Los tratados de Cipriano
Tres libros de testimonios contra los judíos

Capítulo 12 · 3 h 13 min de lectura · 4 h 8 min de escucha

Tres libros de testimonios contra los judíos

Prefacio

Cipriano a su hijo Quirino, salud. Era necesario, hijo amado, que yo obedeciera a tu deseo espiritual, que pedía con la más apremiante súplica aquellas enseñanzas divinas con las que el Señor se ha dignado enseñarnos e instruirnos por medio de las Santas Escrituras, para que, apartados de las tinieblas del error e iluminados por su luz pura y resplandeciente, guardemos el camino de la vida por medio de los sacramentos salvadores. Y, en efecto, tal como lo has pedido, así he dispuesto este discurso; y este tratado ha sido ordenado en un compendio abreviado, de modo que no esparciera lo escrito en una abundancia demasiado difusa, sino que, en cuanto me lo sugería mi pobre memoria, reuniera todo lo necesario en capítulos escogidos y enlazados, bajo los cuales parezca no tanto haber tratado el tema como haber proporcionado materia para que otros lo traten. Además, también a los lectores les es de grandísimo provecho una brevedad semejante, pues un tratado demasiado extenso disipa el entendimiento y la percepción del lector, mientras que una memoria tenaz retiene lo que se lee en un compendio más preciso. Pero he comprendido en mi empresa dos libros de una extensión igualmente moderada: uno en el que me he esforzado por mostrar que los judíos, conforme a lo que se había predicho, se habían apartado de Dios y habían perdido el favor de Dios, que les había sido dado en el tiempo pasado y les había sido prometido para el futuro; mientras que los cristianos habían sucedido en su lugar, haciéndose agradables al Señor por la fe y viniendo de todas las naciones y de todo el mundo. El segundo libro contiene asimismo el sacramento de Cristo: que ha venido aquel que fue anunciado según las Escrituras, y que ha hecho y cumplido todas aquellas cosas por las que se predijo que podría ser percibido y conocido. Y estas cosas te serán de provecho entretanto, mientras las lees, para formar los primeros rasgos de tu fe. Más fuerza se te dará, y la inteligencia del corazón se irá formando más y más, a medida que examines más a fondo las Escrituras, antiguas y nuevas, y leas enteros los volúmenes de los libros espirituales. Pues por ahora hemos llenado una pequeña medida de las fuentes divinas, que entretanto quisiéramos enviarte. Podrás beber más copiosamente y saciarte con más abundancia si también tú te acercas a beber junto con nosotros en los mismos manantiales de la plenitud divina. Te deseo, hijo amado, que siempre te vaya muy bien.

Capítulos

Libro primero.

Capítulos.

1. Que los judíos han caído bajo la grave ira de Dios, porque se apartaron del Señor y siguieron a los ídolos.

2. También porque no creyeron a los profetas y les dieron muerte.

3. Que se predijo de antemano que no conocerían al Señor, ni lo entenderían, ni lo recibirían.

4. Que los judíos no entenderían las Santas Escrituras, pero que estas serían inteligibles en los últimos tiempos, después de que Cristo hubiera venido.

5. Que los judíos no podían entender nada de las Escrituras si antes no creían en Cristo.

6. Que perderían Jerusalén y dejarían la tierra que habían recibido.

7. Que perderían también la Luz del Señor.

8. Que la primera circuncisión, la de la carne, fue anulada, y en su lugar se prometió una segunda circuncisión, la del espíritu.

9. Que la ley anterior, que fue dada por Moisés, había de cesar.

10. Que había de darse una ley nueva.

11. Que había de darse otra dispensación y un nuevo pacto.

12. Que el antiguo bautismo había de cesar, y comenzar uno nuevo.

13. Que el antiguo yugo había de ser anulado, y darse un yugo nuevo.

14. Que los antiguos pastores habían de cesar, y comenzar otros nuevos.

15. Que Cristo sería la casa y el templo de Dios, y que el antiguo templo pasaría y comenzaría uno nuevo.

16. Que el antiguo sacrificio sería anulado, y se celebraría uno nuevo.

17. Que el antiguo sacerdocio cesaría, y vendría un nuevo sacerdote que sería para siempre.

18. Que se prometió otro profeta semejante a Moisés, es decir, uno que daría un nuevo testamento y a quien más bien había que escuchar.

19. Que se predijeron dos pueblos, el mayor y el menor; esto es, el antiguo pueblo de los judíos, y el nuevo, que estaría formado por nosotros.

20. Que la Iglesia, que antes había sido estéril, tendría de entre los gentiles más hijos de los que antes había tenido la sinagoga.

21. Que más bien los gentiles creerían en Cristo.

22. Que los judíos perderían el pan y la copa de Cristo, y toda su gracia, mientras que nosotros los recibiríamos, y que el nuevo nombre de cristianos sería bendito en la tierra.

23. Que más bien los gentiles que los judíos alcanzarían el reino de los cielos.

24. Que solo así podrían los judíos obtener el perdón de sus pecados: si lavan en su bautismo la sangre de Cristo, a quien mataron, y, pasando a la Iglesia, obedecen sus preceptos.

Que los judíos han caído bajo la grave ira de Dios porque abandonaron al Señor y siguieron a los ídolos

Testimonios.

1. Que los judíos han caído bajo la grave ira de Dios porque abandonaron al Señor y siguieron a los ídolos.

En el Éxodo el pueblo dijo a Aarón: «Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido». En el mismo lugar dice también Moisés al Señor: «Te ruego, Señor: este pueblo ha cometido un gran pecado. Se han hecho dioses de oro y de plata. Ahora, pues, si perdonas su pecado, perdónalo; y si no, ráeme del libro que has escrito. Y el Señor dijo a Moisés: Al que haya pecado contra mí, a este raeré yo de mi libro». Asimismo en el Deuteronomio: Sacrificaron a los demonios, y no a Dios». En el libro de los Jueces también: «Y los hijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos del Señor, el Dios de sus padres, que los había sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras los dioses de los pueblos que estaban en sus alrededores, y ofendieron al Señor, y abandonaron a Dios, y sirvieron a Baal». También en el mismo lugar: «Y los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos del Señor, y sirvieron a Baal y a los dioses de los extranjeros, y abandonaron al Señor, y no le sirvieron». En Malaquías: «Judá ha sido desamparado, y se ha hecho abominación en Israel y en Jerusalén, porque Judá ha profanado la santidad del Señor en aquello que él amó, y ha cortejado a dioses extraños. El Señor exterminará al hombre que haga esto, y será envilecido en las tiendas de Jacob».

También porque no creyeron a los profetas y les dieron muerte

En Jeremías dice el Señor: «Os envié a mis siervos los profetas. Antes del alba los enviaba (y no me oísteis, ni inclinasteis vuestros oídos para escuchar), diciendo: Volveos cada uno de vosotros de su mal camino y de vuestros perversísimos deseos, y moraréis en la tierra que os di a vosotros y a vuestros padres por los siglos de los siglos». Y otra vez: «No vayáis en pos de dioses ajenos para servirles, ni los adoréis; ni me provoquéis a ira con las obras de vuestras manos para dispersaros; y no me habéis oído». También en el tercer libro de los Reyes dice Elías al Señor: «Con celo he sentido celo por el Señor Dios todopoderoso; porque los hijos de Israel te han abandonado, han derribado tus altares y han matado a espada a tus profetas; y yo he quedado solo, y me buscan para quitarme la vida». También en Esdras: «Se apartaron de ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que testificaban contra ellos para que se volvieran a ti».

Que se predijo de antemano que no conocerían al Señor, ni lo entenderían, ni lo recibirían

En Isaías: «Oíd, cielos, y escucha, tierra, porque el Señor ha hablado: Engendré hijos y los crie, pero ellos me desecharon. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no me ha conocido, y mi pueblo no me ha entendido. ¡Ay, nación pecadora, pueblo lleno de pecados, simiente perversa, hijos corruptores! Habéis abandonado al Señor, y habéis provocado a ira al Santo de Israel». En el mismo dice también el Señor: «Ve y di a este pueblo: Oiréis con el oído, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis. Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con sus oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos, para que no vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni entiendan con el corazón, y se conviertan, y yo los sane». También en Jeremías dice el Señor: «Me abandonaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas gastadas, que no podían retener el agua». Además, en el mismo: «He aquí que la palabra del Señor se les ha vuelto oprobio, y no la quieren». Otra vez en el mismo dice el Señor: «El milano conoce su tiempo, y la tórtola y la golondrina; los gorriones del campo guardan el tiempo de su venida; pero mi pueblo no conoce el juicio del Señor. ¿Cómo decís: Nosotros somos sabios, y la ley del Señor está con nosotros? La medida falsa se ha hecho vana; los escribas están confundidos; los sabios temblaron y fueron presos, porque desecharon la palabra del Señor». En Salomón también: «Los malos me buscarán, y no me hallarán; porque aborrecieron la sabiduría y no recibieron la palabra del Señor». También en el salmo veintisiete: «Dales su merecido, porque no atendieron a las obras del Señor». También en el salmo ochenta y uno: «No conocieron, ni entendieron; andarán en tinieblas». En el Evangelio también, según Juan: «A lo suyo vino, y los suyos no lo recibieron. A todos los que lo recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su nombre».

Que los judíos no entenderían las Santas Escrituras, pero que estas serían inteligibles en los últimos tiempos, después de que Cristo hubiera venido

En Isaías: «Y todas estas palabras os serán como palabras de un libro sellado, el cual, si lo dais a un hombre que sabe letras para que lo lea, dirá: No puedo leer, porque está sellado. Pero en aquel día los sordos oirán las palabras del libro, y los que están en tinieblas y en la nube; los ojos de los ciegos verán». También en Jeremías: «En lo postrero de los días entenderéis estas cosas». En Daniel, además: «Guarda las palabras y sella el libro hasta el tiempo de la consumación, hasta que muchos aprendan y se cumpla el conocimiento, porque cuando se haya consumado la dispersión conocerán todas estas cosas». Asimismo en la primera epístola de Pablo a los Corintios: «Hermanos, no quiero que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube». También en la segunda epístola a los Corintios: «Sus entendimientos están cegados hasta el día de hoy por este mismo velo, que es quitado en Cristo, mientras este mismo velo permanece en la lectura del antiguo testamento, el cual no es descubierto, porque en Cristo es abolido; y aun hasta el día de hoy, siempre que Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero más adelante, cuando se conviertan al Señor, el velo será quitado». En el Evangelio, el Señor, después de su resurrección, dice: «Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumplieran todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que entendieran las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciera, y resucitara de los muertos al tercer día; y que se predicara en su nombre el arrepentimiento y la remisión de pecados aun en todas las naciones».

Que los judíos no podían entender nada de las Escrituras si antes no creían en Cristo

En Isaías: «Y si no creéis, tampoco entenderéis». También el Señor en el Evangelio: «Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis». Además, que la justicia subsistiría por la fe y que en ella estaba la vida, fue predicho en Habacuc: «Mas el justo vivirá por la fe en mí». Por eso Abraham, el padre de las naciones, creyó; en el Génesis: «Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia». Del mismo modo Pablo a los Gálatas: «Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios justifica por la fe a los gentiles, anunció de antemano a Abraham que en él serían benditas todas las naciones. Por tanto, los que son de fe son benditos con el creyente Abraham».

Que los judíos perderían Jerusalén y dejarían la tierra que habían recibido

En Isaías: «Vuestra tierra está desolada, vuestras ciudades quemadas con fuego; vuestra tierra, delante de vosotros la devorarán los extranjeros; y la hija de Sion quedará abandonada y derribada por pueblos extraños, como choza en una viña, y como cabaña de guarda en un melonar, como ciudad sitiada. Y si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos sido, y semejantes a Gomorra». También en el Evangelio dice el Señor: «¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus pollos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta».

También que perderían la Luz del Señor

En Isaías: «Venid, y caminemos a la luz del Señor. Porque él ha desechado a su pueblo, la casa de Israel». También en su Evangelio, según Juan: «Aquella era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene a este mundo. En este mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció». Además, en el mismo lugar: «El que no cree ya ha sido juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz».

Que la primera circuncisión, la de la carne, es anulada, y en su lugar se promete la segunda circuncisión, la del espíritu

En Jeremías: «Así dice el Señor a los varones de Judá y a los que habitan en Jerusalén: Renovad entre vosotros lo nuevo, y no sembréis entre espinas; circuncidaos para vuestro Dios, y circuncidad el prepucio de vuestro corazón; no sea que mi ira salga como fuego y os consuma, y no haya quien la apague». También dice Moisés: «En los postreros días circuncidará Dios tu corazón y el corazón de tu descendencia, para que ames al Señor tu Dios». También en Jesús hijo de Nave: «Y el Señor dijo a Jesús: Hazte cuchillos pequeños de piedra, muy afilados, y ponte a circuncidar por segunda vez a los hijos de Israel». También Pablo a los Colosenses: «Estáis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, en el despojamiento de la carne, sino con la circuncisión de Cristo». También, porque Adán fue hecho primero por Dios incircunciso, y el justo Abel, y Enoc, que agradó a Dios y fue trasladado; y Noé, que, cuando el mundo y los hombres perecían a causa de sus transgresiones, fue escogido él solo, para que en él se preservara el linaje humano; y Melquisedec, el sacerdote según cuyo orden fue prometido Cristo. Además, porque aquella señal no servía a las mujeres, mientras que todos son sellados con la señal del Señor.

Que la ley anterior, que fue dada por Moisés, había de cesar

En Isaías: «Entonces se manifestarán los que sellan la ley para no aprenderla; y él dirá: Espero en el Señor, que aparta su rostro de la casa de Jacob, y en él confiaré». También en el Evangelio: «Todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan».

Que había de darse una ley nueva

En Miqueas: «Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor. Y juzgará entre muchos pueblos, y someterá y pondrá al descubierto a naciones poderosas». También en Isaías: «Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor; y juzgará entre las naciones». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd».

Que había de darse otra dispensación y un nuevo pacto

En Jeremías: «He aquí que vienen días, dice el Señor, en que consumaré para la casa de Israel y para la casa de Judá un nuevo testamento; no como el testamento que dispuse con sus padres el día en que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos no permanecieron en mi testamento, y yo los desatendí, dice el Señor. Porque este es el testamento que estableceré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Les daré mis leyes, y en sus mentes las escribiré; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo; y no enseñará nadie a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande; porque seré propicio a sus iniquidades, y no me acordaré más de sus pecados».

Que el antiguo bautismo había de cesar, y comenzar uno nuevo

En Isaías: «Por tanto, no os acordéis de las cosas pasadas, ni volváis a considerar las antiguas. He aquí que yo hago nuevas las cosas que ahora surgirán, y lo sabréis; y abriré camino en el desierto, y ríos en lugar seco, para dar de beber a mi linaje escogido, a mi pueblo que adquirí, para que publique mis alabanzas». En el mismo también: «Si tienen sed, los conducirá por los desiertos; hará brotar agua de la peña; la peña se hendirá, y correrán las aguas, y beberá mi pueblo». Además, en el Evangelio según Mateo, dice Juan: «Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí es más poderoso que yo, cuyo calzado no soy digno de llevar; él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego». También según Juan: «El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Porque lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es».

Que el antiguo yugo había de ser anulado, y darse un yugo nuevo

En el salmo segundo: «¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos piensan vanidad? Se levantaron los reyes de la tierra, y los príncipes se reunieron contra el Señor y contra su Cristo. Rompamos sus ataduras, y echemos de nosotros su yugo». Asimismo en el Evangelio según Mateo dice el Señor: «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es excelente, y ligera mi carga». En Jeremías: «En aquel día quebraré el yugo de su cuello, y romperé sus cadenas; y no trabajarán para otros, sino que trabajarán para el Señor Dios; y les levantaré a David por rey».

Que los antiguos pastores habían de cesar, y comenzar otros nuevos

En Ezequiel: «Por tanto, así dice el Señor: He aquí que yo estoy sobre los pastores; y requeriré mis ovejas de sus manos, y los apartaré de apacentar mis ovejas; y no las apacentarán más, y libraré mis ovejas de su boca, y yo las apacentaré con juicio». En Jeremías dice el Señor: «Y os daré pastores según mi corazón, y os apacentarán con el alimento de la disciplina». En Jeremías, además: «Oíd la palabra del Señor, naciones, y anunciadla en las islas que están lejos. Decid: El que esparció a Israel lo reunirá, y lo guardará como el pastor a su rebaño; porque el Señor redimió a Jacob, y lo libró de la mano del que era más fuerte que él».

Que Cristo había de ser la casa y el templo de Dios, y que el antiguo templo había de cesar, y comenzar el nuevo

En el segundo libro de los Reyes: «Y vino palabra del Señor a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así dice el Señor: No me edificarás tú casa en que yo habite; sino que, cuando tus días se hayan cumplido y duermas con tus padres, levantaré tu descendencia después de ti, la cual procederá de tus entrañas, y prepararé su reino. Él me edificará casa en mi nombre, y yo levantaré su trono para siempre; y yo seré para él padre, y él será para mí hijo; y su casa alcanzará firmeza, y su reino para siempre delante de mí». También en el Evangelio dice el Señor: «No quedará en el templo piedra sobre piedra que no sea derribada». Y: «Después de tres días se levantará otro, hecho sin manos».

Que el antiguo sacrificio había de ser anulado, y celebrarse uno nuevo

En Isaías: «¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios?, dice el Señor. Estoy harto; no quiero holocaustos de carneros, ni sebo de corderos, ni sangre de toros y de machos cabríos. Porque ¿quién demandó esto de vuestras manos?». También en el salmo cuarenta y nueve: «No comeré carne de toros, ni beberé sangre de machos cabríos. Ofreced a Dios sacrificio de alabanza, y pagad vuestros votos al Altísimo. Invócame en el día de la angustia, y te libraré, y tú me glorificarás». En el mismo salmo, además: «El sacrificio de alabanza me glorificará; ese es el camino en que le mostraré la salvación de Dios». También en el salmo cuarto: «Ofreced sacrificio de justicia, y esperad en el Señor». Asimismo en Malaquías: «No tengo complacencia en vosotros, dice el Señor, ni aceptaré de vuestras manos ofrenda. Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, mi nombre es glorificado entre los gentiles; y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y una ofrenda pura, porque grande es mi nombre entre las naciones, dice el Señor».

Que el antiguo sacerdocio había de cesar, y vendría un nuevo sacerdote que sería para siempre

En el salmo 109: «Antes del lucero de la mañana te engendré. Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». También en el primer libro de los Reyes dice Dios al sacerdote Elí: «Y me levantaré un sacerdote fiel, que hará todo lo que está en mi corazón; y le edificaré casa firme, y andará delante de mis ungidos todos los días. Y sucederá que cualquiera que quede en tu casa vendrá a postrarse por un óbolo de dinero y por un pan».

Que se prometió otro Profeta semejante a Moisés, es decir, uno que daría un nuevo testamento y a quien más bien había que escuchar

En el Deuteronomio dijo Dios a Moisés: «Y el Señor me dijo: Un Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú, y pondré mi palabra en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande. Y a cualquiera que no oiga todo lo que ese Profeta hable en mi nombre, yo le pediré cuentas». Del cual dice también Cristo en el Evangelio según Juan: «Escudriñad las Escrituras, en las cuales os parece que tenéis la vida eterna. Ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para tener vida. No penséis que yo os acuso delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien esperáis. Porque si hubierais creído a Moisés, me creeríais también a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras?».

Que se predijeron dos pueblos, el mayor y el menor; esto es, el antiguo pueblo de los judíos, y el nuevo, que estaría formado por nosotros

En el Génesis: «Y el Señor dijo a Rebeca: Dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; y un pueblo vencerá al otro pueblo, y el mayor servirá al menor». También en Oseas: «Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, y amada a la que no era amada. Porque sucederá que en el lugar donde se les llame no pueblo mío, serán llamados hijos del Dios viviente».

Que la Iglesia, que antes había sido estéril, tendría de entre los gentiles más hijos de los que antes había tenido la sinagoga

En Isaías: «Regocíjate, estéril, la que no daba a luz; prorrumpe y clama, la que no estaba de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la que tiene marido. Porque el Señor ha dicho: Ensancha el sitio de tu tienda y de tus cortinas, y afiánzalas; no escatimes, alarga tus medidas y refuerza tus estacas; extiéndete aún a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia poseerá las naciones, y habitará las ciudades desiertas. No temas, porque vencerás; ni tengas miedo porque eres maldita, porque olvidarás tu confusión eterna». Así también, en el caso de Abraham, después de nacerle su primer hijo de una esclava, Sara permaneció largo tiempo estéril; y ya tarde, en la vejez, dio a luz a su hijo Isaac, el de la promesa, que fue figura de Cristo. Así también Jacob tomó dos esposas: la mayor, Lea, de ojos débiles, figura de la sinagoga; la menor, la hermosa Raquel, figura de la Iglesia, que también permaneció largo tiempo estéril y después dio a luz a José, quien también fue él mismo figura de Cristo. Y en el primero de los Reyes se dice que Elcana tenía dos mujeres: Penina, con sus hijos, y Ana, estéril, de la cual nace Samuel, no según el orden de la generación, sino según la misericordia y la promesa de Dios, después de haber orado ella en el templo; y Samuel, una vez nacido, fue figura de Cristo. También en el primer libro de los Reyes: «La estéril dio a luz siete, y la que tenía muchos hijos ha desfallecido». Pero los siete hijos son las siete iglesias. Por eso también Pablo escribió a siete iglesias, y el Apocalipsis presenta siete iglesias, para que se guarde el número siete; como los siete días en que Dios hizo el mundo; como los siete ángeles que están en pie y entran y salen delante del rostro de Dios, como dice el ángel Rafael en Tobías; y el candelero de siete brazos en el tabernáculo del testimonio; y los siete ojos de Dios, que vigilan sobre el mundo; y la piedra de siete ojos, como dice Zacarías; y los siete espíritus; y los siete candeleros del Apocalipsis; y las siete columnas sobre las que la Sabiduría edificó su casa, en Salomón.

Que más bien los gentiles creerían en Cristo

En el Génesis: «Y el Señor Dios dijo a Abraham: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y de la casa de tu padre, y ve a la tierra que yo te mostraré; y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendito; y bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las tribus de la tierra». Sobre este mismo punto en el Génesis: «E Isaac bendijo a Jacob: He aquí, el olor de mi hijo es como el olor de un campo fértil que el Señor ha bendecido; Dios te dé del rocío del cielo, y de la fertilidad de la tierra, abundancia de trigo, y de vino, y de aceite; y te obedezcan los pueblos, y te adoren los príncipes; y serás señor de tu hermano, y los hijos de tu padre te adorarán; y el que te maldiga será maldito, y el que te bendiga será bendito». Sobre esto también en el Génesis: «Pero cuando José vio que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le pareció mal; y José asió la mano de su padre para quitarla de la cabeza de Efraín y pasarla a la cabeza de Manasés. Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque este es el primogénito; pon tu diestra sobre su cabeza. Pero él no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él será un pueblo, y será enaltecido; pero su hermano menor será mayor que él, y su descendencia vendrá a ser multitud de naciones». Además en el Génesis: «Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano estará sobre la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre te adorarán. Cachorro de león es Judá; del tierno retoño, hijo mío, subiste; te echaste y dormiste como león, y como cachorro de león. ¿Quién lo despertará? No faltará príncipe de Judá, ni caudillo de sus lomos, hasta que venga lo que le está reservado; y él es la esperanza de las naciones; atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna; lavará en el vino sus vestidos, y en la sangre de la uva su manto; terribles son sus ojos por el vino, y sus dientes más blancos que la leche». Por eso en Números está escrito acerca de nuestro pueblo: «He aquí el pueblo se levantará como pueblo semejante al león». En el Deuteronomio: «Vosotros, gentiles, seréis por cabeza; pero este pueblo incrédulo será por cola». También en Jeremías: «Oíd el sonido de la trompeta. Y dijeron: No oiremos; por eso oirán las naciones, y los que apacientan sus ganados entre ellas». En el salmo diecisiete: «Me establecerás por cabeza de las naciones; pueblo que yo no conocía me sirvió; al oír de oído me obedecieron». Sobre esto mismo dice el Señor en Jeremías: «Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que salieses del seno te santifiqué, y te establecí por profeta entre las naciones». También en Isaías: «He aquí que lo he manifestado por testigo a las naciones, por príncipe y caudillo a los pueblos». También en el mismo: «Naciones que no te conocieron te invocarán, y pueblos que te ignoraban acudirán a ti». En el mismo, además: «Y en aquel día habrá una raíz de Isaí, que se levantará para regir a todas las naciones; en él esperarán los gentiles, y su descanso será honra». En el mismo otra vez: «Tierra de Zabulón, y tierra de Neftalí, camino del mar, y vosotros los demás que habitáis las regiones marítimas, y al otro lado del Jordán, de las naciones: pueblo que andáis en tinieblas, ved una gran luz; vosotros que habitáis en la región de sombra de muerte, la luz resplandecerá sobre vosotros». También en el mismo: «Así dice el Señor Dios a Cristo, mi Señor, a quien tomé de la mano derecha, para que las naciones lo oigan; y quebrantaré la fuerza de los reyes, abriré delante de él puertas, y las ciudades no se cerrarán». También en el mismo: «Vengo a reunir a todas las naciones y lenguas; y vendrán, y verán mi gloria. Y enviaré sobre ellos un estandarte, y enviaré a los que de ellos sean salvados a las naciones que están lejos, que no han oído mi nombre ni han visto mi gloria; y anunciarán mi gloria entre las naciones». También en el mismo: «Y en todas estas cosas no se convierten; por tanto, alzará estandarte a las naciones que están lejos, y las atraerá desde el extremo de la tierra». También en el mismo: «Los que nada habían oído de él verán, y los que no habían oído entenderán». También en el mismo: «Me he manifestado a los que no me buscaban; he sido hallado por los que no preguntaban por mí. Dije: Heme aquí, a una nación que no invocaba mi nombre». Sobre esto mismo, en los Hechos de los Apóstoles, dice Pablo: «Era necesario que la palabra de Dios se os anunciara primero a vosotros; mas puesto que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles; porque así dijo el Señor por las Escrituras: He aquí te he puesto por luz de las naciones, para que seas salvación hasta lo último de la tierra».

Que los judíos perderían, y nosotros recibiríamos, el pan y la copa de Cristo y toda su gracia, y que el nuevo nombre de cristianos sería bendito en la tierra

En Isaías: «Así dice el Señor: He aquí que los que me sirven comerán, y vosotros tendréis hambre; he aquí que los que me sirven beberán, y vosotros tendréis sed; he aquí que los que me sirven se alegrarán, y vosotros seréis avergonzados; el Señor os matará. Pero a los que me sirven se les llamará con un nombre nuevo, que será bendito en la tierra». También en el mismo lugar: «Por tanto, alzará estandarte a las naciones que están lejos, y las atraerá desde el extremo de la tierra; y he aquí que vendrán pronto y velozmente; no tendrán hambre ni sed». También en el mismo lugar: «He aquí, pues, que el Soberano, el Señor de los ejércitos, quitará de Judá y de Jerusalén al hombre sano y al fuerte, el sustento del pan y el sustento del agua». Asimismo en el salmo treinta y tres: «Gustad, y ved cuán suave es el Señor. Bienaventurado el hombre que espera en él. Temed al Señor Dios, todos sus santos, porque nada falta a los que le temen. Los ricos pasaron necesidad y tuvieron hambre; pero los que buscan al Señor no tendrán falta de ningún bien». Además, en el Evangelio según Juan, dice el Señor: «Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que confía en mí no tendrá sed jamás». Asimismo dice allí: «Si alguno tiene sed, venga y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre». Además, dice en el mismo lugar: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre y bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros».

Que más bien los gentiles que los judíos alcanzan el reino de los cielos

En el Evangelio dice el Señor: «Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, e Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos; pero los hijos del reino saldrán a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes».

Que solo así pueden los judíos recibir el perdón de sus pecados: si lavan en su bautismo la sangre de Cristo, a quien mataron, y, pasando a su Iglesia, obedecen sus preceptos

En Isaías dice el Señor: «Ya no os perdonaré vuestros pecados. Cuando extendáis vuestras manos, apartaré de vosotros mi rostro; y aunque multipliquéis las oraciones, no os oiré; porque vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, limpiaos; quitad la maldad de vuestras almas de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio; amparad al que padece injuria; haced justicia al huérfano, y justificad a la viuda. Y venid, y razonemos juntos, dice el Señor: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve los emblanqueceré; y aunque fueran como el carmesí, como la lana los emblanqueceré. Si queréis y me escucháis, comeréis el bien de la tierra; pero si no queréis, y no me oís, la espada os consumirá; porque la boca del Señor ha dicho estas cosas».

Capítulos

Libro segundo.

Capítulos.

1. Que Cristo es el Primogénito, y que es la Sabiduría de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas.

2. Que Cristo es la Sabiduría de Dios; y sobre el sacramento de su encarnación, y de su pasión, y del cáliz, y del altar, y de los apóstoles que fueron enviados y predicaron.

3. Que Cristo es también él mismo el Verbo de Dios.

4. Que el mismo Cristo es la Mano y el Brazo de Dios.

5. Que el mismo es Ángel y Dios.

6. Que Cristo es Dios.

7. Que Cristo nuestro Dios había de venir como Iluminador y Salvador del género humano.

8. Que, aunque desde el principio había sido Hijo de Dios, debía ser engendrado de nuevo según la carne.

9. Que la señal de su nacimiento sería esta: que nacería de una virgen, hombre y Dios, Hijo del hombre y de Dios.

10. Que Cristo es hombre y Dios, compuesto de ambas naturalezas, para ser Mediador entre nosotros y el Padre.

11. Que había de nacer de la descendencia de David según la carne.

12. Que había de nacer en Belén.

13. Que había de venir en humildad en su primera venida.

14. Que él era el Justo a quien los judíos habían de dar muerte.

15. Que fue llamado Oveja y Cordero que había de ser inmolado, y sobre el sacramento de la pasión.

16. Que es llamado también Piedra.

17. Que después esa piedra había de convertirse en un monte y llenar toda la tierra.

18. Que en los últimos tiempos había de manifestarse ese mismo monte, al que acudirían los gentiles y al que subirían los justos.

19. Que él es el Esposo, que tiene a la Iglesia por esposa, de la cual habían de nacer hijos espiritualmente.

20. Que los judíos lo clavarían en la cruz.

21. Que en la pasión y en la señal de la cruz está toda la virtud y todo el poder.

22. Que en esta señal de la cruz está la salvación para todos los que son marcados en la frente.

23. Que al mediodía, durante su pasión, habría tinieblas.

24. Que no sería vencido por la muerte ni permanecería en el infierno.

25. Que resucitaría del infierno al tercer día.

26. Que, una vez resucitado, recibiría de su Padre todo poder, y su poder sería eterno.

27. Que es imposible llegar a Dios Padre sino por medio del Hijo, Jesucristo.

28. Que ha de venir como Juez.

29. Que ha de reinar como Rey para siempre.

30. Que él es a la vez Juez y Rey.

Que Cristo es el Primogénito, y que es la Sabiduría de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas

Testimonios.

1. Que Cristo es el Primogénito, y que es la Sabiduría de Dios, por quien todas las cosas fueron hechas.

En Salomón, en los Proverbios: «El Señor me estableció en el principio de sus caminos, para sus obras; antes del mundo me fundó. En el principio, antes de que hiciera la tierra y antes de que dispusiera los abismos, antes de que brotaran las fuentes de las aguas, antes de que los montes fuesen asentados, antes de todos los collados, el Señor me engendró. Hizo las regiones y los lugares inhabitables, y los confines inhabitables bajo el cielo. Cuando preparaba los cielos, allí estaba yo con él; y cuando apartaba su trono. Cuando afirmaba las nubes fuertes sobre los vientos, y cuando colocaba las fuentes reforzadas bajo el cielo, cuando hacía los poderosos fundamentos de la tierra, yo estaba a su lado, ordenándolo todo; yo era aquel en quien él se deleitaba; además, cada día me regocijaba delante de su rostro en todo tiempo, cuando él se regocijaba en la tierra acabada». Asimismo en el mismo libro, en el Eclesiástico: «Yo salí de la boca del Altísimo, primogénita antes de toda criatura; hice nacer en los cielos la luz que no desfallece, y cubrí como una nube toda la tierra; habité en las alturas, y mi trono estaba en la columna de nube; recorrí el círculo del cielo, penetré en la profundidad del abismo, anduve sobre las olas del mar y me establecí en toda la tierra; en todo pueblo y en toda nación tuve la preeminencia, y con mi propia fuerza he hollado los corazones de todos, excelsos y humildes; en mí está toda esperanza de vida y de virtud; venid a mí todos los que me deseáis». Asimismo en el salmo ochenta y ocho: «Y yo lo pondré por mi primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra. Para siempre le guardaré mi misericordia, y mi pacto fiel con él; y estableceré su descendencia por los siglos de los siglos. Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios; si profanaren mis juicios, y no guardaren mis mandamientos, entonces castigaré con vara sus maldades, y con azotes sus pecados; mas no apartaré de ellos mi misericordia». Asimismo en el Evangelio según Juan dice el Señor: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú junto a ti, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese hecho». Asimismo Pablo a los Colosenses: «El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura». Asimismo en el mismo lugar: «El primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia». También en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida». Que él es también la sabiduría y el poder de Dios lo prueba Pablo en su primera epístola a los Corintios: «Porque los judíos piden señal, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios».

Que Cristo es la Sabiduría de Dios; y sobre el sacramento de su encarnación y de su pasión, y del cáliz y del altar; y de los apóstoles que fueron enviados y predicaron

En Salomón, en los Proverbios: «La Sabiduría edificó su casa, y puso debajo de ella siete columnas; mató sus víctimas, mezcló su vino en la copa y aderezó su mesa, y envió a sus criados, convocando en alta voz a la copa, diciendo: El que sea simple, vuélvase a mí; y a los faltos de entendimiento les dijo: Venid, comed de mis panes, y bebed del vino que os he mezclado. Dejad la necedad, buscad la sabiduría y enderezad el conocimiento con la inteligencia».

Que el mismo Cristo es el Verbo de Dios

En el salmo cuarenta y cuatro: «Mi corazón ha exhalado un buen Verbo. Dirijo al Rey mis obras». Asimismo en el salmo treinta y dos: «Por la palabra de Dios fueron afirmados los cielos, y todo su poder por el aliento de su boca». Asimismo en Isaías: «Palabra que consuma y abrevia en justicia, porque Dios hará una palabra abreviada en toda la tierra». Asimismo en el salmo 106: «Envió su palabra, y los sanó». Además, en el Evangelio según Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y Dios era el Verbo. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprendieron». Asimismo en el Apocalipsis: «Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, que juzgaba con rectitud y justicia, y hacía la guerra. Y estaba vestido de una ropa salpicada de sangre; y su nombre es llamado el Verbo de Dios».

Que Cristo es la Mano y el Brazo de Dios

En Isaías: «¿Acaso no es fuerte la Mano de Dios para salvar? ¿O ha agravado su oído, de modo que no pueda oír? Pero vuestros pecados hacen separación entre vosotros y Dios, y por causa de vuestros pecados aparta de vosotros su rostro, para no tener misericordia. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de pecados. Además, vuestros labios han hablado maldad, y vuestra lengua medita injusticia. Nadie habla verdad, ni hay juicio verdadero; confían en la vanidad y hablan vaciedad; conciben dolor y dan a luz maldad». Asimismo en el mismo lugar: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el Brazo de Dios?». Asimismo en el mismo: «Así dice el Señor: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? ¿O cuál es el lugar de mi reposo? Porque todas estas cosas las hizo mi mano». Asimismo en el mismo: «Oh Señor Dios, alto es tu Brazo, y no lo conocieron; pero cuando lo conozcan, serán confundidos». Asimismo en el mismo: «El Señor desnudó su Brazo, su santo Brazo, ante los ojos de todas las naciones; y todas las naciones, hasta los confines de la tierra, verán la salvación que viene de Dios». Asimismo en el mismo lugar: «He aquí que te he puesto como las ruedas de un carro trillador, nuevas y vueltas sobre sí mismas»; y trillarás los montes, y desmenuzarás los collados, y los harás como paja, y los aventarás; y el viento los arrebatará, y el torbellino los esparcirá; pero tú te gozarás en los santos de Israel; y los pobres y necesitados se alegrarán. Porque buscarán agua, y no la habrá; porque su lengua se secará de sed. Yo, el Señor Dios, yo, el Dios de Israel, los oiré y no los desampararé; sino que abriré ríos en los montes, y fuentes en medio de los campos. Convertiré los desiertos en arboledas regadas, y la tierra sedienta en manantiales de aguas. Plantaré en la tierra de sequía el cedro y el boj, el mirto y el ciprés, el olmo y el álamo, para que vean y reconozcan, y sepan y crean a una, que la Mano del Señor hizo estas cosas, y el Santo de Israel las mostró».

Que Cristo es a la vez Ángel y Dios

En el Génesis, a Abraham: «Y el Ángel del Señor lo llamó desde el cielo, y le dijo: ¡Abraham, Abraham! Y él respondió: Heme aquí. Y le dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a tu Dios, pues no has perdonado a tu hijo, tu hijo amado, por causa de mí». Asimismo en el mismo lugar, a Jacob: «Y el Ángel del Señor me habló en sueños: Yo soy el Dios a quien viste en el lugar de Dios, donde me ungiste una columna de piedra y me hiciste un voto». Asimismo en el Éxodo: «Y Dios iba delante de ellos de día en una columna de nube, para mostrarles el camino, y de noche en una columna de fuego». Y después, en el mismo lugar: «Y el Ángel de Dios, que iba delante del ejército de los hijos de Israel, avanzó». Asimismo en el mismo lugar: «He aquí, yo envío mi Ángel delante de tu rostro, para que te guarde en el camino y te introduzca en la tierra que yo te he preparado. Atiéndele, y oye su voz, y no le seas rebelde, y él no te faltará; porque mi Nombre está en él». De donde él mismo dice en el Evangelio: «Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a ese recibiréis». Y otra vez en el salmo 117: «Bendito el que viene en el nombre del Señor». Asimismo en Malaquías: «Mi pacto de vida y de paz fue con Leví, y le di temor, para que me temiese y se retirase de delante de mi nombre. La ley de verdad estuvo en su boca, e iniquidad no fue hallada en sus labios; corrigiendo con lengua de paz anduvo con nosotros, e hizo apartarse de la iniquidad a muchos. Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca buscarán la ley; porque él es el Ángel del Todopoderoso».

Que Cristo es Dios

En el Génesis: «Y dijo Dios a Jacob: Levántate y sube al lugar de Betel, y quédate allí; y haz allí un altar al Dios que se te apareció cuando huías de delante de Esaú tu hermano». Asimismo en Isaías: «Así dice el Señor, el Dios de Sabaot: Egipto se ha fatigado, y la mercancía de los etíopes y los sabeos, hombres de elevada estatura, pasarán a ti y serán tuyos; y andarán en pos de ti atados con cadenas; y te adorarán y te suplicarán, porque Dios está en ti, y no hay otro Dios fuera de ti. Porque tú eres Dios, y no lo sabíamos, oh Dios de Israel, Salvador nuestro. Serán confundidos y temerán todos los que se te oponen, y caerán en confusión». Igualmente en el mismo: «Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad las sendas de nuestro Dios. Todo valle será rellenado, y todo monte y collado será rebajado, y lo torcido se enderezará, y lo áspero se allanará; y se manifestará la gloria del Señor, y toda carne verá la salvación de Dios, porque el Señor lo ha dicho». Además, en Jeremías: Este es nuestro Dios, y ningún otro será tenido en cuenta fuera de él, que halló todo el camino de la ciencia y lo dio a Jacob su hijo y a Israel su amado. Después de esto fue visto sobre la tierra y conversó con los hombres». Asimismo en Zacarías dice Dios: «Y pasarán por el mar estrecho, y herirán las olas en el mar, y se secarán todas las profundidades de los ríos; y será confundida toda la soberbia de los asirios, y será quitado el cetro de Egipto. Y yo los fortaleceré en el Señor su Dios, y en su nombre se gloriarán, dice el Señor». Además, en Oseas dice el Señor: «No ejecutaré el ardor de mi indignación; no permitiré que Efraín sea destruido; porque yo soy Dios, y no hay en ti hombre santo; y no entraré en la ciudad; iré en pos de Dios». Asimismo en el salmo cuarenta y cuatro: «Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; cetro de justicia es el cetro de tu reino. Has amado la justicia y aborrecido la maldad; por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, con óleo de alegría más que a tus compañeros». Así también en el salmo cuarenta y cinco: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré en la tierra». Asimismo en el salmo ochenta y uno: «No saben, no entienden; andarán en tinieblas». Asimismo en el salmo sesenta y siete: «Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; abrid camino al que sube hacia el occidente: Dios es su nombre». Asimismo en el Evangelio según Juan: «En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y Dios era el Verbo». Asimismo en el mismo: «Dijo el Señor a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y no seas incrédulo, sino creyente. Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, has creído; bienaventurados los que no vieron, y creyeron». Asimismo Pablo a los Romanos: «Desearía yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto (a Dios) y las promesas; de quienes son los padres, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos». Asimismo en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin: al que tenga sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua viva. El que venciere poseerá estas cosas y su herencia; y yo seré su Dios, y él será mi hijo». Asimismo en el salmo ochenta y uno: «Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga». Y otra vez en el mismo lugar: «Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo; pero como hombres moriréis». Pues si los que fueron justos y obedecieron los preceptos divinos pueden ser llamados dioses, ¡cuánto más es Dios Cristo, el Hijo de Dios! Así lo dice él mismo en el Evangelio según Juan: «¿No está escrito en la ley: Yo dije, dioses sois? Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, ¿al que el Padre santificó y envió al mundo vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, y conoced que el Padre está en mí, y yo en él». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Y llamaréis su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros».

Que Cristo nuestro Dios había de venir como Iluminador y Salvador del género humano

En Isaías: «Confortaos, manos debilitadas; y vosotras, rodillas débiles, fortaleceos. Los de corazón apocado, no temáis. Nuestro Dios dará el pago del juicio; él mismo vendrá y nos salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos oirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y se entenderá la lengua del mudo; porque en el desierto brotaron las aguas, y torrentes en la tierra sedienta». Asimismo en aquel lugar: «No un anciano ni un ángel, sino el Señor mismo los librará; porque los amará y los perdonará, y él mismo los redimirá». Asimismo en el mismo lugar: «Yo, el Señor Dios, te he llamado en justicia, para tomarte de la mano, y te confortaré; y te he dado por pacto de mi pueblo, por luz de las naciones; para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de las cadenas a los presos, y de la cárcel a los que moran en tinieblas. Yo soy el Señor Dios; este es mi nombre. A otro no daré mi gloria, ni mis poderes a las esculturas». Asimismo en el salmo veinticuatro: «Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas; encamíname en tu verdad, y enséñame, porque tú eres el Dios de mi salvación». De ahí que en el Evangelio según Juan diga el Señor: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Además, en el que es según Mateo, el ángel Gabriel dice a José: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que nacerá de ella es del Espíritu Santo. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados». Asimismo en el que es según Lucas: «Y Zacarías fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: Bendito el Señor Dios de Israel, que ha previsto la redención para su pueblo, y nos levantó un cuerno de salvación en la casa de David su siervo». Asimismo en el mismo lugar el ángel dijo a los pastores: «No temáis; porque he aquí os doy nuevas de que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Jesús».

Que, aunque desde el principio había sido Hijo de Dios, debía ser engendrado de nuevo según la carne

En el salmo segundo: «El Señor me ha dicho: Mi Hijo eres tú; yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra». Asimismo en el Evangelio según Lucas: «Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde me viene esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?». Asimismo Pablo a los Gálatas: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer». Asimismo en la Epístola de Juan: «Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne es de Dios; pero todo el que niega que ha venido en carne no es de Dios, sino que es del espíritu del Anticristo».

Que la señal de su nacimiento sería esta: que nacería de una virgen, hombre y Dios, hijo de hombre e Hijo de Dios

En Isaías: «Y siguió hablando el Señor a Acaz, diciendo: Pide para ti señal del Señor tu Dios, en lo alto arriba o en lo profundo abajo. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré al Señor mi Dios. Y dijo él: Oíd ahora, casa de David: no es para vosotros pequeña contienda con los hombres, puesto que Dios proporciona la lucha. Por eso Dios mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamaréis su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel; antes que sepa preferir lo malo, cambiará lo bueno». Dios había predicho que esta descendencia procedería de la mujer que había de pisar la cabeza del diablo. En el Génesis: «Entonces dijo Dios a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las especies de las bestias de la tierra. Sobre tu pecho y tu vientre te arrastrarás, y la tierra será tu alimento todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y su descendencia. Él acechará tu cabeza, y tú acecharás su calcañar».

Que Cristo es a la vez hombre y Dios, compuesto de ambas naturalezas, para ser Mediador entre nosotros y el Padre

En Jeremías: «Y es hombre, ¿y quién lo conocerá?». Asimismo en Números: «Saldrá una Estrella de Jacob, y se levantará un hombre de Israel». Asimismo en el mismo lugar: «Saldrá un Hombre de su descendencia, y dominará sobre muchas naciones; y su reino será exaltado como Gog, y su reino será engrandecido; y Dios lo sacó de Egipto. Su gloria es como la del unicornio, y devorará a las naciones de sus enemigos, y sacará el tuétano de su grosura, y traspasará a su enemigo con sus saetas. Se encorvó y se echó como león, y como cachorro de león; ¿quién lo despertará? Benditos los que te bendicen, y malditos los que te maldicen». Asimismo en Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido; me ha enviado a dar buenas nuevas a los pobres, a sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos y vista a los ciegos, a proclamar el año agradable del Señor y el día de la retribución». De ahí que, en el Evangelio según Lucas, Gabriel dice a María: «Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios». Asimismo en la primera epístola de Pablo a los Corintios: «El primer hombre es del lodo de la tierra; el segundo hombre es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traigamos también la imagen del celestial».

Que Cristo había de nacer de la descendencia de David según la carne

En el libro segundo de los Reyes: «Y vino palabra del Señor a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así dice el Señor: Tú no me edificarás casa en que yo more; sino que acontecerá que, cuando tus días sean cumplidos y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a tu descendencia, la cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré su trono para siempre; y yo le seré a él Padre, y él me será a mí Hijo; y su casa alcanzará confianza, y su reino para siempre delante de mí». Asimismo en Isaías: «Y saldrá una vara de la raíz de Isaí, y una flor subirá de su raíz; y reposará sobre él el Espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de piedad; y lo llenará el espíritu del temor del Señor». Asimismo en el salmo 131: «Juró Dios la verdad a David mismo, y no se retractará de ella: Del fruto de tu vientre pondré sobre mi trono». Asimismo en el Evangelio según Lucas: «Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. He aquí, concebirás y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Asimismo en el Apocalipsis: «Y vi en la mano derecha de Dios, que estaba sentado en el trono, un libro escrito por dentro y por detrás, sellado con siete sellos; y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de recibir el libro y de abrir sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni siquiera mirarlo. Y yo lloraba mucho, porque no se había hallado a nadie digno de abrir el libro, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores; he aquí que el León de la tribu de Judá, la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos».

Que Cristo había de nacer en Belén

En Miqueas: «Y tú, Belén, casa de Efrata, no eres pequeña para ser contada entre los millares de Judá. De ti me saldrá el que será príncipe en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de antaño». Asimismo en el Evangelio: «Y cuando Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes, he aquí vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos con presentes a adorarle».

Que Cristo había de venir en humildad en su primera venida

En Isaías: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el Brazo del Señor? Anunciamos en su presencia como niños, como raíz de tierra seca. No hay en él forma ni gloria; y lo vimos, y no tenía forma ni hermosura; antes su aspecto era sin honra, y menguado más que el de los otros hombres. Era hombre puesto en la llaga, y que sabía sobrellevar la flaqueza; porque su rostro fue apartado, fue deshonrado y no fue estimado. Él lleva nuestros pecados, y por nosotros se duele; y nosotros pensábamos que estaba en dolor, en herida y en aflicción; mas él fue herido por nuestras rebeliones, y debilitado por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas; el hombre se apartó por su camino. Y Dios lo entregó por nuestros pecados; y él, por haber sido afligido, no abrió su boca». Asimismo en el mismo: «No soy rebelde, ni contradigo. Di mi espalda a los azotes, y mis mejillas a las palmas de las manos. Además, no aparté mi rostro de la inmundicia de los esputos, y Dios fue mi ayudador». Asimismo en el mismo: «No gritará, ni nadie oirá su voz en las calles. No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humea; sino que sacará el juicio en verdad. Resplandecerá y no será quebrantado, hasta que establezca en la tierra el juicio; y en su nombre esperarán las naciones». Asimismo en el salmo veintiuno: «Mas yo soy gusano, y no hombre; maldición de los hombres y desecho del pueblo. Todos los que me veían me menospreciaban, y hablaban entre sus labios, y meneaban la cabeza: Esperó en el Señor; líbrelo él; sálvelo, puesto que en él se complacía». Asimismo en aquel lugar: «Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar». Asimismo en Zacarías: «Y me mostró el Señor a Jesús, el gran sacerdote, que estaba delante del rostro del Ángel del Señor, y el diablo estaba a su mano derecha para acusarle. Y Jesús estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del rostro del mismo Ángel; y él respondió y habló a los que estaban delante de su rostro, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tus iniquidades. Y vestidle de vestidura sacerdotal, y poned una mitra limpia sobre su cabeza». Asimismo Pablo a los Filipenses: «El cual, estando establecido en la forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios lo exaltó, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y en los infiernos; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, en la gloria de Dios Padre».

Que él es el Justo a quien los judíos habían de dar muerte

En la Sabiduría de Salomón: «Apoderémonos del justo, porque nos es molesto, y se opone a nuestras obras, y nos echa en cara nuestras transgresiones de la ley. Se jacta de tener el conocimiento de Dios, y se llama a sí mismo Hijo de Dios; se ha hecho para nosotros un reproche de nuestros pensamientos; nos es gravoso aun el mirarlo, porque su vida es distinta de la de los demás, y sus caminos son diferentes. Nos tiene por frívolos, y se aparta de nuestros caminos como de una inmundicia; ensalza el fin postrero de los justos, y se gloría de tener a Dios por Padre. Veamos, pues, si sus palabras son verdaderas, y probemos qué le sucederá. Interroguémosle con ultraje y tormento, para que conozcamos su reverencia y probemos su paciencia. Condenémosle a una muerte ignominiosísima. Esto pensaron, y se engañaron; porque su malicia los cegó, y no conocieron los sacramentos de Dios». Asimismo en Isaías: «Mirad cómo perece el justo, y no hay quien lo entienda; y los hombres justos son quitados, y no hay quien lo considere. Porque el justo es quitado de delante de la iniquidad, y su sepultura será en paz». Sobre esto mismo se había predicho en el Éxodo: «No matarás al inocente y al justo». Asimismo en el Evangelio: «Judas, movido por el arrepentimiento, dijo a los sacerdotes y a los ancianos: He pecado entregando sangre inocente».

Que Cristo es llamado oveja y cordero que había de ser inmolado; y sobre el sacramento (misterio) de la pasión

En Isaías: «Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero delante del que lo trasquila, enmudeció, y no abrió su boca. En su humillación le fue quitado su juicio; ¿quién contará su nacimiento? Porque su vida será quitada de la tierra. Por las rebeliones de mi pueblo fue llevado a la muerte; y daré a los impíos por su sepultura, y a los ricos por su muerte; porque no hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Por tanto, ganará a muchos, y repartirá los despojos de los fuertes; porque su alma fue entregada a la muerte, y fue contado con los transgresores. Y él llevó los pecados de muchos, y fue entregado por sus delitos». Asimismo en Jeremías: «Señor, dame conocimiento, y lo conoceré; entonces vi sus maquinaciones. Fui llevado como cordero sin malicia al matadero; contra mí tramaron designios, diciendo: Venid, echemos el leño en su pan, y borremos su vida de la tierra, y su nombre no será más recordado». Asimismo en el Éxodo dijo Dios a Moisés: «Tómese cada uno una oveja, por las casas de las tribus; una oveja sin defecto, perfecta, macho, de un año os será. La tomaréis de los corderos o de las cabras, y la inmolará toda la congregación de la sinagoga de los hijos de Israel al atardecer; y tomarán de su sangre, y la pondrán en los dos postes y en el umbral de las casas, en las mismas casas en que la han de comer. Y comerán la carne aquella misma noche, asada al fuego; y comerán panes sin levadura con hierbas amargas. No comeréis de ella cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; la cabeza con las patas y las entrañas. No dejaréis nada de ella para la mañana; y no quebraréis hueso suyo. Y lo que de ella quede hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. Y así la comeréis: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestras manos; y la comeréis apresuradamente: es la Pascua del Señor». Asimismo en el Apocalipsis: «Y vi en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, un Cordero en pie como inmolado, que tenía siete cuernos y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. Y vino y tomó el libro de la mano derecha de Dios, que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de perfumes de súplicas, que son las oraciones de los santos; y cantaban un cántico nuevo, diciendo: Digno eres, oh Señor, de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y nos has redimido con tu sangre de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios un reino, y nos has hecho sacerdotes, y reinarán sobre la tierra». Asimismo en el Evangelio: «El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: ¡He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita los pecados del mundo!».

Que Cristo es llamado también Piedra

En Isaías: «Así dice el Señor: He aquí que yo pongo en los cimientos de Sion una piedra preciosa, escogida, principal, piedra angular, honrosa; y el que confíe en él no será confundido». Asimismo en el salmo 117: «La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte del Señor es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Este es el día que hizo el Señor; nos gozaremos y alegraremos en él. Oh Señor, salva pues; oh Señor, endereza pues. Bendito el que viene en el nombre del Señor». Asimismo en Zacarías: «He aquí, yo traigo a mi siervo. Oriente es su nombre, porque la piedra que he puesto delante del rostro de Jesús; sobre esta única piedra hay siete ojos». Asimismo en el Deuteronomio: «Y escribirás sobre la piedra toda esta ley, muy claramente». Asimismo en Jesús hijo de Navé: «Y tomó una gran piedra, y la puso allí delante del Señor; y dijo Jesús al pueblo: He aquí, esta piedra os será por testimonio, porque ella ha oído todas las cosas que fueron dichas por el Señor, las que él os ha hablado hoy; y os será por testimonio en los últimos días, cuando os hayáis apartado de vuestro Dios». Asimismo en los Hechos de los Apóstoles, Pedro: «Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel, escuchad: He aquí que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho al hombre enfermo, por el cual ha sido sanado. Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano, y por ningún otro. Este es la piedra menospreciada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Porque no hay otro nombre dado a los hombres bajo el cielo en que podamos ser salvos». Esta es la piedra del Génesis que Jacob pone a su cabecera, porque la cabeza del hombre es Cristo; y mientras dormía vio una escalera que llegaba al cielo, en lo alto de la cual estaba el Señor, y ángeles que subían y descendían. Y esta piedra, designando a Cristo, la consagró y la ungió con el sacramento de la unción. Esta es la piedra del Éxodo sobre la que Moisés se sentó en la cumbre de un collado cuando Jesús hijo de Navé peleaba contra Amalec; y por el sacramento de la piedra y la firmeza de su asiento, Amalec fue vencido por Jesús, es decir, el diablo fue vencido por Cristo. Esta es la gran piedra del primer libro de los Reyes, sobre la cual fue colocada el arca del pacto cuando los bueyes la trajeron de vuelta en el carro, enviada y devuelta por los extranjeros. Asimismo, esta es la piedra del primer libro de los Reyes con la que David hirió en la frente a Goliat y lo mató; significando que el diablo y sus siervos son derribados por ella, a saber, vencida aquella parte de la cabeza que no tuvieron sellada. Y por este sello también nosotros estamos siempre seguros y vivimos. Esta es la piedra que, cuando Israel hubo vencido a los extranjeros, Samuel levantó y llamó su nombre Ebenezer; es decir, la piedra que ayuda.

Que después esta Piedra había de convertirse en un monte y llenar toda la tierra

En Daniel: «Y he aquí una imagen muy grande; y el aspecto de esta imagen era terrible, y estaba en pie delante de ti; su cabeza era de oro fino, su pecho y sus brazos de plata, su vientre y sus muslos de bronce, y sus pies, en parte de hierro y en parte de barro; hasta que una piedra fue cortada del monte, no con mano de cortadores, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro se hicieron todo uno, y se volvieron menudos como tamo, o como polvo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Y la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra».

Que en los últimos tiempos ese mismo monte había de manifestarse, y a él habían de acudir los gentiles, y a él habían de subir todos los justos

En Isaías: «En los últimos tiempos será manifestado el monte del Señor, y la casa de Dios sobre las cumbres de los montes; y será exaltado sobre los collados, y vendrán a él todas las naciones, y muchos andarán y dirán: Venid, y subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob; y él nos anunciará su camino, y caminaremos por él. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra del Señor; y juzgará entre las naciones, y reprenderá a mucho pueblo; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; y no aprenderán más la guerra». Asimismo en el salmo veintitrés: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Y quién estará en su lugar santo? El inocente de manos y limpio de corazón; el que no ha recibido su vida en vano, ni ha jurado con engaño a su prójimo. Él recibirá bendición del Señor, y misericordia del Dios que lo salva. Esta es la generación de los que le buscan, de los que buscan el rostro del Dios de Jacob».

Que Cristo es el Esposo, que tiene a la Iglesia por esposa, de la cual habían de nacer hijos espirituales

En Joel: «Tocad trompeta en Sion, proclamad ayuno, convocad a curación; reunid al pueblo, santificad la Iglesia, congregad a los ancianos, juntad a los pequeñitos que maman; salga el Esposo de su cámara, y la esposa de su aposento». Asimismo en Jeremías: «Y haré cesar de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén la voz de gozo y la voz de alegría, la voz del esposo y la voz de la esposa». Asimismo en el salmo dieciocho: «Y él, como esposo que sale de su tálamo, se alegró cual gigante para correr su camino. De lo alto del cielo es su salida, y su curso hasta el término de él; y no hay nada que se esconda de su calor». Asimismo en el Apocalipsis: «Ven, te mostraré la esposa nueva, la mujer del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande, y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios». Asimismo en el Evangelio según Juan: «Vosotros sois mis testigos de que dije a los que me fueron enviados de Jerusalén que yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. Porque el que tiene la esposa es el esposo; mas el amigo del esposo es el que está a su lado y le oye con gozo, y se alegra a causa de la voz del esposo». El misterio de esto se mostró en Jesús hijo de Navé, cuando se le mandó quitarse el calzado, sin duda porque él mismo no era el esposo. Porque estaba en la ley que el que rehusara el matrimonio se quitara el calzado, y que estuviera calzado el que había de ser el esposo: «Y aconteció que, estando Jesús en Jericó, miró a su alrededor con sus ojos, y vio a un hombre que estaba delante de su rostro, con una jabalina en la mano, y le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Y él respondió: Yo soy el príncipe del ejército del Señor; acércate ahora. Y Jesús se postró sobre su rostro en tierra, y le dijo: Señor, ¿qué mandas a tu siervo? Y el príncipe del ejército del Señor dijo: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es tierra santa». Asimismo, en el Éxodo se manda a Moisés quitarse el calzado, porque tampoco él era el esposo: «Y se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza; y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Y dijo Moisés: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Y cuando él vio que se acercaba para mirar, lo llamó el Señor Dios de en medio de la zarza, diciendo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: ¿Qué hay? Y él dijo: No te acerques acá, si no te has quitado el calzado de tus pies; porque el lugar en que tú estás tierra santa es. Y le dijo: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Esto se manifestó también en el Evangelio según Juan: «Y Juan les respondió: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es de quien yo dije: El hombre que viene después de mí ha sido antepuesto a mí, a quien yo no soy digno de desatar la correa del calzado». Asimismo según Lucas: «Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su Señor, cuando venga, halle velando». Asimismo en el Apocalipsis: «El Señor Dios todopoderoso reina: gocémonos y alegrémonos, y démosle el honor de la gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado».

Que los judíos habían de clavar a Cristo en la cruz

En Isaías: «Extendí mis manos todo el día a un pueblo desobediente y contradictor, que anda por caminos que no son buenos, sino en pos de sus propios pecados». Asimismo en Jeremías: «Venid, echemos el leño en su pan, y borremos su vida de la tierra». Asimismo en el Deuteronomio: «Y tu vida estará colgando (en duda) delante de tus ojos; y temerás de día y de noche, y no tendrás seguridad de tu vida». Asimismo en el salmo veintiuno: «Horadaron mis manos y mis pies; contaron todos mis huesos. Y ellos me miraban y me observaban; repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Mas tú, oh Señor, no alejes de mí tu ayuda; atiende a socorrerme. Libra de la espada mi alma, y de las garras del perro mi única. Sálvame de la boca del león, y mi humildad de los cuernos de los unicornios. Anunciaré tu nombre a mis hermanos; en medio de la Iglesia te alabaré». Asimismo en el salmo 118: «Traspasa mi carne con clavos por temor de ti». Asimismo en el salmo 140: «El alzar de mis manos es sacrificio de la tarde». De este sacrificio dijo Sofonías: «Temed ante la presencia del Señor Dios, porque su día está cercano; porque el Señor ha preparado su sacrificio, ha santificado a sus escogidos». Asimismo en Zacarías: «Y mirarán a mí, a quien traspasaron». Asimismo en el salmo ochenta y siete: «Te he invocado, oh Señor, todo el día; he extendido a ti mis manos». Asimismo en Números: «No como hombre es colgado Dios, ni como hijo de hombre sufre amenazas». De ahí que en el Evangelio diga el Señor: «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que cree en el Hijo tenga vida eterna».

Que en la pasión y en la señal de la cruz está toda la virtud y el poder

En Habacuc: «Su virtud cubrió los cielos, y la tierra está llena de su alabanza, y su resplandor será como la luz; habrá cuernos en sus manos. Y allí se estableció la virtud de su gloria, y fundó su fuerte amor. Delante de su rostro irá el Verbo, y saldrá a los llanos siguiendo sus pasos». También en Isaías: «He aquí que un niño nos es nacido, y un Hijo nos es dado, sobre cuyos hombros estará el principado; y su nombre será llamado Mensajero de un gran designio». Por esta señal de la cruz también Amalec fue vencido por Jesús mediante Moisés. En el Éxodo dijo Moisés a Jesús: «Escógete varones, y sal, y ordenaos contra Amalec hasta mañana. He aquí, yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. Y sucedía que cuando alzaba Moisés sus manos, Israel prevalecía; mas cuando Moisés bajaba sus manos, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro; así hubo en las manos de Moisés firmeza hasta que se puso el sol. Y Jesús deshizo a Amalec y a todo su pueblo. Y el Señor dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y dilo a oídos de Jesús, que yo borraré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo».

Que en esta señal de la Cruz está la salvación para todos los que son marcados en la frente

En Ezequiel dice el Señor: «Pasa por en medio de Jerusalén, y pondrás una señal en la frente de los hombres que gimen y se duelen por las iniquidades que se cometen en medio de ellos». Asimismo en el mismo lugar: «Id y herid, y no perdone vuestro ojo. No tengáis misericordia del viejo, ni del joven, ni de la virgen; matad a niños y a mujeres, hasta que sean exterminados. Pero no toquéis a ninguno sobre el cual esté escrita la señal; y comenzad por mis propios santuarios». Asimismo en el Éxodo dice Dios a Moisés: «Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y veré la sangre, y os protegeré. Y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto». Asimismo en el Apocalipsis: «Y vi un Cordero que estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían su nombre y el nombre de su Padre escrito en la frente». Asimismo en el mismo lugar: «Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para tener potestad sobre el árbol de la vida».

Que al mediodía, durante su pasión, había de haber tinieblas

En Amós: «Y acontecerá en aquel día, dice el Señor, que haré que el sol se ponga a mediodía, y se oscurecerá el día de la luz; y convertiré vuestras fiestas en llanto, y todos vuestros cantares en lamentaciones». Asimismo en Jeremías: «Se espantó la que dio a luz hijos, y su alma desfalleció. Su sol se puso siendo aún mediodía; fue confundida y maldita; a los que queden de ellos los entregaré a la espada delante de sus enemigos». Asimismo en el Evangelio: «Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena».

Que no había de ser vencido por la muerte, ni permanecer en el Hades

En el salmo veintinueve: «Oh Señor, hiciste subir mi alma del infierno». Asimismo en el salmo quince: «Porque no dejarás mi alma en el infierno, ni permitirás que tu Santo vea corrupción». Asimismo en el salmo tercero: «Yo me acosté y dormí, y me levanté de nuevo, porque el Señor me ayudó». Asimismo según Juan: «Nadie me quita la vida, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre».

Que había de resucitar de entre los muertos al tercer día

En Oseas: «Nos dará vida después de dos días; al tercer día resucitaremos». Asimismo en el Éxodo: «Y el Señor dijo a Moisés: Desciende y da testimonio al pueblo, y santifícalos hoy y mañana; y laven sus vestidos, y estén preparados para el día después de mañana; porque al tercer día el Señor descenderá sobre el monte de Sinaí». Asimismo en el Evangelio: «La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches».

Que, una vez resucitado, había de recibir de su Padre todo poder, y su poder había de ser eterno

En Daniel: «Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí como un Hijo de hombre que venía en las nubes del cielo, y llegó hasta el Anciano de días, y estuvo en su presencia. Y los que estaban a su lado lo hicieron acercarse delante de él; y le fue dado un poder real, y todos los reyes de la tierra por sus generaciones, y toda gloria, obedeciéndole; y su poder es eterno, que no será quitado, y su reino no será destruido». Asimismo en Isaías: «Ahora me levantaré, dice el Señor; ahora seré glorificado, ahora seré exaltado; ahora veréis, ahora entenderéis, ahora seréis confundidos. Vana será la fuerza de vuestro espíritu; el fuego os consumirá». Asimismo en el salmo 109: «Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Dios enviará desde Sion la vara de tu poder, y dominarás en medio de tus enemigos». Asimismo en el Apocalipsis: «Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros a uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último, y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del infierno». Igualmente en el Evangelio, el Señor, después de su resurrección, dice a sus discípulos: «Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado».

Que es imposible llegar a Dios Padre sino por su Hijo Jesucristo

En el Evangelio: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí». Asimismo en el mismo lugar: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo». Asimismo en el mismo lugar: «Muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron». Asimismo en el mismo lugar: «El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que no obedece de palabra al Hijo no tiene vida, sino que la ira de Dios permanecerá sobre él». Asimismo Pablo a los Efesios: «Y vino y os anunció la paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre». Asimismo a los Romanos: «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; pero son justificados por su don y su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús». Asimismo en la Epístola del apóstol Pedro: «Cristo padeció una sola vez por nuestros pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios». Asimismo en el mismo lugar: «Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que fuesen resucitados». Asimismo en la Epístola de Juan: «Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo tiene al Hijo y al Padre».

Que Jesucristo ha de venir como Juez

En Malaquías: «He aquí, viene el día del Señor ardiente como un horno; y todos los extranjeros y todos los impíos serán estopa; y aquel día que vendrá los abrasará, dice el Señor». Asimismo en el salmo cuarenta y nueve (o cincuenta): «El Dios de los dioses, el Señor, ha hablado, y convocado la tierra. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, desde Sion es la hermosura de su gloria. Dios vendrá manifiestamente, nuestro Dios, y no callará. Fuego arderá delante de él, y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará a los cielos de arriba, y a la tierra, para separar a su pueblo. Juntadle sus santos, los que ordenan su pacto con sacrificios. Y los cielos anunciarán su justicia, porque Dios es el juez». Asimismo en Isaías: «El Señor Dios de los ejércitos saldrá y quebrantará la guerra; despertará la contienda, y clamará con fuerza sobre sus enemigos. He callado; ¿callaré siempre?». Asimismo en el salmo sesenta y siete: «Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan de su presencia los que le aborrecen. Como se disipa el humo, así se disipen ellos; como se derrite la cera delante del fuego, así perezcan los pecadores delante de Dios. Y los justos se alegren y se gocen delante de Dios, y salten de alegría. Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; abrid camino al que sube hacia el occidente. Dios es su nombre. Serán turbados delante de aquel que es Padre de los huérfanos y Juez de las viudas. Dios está en su santo lugar; Dios, que hace habitar en una casa a los de un mismo sentir, que saca con poder a los cautivos, y asimismo a los que provocan a ira, que habitan en los sepulcros: oh Dios, cuando saliste delante de tu pueblo, al pasar por el desierto». Asimismo en el salmo ochenta y uno: «Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú exterminarás entre todas las naciones». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «¿Qué tenemos contigo, Hijo de David? ¿Has venido acá para castigarnos antes de tiempo?». Igualmente según Juan: «El Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió». Así también en la segunda epístola de Pablo a los Corintios: «Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo propio de su cuerpo, según lo que haya hecho, sea bueno o sea malo».

Que él reinará como Rey para siempre

En Zacarías: «Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, justo y salvador, manso, sentado sobre un asno que no ha sido domado». Asimismo en Isaías: «¿Quién os anunciará aquel lugar eterno? El que camina en justicia, y retira sus manos de los regalos; el que tapa sus oídos para no oír el juicio de sangre, y cierra sus ojos para no ver la injusticia: este habitará en la alta cueva de la roca fuerte; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras. Veréis al Rey con gloria». Igualmente en Malaquías: «Yo soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es ilustre entre las naciones». Asimismo en el salmo segundo: «Pero yo he sido constituido Rey por él sobre su santo monte de Sion, anunciando su imperio». Asimismo en el salmo veintiuno: «Se acordarán, y se volverán al Señor todos los confines de la tierra; y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. Porque del Señor es el reino, y él regirá todas las naciones». Asimismo en el salmo veintitrés: «Alzad, oh príncipes, vuestras puertas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Señor el fuerte y valiente, el Señor el poderoso en batalla. Alzad, oh príncipes, vuestras puertas, y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria. ¿Quién es este Rey de gloria? El Señor de los ejércitos, él es el Rey de gloria». Asimismo en el salmo cuarenta y cuatro: «Mi corazón ha exhalado una buena palabra; dirijo al rey mis obras; mi lengua es pluma de escribiente que escribe con inteligencia. Eres el más hermoso de los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto, Dios te ha bendecido para siempre. Ciñe tu espada sobre tu muslo, oh valiente. Atiende a tu honra y a tu hermosura, y prospera, y reina, por causa de la verdad, de la mansedumbre y de la justicia». Asimismo en el salmo quinto: «Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y te contemplaré». Asimismo en el salmo noventa y seis: «El Señor reina; regocíjese la tierra, alégrense las muchas islas». Además, en el salmo cuarenta y cuatro: «Está la reina a tu diestra con vestido de oro, vestida de muchos colores. Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; y olvida tu pueblo y la casa de tu padre; porque el Rey ha deseado tu hermosura, pues él es tu Señor Dios». Asimismo en el salmo setenta y tres: «Pero Dios es nuestro Rey antes de los siglos; ha obrado la salvación en medio de la tierra». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Y cuando Jesús nació en Belén de Judea, en días del rey Herodes, he aquí vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle». Asimismo, según Juan, dijo Jesús: «Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores estarían en apuro para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz».

Que él mismo es a la vez Juez y Rey

En el salmo setenta y uno: «Oh Dios, da tu juicio al rey, y tu justicia al hijo del rey, para juzgar a tu pueblo con justicia». Asimismo en el Apocalipsis: «Y vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero; y juzga con equidad y justicia, y hace la guerra. Sus ojos eran como llama de fuego, y en su cabeza había muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo; y estaba vestido de una ropa salpicada de sangre, y su nombre es llamado el Verbo de Dios. Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio. De su boca salía una espada de dos filos, para herir con ella a las naciones, las cuales él pastoreará con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino de la ira de Dios Todopoderoso. Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores». Igualmente en el Evangelio: «Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los ángeles con él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino preparado para vosotros desde el principio del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que estén a su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado por mi Padre para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al ardor eterno, y los justos a la vida eterna».

Prefacio

Libro tercero.

Cipriano a su hijo Quirino, salud. Movido por la fe y la devoción que manifiestas hacia el Señor Dios, hijo amado, me pediste que, para tu instrucción, reuniera de las Santas Escrituras algunos capítulos que tocan a la enseñanza religiosa de nuestra escuela, buscando un curso sucinto de lectura sagrada, de modo que tu mente, entregada a Dios, no se fatigara con largos o numerosos volúmenes de libros, sino que, instruida con un sumario de preceptos celestiales, tuviera un compendio saludable y amplio con que alimentar su memoria. Y porque te debo una obediencia generosa y afectuosa, he hecho lo que deseabas. He trabajado una vez para que tú no tengas que trabajar siempre. Por tanto, en cuanto ha podido abarcar mi pequeña capacidad, he reunido ciertos preceptos del Señor y enseñanzas divinas que resulten fáciles y útiles a los lectores, ya que unas pocas cosas condensadas en breve espacio se leen pronto y se repiten con frecuencia. Te deseo, hijo amado, que estés siempre bien de corazón.

Capítulos

1. Del provecho de las buenas obras y de la misericordia.

2. Que en las obras y en las limosnas, aunque por la escasez de recursos se haga menos, la voluntad misma basta.

3. Que la caridad y el amor fraterno han de practicarse con piedad y constancia.

4. Que en nada debemos gloriarnos, puesto que nada es nuestro.

5. Que en todas las cosas han de guardarse la humildad y la quietud.

6. Que todos los hombres buenos y justos padecen más, pero deben perseverar, porque son probados.

7. Que no debemos contristar al Espíritu Santo, que hemos recibido.

8. Que la ira ha de ser vencida, para que no nos arrastre al pecado.

9. Que los hermanos deben sostenerse unos a otros.

10. Que solo en Dios debemos confiar, y en él debemos gloriarnos.

11. Que el que ha llegado a la fe, habiéndose despojado del hombre viejo, debe mirar solo a las cosas celestiales y espirituales, y no hacer caso del mundo al que ya ha renunciado.

12. Que no debemos jurar.

13. Que no debemos maldecir.

14. Que nunca debemos murmurar, sino bendecir a Dios por todo lo que acontece.

15. Que los hombres son tentados por Dios con este fin: que sean probados.

16. De los beneficios del martirio.

17. Que lo que padecemos en este mundo es de menos cuenta que la recompensa que se nos promete.

18. Que nada ha de anteponerse al amor de Dios y de Cristo.

19. Que no hemos de obedecer a nuestra propia voluntad, sino a la voluntad de Dios.

20. Que el temor es el fundamento y la fuerza de la esperanza y de la fe.

21. Que no debemos juzgar temerariamente a otro.

22. Que cuando hemos recibido una ofensa, debemos perdonarla y remitirla.

23. Que no se ha de devolver mal por mal.

24. Que es imposible llegar al Padre sino por Cristo.

25. Que si uno no ha sido bautizado y no ha nacido de nuevo, no puede llegar al reino de Dios.

26. Que poco vale ser bautizado y recibir la Eucaristía, si uno no saca provecho de ello en los hechos y en las obras.

27. Que aun el bautizado pierde la gracia que ha alcanzado, si no guarda la inocencia.

28. Que en la Iglesia no puede concederse la remisión al que ha pecado contra Dios.

29. Que se predijo de antemano el odio contra el Nombre.

30. Que lo que uno ha prometido a Dios con voto, debe cumplirlo pronto.

31. Que el que no cree ya ha sido juzgado.

32. Del provecho de la virginidad y de la continencia.

33. Que el Padre no juzga nada, sino el Hijo; y que no honra al Padre aquel que no honra al Hijo.

34. Que el creyente no debe vivir como el gentil.

35. Que Dios es paciente con este fin: que nos arrepintamos de nuestro pecado y seamos corregidos.

36. Que la mujer no debe adornarse a la manera del mundo.

37. Que el creyente no debe ser castigado por otras faltas, sino solo por el nombre que lleva.

38. Que el siervo de Dios debe ser inocente, para no caer en castigo secular.

39. Que se nos ha dado en Cristo un ejemplo de vida.

40. Que no debemos obrar con ruido ni con jactancia.

41. Que no debemos hablar neciamente ni de modo ofensivo.

42. Que la fe aprovecha en todo, y que podemos tanto cuanto creemos.

43. Que el que cree de verdad puede obtener al instante.

44. Que los creyentes que tienen diferencias entre sí no deben acudir a un juez gentil.

45. Que la esperanza es de las cosas venideras, y que por eso nuestra fe acerca de las cosas prometidas debe ser paciente.

46. Que la mujer debe callar en la iglesia.

47. Que por nuestra culpa y nuestro merecimiento sucede que padecemos y no percibimos en todo la ayuda de Dios.

48. Que no debemos cobrar usura.

49. Que hay que amar aun a los enemigos.

50. Que el sacramento de la fe no debe profanarse.

51. Que nadie debe envanecerse en su trabajo.

52. Que la libertad de creer o de no creer está puesta en el libre albedrío.

53. Que los secretos de Dios no pueden penetrarse, y que por eso nuestra fe debe ser sencilla.

54. Que nadie está sin mancha y sin pecado.

55. Que no debemos agradar a los hombres, sino a Dios.

56. Que nada de lo que se hace queda oculto a Dios.

57. Que el creyente es corregido y preservado.

58. Que nadie debe entristecerse por la muerte, pues en el vivir hay trabajo y peligro, y en el morir, paz y la certeza de la resurrección.

59. De los ídolos que los gentiles tienen por dioses.

60. Que no se ha de desear un apetito excesivo de comida.

61. Que no se ha de buscar el afán de poseer ni el dinero.

62. Que no se ha de contraer matrimonio con los gentiles.

63. Que el pecado de fornicación es grave.

64. Cuáles son las cosas carnales que engendran la muerte, y cuáles las espirituales que conducen a la vida.

65. Que todos los pecados se perdonan en el bautismo.

66. Que en los preceptos de la Iglesia se ha de guardar la disciplina de Dios.

67. Que fue predicho que los hombres despreciarían la sana disciplina.

68. Que debemos apartarnos de quien vive desordenadamente y contra la disciplina.

69. Que el reino de Dios no está en la sabiduría del mundo ni en la elocuencia, sino en la fe de la cruz y en la virtud de la conducta.

70. Que debemos obedecer a los padres.

71. Y que tampoco los padres deben ser duros con sus hijos.

72. Que los siervos, cuando han creído, deben servir mejor a sus amos según la carne.

73. Asimismo, que los amos deben ser más benignos.

74. Que todas las viudas probadas han de ser tenidas en honra.

75. Que cada uno debe cuidar más bien de los suyos, y especialmente de los creyentes.

76. Que no se ha de acusar temerariamente a un anciano.

77. Que el pecador debe ser reprendido públicamente.

78. Que no debemos conversar con los herejes.

79. Que la inocencia pide con confianza, y alcanza.

80. Que el diablo no tiene poder alguno contra el hombre si Dios no se lo permite.

81. Que el salario del jornalero se pague pronto.

82. Que no se ha de practicar la adivinación.

83. Que no se ha de llevar un mechón de cabello en la cabeza.

84. Que no se ha de arrancar la barba.

85. Que debemos levantarnos cuando llega un obispo o un presbítero.

86. Que no se ha de hacer cisma, aunque el que se aparta permanezca en una misma fe y en la misma tradición.

87. Que los creyentes deben ser sencillos, con prudencia.

88. Que no se ha de engañar al hermano.

89. Que el fin del mundo viene de repente.

90. Que la mujer no debe separarse de su marido; y que, si se separa, debe quedarse sin casar.

91. Que cada uno es tentado tanto cuanto puede soportar.

92. Que no se ha de hacer todo lo que es lícito.

93. Que fue predicho que surgirían herejías.

94. Que la Eucaristía se ha de recibir con temor y honra.

95. Que hemos de vivir con los buenos y evitar a los malos.

96. Que debemos trabajar no con palabras, sino con obras.

97. Que debemos apresurarnos a la fe y a alcanzarla.

98. Que el catecúmeno ya no debe pecar más.

99. Que el juicio será conforme a los tiempos, ya de la equidad antes de la ley, ya de la ley después de Moisés.

100. Que la gracia de Dios debe ser sin precio.

101. Que el Espíritu Santo ha aparecido frecuentemente en fuego.

102. Que todos los buenos deben oír de buena gana la reprensión.

103. Que debemos abstenernos de hablar mucho.

104. Que no debemos mentir.

105. Que han de ser corregidos con frecuencia los que obran mal en el servicio doméstico.

106. Que, cuando se recibe una injuria, se ha de mantener la paciencia y dejar la venganza a Dios.

107. Que no debemos difamar.

108. Que no debemos tender lazos a nuestro prójimo.

109. Que se ha de visitar a los enfermos.

110. Que los chismosos son malditos.

111. Que los sacrificios de los impíos no son aceptos.

112. Que son juzgados con más severidad los que en este mundo han tenido más poder.

113. Que se ha de proteger a la viuda y a los huérfanos.

114. Que uno debe confesar mientras está en la carne.

115. Que la adulación es perniciosa.

116. Que ama más a Dios aquel a quien se le perdonaron muchos pecados en el bautismo.

117. Que hay que librar un fuerte combate contra el diablo, y que por eso debemos estar firmes con valor, para poder vencer.

118. Del Anticristo, que vendrá como hombre.

119. Que el yugo de la ley era pesado, y nosotros lo hemos sacudido, y que el yugo del Señor es suave, y nosotros lo hemos tomado.

120. Que debemos ser constantes en la oración.

Del provecho de las buenas obras y de la misericordia

Testimonios.

1. Del provecho de las buenas obras y de la misericordia.

En Isaías: «Clama a voz en cuello —dice—, no te detengas; alza tu voz como trompeta, y anuncia a mi pueblo sus pecados, y a la casa de Jacob sus maldades. Me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como pueblo que hubiera obrado justicia y no hubiera dejado el juicio de Dios. Me piden ahora un juicio justo, y quieren acercarse a Dios, diciendo: ¡Cómo! ¿Ayunamos, y no lo viste; humillamos nuestras almas, y no te diste por entendido? Porque en los días del ayuno se halla vuestra propia voluntad; pues o atormentáis a los que os están sujetos, o ayunáis para contiendas y pleitos, o herís a vuestro prójimo con el puño. ¿Para qué ayunáis para mí, de modo que hoy se oiga vuestra voz en el clamor? No es este el ayuno que yo escogí, sino que el hombre humille su alma. Y aunque dobles tu cuello como un aro, y tiendas debajo de ti cilicio y ceniza, ni aun así se llamará ayuno agradable. No es ese el ayuno que yo escogí, dice el Señor; sino desata todo nudo de injusticia, suelta los lazos de los contratos opresivos. Despide en paz a los quebrantados, y rompe todo contrato injusto. Parte tu pan con el hambriento, y a los pobres sin techo albérgalos en tu casa. Si ves al desnudo, cúbrelo, y no desprecies a los de tu propia sangre en tu casa. Entonces nacerá tu luz a su tiempo, y tus vestiduras brotarán pronto; e irá tu justicia delante de ti, y la gloria de Dios te rodeará. Entonces clamarás, y Dios te oirá; mientras aún estés hablando, dirá: Heme aquí.» Sobre esto mismo en Job: «He librado al menesteroso de la mano del poderoso, y he ayudado al huérfano que no tenía quien le ayudase. La boca de la viuda me bendecía, porque yo era ojos al ciego; era también pies al cojo, y padre de los débiles.» Sobre este mismo asunto en Tobías: «Y dije a Tobías: Hijo mío, ve y trae a cualquier pobre que halles de entre nuestros hermanos que todavía tenga presente a Dios con todo su corazón. Tráelo aquí, y comerá mi comida conmigo. He aquí que te espero, hijo mío, hasta que vuelvas.» Asimismo en el mismo lugar: «Todos los días de tu vida, hijo mío, ten presente a Dios, y no traspases sus preceptos. Practica la justicia todos los días de tu vida, y no andes por el camino de la injusticia; porque si obras con verdad, tus obras serán tenidas en cuenta. Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre. Así sucederá que tampoco el rostro de Dios se apartará de ti. Según tengas, hijo mío, así haz: si tienes bienes abundantes, da de ellos más limosna; si tienes poco, comparte aun de ese poco. Y no temas cuando des limosna: atesoras para ti una buena recompensa para el día de la necesidad; porque la limosna libra de la muerte, y no deja ir a las tinieblas. La limosna es un buen servicio para todos los que la hacen delante del Dios altísimo.» Sobre este mismo tema en Salomón, en los Proverbios: «Al Señor presta el que tiene misericordia del pobre.» Asimismo en el mismo lugar: «El que da al pobre no tendrá necesidad; mas el que aparta su ojo vivirá en mucha penuria.» Asimismo en el mismo lugar: «Con las limosnas y la fe se purgan los pecados.» Otra vez en el mismo lugar: «Si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; y si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, esparcirás ascuas encendidas sobre su cabeza.» Otra vez en el mismo lugar: «Como el agua apaga el fuego, así la limosna apaga el pecado.» Asimismo en los Proverbios: «No digas: Vete, y vuelve, y mañana te daré, cuando puedes hacer el bien al instante. Porque no sabes qué traerá el día venidero.» Asimismo en el mismo lugar: «El que cierra su oído para no oír al débil, él mismo invocará a Dios, y no habrá quien lo oiga.» Asimismo en el mismo lugar: «El que lleva su vida sin reproche en la justicia deja hijos bienaventurados.» Asimismo en el Eclesiástico: «Hijo mío, si tienes, haz el bien por ti mismo, y presenta a Dios ofrendas dignas; acuérdate de que la muerte no tarda.» Asimismo en el mismo lugar: «Encierra la limosna en el corazón del pobre, y ella rogará por ti contra todo mal.» Sobre esto en el salmo treinta y seis, que la misericordia aprovecha también a la descendencia: «Joven fui, y también he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan. Todo el día tiene misericordia, y presta; y su descendencia es para bendición.» Sobre esto mismo en el salmo cuarenta: «Bienaventurado el que piensa en el pobre y el necesitado: en el día malo lo librará Dios.» Asimismo en el salmo 111: «Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece de generación en generación.» Sobre esto mismo en Oseas: «Misericordia quiero más que sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.» Sobre esto mismo también en el Evangelio según Mateo: «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.» Asimismo en el mismo lugar: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.» Asimismo en el mismo lugar: «Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.» Asimismo en el mismo lugar: «El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas; y cuando halló una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.» Que aun una obra pequeña es de provecho, también en el mismo lugar: «Y cualquiera que dé de beber a uno de estos más pequeños un vaso de agua fría en nombre de discípulo, de cierto os digo que su recompensa no perecerá.» Que la limosna no ha de negarse a nadie, también en el mismo lugar: «Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.» Asimismo en el mismo lugar: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Jesús le dijo: No matarás. No adulterarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado; ¿qué más me falta? Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.» Asimismo en el mismo lugar: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su majestad, y todos los ángeles con él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos forastero, y te recogimos; o desnudo, y te cubrimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá a los que estén a su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que mi Padre preparó para el diablo y sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Y él les responderá: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al ardor eterno, y los justos a la vida eterna.» Sobre este mismo asunto en el Evangelio según Lucas: «Vended vuestros bienes, y dad limosna.» Asimismo en el mismo lugar: «El que hizo lo de dentro, hizo también lo de fuera. Pero dad limosna, y he aquí, todo os será limpio.» Asimismo en el mismo lugar: «He aquí, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Y Jesús le dijo que hoy se ha obrado la salvación en esta casa, por cuanto él también es hijo de Abraham.» Sobre esto mismo también en la segunda Epístola a los Corintios: «Que vuestra abundancia supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra escasez, a fin de que haya igualdad, como está escrito: El que tenía mucho no tuvo de sobra, y el que tenía poco no tuvo falta.» Asimismo en el mismo lugar: «El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendición, en bendición también segará. Cada uno haga como propuso en su corazón: no como con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.» Asimismo en el mismo lugar: «Como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.» Igualmente en el mismo lugar: «Y el que da semilla al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo.» Asimismo en el mismo lugar: «La administración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios.» Sobre este mismo asunto en la Epístola de Juan: «El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano en necesidad, y cierra contra él sus entrañas, ¿cómo mora el amor de Dios en él?» Sobre esto mismo en el Evangelio según Lucas: «Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus vecinos, ni a los ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los débiles, a los ciegos y a los cojos; y serás bienaventurado, porque ellos no tienen con qué recompensarte; pero te será recompensado en la resurrección de los justos.»

Que en las obras y en las limosnas, aunque por la escasez de recursos se haga menos, la voluntad misma basta

En la segunda Epístola de Pablo a los Corintios: «Si hay voluntad dispuesta, es acepta según lo que uno tiene, no según lo que no tiene; ni haya para otros alivio, y para vosotros carga.

Que la caridad y el amor fraterno han de practicarse con piedad y constancia

En Malaquías: «¿No nos ha creado un solo Dios? ¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿Por qué, pues, habéis abandonado cada uno a su hermano?» Sobre esto mismo según Juan: «La paz os dejo, mi paz os doy.» Asimismo en el mismo lugar: «Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.» Asimismo en el mismo lugar: «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.» Asimismo en el mismo lugar: «De cierto os digo que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquier cosa, todo lo que pidiereis os será dado por mi Padre que está en los cielos. Porque dondequiera que estén dos o tres congregados en mi nombre, yo estoy con ellos.» Sobre esto mismo en la primera Epístola a los Corintios: «Y yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque cuando aún erais pequeños no erais capaces, ni sois capaces todavía. Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?» Igualmente en el mismo lugar: «Y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve. La caridad es magnánima, la caridad es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no obra con doblez, no se envanece, no se irrita, no piensa el mal; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo ama, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca dejará de ser.» Sobre esto mismo a los Gálatas: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os acusáis unos a otros, mirad que no os consumáis unos a otros.» Sobre esto mismo en la Epístola de Juan: «En esto se manifiestan los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no es justo no es de Dios, ni el que no ama a su hermano. Porque el que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en sí.» Asimismo en el mismo lugar: «Si alguno dice que ama a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso; porque el que no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?» Sobre esto mismo en los Hechos de los Apóstoles: «Y la multitud de los que habían creído obraba con una sola alma y un solo sentir; ni había entre ellos distinción alguna, ni tenían por propio nada de los bienes que poseían, sino que todas las cosas les eran comunes.» Sobre esto mismo en el Evangelio según Mateo: Si ofreces tu ofrenda en el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda; reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda en el altar.» Asimismo en la Epístola de Juan: «Dios es amor; y el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él.» Asimismo en el mismo lugar: «El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, es mentiroso, y anda en tinieblas hasta ahora.»

Que en nada debemos gloriarnos, puesto que nada es nuestro

En el Evangelio según Juan: «Nadie puede recibir nada, si no le fuere dado del cielo.» Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Porque ¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?» Asimismo en el primero de los Reyes: «No os jactéis, ni habléis cosas altaneras, ni salgan de vuestra boca palabras soberbias; porque el Señor es el Dios del saber.» Asimismo en el mismo lugar: «El arco de los fuertes ha sido debilitado, y los débiles se ciñeron de fortaleza.» Sobre esto mismo en los Macabeos: «Justo es estar sujeto a Dios, y que un mortal no piense cosas iguales a Dios.» Asimismo en el mismo lugar: «Y no temáis las palabras del hombre pecador, porque su gloria será estiércol y gusanos. Hoy será enaltecido, y mañana no será hallado; porque se ha vuelto a su tierra, y su pensamiento ha perecido.»

Que en todas las cosas han de guardarse la humildad y la quietud

En Isaías: «Así dice el Señor Dios: El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué morada me edificaréis, o cuál es el lugar de mi reposo? Porque mi mano hizo todas estas cosas, y mías son todas ellas. ¿Y a quién otro miraré, sino al humilde y sosegado, y al que tiembla a mis palabras?» Sobre esto mismo en el Evangelio según Mateo: «Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.» Sobre esto mismo también según Lucas: «El que sea el más pequeño entre todos vosotros, ese será grande.» Asimismo en el mismo lugar: «Cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» Sobre esto mismo a los Romanos: «No te ensoberbezcas, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, (mira) no sea que tampoco a ti te perdone.» Sobre esto mismo en el salmo treinta y tres: «Y salvará a los humildes de espíritu.» Asimismo a los Romanos: «Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que temor, temor; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros.» Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Aman el primer lugar en los banquetes, y las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen Rabí. Pero vosotros no llaméis Rabí, porque uno es vuestro Maestro.» Asimismo en el Evangelio según Juan: «El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que lo envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.» Asimismo en el salmo ochenta y uno: «Haced justicia al pobre y al humilde.»

Que todos los hombres buenos y justos padecen más, pero deben perseverar, porque son probados

En Salomón: «El horno prueba las vasijas del alfarero, y la prueba de la tribulación a los hombres justos.» Asimismo en el salmo cincuenta: «El sacrificio para Dios es el espíritu contrito; al corazón contrito y humillado no despreciará Dios.» Asimismo en el salmo treinta y tres: «Muy cerca está Dios de los contritos de corazón, y salvará a los humildes de espíritu.» Asimismo en el mismo lugar: «Muchas son las aflicciones de los justos, pero de todas ellas los librará el Señor.» Sobre este mismo asunto en Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo también iré debajo de la tierra: el Señor dio, y el Señor quitó; como al Señor le agradó, así se hizo; sea bendito el nombre del Señor. En todas estas cosas que le sucedieron, en nada pecó Job con sus labios delante del Señor.» Sobre esto mismo en el Evangelio según Mateo: «Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.» Asimismo según Juan: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» Sobre esto mismo en la segunda Epístola a los Corintios: «Me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca; respecto a lo cual tres veces rogué al Señor que lo quitase de mí. Y me dijo: Bástate mi gracia; porque la fuerza se perfecciona en la debilidad.» Sobre esto mismo a los Romanos: «Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las aflicciones, sabiendo que la aflicción produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.» Sobre este mismo tema, según Mateo: «¡Cuán ancho y espacioso es el camino que lleva a la muerte, y muchos son los que entran por él! ¡Cuán estrecho y angosto es el camino que lleva a la vida, y pocos son los que lo hallan!» Sobre esto mismo en Tobías: «¿Dónde están tus justicias? Mira lo que padeces.» Asimismo en la Sabiduría de Salomón: «En los lugares de los impíos gimen los justos; mas en su ruina los justos abundarán.»

Que no debemos contristar al Espíritu Santo, que hemos recibido

El apóstol Pablo a los Efesios: «No contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, y enojo, e indignación, y gritería, y blasfemia.»

Que la ira ha de ser vencida, para que no nos arrastre al pecado

En Salomón, en los Proverbios: «Mejor es el hombre paciente que el fuerte; y el que refrena su ira es mejor que el que toma una ciudad.» Asimismo en el mismo lugar: «El imprudente declara su ira el mismo día; mas el astuto encubre su deshonra.» Sobre esto mismo a los Efesios: «Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.» Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano sin causa será culpable de juicio.»

Que los hermanos deben sostenerse unos a otros

A los Gálatas: «Teniendo cada uno en consideración a los demás, no sea que también vosotros seáis tentados. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo.»

Que solo en Dios debemos confiar, y en él debemos gloriarnos

En Jeremías: «No se gloríe el sabio en su sabiduría, ni se gloríe el fuerte en su fuerza, ni el rico se gloríe en sus riquezas; mas el que se gloría, gloríese en esto: en entender y conocer que yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra, porque en ellas está mi complacencia, dice el Señor.» Sobre lo mismo en el salmo cincuenta y cuatro: «En el Señor he esperado; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.» Asimismo en el mismo lugar: «A nadie sino solo a Dios está sujeta mi alma.» Asimismo en el salmo 117: «No temeré lo que me pueda hacer el hombre; el Señor es mi ayudador.» Asimismo en el mismo lugar: «Bueno es confiar en el Señor antes que confiar en el hombre; bueno es esperar en el Señor antes que esperar en príncipes.» Sobre esto mismo en Daniel: «Pero Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: Oh rey, no es necesario que te respondamos sobre este asunto. Porque Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no servimos a tus dioses, ni adoramos la estatua de oro que has levantado.» Igualmente en Jeremías: «Maldito el hombre que pone su esperanza en el hombre; y bendito el hombre que confía en el Señor, y su esperanza estará en Dios.» Sobre esto mismo en el Deuteronomio: «Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.» Sobre esto mismo a los Romanos: «Y adoraron y sirvieron a la criatura, abandonando al Creador. Por lo cual también Dios los entregó a pasiones ignominiosas.» Sobre esto también en Juan: «Mayor es el que está en vosotros que el que está en este mundo.»

Que el que ha llegado a la fe, habiéndose despojado del hombre viejo, debe mirar solo a las cosas celestiales y espirituales, y no hacer caso del mundo al que ya ha renunciado

En Isaías: «Buscad al Señor; y cuando lo hayáis hallado, invocadlo. Y cuando se haya acercado a vosotros, deje el impío sus caminos, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase al Señor, y alcanzará misericordia, porque él perdonará abundantemente vuestros pecados.» Sobre esto mismo en Salomón: «Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo es vanidad.» Sobre esto mismo en el Éxodo: «Y lo comeréis así: ceñidos vuestros lomos, vuestro calzado en vuestros pies, y vuestro bordón en vuestra mano; y lo comeréis apresuradamente; es la Pascua del Señor.» Sobre esto mismo en el Evangelio según Mateo: «No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o con qué nos vestiremos? Porque las naciones buscan todas estas cosas. Pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» Igualmente en el mismo lugar: «No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.» Igualmente en el mismo lugar: «Ninguno que mira atrás y pone sus manos en el arado es apto para el reino de Dios.» Asimismo en el mismo lugar: «Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?» Sobre esto mismo, según Lucas: «Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando.» Sobre esto mismo en Mateo: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.» Asimismo en el mismo lugar: «El que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.» Sobre esto mismo en la primera a los Corintios: «No sois vuestros, porque habéis sido comprados por gran precio. Glorificad y llevad a Dios en vuestro cuerpo.» Asimismo en el mismo lugar: «El tiempo es corto. Resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no comprasen; y los que poseen, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.» Asimismo en el mismo lugar: «El primer hombre es del barro de la tierra; el segundo hombre, del cielo. Cual el del barro, tales también los del barro; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del que es del barro, traigamos también la imagen del que es del cielo.» Sobre este mismo asunto a los Filipenses: «Todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo; cuyo fin será la perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es para su confusión; que solo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, nuestro Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestra humillación, para que sea semejante al cuerpo de su gloria.» Sobre este mismo asunto a los Gálatas: «Lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.» Sobre esto mismo a Timoteo: «Ninguno que milita para Dios se enreda en los afanes del mundo, a fin de agradar a aquel ante quien ha sido aprobado. Y también el que lucha no es coronado si no lucha legítimamente.» Sobre esto mismo a los Colosenses: «Si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, seguís todavía cosas vanas?» Asimismo sobre esto mismo: «Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra; porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.» Sobre esto mismo a los Efesios: Despojaos del hombre viejo de la pasada manera de vivir, que está viciado conforme a los deseos engañosos; y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, el que según Dios está constituido en la justicia, la santidad y la verdad.» Sobre esto mismo en la Epístola de Pedro: «Como extranjeros y peregrinos, absteneos de los deseos carnales que batallan contra el alma; manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles, para que, en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios al considerar vuestras buenas obras.» Sobre esto mismo en la Epístola de Juan: «El que dice que permanece en Cristo, debe andar como él anduvo.» Asimismo en el mismo lugar: «No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo es deseo de la carne, y deseo de los ojos, y ambición de este mundo, lo cual no proviene del Padre, sino de la concupiscencia de este mundo. Y el mundo pasará con su concupiscencia; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre, así como Dios permanece para siempre.» Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Limpiaos de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque también nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.»

Que no debemos jurar

En Salomón: «El hombre que mucho jura se llenará de iniquidad, y el azote no se apartará de su casa; y si jura en vano, no será justificado.» Sobre este mismo asunto, según Mateo: «(Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.) Yo os digo: No juréis en ninguna manera; (ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey; ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.) Sea, pues, vuestro hablar: Sí, sí; no, no; (porque lo que es más de esto, del mal procede.») Sobre esto mismo en el Éxodo: «No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano.»

Que no debemos maldecir

En el Éxodo: «No maldecirás ni hablarás mal del príncipe de tu pueblo.» Asimismo en el salmo treinta y tres: «¿Quién es el hombre que desea vida, y ama ver días buenos? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.» Sobre esto mismo en el Levítico: «Y habló el Señor a Moisés, diciendo: Saca al que maldijo fuera del campamento; y todos los que lo oyeron pongan sus manos sobre su cabeza, y apedréelo toda la congregación de los hijos de Israel.» Sobre esto mismo en la Epístola de Pablo a los Efesios: «Ninguna palabra mala salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la edificación de la fe, a fin de dar gracia a los oyentes.» Sobre esto mismo a los Romanos: «Bendiciendo, y no maldiciendo.» Sobre esto mismo en el Evangelio según Mateo: «El que diga a su hermano: ¡Necio!, quedará expuesto a la Gehena del fuego.» Sobre este mismo asunto, según el mismo Mateo: «Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.»

Que nunca debemos murmurar, sino bendecir a Dios por todo lo que acontece

En Job: «Di alguna palabra contra el Señor, y muérete. Pero él, mirándola, le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres insensatas, has hablado. Si hemos recibido el bien de la mano del Señor, ¿por qué no soportaremos el mal? En todas estas cosas que le sucedieron, no pecó Job con sus labios delante del Señor.» Asimismo en el mismo lugar: «¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón sin queja, verdadero adorador de Dios, que se guarda de todo mal?» Sobre lo mismo en el salmo treinta y tres: «Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.» Sobre esto mismo en Números: «Cese delante de mí su murmuración, y no morirán.» Sobre esto mismo en los Hechos de los Apóstoles: «Pero a medianoche, Pablo y Silas oraban y daban gracias a Dios, y los presos los oían.» Asimismo en la Epístola de Pablo a los Filipenses: «Haciéndolo todo por amor, sin murmuraciones ni injurias, para que seáis irreprensibles, e hijos de Dios sin mancha.»

Que los hombres son tentados por Dios con este fin: que sean probados

En el Génesis: «Y Dios tentó a Abraham, y le dijo: Toma a tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a la tierra alta, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.» Sobre esto mismo en el Deuteronomio: «El Señor vuestro Dios os prueba, para saber si amáis al Señor vuestro Dios con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma.» Sobre esto mismo en la Sabiduría de Salomón: «Aunque a los ojos de los hombres padecieron tormentos, su esperanza está llena de inmortalidad; y habiendo sido afligidos en pocas cosas, en muchas serán bien recompensados, porque Dios los probó y los halló dignos de sí. Como oro en el crisol los probó, y como holocausto los recibió. Y en su tiempo se tendrá cuenta de ellos; juzgarán a las naciones y dominarán sobre los pueblos, y su Señor reinará para siempre.» Sobre esto mismo en los Macabeos: «¿No fue Abraham hallado fiel en la tentación, y le fue contado por justicia?»

De los beneficios del martirio

En los Proverbios de Salomón: «El mártir fiel libra su alma de los males.» Asimismo en el mismo lugar: «Entonces estarán los justos con gran firmeza frente a los que los afligieron y les quitaron sus trabajos. Al verlos, se turbarán con horrible temor, y se asombrarán de lo repentino de su inesperada salvación, diciendo entre sí, arrepentidos y gimiendo en la angustia de su espíritu: Estos son los que en otro tiempo tuvimos por objeto de burla y por motivo de refrán; nosotros, insensatos, tuvimos su vida por locura y su fin por deshonroso. ¡Cómo son contados entre los hijos de Dios, y su suerte está entre los santos! Luego nos extraviamos del camino de la verdad, y la luz de la justicia no nos alumbró, y el sol no salió para nosotros. Nos cansamos en el camino de la iniquidad y de la perdición, y anduvimos por soledades difíciles; pero no conocimos el camino del Señor. ¿De qué nos aprovechó la soberbia? ¿O qué nos trajo la jactancia de las riquezas? Todas estas cosas pasaron como sombra.» Sobre esto mismo en el salmo 115: «Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de sus santos.» Asimismo en el salmo 125: «Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Iban andando y llorando, mientras esparcían su semilla; mas volverán con regocijo, alzando sus regazos.» Sobre esto mismo en el Evangelio según Juan: «El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, la hallará para vida eterna.» Asimismo en el mismo lugar: «Pero cuando os entreguen, no os preocupéis por lo que habéis de hablar; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros.» Asimismo en el mismo lugar: «Vendrá la hora cuando cualquiera que os mate pensará que rinde servicio a Dios; pero esto lo harán porque no conocen al Padre ni a mí.» Sobre este mismo asunto, según Mateo: «Bienaventurados los que padezcan persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.» Asimismo en el mismo lugar: «No temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede matar el alma y el cuerpo en la Gehena.» Asimismo en el mismo lugar: «A cualquiera que me confiese delante de los hombres, yo también lo confesaré delante de mi Padre que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y el que persevere hasta el fin, este será salvo.» Sobre esto mismo, según Lucas: «Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y os aparten (de su compañía), y os expulsen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestra recompensa es grande en el cielo.» Asimismo en el mismo lugar: «De cierto os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir siete veces más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.» Sobre esto mismo en el Apocalipsis: «Y cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar de Dios las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y de su testimonio. Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? Y se les dieron vestiduras blancas a cada uno de ellos, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completase el número de sus consiervos y de sus hermanos, y de los que después habían de ser muertos, según su ejemplo.» Asimismo en el mismo lugar: «Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie de ellos podía contar, de toda nación, y de toda tribu, y de todo pueblo y lengua, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en sus manos. Y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero. Entonces uno de los ancianos respondió y me dijo: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido? Yo le dije: Señor mío, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono habitará entre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed jamás, ni el sol caerá sobre ellos, ni padecerán calor alguno; porque el Cordero que está en medio del trono los protegerá, y los guiará a las fuentes de las aguas de la vida; y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.» Asimismo en el mismo lugar: «Al que venza, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de mi Dios.» Asimismo en el mismo lugar: «Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.» Asimismo en el mismo lugar: «Bienaventurados serán los que velen y guarden sus ropas, para que no anden desnudos y vean su vergüenza.» Sobre esto mismo, Pablo en la segunda Epístola a Timoteo: «Yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi asunción está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me queda la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida.» Sobre esto mismo a los Romanos: «Somos hijos de Dios; y si hijos, también herederos de Dios y coherederos con Cristo; si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos también glorificados.» Sobre esto mismo en el salmo 118: «Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley del Señor. Bienaventurados los que escudriñan sus testimonios.»

Que lo que padecemos en este mundo es de menos cuenta que la recompensa que se nos promete

En la Epístola de Pablo a los Romanos: «Las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.» Sobre esto mismo en los Macabeos: «Oh Señor, que tienes la santa ciencia, manifiesto es que, pudiendo ser librado de la muerte, sufro en mi cuerpo dolores crudelísimos, azotado con látigos; pero en el espíritu padezco gustoso estas cosas por el temor de ti mismo.» Asimismo en el mismo lugar: «Tú, en verdad, impotente como eres, nos quitas esta vida presente; pero el Rey del mundo nos resucitará a nosotros, que hemos muerto por sus leyes, para la resurrección eterna de la vida.» Asimismo en el mismo lugar: «Mejor es que, entregados a la muerte por los hombres, esperemos de Dios la esperanza de ser resucitados por él. Porque para ti no habrá resurrección para la vida.» Asimismo en el mismo lugar: «Teniendo poder entre los hombres, aunque eres corruptible, haces lo que quieres. Pero no pienses que nuestro linaje ha sido abandonado por Dios. Aguarda, y verás cómo su gran poder te atormentará a ti y a tu descendencia.» Asimismo en el mismo lugar: No te engañes en vano; porque nosotros padecemos estas cosas por nuestra propia causa, como pecadores contra nuestro Dios. Pero no pienses tú que quedarás sin castigo, habiendo emprendido la lucha contra Dios.»

Que nada ha de anteponerse al amor de Dios y de Cristo

En el Deuteronomio: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas.» Asimismo en el Evangelio según Mateo: «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y me sigue, no es mi discípulo.» Asimismo en la Epístola de Pablo a los Romanos: «¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.»

Que no hemos de obedecer a nuestra propia voluntad, sino a la voluntad de Dios

En el Evangelio según Juan: «No he descendido del cielo para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.» Sobre este mismo asunto, según Mateo: «Padre, si es posible, pase de mí esta copa; pero no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.» Asimismo en la oración diaria: «Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.» Asimismo según Mateo: «No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese entrará en el reino de los cielos.» Asimismo según Lucas: «Pero aquel siervo que conoce la voluntad de su señor, y no obedeció a su voluntad, recibirá muchos azotes.» En la Epístola de Juan: «Pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre, así como él mismo permanece para siempre.»

Que el temor es el fundamento y la fuerza de la esperanza y de la fe

En el salmo 110: «El principio de la sabiduría es el temor del Señor.» Sobre lo mismo en la Sabiduría de Salomón: «El principio de la sabiduría es temer a Dios.» Asimismo en los Proverbios del mismo: «Bienaventurado el hombre que en todas las cosas reverencia con temor.» Sobre lo mismo en Isaías: «¿Y a quién otro miraré, sino al humilde y sosegado, y al que tiembla a mis palabras?» Sobre esto mismo en el Génesis: «Y el ángel del Señor lo llamó desde el cielo, y le dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a tu Dios, pues no me rehusaste a tu hijo amado.» Asimismo en el salmo segundo: «Servid al Señor con temor, y alegraos en él con temblor.» Asimismo en el Deuteronomio, la palabra de Dios a Moisés: «Reúneme el pueblo, para que oigan mis palabras, y aprendan a temerme todos los días que vivan sobre la tierra.» Asimismo en Jeremías: «He aquí vienen días, dice el Señor, en los cuales consumaré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que concerté con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor; porque este es el pacto que estableceré con la casa de Israel: Después de aquellos días, dice el Señor, daré mi ley, y la escribiré en su mente, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande; porque seré propicio a sus iniquidades, y no me acordaré más de sus pecados. Si los cielos se alzaren arriba, dice el Señor, y si la tierra se abajare desde abajo, aun así no desecharé al pueblo de Israel, dice el Señor, por todo lo que hicieron. He aquí que yo los reuniré de todas las tierras a las cuales los esparcí con mi ira, y con mi furor, y con grande indignación; y los quebrantaré en aquel lugar, y los dejaré en el temor; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios; y les daré otro camino y otro corazón, para que me teman todos los días, en prosperidad con sus hijos; y consumaré con ellos un pacto eterno, que no apartaré de ellos; y pondré mi temor en su corazón, para que no se aparten de mí; y los visitaré para hacerles bien, y para plantarlos en su tierra en la fe, y con todo el corazón, y con toda la mente.» Asimismo en el Apocalipsis: «Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados en sus tronos en la presencia (de Dios), se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios omnipotente, que eres y que eras, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Y se airaron las naciones, y tu ira ha venido, y el tiempo en que se ha de juzgar acerca de los muertos, y de dar el galardón a tus siervos los profetas, y a los santos que temen tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de dispersar a los que corrompieron la tierra.» Asimismo en el mismo lugar: «Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, y tribu, y lengua, y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios, y dadle honra, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas.» Asimismo en el mismo lugar: «Y vi como un mar de vidrio mezclado con fuego; y las bestias pacían con sus corderos; y el número de su nombre, ciento cuarenta y cuatro, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios; y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de las naciones. ¿Quién no te temerá, y dará honra a tu nombre? Porque solo tú eres santo; y porque todas las naciones vendrán y adorarán en tu presencia, porque tus juicios se han manifestado.» Asimismo en Daniel: «Había un varón que vivía en Babilonia, llamado Joaquín; y tomó por mujer a una llamada Susana, hija de Helcías, mujer muy hermosa y temerosa del Señor. Y sus padres eran justos, y habían instruido a su hija conforme a la ley de Moisés.» Además, en Daniel: «Y estamos hoy humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados, y no hay en este tiempo príncipe, ni profeta, ni caudillo, ni holocausto, ni oblación, ni sacrificio, ni incienso, ni lugar donde ofrecer sacrificio delante de ti y hallar misericordia de ti. Mas con el alma y el espíritu humillados seamos aceptados, como en holocaustos de carneros y de toros, y como en muchos millares de corderos de los más cebados. Si nuestra ofrenda puede hacerse hoy en tu presencia, su poder será consumido, porque no serán avergonzados los que en ti confían. Y ahora te seguimos con todo nuestro corazón, y te tememos, y buscamos tu rostro. No nos entregues al oprobio, sino haz con nosotros conforme a tu mansedumbre, y según la muchedumbre de tu misericordia líbranos.» Asimismo en el mismo lugar: «Y el rey se alegró en gran manera, y mandó sacar a Daniel del foso de los leones; y los leones no le habían hecho ningún daño, porque confió y había creído en su Dios. Y mandó el rey, y fueron traídos aquellos hombres que habían acusado a Daniel; y los echaron en el foso de los leones, a ellos, a sus mujeres y a sus hijos; y aún no habían llegado al fondo del foso, cuando los leones se apoderaron de ellos y quebraron todos sus huesos. Entonces el rey Darío escribió: A todos los pueblos, tribus y lenguas que están en mi reino: paz os sea de mi parte. Decreto y ordeno que todos los que están en mi reino teman y tiemblen delante del Dios altísimo a quien sirve Daniel; porque él es el Dios que vive y permanece por todos los siglos, y su reino no pasará, y su dominio dura para siempre; y él solo hace señales, y prodigios, y maravillas en el cielo y en la tierra, el cual libró a Daniel del foso de los leones.» Asimismo en Miqueas: «¿Con qué me presentaré al Señor, y me acogeré a él? ¿Con sacrificios, con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará el Señor, y me recibirá con millares de machos cabríos cebados? ¿O daré mis primicias por mi injusticia, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Se te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno; ¿y qué otra cosa pide el Señor de ti, sino que hagas juicio y justicia, y ames misericordia, y estés dispuesto a andar con el Señor tu Dios? La voz del Señor será invocada en la ciudad, y él salvará a los que temen su nombre.» Asimismo en Miqueas: «Apacienta a tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad; y arranca a los que moran solos en medio del Carmelo. Prepararán Basán y Galaad como en los días del siglo; y como en los días en que salieron de la tierra de Egipto, les mostraré maravillas. Las naciones verán, y se avergonzarán de todo su poderío; pondrán la mano sobre su boca; sus oídos quedarán ensordecidos, y lamerán el polvo como las serpientes. Arrastrándose por la tierra, se turbarán, y lamerán el polvo; en su fin temerán ante el Señor su Dios, y tendrán temor a causa de ti. ¿Qué Dios como tú, que levantas la injusticia y pasas por alto la impiedad?» Y en Nahúm: «Los montes se conmovieron ante él, y los collados temblaron; y la tierra quedó desnuda delante de su rostro, y todos los que en ella habitan. Ante el rostro de su ira, ¿quién lo soportará? ¿Y quién resistirá en el furor de su alma? Su enojo hace correr los principios, y las peñas se derritieron ante él. Bueno es el Señor para los que lo sostienen en el día de la angustia, y conoce a los que le temen.» Asimismo en Hageo: «Y Zorobabel hijo de Salatiel, de la tribu de Judá, y Jesús hijo de Josadac, el sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, obedecieron la voz del Señor su Dios, porque el Señor lo había enviado a ellos; y temió el pueblo delante del rostro de Dios.» Asimismo en Malaquías: «Mi pacto fue con vida y paz; y les di el temor para que me temiesen ante el rostro de mi nombre.» Asimismo en el salmo treinta y tres: «Temed al Señor, vosotros sus santos, porque nada falta a los que le temen.» Asimismo en el salmo dieciocho: «El temor del Señor es limpio, que permanece para siempre.»

Que no debemos juzgar temerariamente a otro

En el Evangelio según Lucas: «No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados.» Sobre este mismo tema a los Romanos: «¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es Dios para hacerlo estar firme.» Y otra vez: «Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. ¿Y esperas tú, que juzgas a los que hacen el mal y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios?» Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.» Y otra vez: «Si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe de qué manera debe saberlo.»

Que cuando hemos recibido una ofensa, debemos perdonarla y remitirla

En el Evangelio, en la oración diaria: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.» Asimismo según Marcos: «Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestros pecados. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestros pecados.» Asimismo en el mismo lugar: «Con la medida con que medís, con esa se os volverá a medir.»

Que no se ha de devolver mal por mal

En la Epístola de Pablo a los Romanos: «No pagando a nadie mal por mal.» Asimismo en el mismo lugar: «No ser vencidos de lo malo, sino vencer con el bien el mal.» Sobre esto mismo en el Apocalipsis: «Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo ya está cerca. Y los que persisten en hacer daño, hagan daño todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el justo practique aún más la justicia; y de igual modo, el que es santo practique aún más la santidad. He aquí, yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sus obras.»

Que es imposible llegar al Padre sino por su Hijo Jesucristo

En el Evangelio según Juan: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.» Asimismo en el mismo lugar: «Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo.»

Que si uno no ha sido bautizado y no ha nacido de nuevo, no puede llegar al reino de Dios

En el Evangelio según Juan: «El que no naciere de nuevo del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Porque lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.» Asimismo en el mismo lugar: «Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.»

Que poco vale ser bautizado y recibir la Eucaristía, si uno no saca provecho de ello en los hechos y en las obras

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, aunque uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Y ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible; pero nosotros, una incorruptible.» En el Evangelio según Mateo: «Todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado en el fuego.» Asimismo en el mismo lugar: «Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos grandes obras? Y entonces les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.» Asimismo en el mismo lugar: «Alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.» Asimismo Pablo a los Filipenses: «Resplandeced como luminares en el mundo.»

Que aun el bautizado pierde la gracia que ha alcanzado, si no guarda la inocencia

En el Evangelio según Juan: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.» Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno profanare el templo de Dios, Dios lo destruirá a él.» Sobre esto mismo en las Crónicas: «Dios está con vosotros mientras vosotros estéis con él; si lo dejareis, él también os dejará.»

Que en la Iglesia no puede concederse la remisión al que ha pecado contra Dios (es decir, contra el Espíritu Santo)

En el Evangelio según Mateo: «A cualquiera que diga palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.» Asimismo según Marcos: «Todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado, sino que será reo de pecado eterno.» Sobre esto mismo en el primer libro de los Reyes: «Si un hombre peca ofendiendo a otro hombre, rogarán por él al Señor; mas si alguno peca contra Dios, ¿quién rogará por él?»

Que se predijo de antemano el odio contra el Nombre

En el Evangelio según Lucas: «Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre.» Asimismo según Juan: «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, sino que yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán.» Asimismo en Baruc: «Porque vendrá tiempo, y me buscaréis, tanto vosotros como los que vengan después de vosotros, para oír la palabra de sabiduría y de inteligencia, y no me hallaréis. Y las naciones desearán ver al sabio, y no les será concedido; no porque falte la sabiduría de este mundo o desfallezca en la tierra; pero tampoco faltará al mundo la palabra de la ley. Porque la sabiduría estará en unos pocos que velan, y callan, y están sosegados, y que conversan unos con otros; porque algunos los temerán y los tendrán por malos. Pero algunos no creen la palabra de la ley del Altísimo. Y algunos, asombrados en su semblante, no creerán; y también los que contradicen creerán, y serán contrarios al espíritu de verdad y lo estorbarán. Además, otros serán sabios para el espíritu del error, y pregonarán los edictos como si fueran del Altísimo y del Fuerte. Además, otros son poseedores de la fe. Otros son poderosos y fuertes en la fe del Altísimo, y aborrecibles al extraño.»

Que lo que uno ha prometido a Dios con voto, debe cumplirlo pronto

En Salomón: «Cuando a Dios hagas promesa, no tardes en cumplirla.» Sobre esto mismo en el Deuteronomio: «Cuando hagas voto al Señor tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará el Señor tu Dios de ti, y sería pecado en ti. Guardarás lo que salga de tus labios, y cumplirás la ofrenda que prometiste con tu boca.» Sobre este mismo asunto en el salmo cuarenta y nueve: «Sacrifica a Dios sacrificio de alabanza, y paga tus votos al Altísimo. E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me glorificarás.» Sobre esto mismo en los Hechos de los Apóstoles: «¿Por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, cuando tu heredad estaba en tu poder? No has mentido a los hombres, sino a Dios.» Asimismo en Jeremías: «Maldito el que hace la obra de Dios con negligencia.»

Que el que no cree ya ha sido juzgado

En el Evangelio según Juan: «El que no cree ya ha sido juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo unigénito de Dios. Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz». Sobre esto también en el Salmo primero: «Por tanto, no se levantarán los impíos en el juicio, ni los pecadores en el consejo de los justos».

Del provecho de la virginidad y de la continencia

En el Génesis: «Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus gemidos, y con dolor darás a luz los hijos; y tu inclinación será hacia tu marido, y él se enseñoreará de ti». Sobre lo mismo en el Evangelio según Mateo: «No todos reciben esta palabra, sino aquellos a quienes es dado; porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron forzados a serlo por los hombres, y hay eunucos que se hicieron eunucos a sí mismos por causa del reino de los cielos. El que pueda recibirlo, que lo reciba». Asimismo según Lucas: «Los hijos de este siglo engendran y son engendrados. Pero los que han sido tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento; porque tampoco comenzarán a morir, pues son iguales a los ángeles de Dios, ya que son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, Moisés lo da a entender cuando dice en la zarza: El Señor, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque todos viven para él». Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Bueno le es al hombre no tocar mujer. Pero, a causa de la fornicación, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. El marido dé a la mujer lo que le es debido, e igualmente la mujer al marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; y del mismo modo, tampoco el marido tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os neguéis el uno al otro, a no ser de común acuerdo por algún tiempo, para que os ocupéis en la oración; y volved a juntaros, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia. Esto lo digo por concesión, no por mandamiento. Pero quisiera que todos los hombres fuesen como yo. Mas cada uno tiene su propio don de Dios: uno de un modo, y otro de otro». Asimismo en el mismo lugar: «El soltero se preocupa de las cosas que son del Señor, de cómo agradar a Dios; pero el que ha contraído matrimonio se preocupa de las cosas que son de este mundo, de cómo agradar a su mujer. Así también la mujer y la virgen no casada se preocupan de las cosas que son del Señor, para ser santas así en el cuerpo como en el espíritu; pero la que se ha casado se preocupa de las cosas que son de este mundo, de cómo agradar a su marido». Asimismo en el Éxodo, cuando el Señor había mandado a Moisés que santificase al pueblo para el tercer día, él los santificó y añadió: «Estad preparados; durante tres días no os acercaréis a mujer». Asimismo en el primer libro de los Reyes: «Y el sacerdote respondió a David y dijo: No hay panes comunes en mi mano, sino un solo pan sagrado. Si los jóvenes se han guardado de mujeres, comerán». Asimismo en el Apocalipsis: «Estos son los que no se contaminaron con mujeres, porque permanecieron vírgenes; estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va».

Que el Padre no juzga nada, sino el Hijo; y que no glorifica al Padre aquel que no glorifica al Hijo

En el Evangelio según Juan: «El Padre no juzga a nadie, sino que todo el juicio lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió». Asimismo en el Salmo setenta y uno: «Oh Dios, da tu juicio al rey, y tu justicia al hijo del rey, para juzgar a tu pueblo con justicia». Asimismo en el Génesis: «Y el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego del cielo de parte del Señor».

Que el creyente no debe vivir como el gentil

En Jeremías: «Así dice el Señor: No andéis según el camino de los gentiles». Sobre lo mismo, que uno debe apartarse de los gentiles para no hacerse compañero de su pecado y partícipe de su castigo, en el Apocalipsis: «Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seas partícipe de sus delitos, y para que no seas herido con sus plagas; porque sus delitos han llegado hasta el cielo, y el Señor Dios se ha acordado de sus iniquidades. Por eso él le ha devuelto el doble, y en el cáliz que ella mezcló se le ha mezclado el doble; y cuanto se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto se le da de tormento y de llanto. Porque dice en su corazón: Soy reina, y no puedo ser viuda, ni veré llanto. Por eso en una sola hora vendrán sobre ella sus plagas, muerte, llanto y hambre; y será quemada con fuego, porque fuerte es el Señor Dios que la juzgará. Y llorarán y se lamentarán por ella los reyes de la tierra que han fornicado con ella y han tenido parte en sus pecados». Asimismo en Isaías: «Salid de en medio de ellos, vosotros que lleváis los vasos del Señor».

Que Dios es paciente con este fin: que nos arrepintamos de nuestro pecado y seamos corregidos

En Salomón, en el Eclesiástico: «No digas: He pecado, ¿y qué mal me ha sobrevenido? Porque el Altísimo es un retribuidor paciente». Asimismo Pablo a los Romanos: «¿O menosprecias las riquezas de su bondad, de su tolerancia y de su paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras».

Que la mujer no debe adornarse a la manera del mundo

En el Apocalipsis: «Y vino uno de los siete ángeles que tenían las copas, y se acercó a mí, diciendo: Ven, te mostraré la condenación de la gran ramera, que está sentada sobre muchas aguas, con la cual han fornicado los reyes de la tierra. Y vi una mujer sentada sobre una bestia. Y aquella mujer estaba vestida de un manto de púrpura y de escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en su mano un cáliz de oro lleno de maldiciones, de impureza y de la fornicación de toda la tierra». Asimismo a Timoteo: «Que vuestras mujeres sean tales que se adornen con pudor y modestia, no con cabellos rizados, ni con oro, ni con perlas, ni con vestidos costosos, sino como conviene a mujeres que profesan castidad, con buena conducta». Sobre lo mismo en la Epístola de Pedro a los del Ponto: «Que en la mujer no haya el adorno exterior de joyas, ni de oro, ni de vestidos, sino el adorno del corazón». Asimismo en el Génesis: «Tamar se cubrió con un manto y se adornó; y cuando Judá la vio, le pareció que era una ramera».

Que el creyente no debe ser castigado por otras faltas, sino solo por el nombre que lleva

En la Epístola de Pedro a los del Ponto: «Ninguno de vosotros padezca como ladrón, ni como homicida, ni como malhechor, ni por entremeterse en lo ajeno, sino como cristiano».

Que el siervo de Dios debe ser inocente, para no caer en castigo secular

En la Epístola de Pablo a los Romanos: «¿Quieres no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella».

Que se nos ha dado en Cristo un ejemplo de vida

En la Epístola de Pedro a los del Ponto: «Porque Cristo padeció por nosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien, cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que se entregaba al que juzga injustamente». Asimismo Pablo a los Filipenses: «El cual, constituido en la figura de Dios, no tuvo por usurpación ser igual a Dios; sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, fue hecho semejante a los hombres, y fue hallado en la condición de hombre. Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual también Dios lo exaltó y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y en los infiernos; y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre». Sobre lo mismo en el Evangelio según Juan: «Si yo, siendo vuestro Maestro y Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavar los pies a los demás. Porque os he dado ejemplo, para que, como yo he hecho, también vosotros hagáis con los demás».

Que no debemos obrar con ruido ni con jactancia

En el Evangelio según Mateo: «No sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto; y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará». Asimismo en el mismo lugar: «Cuando des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las calles y en las sinagogas, para ser glorificados por los hombres. De cierto os digo que ya han recibido su recompensa».

Que no debemos hablar neciamente ni de modo ofensivo

En la Epístola de Pablo a los Efesios: «Las palabras necias y la chocarrería, que no convienen a la ocasión, ni siquiera se nombren entre vosotros».

Que la fe aprovecha en todo, y que podemos tanto cuanto creemos

En el Génesis: «Y creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia». Asimismo en Isaías: «Y si no creéis, tampoco entenderéis». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». Asimismo en el mismo lugar: «Si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible». Asimismo según Marcos: «Todo cuanto orando pidáis, creed que lo recibiréis, y será vuestro». Asimismo en el mismo lugar: «Al que cree todo le es posible». En Habacuc: «Mas el justo vive por mi fe». Asimismo en Daniel: «Ananías, Azarías y Misael, confiando en Dios, fueron librados de la llama ardiente».

Que el que cree puede obtenerlo al instante (es decir, el perdón y la paz)

En los Hechos de los Apóstoles: «He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Entonces dijo Felipe: Si crees de todo corazón, bien puedes».

Que los creyentes que tienen diferencias entre sí no deben acudir a un juez gentil

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «¿Se atreve alguno de vosotros, teniendo un asunto contra otro, a ventilarlo ante los injustos, y no ante los santos? ¿No sabéis que los santos han de juzgar a este mundo?». Y de nuevo: «Ya es del todo una falta en vosotros que tengáis pleitos los unos contra los otros. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no os dejáis más bien defraudar? Pero vosotros cometéis el agravio y defraudáis, y esto a vuestros hermanos. ¿No sabéis que los injustos no alcanzarán el reino de Dios?».

Que la esperanza es de las cosas venideras, y que por eso nuestra fe acerca de las cosas prometidas debe ser paciente

En la Epístola de Pablo a los Romanos: «En esperanza somos salvos. Pero la esperanza que se ve no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿por qué esperarlo? Mas si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo esperamos».

Que la mujer debe callar en la iglesia

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Las mujeres callen en la iglesia. Y si quieren aprender alguna cosa, pregunten en casa a sus maridos». Asimismo a Timoteo: «La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ponerse por encima del hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue seducido, sino que la mujer fue seducida».

Que por nuestra culpa y nuestro merecimiento sucede que padecemos y no percibimos en todo la ayuda de Dios

En Oseas: «Oíd la palabra del Señor, hijos de Israel: porque el Señor tiene juicio contra los moradores de la tierra, porque no hay misericordia ni verdad, ni conocimiento de Dios en la tierra; sino que la maldición, la mentira, la matanza, el robo y el adulterio se han esparcido por la tierra: mezclan sangre con sangre. Por eso la tierra se enlutará con todos sus moradores, con las bestias del campo, con los reptiles de la tierra, con las aves del cielo; y los peces del mar faltarán; de modo que nadie juzgue, nadie reprenda». Sobre lo mismo en Isaías: «¿No es fuerte la mano del Señor para salvar, o ha agravado su oído para no oír? Pero vuestros pecados os separan de Dios, y a causa de vuestras iniquidades aparta de vosotros su rostro para no compadecerse. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre, y vuestros dedos de pecados; y vuestros labios han hablado maldad, y vuestra lengua trama injusticia. Nadie dice verdad, ni el juicio es verdadero. Confían en la vanidad y hablan vaciedad; conciben dolor y dan a luz maldad». Asimismo en Sofonías: «Desfalleciendo, desfallezca de sobre la faz de la tierra, dice el Señor. Desfallezcan el hombre y el ganado; desfallezcan las aves del cielo y los peces del mar; y quitaré a los injustos de sobre la faz de la tierra».

Que no debemos cobrar usura

En el Salmo trece: «El que no ha dado su dinero a usura, ni ha recibido dádivas contra el inocente. El que hace estas cosas no resbalará jamás». Asimismo en Ezequiel: «Pero el hombre que sea justo no oprimirá a nadie, devolverá la prenda al deudor, no cometerá rapiña, dará su pan al hambriento, cubrirá al desnudo y no dará su dinero a usura». Asimismo en el Deuteronomio: «No prestarás a tu hermano con usura de dinero ni con usura de víveres».

Que hay que amar aun a los enemigos

En el Evangelio según Lucas: «Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman». Asimismo según Mateo: «Amad a vuestros enemigos, y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos».

Que el sacramento de la fe no debe profanarse

En Salomón, en los Proverbios: «No digas nada a oídos del necio, no sea que, al oírlo, se burle de tus sabias palabras». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen con sus pies, y se vuelvan y os despedacen».

Que nadie debe envanecerse en su trabajo

En Salomón, en el Eclesiástico: «No te ensalces al hacer tu obra». Asimismo en el Evangelio según Lucas: «¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o un pastor, le dice cuando vuelve del campo: Pasa en seguida y siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame algo para cenar, y cíñete y sírveme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú? ¿Acaso da gracias a aquel siervo porque hizo lo que se le había mandado? Así también vosotros, cuando hayáis hecho lo que se os ha mandado, decid: Siervos inútiles somos; hemos hecho lo que debíamos hacer».

Que la libertad de creer o de no creer está puesta en el libre albedrío

En el Deuteronomio: «He aquí, he puesto delante de ti la vida y la muerte, el bien y el mal. Escoge para ti la vida, para que vivas». Asimismo en Isaías: «Si quisiereis y me oyereis, comeréis el bien de la tierra. Pero si no quisiereis y no me oyereis, la espada os consumirá. Porque la boca del Señor ha dicho estas cosas». Asimismo en el Evangelio según Lucas: «El reino de Dios está dentro de vosotros».

Que los secretos de Dios no pueden penetrarse, y que por eso nuestra fe debe ser sencilla

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Ahora vemos por espejo, en enigma, pero entonces cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como también soy conocido». Asimismo en Salomón, en la Sabiduría: «Y buscadlo con sencillez de corazón». Asimismo en el mismo: «El que anda en sencillez, anda confiado». Asimismo en el mismo: «No busques lo que está por encima de ti, ni escudriñes lo que supera tus fuerzas». Asimismo en Salomón: «No seas justo en exceso, ni razones más de lo necesario». Asimismo en Isaías: «¡Ay de los que son prudentes en sí mismos!». Asimismo en los Macabeos: «Daniel, por su sencillez, fue librado de la boca de los leones». Asimismo en la Epístola de Pablo a los Romanos: «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le sea recompensado? Porque de él, y por él, y en él son todas las cosas: a él sea la gloria por los siglos de los siglos». Asimismo a Timoteo: «Pero evita las cuestiones necias e insensatas, sabiendo que engendran contiendas. Y el siervo de Dios no debe ser contencioso, sino amable para con todos».

Que nadie está sin mancha y sin pecado

En Job: «Porque ¿quién está limpio de mancha? Ni uno solo, aunque su vida sobre la tierra sea de un solo día». Asimismo en el Salmo cincuenta: «He aquí, en iniquidades fui concebido, y en pecados me concibió mi madre». Asimismo en la Epístola de Juan: «Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros».

Que no debemos agradar a los hombres, sino a Dios

En el Salmo cincuenta y dos: «Los que agradan a los hombres son confundidos, porque Dios los ha reducido a nada». Asimismo en la Epístola de Pablo a los Gálatas: «Si quisiera agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo».

Que nada de lo que se hace queda oculto a Dios

En la Sabiduría de Salomón: «En todo lugar los ojos de Dios miran a los buenos y a los malos». Asimismo en Jeremías: «Yo soy un Dios de cerca, y no un Dios de lejos. Si alguno se escondiere en lugar secreto, ¿no lo veré yo? ¿No lleno yo el cielo y la tierra?, dice el Señor». Asimismo en el primero de los Reyes: «El hombre mira el rostro, pero Dios mira el corazón». Asimismo en el Apocalipsis: «Y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña los riñones y el corazón; y daré a cada uno de vosotros según sus obras». Asimismo en el Salmo dieciocho: «¿Quién entiende sus propios errores? Límpiame, Señor, de mis pecados ocultos». Asimismo en la segunda Epístola de Pablo a los Corintios: «Es necesario que todos nosotros seamos manifestados ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba lo que corresponde a su propio cuerpo, según lo que haya hecho, sea bueno o sea malo».

Que el creyente es corregido y preservado

En el Salmo ciento diecisiete: «Castigando me castigó el Señor, mas no me entregó a la muerte». Asimismo en el Salmo ochenta y ocho: «Visitaré con vara sus transgresiones, y con azotes sus pecados. Pero no apartaré de ellos mi misericordia». Asimismo en Malaquías: «Y se sentará para fundir y purificar, como quien purifica el oro y la plata; y purificará a los hijos de Leví». Asimismo en el Evangelio: «No saldrás de allí hasta que pagues el último cuadrante».

Que nadie debe entristecerse por la muerte, pues en el vivir hay trabajo y peligro, y en el morir, paz y la certeza de la resurrección

En el Génesis: «Entonces dijo el Señor a Adán: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer y comiste del árbol del cual solo te mandé que no comieras, maldita será la tierra en todas tus obras; con tristeza y gemido comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producirá, y comerás la hierba del campo con el sudor de tu frente. Comerás tu pan hasta que vuelvas a la tierra de la cual también fuiste tomado; porque tierra eres, y a la tierra irás». Asimismo en el mismo lugar: «Y Enoc agradó a Dios, y después no fue hallado, porque Dios lo trasladó». Y en Isaías: «Toda carne es hierba, y toda su gloria como flor de la hierba. La hierba se secó, y la flor se cayó; mas la palabra del Señor permanece para siempre». En Ezequiel: «Ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza; hemos expirado. Por tanto, profetiza y di: Así dice el Señor: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, y os sacaré de vuestros sepulcros, y os traeré a la tierra de Israel; y pondré mi Espíritu sobre vosotros, y viviréis; y os estableceré en vuestra tierra; y sabréis que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré, dice el Señor». Asimismo en la Sabiduría de Salomón: «Fue arrebatado, para que la maldad no pervirtiera su entendimiento; porque su alma era agradable a Dios». Asimismo en el Salmo ochenta y tres: «¡Cuán amables son tus moradas, oh Señor de los ejércitos! Mi alma anhela y se apresura hacia los atrios de Dios». Y en la Epístola de Pablo a los Tesalonicenses: «Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús». Asimismo en la primera Epístola a los Corintios: «Necio, lo que tú siembras no se vivifica si no muere antes». Y de nuevo: «Una estrella es diferente de otra en gloria; así también la resurrección. Se siembra el cuerpo en corrupción, resucita sin corrupción; se siembra en ignominia, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita en poder; se siembra cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual». Y de nuevo: «Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en la contienda. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh muerte, tu contienda?». Asimismo en el Evangelio según Juan: «Padre, quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo esté, y vean mi gloria que me has dado antes de la fundación del mundo». Asimismo según Lucas: «Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación». Asimismo según Juan: «Si me amarais, os gozaríais de que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo».

De los ídolos que los gentiles tienen por dioses

En la Sabiduría de Salomón: «Tuvieron por dioses a todos los ídolos de las naciones, que no tienen el uso de los ojos para ver, ni de las narices para respirar, ni de los oídos para oír, ni de los dedos de las manos para palpar; y aun sus pies son torpes para andar. Porque un hombre los hizo, y el que recibió prestado su aliento los fabricó. Pero ningún hombre podrá fabricar un dios semejante a sí mismo. Pues, siendo mortal, fabrica con manos inicuas una cosa muerta. Pero él mismo es mejor que aquellos a quienes adora, ya que él al menos vivió, y ellos nunca». Sobre esta misma materia: «Ni los que contemplaron las obras conocieron quién era el artífice, sino que pensaron que el fuego, o el viento, o el aire veloz, o el círculo de las estrellas, o el agua abundante, o el sol y la luna, eran los dioses que gobiernan el mundo; y si por la hermosura de estas cosas pensaron así, sepan cuánto más hermoso que ellas es el Señor; o si admiraron su poder y sus operaciones, entiendan por ellas mismas que aquel que estableció estas grandes cosas es más fuerte que ellas». Asimismo en el Salmo ciento treinta y cuatro: «Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres. Tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; ni hay aliento en su boca. Semejantes a ellos sean los que los hacen, y todos los que en ellos confían». Asimismo en el Salmo noventa y cinco: «Todos los dioses de las naciones son demonios, pero el Señor hizo los cielos». Asimismo en el Éxodo: «No os haréis dioses de plata ni de oro». Y de nuevo: «No te harás ídolo, ni semejanza de cosa alguna». Asimismo en Jeremías: «Así dice el Señor: No andéis según los caminos de los paganos; porque ellos temen esas cosas en sus propias personas, pues las costumbres de los paganos son vanidad. El leño cortado del bosque es hecho obra del carpintero, y la plata y el oro fundidos se disponen con hermosura; con martillos y clavos los afirman, y no se moverán, porque están fijos. La plata se trae de Tarsis, el oro viene de Moab. Todo es obra de artífices; los vestirán de azul y de púrpura; levantándolos, los llevarán, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque no hacen mal, ni hay en ellos bien alguno. Decid así: Los dioses que no hicieron el cielo y la tierra perezcan de la tierra y de debajo de este cielo. El cielo se estremeció de esto, y se horrorizó con mucho más vehemencia, dice el Señor. Estos males ha hecho mi pueblo. Me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí pozos gastados que no pueden retener el agua. Tu amor te ha herido, y tu maldad te acusará. Conoce, pues, y mira cuán amargo te será haberme dejado, dice el Señor tu Dios, y no haber esperado en mí, dice tu Señor. Porque desde antiguo rechazaste mi yugo, y rompiste tus ataduras, y dijiste: No serviré, sino que iré sobre todo monte alto, y sobre todo collado elevado, y bajo todo árbol frondoso: allí me confundiré en la fornicación. Al leño y a la piedra dijeron: Tú eres mi padre; y a la piedra: Tú me engendraste; y me volvieron la espalda, y no el rostro». En Isaías: «Cayó el dragón, o se ha deshecho; sus esculturas han venido a ser como bestias y ganado. Fatigados y hambrientos, y sin fuerzas, los llevaréis atados sobre vuestro cuello como carga pesada». Y de nuevo: «Reunidos, no podrán librarse de la guerra; sino que ellos mismos han sido llevados cautivos contigo». Y de nuevo: «¿A quién me habéis comparado? Mirad y entended que erráis en vuestro corazón, vosotros que sacáis oro de la bolsa, y pesáis plata en la balanza, completando el peso. Los artífices han hecho con su mano lo fabricado; y, postrándose, lo han adorado, y lo han alzado sobre sus hombros, y así anduvieron. Pero si los ponen en el suelo, permanecerán en su lugar y no se moverán; y no oirán a los que les claman; no los salvarán de los males». Asimismo en Jeremías: «El Señor, que hizo el cielo y la tierra, con su poder ordenó el mundo, con su sabiduría extendió los cielos, y la muchedumbre de las aguas en el cielo. Hizo subir las nubes desde el extremo de la tierra, los relámpagos en las nubes; y sacó los vientos de sus tesoros. Todo hombre se embrutece por su ciencia, todo artífice se avergüenza de sus esculturas; porque fundió una mentira: no hay aliento en ellas. Las obras encerradas en ellas son vanidad; en el tiempo de su consideración perecerán». Y en el Apocalipsis: «Y el sexto ángel tocó la trompeta. Y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, que decía al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, el día, el mes y el año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres; y el número de los ejércitos de a caballo era de doscientos mil millares: oí su número. Y entonces vi en visión los caballos y a los que los montaban, que tenían corazas de fuego, de jacinto y de azufre; y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salía fuego, humo y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca y están en sus colas; porque sus colas eran semejantes a serpientes, pues tenían cabezas, y con ellas dañan. Y los demás hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni se arrepintieron de las obras de sus manos, para no adorar a los demonios y a los ídolos, es decir, imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, que no pueden ver ni andar, tampoco se arrepintieron de sus homicidios». Asimismo en el mismo lugar: «Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe su marca en la frente o en la mano, este también beberá del vino de su ira, y será atormentado con fuego y azufre ante los ojos de los santos ángeles y ante los ojos del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos».

Que no se ha de desear un apetito excesivo de comida

En Isaías: «Comamos y bebamos, que mañana moriremos. Este pecado no os será perdonado hasta que muráis». Asimismo en el Éxodo: «Y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar». Pablo, en la primera a los Corintios: «La vianda no nos hace más aceptos ante Dios; ni porque comamos tendremos más, ni porque no comamos tendremos menos». Y de nuevo: «Cuando os reunís para comer, esperaos unos a otros. Si alguno tiene hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio». Asimismo a los Romanos: «El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo». En el Evangelio según Juan: «Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra».

Que no se ha de buscar el afán de poseer ni el dinero

En Salomón, en el Eclesiástico: «El que ama la plata no se saciará de plata». Asimismo en los Proverbios: «Al que retiene el trigo, el pueblo lo maldice; pero bendición hay sobre la cabeza del que lo reparte». Asimismo en Isaías: «¡Ay de los que juntan casa a casa, y añaden campo a campo, para quitar algo a su prójimo! ¿Habitaréis vosotros solos sobre la tierra?». Asimismo en Sofonías: «Edificarán casas, y no las habitarán; y plantarán viñas, y no beberán el vino de ellas, porque cercano está el día del Señor». Asimismo en el Evangelio según Lucas: «Porque ¿qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?». Y de nuevo: «Pero el Señor le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Y de nuevo: «Acuérdate de que recibiste tus bienes en esta vida, y Lázaro también males. Pero ahora él es consolado, y tú te afliges». Y en los Hechos de los Apóstoles: «Pero Pedro le dijo: No tengo plata ni oro; pero lo que tengo te doy: En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y, tomándolo de la mano derecha, lo levantó». Asimismo en la primera a Timoteo: «Nada trajimos a este mundo, y tampoco podremos sacar nada. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y en lazo, y en muchas codicias dañosas, que hunden a los hombres en perdición y ruina. Porque raíz de todos los males es la avaricia, la cual codiciando algunos, naufragaron en la fe, y se sumergieron en muchos dolores».

Que no se ha de contraer matrimonio con los gentiles

En Tobías: «Toma mujer de la descendencia de tus padres, y no tomes mujer extranjera que no sea de la tribu de tus padres». Asimismo en el Génesis, Abraham envía a su siervo a tomar de su linaje a Rebeca para su hijo Isaac. Asimismo en Esdras, no le bastó a Dios que los judíos fueran asolados, sino que exigió que despidieran a sus mujeres extranjeras, junto con los hijos que de ellas habían engendrado. Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «La mujer está ligada mientras vive su marido; pero si el marido muere, queda libre para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor. Pero será más dichosa si se queda así». Y de nuevo: «¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Tomaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo. ¿O no sabéis que el que se une con una ramera es un cuerpo con ella? Porque los dos serán una sola carne. Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él». Asimismo en la segunda a los Corintios: «No os unáis en yugo desigual con los incrédulos. Porque ¿qué participación tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión tiene la luz con las tinieblas?». Asimismo acerca de Salomón en el tercer libro de los Reyes: «Y las mujeres extranjeras inclinaron su corazón tras sus dioses».

Que el pecado de fornicación es grave

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo; pero el que fornica, contra su propio cuerpo peca. No sois vuestros, porque habéis sido comprados por gran precio. Glorificad y llevad al Señor en vuestro cuerpo».

Cuáles son las cosas carnales que engendran la muerte, y cuáles las espirituales que conducen a la vida

Pablo a los Gálatas: «La carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis aun lo que queréis. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterios, fornicaciones, impurezas, inmundicias, idolatrías, hechicerías, homicidios, odios, contiendas, emulaciones, animosidades, provocaciones, odios, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os declaro que los que hacen tales cosas no poseerán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es caridad, gozo, paz, magnanimidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia, castidad. Pues los que son de Cristo han crucificado su carne con sus vicios y concupiscencias».

Que todos los pecados se perdonan en el bautismo

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Ni los fornicarios, ni los que sirven a los ídolos, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los estafadores, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los rapaces, alcanzarán el reino de Dios. Y esto ciertamente erais; pero ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, y por el Espíritu de nuestro Dios».

Que en los preceptos de la Iglesia se ha de guardar la disciplina de Dios

En Jeremías: «Y os daré pastores según mi corazón, y apacentarán las ovejas, apacentándolas con disciplina». Asimismo en Salomón, en los Proverbios: «Hijo mío, no menosprecies la disciplina de Dios, ni desmayes cuando eres reprendido por él. Porque Dios reprende al que ama». Asimismo en el Salmo segundo: «Guardad la disciplina, no sea que se enoje el Señor y perezcáis del camino recto, cuando se encienda de pronto su ira contra vosotros. Bienaventurados todos los que en él confían». Asimismo en el Salmo cuarenta y nueve: «Pero al pecador dijo Dios: ¿Por qué expones mis juicios y tomas mi pacto en tu boca? Pues tú aborreces la disciplina, y echas a tu espalda mis palabras». Asimismo en la Sabiduría de Salomón: «Desdichado el que desecha la disciplina».

Que fue predicho que los hombres despreciarían la sana disciplina

Pablo, en la segunda a Timoteo: «Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; sino que, conforme a sus propias concupiscencias, se amontonarán maestros que les halaguen el oído, cosquilleándoles los oídos; y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas».

Que debemos apartarnos de quien vive desordenadamente y contra la disciplina

Pablo a los Tesalonicenses: «Pero os hemos mandado, en el nombre de Jesucristo, que os apartéis de todos los hermanos que andan desordenadamente, y no conforme a la tradición que recibieron de nosotros». Asimismo en el Salmo cuarenta y nueve: «Si veías al ladrón, en seguida corrías con él, y con los adúlteros ponías tu parte».

Que el reino de Dios no está en la sabiduría del mundo ni en la elocuencia, sino en la fe de la cruz y en la virtud de la conducta

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Cristo me envió a predicar, no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan es poder de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y reprobaré la prudencia de los prudentes. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el escriba? ¿Dónde el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropiezo, y para los gentiles locura; pero para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios y sabiduría de Dios». Y de nuevo: «Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno entre vosotros se cree sabio, hágase necio para este mundo, a fin de ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad para con Dios. Pues escrito está: Tú reprenderás a los sabios en su astucia». Y de nuevo: «El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son necios».

Que debemos obedecer a los padres

En la Epístola de Pablo a los Efesios: «Hijos, obedeced a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre (que es el primer mandamiento con promesa), para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra».

Y que tampoco los padres deben ser duros con sus hijos

Asimismo en el mismo lugar: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina y amonestación del Señor».

Que los siervos, cuando han creído, deben servir mejor a sus amos según la carne

En la Epístola de Pablo a los Efesios: «Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, y con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como quienes agradan a los hombres, sino como siervos de Dios».

Asimismo, que los amos deben ser más benignos

Asimismo en el mismo lugar: «Y vosotros, amos, haced lo mismo con ellos, dejando la ira, sabiendo que el Señor de ellos y el vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas».

Que todas las viudas probadas han de ser tenidas en honra

En la primera Epístola de Pablo a Timoteo: «Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero la viuda que se entrega a los placeres, viviendo está muerta». Y de nuevo: «Pero no admitas a las viudas más jóvenes; porque cuando se han entregado a los placeres en Cristo, quieren casarse, incurriendo en condenación, por haber abandonado su primera fe».

Que cada uno debe cuidar más bien de los suyos, y especialmente de los creyentes

El apóstol en su primera Epístola a Timoteo: «Pero si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un infiel». Sobre lo mismo en Isaías: «Si vieres al desnudo, cúbrelo; y no desprecies a los de la casa de tu propia descendencia». De los cuales domésticos se dice en el Evangelio: «Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?».

Que no se ha de acusar temerariamente a un anciano

En la primera a Timoteo: «Contra un anciano no admitas acusación».

Que el pecador debe ser reprendido públicamente

En la primera Epístola de Pablo a Timoteo: «A los que pecan, repréndelos delante de todos, para que los demás también teman».

Que no debemos conversar con los herejes

A Tito: «Al hombre hereje, después de una amonestación, evítalo, sabiendo que el tal está pervertido, y peca, y está condenado por su propio juicio». Sobre lo mismo en la Epístola de Juan: «Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubieran sido de nosotros, sin duda habrían permanecido con nosotros». Asimismo en la segunda a Timoteo: «Su palabra carcome como gangrena».

Que la inocencia pide con confianza, y alcanza

En la Epístola de Juan: «Si nuestro corazón no nos reprende, confianza tenemos para con Dios; y cualquier cosa que pidamos, la recibiremos de él». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios». Asimismo en el Salmo veintitrés: «¿Quién subirá al monte del Señor? ¿O quién estará en su lugar santo? El inocente de manos y limpio de corazón».

Que el diablo no tiene poder alguno contra el hombre si Dios no se lo permite

En el Evangelio según Juan: «Jesús dijo: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba». Asimismo en el tercero de los Reyes: «Y Dios suscitó a Satanás contra el mismo Salomón». Asimismo en Job, primero lo permitió Dios, y entonces le fue concedido al diablo; y en el Evangelio, el Señor lo permitió primero, al decir a Judas: «Lo que haces, hazlo pronto». Asimismo en Salomón, en los Proverbios: «El corazón del rey está en la mano de Dios».

Que el salario del jornalero se pague pronto

En el Levítico: «El salario de tu jornalero no dormirá contigo hasta la mañana».

Que no se ha de practicar la adivinación

En el Deuteronomio: «No practiquéis agüeros ni augurios».

Que no se ha de llevar un mechón de cabello en la cabeza

En el Levítico: «No os haréis mechón con el cabello de vuestra cabeza».

Que no se ha de arrancar la barba

«No desfiguraréis la forma de vuestra barba».

Que debemos levantarnos cuando llega un obispo o un presbítero

En el Levítico: «Te levantarás delante del rostro del anciano, y honrarás la persona del presbítero».

Que no se ha de hacer cisma, aunque el que se aparta permanezca en una misma fe y en la misma tradición

En el Eclesiástico, en Salomón: «El que parte leña correrá peligro por ella si se le suelta el hierro». Asimismo en el Éxodo: «En una sola casa se comerá; no sacaréis la carne fuera de la casa». Asimismo en el Salmo ciento treinta y dos: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos en unidad!». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama». Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros cismas, sino que estéis perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer». Asimismo en el Salmo sesenta y siete: «Dios, que hace habitar en una casa a los de un mismo sentir».

Que los creyentes deben ser sencillos, con prudencia

En el Evangelio según Mateo: «Sed prudentes como serpientes, y sencillos como palomas». Y de nuevo: «Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres».

Que no se ha de engañar al hermano

En la primera Epístola de Pablo a los Tesalonicenses: «Que ninguno engañe a su hermano en negocio alguno, porque Dios es vengador de todo esto».

Que el fin del mundo viene de repente

Dice el apóstol: «El día del Señor vendrá así como ladrón de noche. Cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina». Asimismo en los Hechos de los Apóstoles: «Nadie puede saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad».

Que la mujer no debe separarse de su marido; y que, si se separa, debe quedarse sin casar

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Pero a los que están unidos en matrimonio mando, no yo, sino el Señor: que la mujer no se separe del marido; y si se separa, que se quede sin casar, o se reconcilie con su marido; y que el marido no despida a su mujer».

Que cada uno es tentado tanto cuanto puede soportar

En la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «No os sobrevendrá tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportarla».

Que no se ha de hacer todo lo que es lícito

Pablo, en la primera Epístola a los Corintios: «Todas las cosas son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas son lícitas, mas no todas edifican».

Que fue predicho que surgirían herejías

En la primera epístola de Pablo a los Corintios: «Es preciso que haya herejías, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados».

Que la Eucaristía se ha de recibir con temor y honra

En el Levítico: «Pero cualquier alma que comiere de la carne del sacrificio de salvación, que es del Señor, estando su inmundicia todavía sobre ella, aquella alma perecerá de entre su pueblo». Asimismo en la primera a los Corintios: «Cualquiera que comiere el pan o bebiere la copa del Señor indignamente será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor».

Que hemos de vivir con los buenos y evitar a los malos

En Salomón, en los Proverbios: «No metas al impío en la morada de los justos». Asimismo en el mismo, en el Eclesiástico: «Sean los justos tus huéspedes». Y de nuevo: «El amigo fiel es medicina de vida y de inmortalidad». Asimismo en el mismo lugar: «Aléjate del hombre que tiene poder para matar, y no sospecharás temor». Asimismo en el mismo lugar: «Bienaventurado el que halla un verdadero amigo, y el que habla justicia a oído que escucha». Asimismo en el mismo lugar: «Cerca tus oídos con espinos, y no escuches la lengua malvada». Asimismo en el Salmo diecisiete: «Con el justo serás justificado, y con el hombre inocente serás inocente, y con el perverso serás perverso». Asimismo en la primera Epístola de Pablo a los Corintios: «Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres».

Que debemos trabajar no con palabras, sino con obras

En Salomón, en el Eclesiástico: «No seas pronto con tu lengua, e inútil y remiso en tus obras». Y Pablo, en la primera a los Corintios: «El reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder». Asimismo a los Romanos: «No son justos delante de Dios los oidores de la ley, sino que los hacedores de la ley serán justificados». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «El que hiciere y enseñare así, este será llamado el mayor en el reino de los cielos». Asimismo en el mismo lugar: «Todo el que oye estas mis palabras y las hace, lo compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas mis palabras y no las hace, lo compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena. Descendió la lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina».

Que debemos apresurarnos a la fe y a alcanzarla

En Salomón, en el Eclesiástico: «No tardes en convertirte a Dios, ni lo difieras de día en día; porque su ira viene de repente».

Que el catecúmeno ya no debe pecar más

En la Epístola de Pablo a los Romanos: «Hagamos males hasta que vengan bienes; la condenación de los tales es justa».

Que el juicio será conforme a los tiempos, ya de la equidad antes de la ley, ya de la ley después de Moisés

Pablo a los Romanos: «Todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley también serán juzgados».

Que la gracia de Dios debe ser sin precio

En los Hechos de los Apóstoles: «Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que la gracia de Dios se posee por dinero». Asimismo en el Evangelio: «De gracia recibisteis, dad de gracia». Asimismo en el mismo lugar: «Habéis hecho de la casa de mi Padre casa de mercado; y de la casa de oración habéis hecho cueva de ladrones». Asimismo en Isaías: «Los que tenéis sed, id a las aguas, y todos los que no tenéis dinero: id, comprad y bebed sin dinero». Asimismo en el Apocalipsis: «Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere poseerá estas cosas y su herencia; y yo seré su Dios, y él será mi hijo».

Que el Espíritu Santo ha aparecido frecuentemente en fuego

En el Éxodo: «Y todo el monte Sinaí humeaba, porque Dios había descendido sobre él en fuego». Asimismo en los Hechos de los Apóstoles: «Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó todo aquel lugar donde estaban sentados. Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, que se asentaron sobre cada uno de ellos; y fueron todos llenos del Espíritu Santo». Asimismo en los sacrificios, todo lo que Dios tenía por acepto, descendía fuego del cielo y consumía lo sacrificado. En el Éxodo: «Se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego en medio de la zarza».

Que todos los buenos deben oír de buena gana la reprensión

En Salomón, en los Proverbios: «El que reprende al impío será aborrecido por él. Reprende al sabio, y te amará».

Que debemos abstenernos de hablar mucho

En Salomón: «En las muchas palabras no evitarás el pecado; pero el que refrena sus labios será sabio».

Que no debemos mentir

«Los labios mentirosos son abominación al Señor».

Que han de ser corregidos con frecuencia los que obran mal en el servicio doméstico

En Salomón: «El que detiene el castigo aborrece a su hijo». Y de nuevo: «No ceses de corregir al muchacho».

Que, cuando se recibe una injuria, se ha de mantener la paciencia y dejar la venganza a Dios

«No digas: Me vengaré de mi enemigo; sino espera al Señor, para que él sea tu ayuda». Asimismo en otro lugar: «Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor». Asimismo en Sofonías: «Esperadme, dice el Señor, en el día en que me levante para testimonio; porque mi juicio es contra las congregaciones de los gentiles, para tomar a los reyes y derramar sobre ellos mi ira».

Que no debemos difamar

En Salomón, en los Proverbios: «No ames la detracción, no sea que seas quitado de en medio». Asimismo en el Salmo cuarenta y nueve: «Te sentabas, y hablabas contra tu hermano; y contra el hijo de tu madre ponías tropiezo». Asimismo en la Epístola de Pablo a los Colosenses: «Que a nadie difamen, ni sean pendencieros».

Que no debemos tender lazos a nuestro prójimo

En Salomón, en los Proverbios: «El que cava un hoyo para su prójimo, él mismo caerá en él».

Que se ha de visitar a los enfermos

En Salomón, en el Eclesiástico: «No seas perezoso en visitar al enfermo; porque por estas cosas serás afianzado en el amor». Asimismo en el Evangelio: «Estuve enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí».

Que los chismosos son malditos

En el Eclesiástico, en Salomón: «El chismoso y el de doble lengua es maldito; porque turbará a muchos que tienen paz».

Que los sacrificios de los impíos no son aceptos

En el mismo: «El Altísimo no aprueba las ofrendas de los injustos».

Que son juzgados con más severidad los que en este mundo han tenido más poder

En Salomón: «Juicio durísimo se hará sobre los que gobiernan. Porque al pequeño se le concede misericordia; pero los poderosos padecerán tormentos poderosamente». Asimismo en el Salmo segundo: «Y ahora, reyes, entended; corregíos, jueces de la tierra».

Que se ha de proteger a la viuda y a los huérfanos

En Salomón: «Sé misericordioso con los huérfanos como un padre, y como un marido para su madre; y serás hijo del Altísimo si obedeces». Asimismo en el Éxodo: «No afligiréis a ninguna viuda ni huérfano. Y si los afligís, y ellos claman y me invocan, yo oiré sus clamores, y me enojaré en mi ánimo contra vosotros; y os mataré a espada, y vuestras mujeres serán viudas, y vuestros hijos huérfanos». Asimismo en Isaías: «Haced justicia al huérfano y amparad a la viuda; y venid, y razonemos, dice el Señor». Asimismo en Job: «Libré al pobre de la mano del poderoso, y ayudé al huérfano que no tenía quien le ayudase; la boca de la viuda me bendijo». Asimismo en el Salmo sesenta y siete: «Padre de los huérfanos y juez de las viudas».

Que uno debe confesar mientras está en la carne

En el Salmo quinto: «Pero en el sepulcro, ¿quién te confesará?». Asimismo en el Salmo veintinueve: «¿Te confesará el polvo?». Asimismo en otro lugar, que se ha de hacer la confesión: «Prefiero el arrepentimiento del pecador antes que su muerte». Asimismo en Jeremías: «Así dice el Señor: ¿El que cae no se levantará? ¿O el que se aparta no se convertirá?».

Que la adulación es perniciosa

En Isaías: «Los que os llaman bienaventurados os hacen errar, y turban los caminos de vuestros pies».

Que ama más a Dios aquel a quien se le perdonaron muchos pecados en el bautismo

En el Evangelio según Lucas: «A quien mucho se le perdona, mucho ama; y a quien poco se le perdona, poco ama».

Que hay que librar un fuerte combate contra el diablo, y que por eso debemos estar firmes con valor, para poder vencer

En la Epístola de Pablo a los Efesios: «Nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra las potestades y los príncipes de este mundo y de estas tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malísimo, y, habiendo acabado todo, estar firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad del Evangelio, vestidos de la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del Evangelio de la paz; tomando en todo el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del malvadísimo; y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios».

También del Anticristo, que vendrá como hombre

En Isaías: «Este es el hombre que estremece la tierra, que turba a los reyes, que convierte toda la tierra en desierto».

Que el yugo de la ley era pesado, y nosotros lo hemos sacudido, y que el yugo del Señor es suave, y nosotros lo hemos tomado

En el Salmo segundo: «¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantaron los reyes de la tierra, y sus príncipes se reunieron contra el Señor y contra su Cristo. Rompamos sus ataduras, y echemos de nosotros su yugo». Asimismo en el Evangelio según Mateo: «Venid a mí, los que trabajáis y estáis cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es bueno, y ligera mi carga». Asimismo en los Hechos de los Apóstoles: «Ha parecido bien al Espíritu Santo y a nosotros no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de las idolatrías, del derramamiento de sangre y de la fornicación. Y lo que no queréis que se os haga a vosotros, no lo hagáis a los demás».

Que debemos ser constantes en la oración

En la Epístola de Pablo a los Colosenses: «Perseverad en la oración, velando en ella». Asimismo en el Salmo primero: «Sino que en la ley del Señor está su voluntad, y en su ley meditará de día y de noche».

Capítulo 12 completado

Tres libros de testimonios contra los judíos

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