Capítulo 10 · 19 min de lectura · 24 min de escucha
Octubre
1 de octubre
A los pies de Jesús. Lucas 10:39.
A los pies de Jesús: ese es nuestro lugar de privilegio y de bendición, y es aquí donde hemos de ser educados y preparados para los deberes prácticos de la vida. Aquí hemos de renovar nuestras fuerzas mientras esperamos en él, y aprender a levantar las alas como águilas; y aquí hemos de llegar a poseer ese verdadero conocimiento que es poder. Aquí hemos de aprender cómo se hace la verdadera obra, y ser armados con la verdadera fuerza motriz para hacerla. Aquí hemos de hallar consuelo en medio de las pruebas del trabajo —que no son pocas— y de las pruebas de la vida en general; y aquí hemos de anticipar algo de la dicha del cielo en medio de los días de la tierra; porque sentarse a sus pies es, en verdad, estar en los lugares celestiales, y contemplar su gloria es hacer lo que jamás nos cansaremos de hacer allá arriba.—W. Hay Aitken.
2 de octubre
Dios es amor; y el que vive en amor, vive en Dios, y Dios en él. 1 Juan 4:16.
Dios es amor; y es bueno, además de cierto, pensar que así como cada rayo de sol que toca la tierra tiene al sol en el otro extremo, así también cada pizca de amor que hay sobre la tierra de Dios tiene a Dios en el otro extremo.—Mark Guy Pearse.
3 de octubre.
Les conocían que habían estado con Jesús. Hechos 4:13.
Un cristiano debería ser un retrato fiel de Jesucristo. Has leído vidas de Cristo bella y elocuentemente escritas, pero la mejor vida de Cristo es su biografía viviente, escrita en las palabras y en las acciones de su pueblo. Si fuéramos lo que profesamos ser, y lo que deberíamos ser, seríamos retratos de Cristo; sí, retratos tan fieles de él que el mundo no tendría que sostenernos en alto durante horas enteras y decir: «Bueno, parece que algo se le asemeja»; sino que, en cuanto nos vieran, exclamarían: «Ha estado con Jesús; ha sido enseñado por él; es como él; ha captado la idea misma del santo Varón de Nazaret, y la pone por obra en su vida y en sus acciones de cada día».—Spurgeon.
4 de octubre
No temas, cree solamente. Marcos 5:36.
No te desanimes si las dificultades y las pruebas te rodean en tu vida celestial. Puede que Dios las haya puesto allí a propósito para adiestrarte y disciplinarte con miras a un desarrollo más alto de la fe. Si él te tiene «fatigado bogando», quizá sea para hacer de ti un marinero más recio, para llevarte a alzar las manos caídas y las rodillas paralizadas, y, sobre todo, para empujarte a una confianza más santa en aquel que tiene la nave y su destino en su mano, y que, entre nubes que se amontonan, un horizonte oscurecido y olas encrespadas, pronuncia siempre el suave reproche a nuestros recelos: «¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?»—Macduff.
5 de octubre
Bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga. Job 5:17.
Bienaventurado, porque la corrección tiene por fin llevarlo a sendas de dicha y de paz.
Bienaventurado, porque en ella no hay severidad innecesaria.
Bienaventurado, porque el castigo no va tanto contra nosotros como contra nuestros enemigos más crueles: nuestros pecados.
Bienaventurado, porque tenemos abundantes palabras de consuelo.
Bienaventurado, porque el Señor al que ama castiga.
Bienaventurado, porque nuestra leve tribulación no es más que momentánea.—George Bowen.
6 de octubre
Vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Mateo 2:10.
Los que buscamos a Jesús deberíamos estar gozosos; no honra en nada a nuestro Señor que parezcamos andar buscando su sepulcro. Los rostros apagados de los seguidores de Cristo le han hecho daño a los ojos del mundo. Sonriamos, pues, mientras caminamos, porque tenemos la estrella, si tan solo alzamos la vista y nos ponemos en el camino correcto.—Thos. Champness.
7 de octubre
Aunque more en tinieblas, el Señor será mi luz. Miqueas 7:8.
Si estás dispuesto a escoger la aparente oscuridad de la fe en lugar de la iluminación de la razón, una luz maravillosa brotará sobre ti desde la Palabra de Dios.—A. J. Gordon.
8 de octubre
Quedé yo (Daniel) solo, y vi esta gran visión. Daniel 10:8.
La soledad es la antecámara de Dios; un solo paso más y puedes estar en su presencia inmediata.—Landor.
9 de octubre
Venid, comed. Juan 21:12.
Esta mañana se oye la voz del Amado de nuestra alma, que nos hace su invitación.
«Mozos —nos pregunta—, ¿tenéis algo de comer?»
Respondemos: «No; por nosotros mismos no tenemos más que hambre y desfallecimiento. ¡Oh Dios, no podemos alimentarnos a nosotros mismos!»
Entonces es cuando su propia y dulce voz responde: «¡Venid, comed!»—W. Hay Aitken.
10 de octubre
¡Oh Señor Jehová, tú lo sabes! Ezequiel 37:3.
He aquí la respuesta de la fe. «¡Tú lo sabes!»: ¡qué almohada sobre la que puede reposar el corazón! «¡Tú lo sabes!»: ¡qué palabras tan pocas, y a la vez tan amplias, para resumir y expresar las dificultades, las perplejidades y las pruebas del corazón! «¡Tú lo sabes!»: ¡qué lugar de descanso indeciblemente dulce en medio de los tumultuosos vaivenes de la vida; en medio de un mar que no conoce la calma; en medio de un escenario en el que ser zarandeado de aquí para allá es la historia de cada hora! ¡Qué respuesta encierran para todo corazón que no halla palabras con que expresar sus grandes emociones; para un corazón cuyas penas son demasiado hondas para que el lenguaje encuentre su camino hasta Dios! ¡Ojalá estuvieran siempre en lo más alto del alma, como respuesta a cada dificultad de nuestro camino! Son la respuesta de Dios a todo lo que no podemos sondear; la respuesta de Dios sobre la que nuestro corazón puede descansar y que nuestros labios pueden pronunciar, cuando todo camino está cercado de modo que no podemos pasar. «¡Oh Señor Jehová, tú lo sabes!» Descansa aquí, creyente. Apoya tu alma en estas palabras. Reposa tranquilo en el seno de tu Dios, y llévalas contigo a cada escena de la vida. «Oh Señor Jehová, tú lo sabes».—F. Whitfield.
11 de octubre
He aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo. Génesis 28:12.
Piensa en esa escala mística que desciende desde el trono de Dios hasta el lugar, por humilde que sea, donde tú te encuentres. Puede ser un páramo desierto; una casita humilde; el camarote de un barco; la choza de un colono; un lecho de dolor; pero Jesucristo te busca y viene justo adonde estás. Uno de los largueros de esta escala es el oro de su deidad; el otro, la plata de su humanidad; los peldaños son la serie de acontecimientos desde la cuna de Belén hasta la diestra del poder, donde él está sentado. Esa escala se cimbrea bajo un peso de bendición para ti. ¡Ojalá despacharas tus cargas de pecado, de afán y de temor por manos de los ángeles que suben, la oración y la fe!, para poder recibir en tu corazón a los ángeles que bajan en tropel: la paz, el gozo, el amor y la gloria.—F. B. Meyer.
12 de octubre
Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Génesis 28:16.
El párroco, hombre austero,
subió al alto campanario de la iglesia
para estar más cerca de Dios y poder pasar
su palabra al pueblo allá abajo.
Y en sermones escritos plasmaba cada día
lo que creía enviado del cielo;
y lo dejaba caer sobre la cabeza del pueblo
dos veces, un día de cada siete.
En su vejez Dios le dijo: «Baja y muere».
Y él clamó desde el campanario:
«¿Dónde estás, Señor?». Y el Señor respondió:
«Aquí abajo, entre mi pueblo».—Seleccionado.
13 de octubre
Ahora pues, oh Israel, oye los estatutos y derechos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis, y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres te da. Deuteronomio 4:1.
«Oíd» y «ejecutad», para que «viváis» y «poseáis». Este es un principio universal y permanente. Fue verdad para Israel, y es verdad para nosotros. La senda de la vida y el verdadero secreto de la posesión es la sencilla obediencia a los santos mandamientos de Dios. Lo vemos a lo largo de todo el volumen inspirado, de tapa a tapa. Dios nos ha dado su Palabra, no para especular sobre ella ni para discutirla, sino para que la obedezcamos. Y es a medida que, por la gracia, rendimos una obediencia cordial y gozosa a los estatutos y derechos de nuestro Padre, como recorremos la luminosa senda de la vida y entramos en la realidad de todo lo que Dios ha atesorado para nosotros en Cristo.—C. H. M.
14 de octubre
Vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20.
El hombre que vive en Dios no conoce otra vida que la vida de Dios.—Phillips Brooks.
15 de octubre
Nosotros, que somos del día, estemos sobrios, vestidos de cota de fe y de caridad, y la esperanza de salud por yelmo. 1 Tesalonicenses 5:8.
Fe, amor, esperanza: estas tres forman la armadura defensiva que guarda el alma; y estas tres hacen posible el dominio propio. Como el buzo que, con su escafandra, es bajado hasta el fondo del océano bravío y sin límites, así el hombre cuyo corazón está ceñido por la fe y la caridad, y cuya cabeza está cubierta con el yelmo de la esperanza, puede ser sumergido en el mar más bravío de la tentación y la mundanalidad, y aun así caminará seco e ileso por en medio de sus profundidades, y respirará un aire que viene de un mundo situado por encima de las olas inquietas. La fe te pondrá en comunicación con todo el poder de Dios. El amor te llevará a una región donde todas las tentaciones que te rodean quedarán tocadas como por la lanza de Ituriel, y mostrarán su propia inmundicia. Y la esperanza apartará tus ojos del esplendor tentador que te rodea, y los fijará en las glorias de arriba. Y así las riendas vendrán a tus manos de una manera completamente nueva, y podrás ser rey sobre tu propia naturaleza como nunca antes lo habías soñado, con tal que confíes en Cristo y lo ames, y pongas tus deseos en las cosas de arriba. Entonces podrás gobernarte a ti mismo, cuando dejes que Cristo te gobierne.—Alex. McLaren.
16 de octubre
La palabra del Dios nuestro permanece para siempre. Isaías 40:8.
La Palabra de Dios es el agua de vida; cuanto más la derramas, más fresca corre. Es el fuego de la gloria de Dios; cuanto más lo soplas, más claro arde. Es el trigo del campo del Señor; cuanto mejor lo mueles, más rinde. Es el pan del cielo; cuanto más se parte y se reparte, más queda. Es la espada del Espíritu; cuanto más se pule, más brilla.—Obispo Jewel.
17 de octubre
Hete hablado en tus prosperidades. Jeremías 22:21.
Cuando queremos ver a lo lejos, nos hacemos sombra sobre los ojos con la mano para cortar el resplandor de la fuerte luz del día. Así Dios pone, por decirlo así, su mano sobre nuestra frente, y templa el fulgor de la prosperidad, para que podamos abarcar los aspectos más amplios de su bondad. Es experiencia común que, mirando desde la penumbra de alguna aflicción personal, los hombres han visto por primera vez más allá del plano terrenal, y han vislumbrado la tierra de Beula. No rehuyamos la Mano que sabemos que solo pesa por la bendición que trae.—Ludlow.
18 de octubre
Ciertamente él te librará del lazo del cazador. Salmos 91:3.
Él te librará del lazo del cazador. Es decir, de las cosas pequeñas, de las trampas y redes ocultas que se nos tienden. Los grandes pecados asustan, mientras que los pequeños lazos enredan. Es más fácil escapar de la flecha del cazador que del señuelo astuto.
¿Y dónde no están tendidos? La riqueza y la pobreza, la enfermedad y la salud, la prosperidad y la adversidad, la amistad y la soledad, el trabajo y la falta de él: cada cosa tiene su lazo, en el que no solo caen los incautos, sino en el que a veces también los sabios y los vigilantes se vuelven presa. Cosas pequeñas, meros hilos, contra los que apenas vale la pena guardarse; y sin embargo son lo bastante fuertes para retenernos y estorbarnos, y pueden ser el comienzo de nuestra ruina.—Mark Guy Pearse.
19 de octubre
Jehová puso señal en Caín. Génesis 4:15.
Hablamos de la señal de Caín como si fuera la marca de una maldición. En realidad era la señal de la misericordia de Dios, una defensa contra sus enemigos.—D. J. Burrell.
20 de octubre
¿Quién hay entre vosotros que teme a Jehová . . . el que anda en tinieblas y carece de luz? Confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios. Isaías 50:10.
«En las tormentas feroces —decía un viejo marinero— solo podemos hacer una cosa; hay un único camino: debemos poner el barco en cierta posición y mantenerlo allí».
Esto, cristiano, es lo que tú debes hacer. A veces, como Pablo, no ves ni sol ni estrellas, y una tempestad no pequeña se cierne sobre ti; y entonces solo puedes hacer una cosa; hay un único camino. La razón no puede ayudarte. Las experiencias pasadas no te dan ninguna luz. Ni siquiera la oración te trae consuelo. Solo te queda un rumbo. Debes poner tu alma en una posición y mantenerla allí. Debes apoyarte en el Señor; y, venga lo que venga —vientos, olas, mares cruzados, truenos, relámpagos, rocas amenazantes, rompientes que rugen—, no importa qué, debes amarrarte al timón y retener firme tu confianza en la fidelidad de Dios, en su compromiso de pacto, en su amor eterno en Cristo Jesús.—Richard Fuller.
21 de octubre
Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. Apocalipsis 2:10.
Al final del viaje de todo cristiano fiel hay un cielo.—Cuyler.
22 de octubre
Huye a Egipto. Mateo 2:13.
¿Por qué? Porque hay un rey cruel que buscará la vida del niño.
¿Ha nacido Cristo en ti? ¿Es tu vida como aquel pesebre, preciosa como un cofre por lo que contiene? Entonces ten cuidado; porque, más astuto y menos escrupuloso que Herodes, el destructor de las almas buscará destruirte.
Viene un día en que se dirá: «Muertos son los que procuraban la muerte del niño». La gracia sobrevivirá al enemigo, y aún volveremos a disfrutar de los consuelos de la vida, sin ningún Herodes que nos amenace. Al fin y al cabo, es el pecado el que tiene corta vida, porque la bondad florecerá cuando el maligno esté encadenado para siempre.—Thos. Champness.
23 de octubre
Como el rey mi señor ha dicho, así lo hará tu siervo. 1 Reyes 2:38.
Hay algo infinitamente mejor que hacer una gran cosa para Dios, y esa cosa infinitamente mejor es estar donde Dios quiere que estemos, hacer lo que Dios quiere que hagamos, y no tener voluntad aparte de la suya.—G. Campbell Morgan.
24 de octubre
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:16.
Dicen que el mundo tiene ojo de águila para todo lo incoherente, un ojo agudo para descubrir los caprichos y las incoherencias de los defectuosos y los indignos. Tiene ojo de águila; pero el águila parpadea ante el sol, y el iris ardiente de su ojo se encoge, avergonzado, ante la pureza inmaculada del mediodía. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que otros, sobrecogidos y cautivados por la coherencia de vuestra vida piadosa, vengan a preguntar y digan que habéis estado con Jesús.—Punshon.
25 de octubre
Los once discípulos se fueron . . . al monte donde Jesús les había ordenado . . . Llegando Jesús, les habló, diciendo . . . Id, y doctrinad a todos los Gentiles. Mateo 28:16, 18, 19.
Las acciones notables del mundo suelen tener comienzos muy pequeños. ¡Con unas pocas letras, cuántos miles de palabras se forman! ¡Con diez cifras, cuántos miles de números! Un punto es el comienzo de toda la geometría. Una piedrecita arrojada a un estanque forma un pequeño círculo, luego otro mayor, hasta que se ensancha y llega a ambas orillas. Así, de pequeños comienzos, Dios hace brotar un caudal que se extiende por el mundo entero.—Charnock.
26 de octubre
He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. Lucas 2:10.
Es verdad que estas nuevas de gran gozo habían de ser «para todo el pueblo», pero no en primer lugar. El mensaje cae en nuestros propios oídos, y es primero para nuestra propia alma.
¡Oh, medita bien en esto! Lleva todas las verdades de Dios primero a tu propio corazón. Pide en oración ferviente que el Espíritu las escriba con la pluma del cielo en tu propia conciencia. Entonces serás un vaso útil para los usos del Señor, y llevarás su mensaje con poder espiritual a las almas de los demás.—F. Whitfield.
27 de octubre
El Señor al que ama castiga. Hebreos 12:6.
La prosperidad terrenal no es señal del amor especial del cielo; ni la tristeza y los afanes son marca del desagrado de Dios, sino todo lo contrario. El amor de Dios es robusto, y verdadero, y anhelante: no busca nuestra comodidad, sino nuestra dicha duradera; está empeñado en lograrla, y es lo bastante fuerte para soportar que se lo malinterprete y se lo reproche en sus esfuerzos por afinar nuestro espíritu a una música más alta. Por eso viene a instruirnos. Inscribámonos como alumnos en la escuela del amor de Dios. Dejemos a un lado nuestras propias ideas sobre el plan de estudios; sometámonos a ser guiados y enseñados; estemos dispuestos a cualquier lección que se nos dé desde la pizarra del dolor; estemos tan seguros de la tenacidad inagotable de su amor que nos atrevamos a confiar en él, aunque nos mate. Y esperemos con anhelo aquel momento augusto en que nos dará la razón de toda la disciplina de la vida, con una sonrisa que estremecerá de éxtasis nuestras almas y hará que la tristeza y el gemido huyan para siempre.—F. B. Meyer.
28 de octubre
Todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará. Juan 16:23.
La oración debe fundarse en la promesa; pero, ¡gracias a Dios, sus promesas son siempre más amplias que nuestras oraciones! Aquí no hay temor de construir pirámides invertidas, porque Jesucristo es el fundamento.—Frances Ridley Havergal.
29 de octubre
Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñose. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido. Juan 13:4, 5.
Los actos son comunes y viles porque de ordinario expresan los pensamientos comunes y viles de los hombres. No acusemos de vileza a los actos que componen nuestra vida diaria, sino a nuestras almas innobles, que se revelan tan indignamente por medio de esos actos. Un mismo acto puede ir subiendo, por todas las etapas intermedias, desde lo más hondo de la indignidad hasta una altura trascendente de excelencia, según el alma que en él se manifieste. Uno de los gloriosos fines de la encarnación de nuestro Señor fue reconciliarnos con los detalles de la vida, de modo que no los desdeñáramos como insignificantes, sino que más bien nos desdeñáramos a nosotros mismos por nuestra incapacidad de hacer de esos detalles intérpretes de una naturaleza noble. ¡Oh, miremos, pues, con afecto y gratitud los detalles diarios de la vida, viendo en todos ellos la huella santificadora de la mano de Jesús!—George Bowen.
30 de octubre
Puso . . . querubines, y una espada encendida . . . para guardar el camino del árbol de la vida. Génesis 3:24. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida. Apocalipsis 22:14.
¡Qué notable y qué hermoso es que la última página del Apocalipsis venga a curvarse hasta tocar la primera página del Génesis! La historia del hombre comenzó con ángeles de rostro severo y espadas encendidas que cerraban el camino al Árbol de la Vida. Termina con la guardia de querubines retirada; o más bien, quizá, envainando sus espadas y convirtiéndose en guías hacia el fruto ya no prohibido, en lugar de ser sus guardianes. Esa es la manera grandiosa y simbólica que tiene la Biblia de decir que todo lo que hay en medio —el pecado, la miseria, la muerte— es un paréntesis. El propósito de Dios no va a ser frustrado. El fin de su majestuosa marcha a través de la historia ha de ser el acceso de los hombres al Árbol de la Vida, del cual, durante las lúgubres edades —que no son sino un momento en las grandes eternidades—, los mantuvo excluidos su pecado,—Alex. McLaren.
31 de octubre
Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento: alumbrando los ojos de vuestro entendimiento. Efesios 1:17, 18.
Bajábamos una tarde de una montaña en Suiza cuando una negra tormenta borró el día, y todo quedó de pronto sumido en tinieblas. Apenas distinguíamos los senderos estrechos y polvorientos, y las laderas sombrías que se hundían en una oscuridad aún más profunda. ¿Qué era, entonces, de toda la majestad que nos rodeaba: alturas, profundidades y maravillas? Todo era oscuridad. Entonces vino el relámpago: no destellos, sino el cielo entero en llamas, incesante y por todos lados. ¡A qué recovecos de gloria nos asomamos! ¡Qué maravillas de esplendor brillaron desde la oscuridad!
Piensa cómo con nosotros, en nosotros, está Uno que viene a hacer resplandecientes los caminos comunes y polvorientos de la vida, iluminando nuestros pensamientos opacos con la luz de la gloria de Dios; aclarando la visión del alma, y revelando luego la grandeza de la salvación que es nuestra en Cristo.—Mark Guy Pearse.
Capítulo 10 completado
Octubre