Capítulo 9 · 16 min de lectura · 21 min de escucha
Septiembre
1 de septiembre
Así dice el Señor Dios: Aún seré solicitado de la casa de Israel para hacerles esto. Ezequiel 36:37.
La oración es la precursora de la misericordia. Recorre la historia sagrada y verás que casi nunca llegó a este mundo una gran misericordia sin que la anunciara la súplica. La oración es siempre el prefacio de la bendición. Va delante de la bendición como la sombra de la bendición. Cuando la luz de las misericordias de Dios se alza sobre nuestras necesidades, proyecta la sombra de la oración a lo lejos sobre la llanura. O, por usar otra ilustración, cuando Dios amontona una colina de misericordias, él mismo brilla detrás de ellas y proyecta sobre nuestro espíritu la sombra de la oración, de modo que podemos estar seguros de que, si oramos mucho, nuestras súplicas son las sombras de la misericordia. Así se une la oración a la bendición, para mostrarnos el valor de esta.—Spurgeon.
2 de septiembre
No nos cansemos de hacer bien, que a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Gálatas 6:9.
Las horas de esta vida presente son las edades en germen de la vida venidera.—A. J. Gordon.
3 de septiembre
Mi rostro irá contigo. Éxodo 33:14.
Nunca deberíamos salir por la mañana de nuestro aposento de oración sin haber concentrado profunda e intensamente el pensamiento en el hecho de la presencia real de Dios allí con nosotros, rodeándonos y llenando la habitación tan literalmente como llena el cielo mismo. Al principio quizá no produzca resultados claros; pero, a medida que repetimos el esfuerzo por hacer real la presencia de Dios, se nos volverá cada vez más real. Y, conforme el hábito arraigue en nosotros, estando solos en una habitación, o pisando el césped de algún templo natural del bosque, o recorriendo la calle empedrada —en el silencio de la noche, o entre las multitudes bulliciosas del día—, a menudo nos sorprenderemos susurrando: «Estás cerca; estás aquí, oh Señor».—F. B. Meyer.
4 de septiembre
De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia, y el perdonar. Daniel 9:9.
Así como una cerradura de resorte se cierra sola, pero no puede abrirse sin llave, así nosotros podemos caer en el pecado por nosotros mismos, pero no podemos volver sin la llave de la gracia de Dios.—Cawdray.
5 de septiembre
Es ya hora de levantarnos del sueño. Romanos 13:11.
He oído hablar de un pintor que amaba trabajar con la luz de la mañana. Decía que los colores se apreciaban mejor a la luz del alba, y por eso solía estar en su taller esperando la salida del sol. Luego, a cada momento había más luz, y descubría que podía lograr cosas que no alcanzaba si esperaba a que el día avanzara.
¿No hay una obra que nos espera —una obra que nadie más puede hacer—, una obra, además, que el Maestro ha prometido ayudarnos a realizar? ¿Vendrá él y nos hallará todavía dormidos? ¿O nos encontrará el Sol de Justicia, cuando aparezca, esperando como esperaba aquel pintor, mirando y anhelando el primer destello del día? Ciertamente los que así esperamos en el Señor tendremos nuevas fuerzas y, como las águilas, nos alzaremos para saludar al Sol.—Thomas Champness.
6 de septiembre
La iglesia de Dios, la cual él ganó por su propia sangre. Hechos 20:28.
Sin duda él puede hacer lo que quiera con lo que es suyo. El precio que pagó para hacerlos suyos es garantía suficiente de que nunca tendrá en poco nada que afecte en lo más mínimo a su bienestar. Somos preciosos para él en virtud de la sangre que derramó por nosotros, y que en algún momento le faltara solicitud por nuestra felicidad sería tratar esa sangre suya como la tratan los pecadores de este mundo. La certeza del amor de Cristo debe quedar grabada tan hondo en nuestro corazón que ninguna apariencia de indiferencia de su parte nos cause jamás la menor impresión. Esta es la victoria que vence al mundo.—George Bowen.
7 de septiembre
El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Romanos 15:13.
Tanto en lo espiritual como en lo terrenal hay gran fuerza en la esperanza, y por eso el pueblo de Dios debe cultivar con esmero esa gracia. Una esperanza bien fundada de que, hechos nuevas criaturas en Jesucristo, somos suyos; de que, con nuestros nombres, aunque desconocidos para la fama, escritos en el Libro de la Vida, tenemos la gracia en posesión y el cielo en perspectiva; de que, tras unos pocos y breves años más, puros como los ángeles que cantan ante el trono, seremos conducidos con alegría al palacio del Rey, para ser semejantes a Cristo y estar con Cristo, viéndole ojo a ojo y cara a cara: tales esperanzas son poderosos resortes de acción.—Guthrie.
8 de septiembre
Vida te demandó, y le diste largura de días por siglos y siglos. Salmos 21:4.
Cuando los pobres nos hacen peticiones, solemos responderles como el eco responde a la voz: la respuesta corta la mitad de la petición. Rara vez hallaremos entre los hombres la cortesía de Jael, que dio leche a quien pedía agua, salvo que sea, como aquella, un favor que enreda, para introducir mejor un daño. No hay entre nosotros muchos Naamanes que, cuando les pides un talento, te obliguen a tomar dos; pero la respuesta de Dios a nuestras oraciones es como una lente de aumento, que hace la petición mucho mayor en la respuesta de lo que era en la oración.—Obispo Reynolds.
9 de septiembre
Este principio de señales hizo Jesús. Juan 2:11.
Fue de lo común de donde se sacó lo precioso; y es de las cosas comunes de la vida diaria, presentadas con obediencia a Jesús y puestas a sus pies, de donde él saca sus propios dones gloriosos, de modo que toda nuestra vida se convierte en un gran sacramento.—W. Hay Aitken.
10 de septiembre
De día . . . los llevó con nube, y toda la noche con resplandor de fuego. Salmos 78:14.
Mi día es mi prosperidad; es el tiempo en que el sol de la fortuna brilla sobre mí y, por tanto, el tiempo en que necesito una sombra. Si mi sol no estuviera salpicado de sombras, me olvidaría de ti, oh Dios mío.
Pero tengo noches que afrontar además de días. La noche es mi adversidad; es el tiempo en que el sol de la fortuna se ha puesto tras los montes y me quedo solo, ¡y es entonces, oh Padre mío, cuando necesito el resplandor de tu fuego! Mi resplandor de fuego para la noche es la visión del Calvario—la visión de tu amor en la Cruz. Necesito el resplandor de tu fuego «toda la noche».—George Matheson.
11 de septiembre
Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. 1 Juan 3:2.
«Ahora somos hijos de Dios». Ese es el pilar de un lado del abismo. «Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero cuando él se manifieste, seremos semejantes a él». Ese es el pilar del otro lado. ¿Cómo han de unirse los dos? Solo hay un camino por el cual la filiación presente florecerá y dará fruto en la futura semejanza perfecta: que tendamos sobre el abismo, con la ayuda de Dios día tras día, el puente de una semejanza creciente a él, y de la pureza que de ella brota.—Alex. McLaren.
12 de septiembre
He aquí subimos a Jerusalén. Mateo 20:18.
Nunca había habido una subida a Jerusalén como la que Jesús propone aquí a sus discípulos. Sube voluntariamente. Ninguna coacción externa le obligó a ello. En aquel momento podía haber evitado Jerusalén. La buscó deliberadamente. Era una subida hacia un triunfo que se alcanzaría por medio de la derrota, una coronación que se lograría por medio de la ignominia y la humillación.
Oh creyente, en tu camino por el mundo hoy, ¡sé fortalecido, consolado e inspirado por el espectáculo del Capitán de tu salvación subiendo así a Jerusalén! Y recuerda, en todos esos pasajes de la vida aparentemente descendentes, donde te esperan el dolor y quizá la muerte, que todos esos descensos, hechos o soportados en el Espíritu de Jesús, son en realidad pasos ascendentes que te llevan al monte de Dios y a la gloria de la resurrección.—J. B. Stratton.
13 de septiembre
Estos fueron alfareros, y se hallaban en medio de plantíos y cercados, los cuales moraron allá con el rey en su obra. 1 Crónicas 4:23.
En cualquier parte y en todas partes podemos morar «con el Rey en su obra». Quizá estemos en un lugar muy improbable o poco propicio para ello; quizá sea una modesta vida de campo, donde se ven bien pocos de los «caminos» del Rey a nuestro alrededor; quizá sea entre cercados de toda clase, con estorbos por todas partes; quizá, además, tengamos las manos llenas de toda suerte de alfarería como tarea diaria. ¡No importa! El Rey que nos puso «allá» vendrá a morar allá con nosotros; los cercados están bien, o él pronto los quitaría; y no se sigue que lo que parece estorbar nuestro camino no sea precisamente para su protección; y en cuanto a la alfarería, pues es justamente lo que él ha tenido a bien poner en nuestras manos, y por eso es, por ahora, «su obra».—Frances Ridley Havergal.
14 de septiembre
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos. Salmos 32:8.
Cuando Dios dirige, nuestra vida es útil y está llena de promesa, haga lo que haga; y la disciplina realiza su obra perfeccionadora.—H. E. Cobb.
15 de septiembre
El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Mateo 20:28.
Hemos de entregarnos a Cristo de tal modo que este gran propósito de su venida reclame y posea toda la vida. Hemos de vivir, como Dios, para bendecir a otros. Esta es su voluntad, su propósito respecto a nosotros. Esto es lo que su poder espera hacer por nosotros. Y esto también es lo que su gran amor reclama de nosotros.
No suspires un pobre asentimiento a esta verdad para luego pasar de largo, descuidado, por el otro lado. No pienses en ello ni ores por ello sin siquiera una leve esperanza de que la oración será contestada. No te recojas en grandes resoluciones de ser bueno y útil. Arrodíllate a la vista del Crucificado. En la cruz de Cristo deletrea su gran propósito y su anhelante amor por los hombres. Deja que el corazón sienta toda la fuerza del llamamiento que nos llega de esas manos y pies desgarrados y esa frente ensangrentada, de toda la terrible vergüenza y agonía de nuestro amado Señor. Y, comprado y atado por todo esto, entrégate a él para su gran propósito. Tómale como tu fuerza para esta obra de toda la vida.—Mark Guy Pearse.
16 de septiembre
Jesús . . . anduvo haciendo bienes. Hechos 10:38.
La más bella de todas las bellas artes es el arte de hacer el bien; y, sin embargo, es la menos cultivada.—T. DeWitt Talmage.
17 de septiembre
Y le dijo el ángel de Jehová [a Agar]: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano. Génesis 16:9.
La sumisión es una gran ley cristiana, pero la hallamos ya al principio del Génesis, al principio de la historia de la humanidad, y dada por un ángel.—Seleccionado.
18 de septiembre
Entonces dijo Salomón . . . Yo he edificado casa por morada para ti. 1 Reyes 8:12-13.
Solo Salomón, el príncipe de paz, pudo edificar el templo. Si queremos ganar almas y edificar la iglesia, que es el templo de Dios, notemos esto: no por la discusión ni por el argumento, sino levantando a Cristo atraeremos a los hombres a él.—J. Hudson Taylor.
19 de septiembre
Te he escogido en horno de aflicción. Isaías 48:10.
¿No llega esta palabra como una lluvia suave que mitiga la furia de la llama? Más aún, ¿no es una armadura de amianto contra la cual el calor no tiene poder? Venga la aflicción: Dios me ha escogido. Pobreza, puedes entrar a grandes pasos por mi puerta, pero Dios ya está en la casa, y él me ha escogido. Enfermedad, puedes irrumpir, pero tengo un bálsamo preparado: Dios me ha escogido. Me suceda lo que me suceda en este valle de lágrimas, sé que él me ha «escogido». No temas, cristiano; Jesús está contigo. En todas tus pruebas de fuego, su presencia es a la vez tu consuelo y tu seguridad. Nunca dejará a uno que haya escogido como suyo. «No temas, porque yo soy contigo» es su firme palabra de promesa a sus escogidos en el «horno de aflicción».—Spurgeon.
20 de septiembre
Lo vil del mundo y lo menos preciado escogió Dios. 1 Corintios 1:28.
En algunos de los grandes salones de Europa pueden verse cuadros que no están pintados con pincel, sino que son mosaicos, hechos de pequeños trozos de piedra, vidrio u otro material. El artista toma esos trocitos y, puliéndolos y ordenándolos, forma con ellos el cuadro grandioso y bello. Cada parte del cuadro puede ser por sí sola un trocito sin valor de vidrio, mármol o concha; pero, cada uno en su lugar, el conjunto constituye la obra maestra del arte.
Así creo que será con la humanidad en manos del gran Artista. Dios va recogiendo los trocitos sin valor de piedra y bronce que podrían ser pisoteados sin que nadie los notara, y está haciendo con ellos su gran obra maestra.—Obispo Simpson.
21 de septiembre
Servid a Jehová con alegría; venid ante su acatamiento con regocijo. Salmos 100:2.
Dios quiere que nuestra vida sea un canto. Él ha escrito la música para nosotros en su Palabra y en los deberes que nos llegan en nuestros lugares y relaciones en la vida. Las cosas que debemos hacer son las notas escritas en el pentagrama. Para hacer de nuestra vida una música hermosa debemos ser obedientes y sumisos. Toda desobediencia es cantar una nota falsa, y produce discordancia.—J. R. Miller.
22 de septiembre
Cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora a tu Padre que está en secreto. Mateo 6:6.
Esta es la fortaleza de la fe; aquí se arma para el conflicto diario. El silencio en ese aposento de oración anuncia muerte en toda la casa. Cuando se deja que esa puerta se oxide en sus goznes y esa cámara queda desierta, la casa del corazón pronto es recobrada por Satanás, y entran espíritus malos que moran allí.—Theodore Cuyler.
23 de septiembre
Sed santos, porque yo soy santo. 1 Pedro 1:16.
El camino real de la santidad va por el camino más común de la vida—por tu propio camino. Con viento y lluvia, por mucho que azoten—no es más que ir de la mano con él.—Mark Guy Pearse.
24 de septiembre
Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer? Génesis 18:17.
Abraham, en comunión con Dios, supo mucho antes que Lot, que estaba en Sodoma, de la destrucción de aquella ciudad. ¡Ojalá tuviéramos más comunión!—Seleccionado.
25 de septiembre
Lo que ahora vivo en la carne. Gálatas 2:20.
Espero pasar por este mundo una sola vez; por tanto, si hay alguna bondad que pueda mostrar o algún bien que pueda hacer a cualquier semejante, que lo haga ahora; que no lo aplace ni lo descuide, porque no volveré a pasar por este camino.—Marcus Aurelius.
26 de septiembre
Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Salmos 90:12.
Cada día es una pequeña vida, y toda nuestra vida no es más que un día repetido; de ahí que el anciano Jacob cuente su vida por días, y que Moisés desee que se le enseñe este punto de santa aritmética: a contar no sus años, sino sus días. Por tanto, los que se atreven a perder un día son peligrosamente pródigos; los que se atreven a malgastarlo, unos desesperados.—Obispo Hall.
27 de septiembre
Cristo en vosotros, la esperanza de gloria. Colosenses 1:27.
La religión no es la simple escalera de incendios que construyes, previendo un posible peligro, en el exterior de tu casa, y dejas allí hasta que llega el peligro. Acudes a ella alguna mañana en que se declara un incendio en tu casa, y aquella pobre y vieja cosa que construiste allí, pensando que algún día podrías usarla, está tan oxidada y rota, la ha azotado tanto la intemperie y el sol ha torcido tanto sus goznes, que no funciona. Esa es la condición del hombre que se ha construido lo que parece un credo de fe, una confianza en Dios en previsión del día en que el peligro lo alcance, y se ha dicho: Estoy a salvo, porque entonces me refugiaré en ella. Pero la religión es la casa en que vivimos, la mesa a la que nos sentamos, el hogar al que nos acercamos, la habitación que extiende sobre nosotros su presencia grata y familiar; es la cama en que nos acostamos y pensamos en el pasado, y anticipamos el futuro, y recobramos fuerzas.—Phillips Brooks.
28 de septiembre
Esperad la promesa del Padre. Hechos 1:4.
Detente ante una promesa hasta que Dios te encuentre allí. Él siempre vuelve por el camino de sus promesas.—Seleccionado.
29 de septiembre
Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. 1 Juan 5:4.
El mundo me vence cuando logra impedirme ver a mi Padre, Dios, amarle, tener comunión con él y servirle. Yo lo venzo cuando pongo mi mano sobre él y lo obligo a ayudarme a acercarme más a Dios, a parecerme más a él, a pensar en él más a menudo, a hacer su voluntad con más alegría y constancia. La única victoria sobre el mundo es doblegarlo para que me sirva en las cosas más altas—alcanzar una visión más clara de la naturaleza divina, un amor más profundo a Dios mismo y una consagración y un servicio más gozosos a él. Esa es la victoria: cuando puedes hacer del mundo una escalera que te eleve a Dios. Cuando el mundo se interpone entre tú y Dios como una pantalla que oscurece, te ha vencido. Cuando el mundo se interpone entre tú y Dios como un medio transparente, lo has vencido tú. Ganar la victoria es ponerlo bajo tus pies y alzarte sobre él, y así llegar hasta Dios.—Alex. McLaren.
30 de septiembre
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. Salmos 91:11.
No consideres ningún deber demasiado pequeño, ninguna esfera de la vida demasiado estrecha, ningún trabajo demasiado humilde, si se cruza en tu camino, pues Dios lo estima tanto que envía a sus ángeles para que te guarden en él.—Mark Guy Pearse.
Capítulo 9 completado
Septiembre