras queremos aprender el misterio? Con la confesión de que necesitamos ser llevados a un modo de vida enteramente nuevo, porque nunca hemos conocido aún a Cristo como la Vid en la plenitud de su poder vivificador y transformador. Con la entrega a ser limpiados de todo lo que es del yo, y separados de todo lo que hay en el mundo, para vivir única y enteramente como Cristo vivió, para la gloria del Padre. Y luego con la fe de que este “así como yo” es en verdad lo que Cristo está dispuesto a hacer realidad, la vida misma que la Vid mantendrá en el pámpano que depende por completo de él.

Así como yo. Una y otra vez es así, bendito Señor mío: como la Vid, así el pámpano; una sola vida, un solo espíritu, una sola obediencia, un solo gozo, un solo amor.

Señor Jesús, en la fe de que tú eres mi Vid, y de que yo soy tu pámpano, acepto tu mandato como una promesa, y tomo tu “así como yo” como la sencilla revelación de lo que tú obras en mí. Sí, Señor: como tú has amado, así amaré yo.

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La vid verdadera Andrew Murray

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