Pensamientos para la hora de quietud
Agosto

Capítulo 8 · 18 min de lectura · 23 min de escucha

Agosto

1 de agosto

Perseverad en la oración. Colosenses 4:2.

El mayor y el mejor talento que Dios da a cualquier hombre o mujer en este mundo es el talento de la oración. Y el mejor rédito que cualquier hombre o mujer puede devolver a Dios cuando él venga a ajustar cuentas con ellos al fin de este mundo es una vida de oración. Y los siervos que mejor ponen el dinero de su Señor en manos de los banqueros son los que madrugan y se acuestan tarde, mientras están en este mundo, descubriendo siempre y siguiendo siempre métodos de oración cada vez mejores, y formando siempre hábitos de oración más secretos, más firmes y espiritualmente más fructíferos, hasta que literalmente oran sin cesar, y hasta que de continuo se lanzan a nuevas empresas en la oración, a nuevas conquistas y a nuevas riquezas.—Alex. Whyte.

2 de agosto

Entró en uno de aquellos barcos . . . y . . . se sentó. Lucas 5:3.

Cuando Jesús está sentado en el barco, todo está en su debido lugar. La carga está en la bodega, no en el corazón. Los afanes y las ganancias, los temores y las pérdidas, el fracaso de ayer y el éxito de hoy no se interponen entre nosotros y su presencia. El corazón se aferra a él. «El bien y la misericordia me seguirán», cantaba el salmista. ¡Ay, cuando el bien y la misericordia van delante de nosotros, y nuestras bendiciones nos ocultan a Jesús! He aquí el orden bendito—el Señor siempre primero, yo siguiéndole a él, y su bien y su misericordia siguiéndome a mí.—Mark Guy Pearse.

3 de agosto

Ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8.

No nos damos cuenta de la importancia de la parte inconsciente del ministerio de nuestra vida. Se ejerce continuamente. En cada saludo que damos a otro en la calle, en cada momento de conversación, en cada carta que escribimos, en cada contacto con otras vidas, sale de nosotros una influencia sutil que a menudo llega más lejos y deja una impresión más profunda que las cosas mismas que estamos haciendo en ese momento. No es tanto lo que hacemos en este mundo como lo que somos lo que cuenta en resultados e impresiones espirituales.—J. R. Miller.

4 de agosto

Creados en Cristo Jesús para buenas obras. Efesios 2:10.

Pidámosle que obre en nosotros el querer esas buenas obras, de modo que nuestra voluntad, sin menoscabo de su libre ejercicio, sea impregnada y moldeada por la suya, así como la luz baña la atmósfera sin desplazarla. Y esperemos también que nos infunda fuerza suficiente para que podamos hacer su voluntad, agradándole en todo. Así, día tras día, nuestra vida será una manifestación de aquellas santas determinaciones y hermosas acciones que darán testimonio de que Dios mora y obra en nosotros. Y los hombres verán nuestras buenas obras y glorificarán a nuestro Padre que está en los cielos.—F. B. Meyer.

5 de agosto

Ve con esta tu fuerza . . . ¿No te envío yo? Jueces 6:14.

Dios nunca deja que su hijo fracase cuando anda por el camino de la obediencia.—Theodore Cuyler.

6 de agosto

Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Colosenses 3:2. Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas. Eclesiastés 9:10.

Si hemos de vivir separados del mundo, ¿cómo, puesto que los hombres solo hacen bien lo que hacen con empeño, vamos nosotros, con los afectos puestos en las cosas de arriba, a cumplir debidamente los deberes seculares y ordinarios de la vida? Si nuestro corazón está absorto en las cosas celestiales, ¿cómo vamos a obedecer este otro mandamiento, igualmente divino: «Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas»?

Ambos son perfectamente compatibles. El hombre, colocado entre el mundo celestial y el terrenal, está ligado a ambos; y no se parece ni a una flor que, brotando del polvo y volviendo a él, pertenece por entero a la tierra, ni a una estrella que, brillando muy lejos de nuestra esfera inferior, pertenece por entero a los cielos; nuestro corazón puede compararse con razón al arco iris que, elevándose hacia el cielo pero apoyándose en la tierra, está unido a la vez a los terrones del valle y a las nubes del firmamento.—Guthrie.

7 de agosto

Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús. Hebreos 12:1, 2.

Piensa, mientras estás aquí sentado, en cualquier cosa mala que estés haciendo, en algún hábito de tu vida, en tu complacencia contigo mismo, o en ese gran hábito que lo impregna todo en tu vida y que te convierte en criatura del presente en lugar de las eternidades, en criatura de la tierra material en lugar de los cielos gloriosos. Pregúntate acerca de cualquier hábito que pertenezca a tu propia vida personal, y ponlo cara a cara con Jesucristo.—Phillips Brooks.

8 de agosto

Les reconocían que habían estado con Jesús. Hechos 4:13.

Si pienso en el mundo, recibo la huella del mundo; si pienso en mis pruebas y tristezas, recibo la huella de mis pruebas y tristezas; si pienso en mis fracasos, recibo la huella de mis fracasos; si pienso en Cristo, recibo la huella de Cristo.—Seleccionado.

9 de agosto

Vosotros me llamáis Maestro, y Señor: y decís bien; porque lo soy. Juan 13:13..

¡Qué Maestro tan maravilloso tenemos! A veces lo buscamos en la casa, pero no está allí. Salimos a buscarlo y lo hallamos quizá en el desierto, o en un monte orando, o llevando de la mano a algún pobre ciego, o comiendo con publicanos o pecadores, o dormido en medio de una tempestad, o conversando con una mujer samaritana, o rodeado de hombres airados, o cargando una cruz. No son solo sus palabras las que enseñan. Su lugar, su ocupación, sus compañeros, su entorno, su vestidura, su silencio, su sumisión—todo rebosa de enseñanza. Y los que aprenden de él son hechos semejantes a él.—George Bowen.

10 de agosto

El Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo. 1 Juan 4:14.

Es un dulce pensamiento que Jesucristo no vino sin el permiso, la autoridad, el consentimiento y la ayuda de su Padre. Fue enviado por el Padre para ser el Salvador de los hombres. . . . ¿Has considerado alguna vez la profundidad del amor que había en el corazón de Jehová cuando Dios el Padre equipó a su Hijo para la gran empresa de la misericordia? Si no, sea esta tu meditación de hoy. ¡El Padre lo envió! Contempla este tema. Piensa cómo Jesús obra lo que el Padre quiere. En las heridas del Salvador moribundo contempla el amor del gran YO SOY. Que todo pensamiento acerca de Jesús esté unido también al Dios eterno, siempre bendito.—Spurgeon.

11 de agosto

Los que esperan al Señor tendrán nuevas fuerzas. Isaías 40:31.

Señor, ¡qué cambio en nosotros logra una breve hora
pasada en tu presencia!
¡Qué pesadas cargas quita de nuestro pecho!
¡Qué tierras resecas refresca como un aguacero!
Nos arrodillamos, y todo a nuestro alrededor parece oscurecerse.
Nos levantamos, y todo, lo lejano y lo cercano,
se alza en contorno soleado, valiente y claro.
Nos arrodillamos: ¡qué débiles! Nos levantamos: ¡qué llenos de poder!

¿Por qué, pues, hemos de hacernos este agravio,
o hacérselo a otros, de no ser siempre fuertes;
de andar siempre abrumados por los afanes;
de estar alguna vez débiles o desanimados,
ansiosos o turbados, cuando con nosotros está la oración,
y el gozo, la fuerza y el valor están contigo?
—Arzobispo Trench.

12 de agosto

Mas a ti no te ha permitido esto Jehová tu Dios. Deuteronomio 18:14.

¡Qué peldaño! Damos gracias, a menudo con voz llorosa y vacilante, por nuestras misericordias espirituales positivas; ¡pero qué campo casi infinito hay para las misericordias negativas! Ni siquiera podemos imaginar todo lo que Dios ha permitido que no hiciéramos, que no fuéramos.—Frances Ridley Havergal.

13 de agosto

Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos. . . . Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, a orar: y como fue la tarde del día, estaba allí solo. Mateo 14:14, 23.

¿Combinamos nosotros, como él, los dos grandes elementos del carácter humano? ¿Están nuestros deberes públicos, los afanes, los negocios y las ocupaciones absorbentes del mundo, finamente templados y santificados por un andar secreto con Dios? Si el mundo nos siguiera desde sus concurridas avenidas, ¿nos encontraría ante nuestros altares familiares y en nuestras devociones a puerta cerrada?

La acción y la meditación son los dos grandes componentes de la vida cristiana, y la perfección del carácter religioso consiste en hallar ambas en unidad y armonía.—Macduff.

14 de agosto

Dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pisadas. 1 Pedro 2:21.

Hace mucho que dejé de orar: «¡Señor Jesús, ten compasión de un mundo perdido!». Recuerdo el día y la hora en que me pareció oír al Señor reprendiéndome por hacer semejante oración. Parecía decirme: «Yo he tenido compasión de un mundo perdido, y ahora te toca a ti tener compasión».—A. J. Gordon.

15 de agosto

No tendrás dioses ajenos delante de mí. Éxodo 20:3.

Si descubres que empiezas a amar algún placer más que tus oraciones, algún libro más que tu Biblia, alguna casa más que la casa de Dios, alguna mesa más que la mesa del Señor, a alguna persona más que a tu Salvador, a cualquiera más que a tu alma, un deleite presente más que la esperanza del cielo—¡ponte en guardia!—Guthrie.

16 de agosto

Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. 1 Corintios 11:1.

Cuando, en la guerra de México, las tropas vacilaban, un general se alzó en los estribos y se lanzó contra la línea enemiga gritando: «¡Hombres, seguidme!». Ellos, viendo su valor y su resolución, se lanzaron tras él y obtuvieron la victoria.

Lo que los hombres necesitan para agruparse en torno a Dios es un ejemplo que los guíe. Todas tus órdenes a otros para que avancen no valen nada mientras tú te quedes atrás. Para que surtan efecto, necesitas emprender tú mismo el camino al cielo, mirando atrás solo para lanzar el enardecedor grito: «¡Hombres, seguidme!».—T. DeWitt Talmage.

17 de agosto

Sirviendo al Señor con toda humildad. Hechos 20:19.

Cuenta una leyenda de un artista que buscó durante mucho tiempo un trozo de sándalo del cual tallar una Virgen. Estaba a punto de rendirse desesperado, dejando sin realizar la visión de su vida, cuando en un sueño se le ordenó tallar su Virgen en un bloque de roble que estaba destinado al fuego. Obedeció, y produjo una obra maestra de un tronco de leña común.

Muchos de nosotros perdemos grandes oportunidades en la vida esperando encontrar sándalo para nuestras tallas, cuando en realidad están escondidas en los troncos comunes que quemamos.—Orison Swett Marden.

18 de agosto

Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. 2 Corintios 12:9.

La manera en que Dios responde a las oraciones de su pueblo no es quitando la presión, sino aumentando su fuerza para soportarla. La presión es a menudo la cerca que separa el camino angosto de la vida del camino ancho de la perdición; y si nuestro Padre celestial la quitara, quizá sería a costa del cielo. ¡Oh, si Dios hubiera quitado esa cerca de espinos en respuesta a oraciones, a menudo fervientes, cuántos de nosotros estaríamos hoy perdidos! ¡Cómo se acallaría el cántico de muchos santos que ahora están en la gloria! ¡Cuántas arpas quedarían sin cuerdas! ¡Cuántos lugares en las mansiones de los redimidos quedarían vacíos! Si Dios respondiera todas las oraciones que elevamos al cielo, no necesitaríamos otro azote. Bendito sea que tenemos a Uno que nos ama demasiado para concedernos lo que tantas veces pedimos con tanta temeridad.—F. Whitfield.

19 de agosto

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Juan 15:4.

De momento en momento, y de hora en hora, la naturaleza interior del hombre ha de ser sostenida continuamente con la vida de Dios. Solo mientras recibo constantemente su plenitud en mi vacío estoy viviendo de veras, en el sentido verdadero, pleno y profundo de la palabra, aquella vida de eternidad que es mi privilegio ahora y será mi gloria en lo venidero.—W. Hay Aitken.

20 de agosto

Por la fe Noé . . . preparó un arca para la salvación de su casa. Hebreos 11:7.

¡Qué esfera tan humilde, tan modesta, para el ejercicio de la fe! Cualquiera habría dicho que el propósito era del todo desproporcionado a la obra. El arca era una gran empresa, pero ¿para qué se emprendió? Para salvar a su propia familia. ¿Es una esfera tan estrecha digna de ser objeto de la fe? ¿Es un escenario tan común como la vida del círculo familiar apto para ser templo del servicio de Dios? . . . Alma mía, cuando hayas terminado tus oraciones y concluido tus meditaciones, no digas que has dejado la casa de Dios. La casa de Dios estará para ti en todas partes, y tu propia casa será parte de ella. Sentirás que todos los deberes de este lugar están consagrados; que no es otra cosa que casa de Dios y una de las puertas del cielo. Sentirás que cada uno de sus deberes es un acto de alta comunión. Por tanto, sea tuyo hacer de tu casa la casa suya. Sea tuyo consagrar cada palabra, cada mirada y cada acción en la vida social del hogar. Sea tuyo construir tu arca de refugio para las necesidades del día común; en verdad, tu trabajo de amor será llamado un acto de fe.—George Matheson.

21 de agosto

Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:10.

No nace al mundo ningún hombre cuya obra no nazca con él. Siempre hay trabajo, y herramientas con que trabajar, para quienes quieran hacerlo.—J. B. Lowell.

22 de agosto

Él . . . comenzó a lavar los pies de los discípulos. Juan 13:5.

Olvidamos que Jesucristo es el mismo hoy, sentado en el trono, que ayer, cuando recorría los caminos de nuestro mundo. ¡Y cuánto perdemos con este olvido! Lo que él era, eso es. Lo que él dijo, eso dice. Los Evangelios son simplemente muestras de la vida que él vive siempre; son hojas arrancadas del diario de su Ser inmutable. Hoy está ocupado en lavar los pies de sus discípulos, manchados por sus jornadas en el desierto. Sí, ese hermoso episodio se está cumpliendo en ti, amigo mío, con tal que no rehúses los humildes y amorosos servicios de aquel a quien llamamos Maestro y Señor, pero que todavía se ciñe y sale a servir. Y necesitamos esta limpieza incesante si queremos mantenernos rectos. No basta con mirar atrás a cierta hora en que nos arrodillamos por primera vez a los pies del Hijo de Dios para pedir perdón, y le oímos decir: «Tus pecados, que son muchos, te son todos perdonados». Necesitamos limpieza diaria, a cada hora—de pecado diario, a cada hora.—F. B. Meyer.

23 de agosto

Yo Jehová, no me mudo. Malaquías 3:6.

Nuestra esperanza no pende de un hilo tan poco torcido como «me lo imagino» o «es probable»; sino que el cable, la recia cuerda de nuestra ancla bien asegurada, es el juramento y la promesa de aquel que es la verdad eterna. Nuestra salvación está atada, con la propia mano de Dios y la propia fuerza de Cristo, a la firme estaca de la naturaleza inmutable de Dios.—William Rutherford.

24 de agosto

Haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Ezequiel 34:26.

¿Cuál es tu tiempo esta mañana? ¿Es tiempo de sequía? Entonces ese es el tiempo de las lluvias. ¿Es un tiempo de gran pesadumbre y de nubes negras? Entonces ese es el tiempo de las lluvias. «Como tus días, tu fortaleza». «Te daré lluvias de bendición». La palabra está en plural. Toda clase de bendiciones enviará Dios. Todas las bendiciones de Dios van juntas, como eslabones de una cadena de oro. Si da gracia que convierte, dará también gracia que consuela. Enviará «lluvias de bendiciones». Mira hoy hacia arriba, oh planta reseca, y abre tus hojas y tus flores para recibir un riego celestial.—Spurgeon.

25 de agosto

Mas en tu palabra. Lucas 5:5.

¡Oh, qué fórmula tan bendita para nosotros! Este camino mío es oscuro, misterioso, desconcertante; mas en tu palabra seguiré adelante. Esta prueba mía es cortante, dolorosa de soportar para la carne y la sangre. Es duro decir con el corazón quebrantado: Sea hecha tu voluntad. Pero, con todo, en tu palabra diré: ¡Así, Padre! Este hábito que me asedia, o esta flaqueza, o este pecado mío, es difícil de crucificar. Se ha vuelto parte de mí mismo—una segunda naturaleza; separarme de él sería como cortarme la mano derecha o sacarme el ojo derecho; mas en tu palabra me despojaré de todo peso; este ídolo lo quitaré del todo. Esta justicia mía es difícil de desechar; todas estas virtudes, y amabilidades, y gracias naturales: cuesta creer que no deben mezclarse en modo alguno en el asunto de mi salvación, y que he de recibirlo todo, de principio a fin, como don de Dios, por medio de Jesucristo mi Señor. Mas en tu palabra reputaré todas las cosas pérdida por el eminente conocimiento de él.—Macduff.

26 de agosto

Si sufrimos, también reinaremos con él. 2 Timoteo 2:12.

El fotógrafo necesita un negativo, como él lo llama, para poder darte un retrato. Pues bien, la cruz terrenal es el negativo del que ha de hacerse la corona celestial; el sufrimiento y el dolor del tiempo presente determinan la gloria, la honra y la inmortalidad de la vida venidera.—A. J. Gordon.

27 de agosto

La palabra de Dios, que vive y permanece para siempre. 1 Pedro 1:23.

La Palabra permanece. El judío la odió—pero ella siguió viviendo, mientras se rasgaba el velo del santuario que la Shekiná había abandonado, y mientras la misma Jerusalén era destruida. El griego se burló de ella—pero ella ha visto su filosofía agotada y su Acrópolis en ruinas. Los romanos la arrojaron a las llamas—pero se levantó de sus cenizas y se abatió sobre el águila que caía. El racionalista la echó en el horno, que su propia negligencia había calentado «siete veces más de lo que solía»—pero salió sin olor de fuego. El formalista ató serpientes a su alrededor para envenenarla—pero ella las sacudió y ningún daño padeció. El incrédulo la arrojó por la borda en una tempestad de sofismas y sarcasmos—pero ella cabalgó gallardamente sobre la cresta de las aguas soberbias. Y vive todavía—aún se oye en el más fuerte bramido de la tormenta—ha estado hablando todo el tiempo—¡está hablando ahora!—Punshon.

28 de agosto

La paz de Dios gobierne en vuestros corazones. Colosenses 3:15.

Hace años, una de nuestras flotas quedó terriblemente destrozada por un violento temporal—pero se descubrió que algunos de los barcos no habían sufrido su violencia. Estaban en lo que los marinos llaman «el ojo de la tormenta». Mientras todo alrededor era desolación, ellos estaban a salvo. Así sucede con aquel que tiene la paz de Dios en su corazón.—Pilkington.

29 de agosto

Al Señor Cristo servís. Colosenses 3:24.

Nuestra ocupación como cristianos es servir al Señor en cada ocupación de la vida.—Mark Guy Pearse.

30 de agosto

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. 1 Juan 2:15.

Si vas a la orilla de un arroyuelo y observas las moscas que acuden a bañarse en él, notarás que, mientras sumergen el cuerpo en el agua, mantienen las alas bien por encima de ella; y, después de nadar un rato, se van volando por el aire soleado con las alas secas. Pues bien, esa es la lección para nosotros. Aquí estamos sumergidos en los afanes y los negocios del mundo; pero mantengamos las alas de nuestra alma, nuestra fe y nuestro amor, fuera del mundo, para que, libres de estorbo, estemos listos para alzar el vuelo hacia el cielo.—J. Inglis.

31 de agosto

Quisiera que estuvieseis sin congoja. 1 Corintios 7:32.

No mires con temor hacia los cambios y azares de esta vida. Míralos más bien con la plena esperanza de que, a medida que se presenten, Dios, de quien eres, te librará de ellos. Él te ha guardado hasta ahora—tú solo aférrate a su amada mano, y él te conducirá a salvo a través de todas las cosas; y cuando no puedas sostenerte en pie, te llevará en sus brazos. No mires con inquietud lo que pueda suceder mañana. El mismo Padre eterno que cuida de ti hoy cuidará de ti mañana, y cada día. O te librará del sufrimiento, o te dará una fuerza inagotable para soportarlo. Ten paz, pues, y aparta todo pensamiento e imaginación llenos de ansiedad.—Francis de Sales.

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