Pensamientos para la hora de quietud
Julio

Capítulo 7 · 16 min de lectura · 21 min de escucha

Julio

1 de julio

Él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas. Apocalipsis 1:17.

Uno de los oficiales de Wellington, al recibir la orden de cumplir cierta misión peligrosa, se detuvo un instante como si tuviera miedo, y luego dijo:

«Permítame estrechar una vez su mano, que todo lo vence, antes de partir; y entonces podré hacerlo».

Busca el apretón de la mano de Cristo antes de cada trabajo, de cada tarea difícil, de cada batalla, de cada buena obra. Inclina la cabeza en la frescura llena de rocío de cada mañana, antes de salir al encuentro de los deberes y peligros del día, y espera la bendición de Cristo mientras él pone sus manos sobre ti. Son manos que bendicen. Su toque te infundirá valor y fuerza, y te inspirará a vivir de un modo hermoso y noble en todo.—J. R. Miller.

2 de julio

Apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios. Hechos 1:3.

Esta demora de cuarenta días es la prueba suprema del tierno cuidado de Cristo por su pequeña grey. El que había dado su vida por ellos se resiste a dejarlos. Aunque lo habían abandonado y habían dudado de él, no habían cansado su amor, y mucho menos lo habían agotado. Se queda para mirarlos otra vez, y otra, y otra más, como quien se vuelve y se detiene para bendecirlos. Todo concuerda con su vida de amor. En todas partes sale a su encuentro sin un solo reproche, sin evocar un solo recuerdo de todo su amargo padecimiento, y se revela a los discípulos con una ternura y una dicha de una belleza indescriptible.

¿Cómo podría irse antes de sanar el corazón quebrantado de la Magdalena? Tiene que quedarse hasta que el pobre Pedro se atreva a acercarse para recibir la seguridad de su perdón. Tiene que quedarse para fortalecer la fe de Tomás. Tiene que permanecer con ellos hasta hacerles sentir que él es el mismo Jesús amigo y hermano que siempre ha sido, que se ocupa de ellos en su trabajo, que los mira con anhelante compasión, que se inclina para encender un fuego que los caliente y para asar el pescado de su comida, y que luego les dice: venid a comer.—Mark Guy Pearse.

3 de julio

Jesús, . . . cansado del camino, así se sentó a la fuente. . . . (Porque sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.) . . . Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. Juan 4:6, 8, 39.

Los pequeños trabajos que salen al paso en el camino son muy dulces. ¡Quizá esos trabajos sueltos, al final de todo, sumen en realidad más que las obras aparentemente mayores!. . . Es hermoso saber que los siervos del Rey están siempre de verdad de servicio, aun cuando algunos solo puedan estar en pie y esperar.—Frances Ridley Havergal.

4 de julio

La paz os dejo, mi paz os doy . . . No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27.

A todos nos llegan horas oscuras; y si no tenemos la clave de una paz que pueda atravesar intacta su lóbrega tiniebla, viviremos en un temor continuo. Cualquier piedra arrojada por un transeúnte casual puede quebrar la claridad cristalina del Lago de la Paz y enviar ondas inquietas a través de él, a menos que hayamos aprendido a confiar en la presencia perpetua de aquel que puede hacer y mantener una «grande bonanza» dentro del alma. Solo procura que no te llegue nada que no le entregues al instante: todas las pequeñas preocupaciones, todas las dificultades abrumadoras, toda incapacidad de creer.—F. B. Meyer.

5 de julio

Y habitó Isaac junto al pozo del Viviente que me ve. Génesis 25:11.

Isaac habitó allí, e hizo del pozo del Dios vivo que todo lo ve su fuente constante de provisión. El curso habitual de la vida de un hombre, la morada de su alma, es la verdadera prueba de su estado. Aprendamos a vivir en la presencia del Dios vivo. Pidamos al Espíritu Santo que hoy, y cada uno de los días, podamos sentir: «Tú eres el Dios que me ve». Sea el Señor Jehová para nosotros como un pozo, deleitoso, consolador, inagotable, que salta para vida eterna. El odre de la criatura se agrieta y se seca, pero el pozo del Creador nunca falla. ¡Dichoso el que habita junto al pozo, y tiene así a mano provisión abundante y constante! Glorioso Señor, constríñenos a no dejarte jamás, sino a habitar junto al pozo del Dios vivo.—Spurgeon.

6 de julio

Judas Iscariote . . . era ladrón, y tenía la bolsa, y traía lo que se echaba en ella. Juan 12:4, 6. De gracia recibisteis, dad de gracia. Mateo 10:8.

Ah, pero si examináramos a fondo este asunto, ¿no descubriríamos probablemente que muchos de nosotros somos culpables, en un sentido atenuado y, sin embargo, bastante alarmante, de traición a los pobres? ¿No somos algunos enviados a ellos con beneficios que nunca les llegan, y si no nos sentimos culpables es solo porque llevamos tanto tiempo acostumbrados a ver esos bienes como concedidos a nosotros, cuando la luz de la palabra de Dios revelaría claramente sobre ellos los nombres de los pobres y necesitados?—George Bowen.

7 de julio

Cada uno vea cómo sobreedifica. 1 Corintios 3:10.

Nuestra tarea no es edificar deprisa, sino edificar sobre el fundamento correcto y con el espíritu correcto. La vida es más que una simple competencia entre un hombre y otro; no se trata de quién termina primero, sino de quién trabaja mejor; no de quién sube más alto en menos tiempo, sino de quién trabaja con más paciencia y amor conforme a los designios de Dios.—Joseph Parker.

8 de julio

Como tus días, así será tu fortaleza. Deuteronomio 33:25.

Ningún día sin su deber; ningún deber sin la fuerza para cumplirlo.—Seleccionado.

9 de julio

Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Génesis 28:16.

«Ciertamente Jehová estaba en este lugar, y yo no lo sabía». ¡Alma mía, esta es también tu experiencia! ¡Cuántas veces has dicho en tu dolor: «Verdaderamente tú eres Dios que te encubres»! ¡Cuántas veces te has dormido de pura pesadumbre, deseando no despertar más! Y cuando despertaste, ¡he aquí que la oscuridad había sido toda un sueño! Tu visión de ayer era un engaño. Dios había estado contigo toda la noche con ese resplandor que no necesita del sol.

Oh alma mía, no solo has de aspirar al futuro; has de aspirar a ver la gloria de tu pasado. Has de hallar la gloria de aquel camino por el que tu Dios te ha guiado, y poder decir aun de tu dolor: «¡Esta era la puerta del cielo!».—George Matheson.

10 de julio

Mi comida es que haga la voluntad del que me envió. Juan 4:34.

El verdadero secreto de una vida insatisfecha está con demasiada frecuencia en una voluntad no rendida.—J. Hudson Taylor.

11 de julio

Poniendo toda diligencia, mostrad en vuestra fe virtud. 2 Pedro 1:5.

Te resultará menos fácil arrancar los defectos de raíz que ahogarlos adquiriendo virtudes. No pienses en tus defectos, y menos aún en los defectos ajenos; en cada persona que se te acerque, busca lo que es bueno y fuerte; hónralo, alégrate en ello y, en la medida que puedas, procura imitarlo; y tus defectos se desprenderán, como hojas secas, cuando les llegue su tiempo.—John Ruskin.

12 de julio

Levántate, Aquilón, y ven, Austro: sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Cantares 4:16.

A veces Dios envía sobre sus hijos fuertes ráfagas de prueba para desarrollar sus virtudes. Así como las antorchas arden con más brillo cuando se las agita violentamente de un lado a otro, y así como el enebro despide su olor más dulce cuando se lo arroja a las llamas, así también las más ricas cualidades de un cristiano brotan a menudo bajo el viento del norte del sufrimiento y la adversidad. Los corazones quebrantados exhalan a menudo la fragancia que Dios ama percibir. Casi toda experiencia de un verdadero creyente guarda el registro de pruebas enviadas con el propósito de sacudir el árbol de las especias.—Theodore Cuyler.

13 de julio

Levántate, Aquilón, y ven, Austro: sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Cantares 4:16.

En esta hermosa oración se mencionan dos vientos. Dios puede enviar uno u otro, o ambos, según le parezca bien. Puede enviar el viento del norte de la convicción, para llevarnos al arrepentimiento, o el viento del sur del amor, para derretirnos en gratitud y santo gozo. Si a menudo necesitamos las ráfagas cortantes de la prueba para desarrollar nuestras virtudes, ¿no necesitamos también las cálidas brisas del sur de su misericordia? ¿No necesitamos un sentido renovado de la presencia de Cristo en nuestro corazón y los gozos del Espíritu Santo? ¿No necesitamos ser derretidos, sí, ser vencidos por el amor de Jesús?—Theodore Cuyler.

14 de julio

¡He aquí el hombre! Juan 19:5.

«¡He aquí el hombre!», fue la burla de Pilato. Eso es lo que todas las edades han venido haciendo desde entonces, y la visión se ha vuelto cada vez más gloriosa. A medida que han mirado, la corona de espinas se ha convertido en una corona de resplandor dorado, y el manto desechado ha brillado como las vestiduras que él llevó la noche de la transfiguración. Los mártires han sonreído en las llamas ante esa visión. Los pecadores se han vuelto por ella a una vida nueva. Los niños pequeños la han visto, y ella ha despertado en ellos vagos recuerdos de su hogar celestial. Hacia ella anhelan siempre las almas de los hombres.—Robert E. Speer.

15 de julio

Él (Juan) dice: ¡He aquí el Cordero de Dios! Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron a Jesús. Juan 1:36, 37.

Ser cristiano significa llegar a conocer la presencia de un Cristo verdadero y personal entre nosotros, y seguirlo.—Phillips Brooks.

16 de julio

No comeréis de él. Génesis 3:3.

El pecado del Paraíso fue comer del árbol del conocimiento antes que del árbol de la vida. La vida ha de ir siempre primero. Saber sin ser, oír sin hacer, admirar sin poseer: todo eso es luz sin vida.—Seleccionado.

17 de julio

Tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa. Santiago 1:4.

¿Estás donde Dios quiere que estés? Si no, sal de allí, y en seguida, porque ciertamente no deberías estar ahí. Si lo estás, entonces teme quejarte de las circunstancias que Dios ha dispuesto a propósito para formar en ti la imagen y semejanza misma de su Hijo.—Mark Guy Pearse.

18 de julio

Sembrad sobre todas las aguas. Isaías 32:20.

No te preocupes por el lugar donde está tu obra. No te preocupes de si es visible o no. No te preocupes de si tu nombre va unido a ella. Puede que nunca llegues a ver el fruto de tus afanes. Trabajas para la eternidad. Si no puedes ver resultados aquí, en el calor del día de trabajo, se acercan las frescas horas de la tarde, cuando podrás descansar de tus trabajos, y entonces ellos te seguirán. Así que cumple tu deber, y confía en que Dios dará a la semilla que siembras «el cuerpo como quiso»,—Alex. McLaren.

19 de julio

Sostenme, y seré salvo. Salmos 119:117.

¡No estropees el repique de las campanas de esta mañana tocando solo medio carillón! No digas «Sostenme» y te detengas ahí, ni añadas: «¡Pero de todos modos tropezaré y caeré!». Completa el repique con la música de Dios mismo, las brillantes palabras de fe que él pone en tu boca: «Sostenme, y seré salvo».—Frances Ridley Havergal.

20 de julio

Señor, mi mozo yace en casa paralítico. Mateo 8:6.

Nosotros, en esta época de la iglesia, estamos en la situación de aquel siervo enfermo de Capernaum. A los ojos de los sentidos estamos separados del Salvador. No lo vemos, no lo podemos tocar, la mano no puede deslizarse entre la multitud para asir el borde de su manto, no podemos oír como antaño sus amados pasos en nuestro umbral; pero la fe penetra lo invisible; el mensajero, la oración, lo encuentra en las calles de la Nueva Jerusalén; y a la fe y la oración juntas, las dos delegadas gemelas de su iglesia aquí abajo, él nunca las ha despedido vacías.—Macduff.

21 de julio

Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12, 13.

¡Qué peso de pensamiento tan abrumador despiertan estas palabras! Detente, alma mía, y maravíllate de que el Dios eterno se incline a obrar dentro de tus estrechos límites. ¿No es en verdad una maravilla que él, a quien los cielos no pueden contener y ante cuyos ojos ni ellos son limpios, se tome el trabajo de obrar en un material como este, tan poco prometedor, y en medio de circunstancias tan poco propicias?

¡Con cuánto cuidado deberíamos darle la bienvenida y no poner ningún estorbo en su camino! ¡Con cuánto afán deberíamos recoger aun los menores movimientos de su obra de gracia, como el maquinista conserva la fuerza de su máquina, y como el orfebre, con cuidado de avaro, recoge cada partícula de pan de oro! Sin duda conoceremos el temor de la santa reverencia y el temblor de una ansiedad ferviente, mientras nos «ocupamos» en llevar al acto y a la vida diaria todo lo que Dios nuestro Padre «produce en» nosotros.—F. B. Meyer.

22 de julio

. . . pecadores, de los cuales yo soy el primero. . . . Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. 1 Timoteo 1:15, 17.

Solo quienes han tocado la nota más honda del arrepentimiento pueden alcanzar la nota más alta de la alabanza.—A. J. Gordon.

23 de julio

Bienaventurado el hombre . . . que guarda el sábado. Isaías 56:2.

El día de reposo es la caja de ahorros de la vida humana, en la que depositamos un día de cada siete para que nos sea devuelto en el otoño de la vida con interés compuesto.—Seleccionado.

24 de julio

Líbrame de los errores que me son ocultos. Salmos 19:12.

El mundo necesita hombres que sean librados de las faltas secretas. El mundo es capaz de revestirse de una bondad exterior y llegar muy lejos en rectitud y moralidad, y espera que el cristiano vaya más allá y esté libre de faltas secretas. Una pequeña grieta basta para estropear el sonido de la moneda. . . . El mundo espera, y con razón, que el cristiano sea más amable, paciente y generoso que quien no profesa ser discípulo del Señor Jesús. Por amor de quienes toman su idea de la religión de nuestra vida, necesitamos elevar con fervor esta oración: «Líbrame de los errores que me son ocultos».—Mark Guy Pearse.

25 de julio

Haz tú lo que bien te pareciere. 2 Reyes 10:5.

Procura tener revoloteando a tu alrededor el menor número posible de buenas intenciones. Son como fantasmas que rondan una casa. La manera de conjurarlas es encontrarles un cuerpo. Cuando se encarnan en hechos sustanciales, dejan de ser peligrosas.—William Arnot.

26 de julio

Creced en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 2 Pedro 3:18.

La gracia tiene su alba tanto como su día; la gracia tiene su tallo verde y después su grano maduro en la espiga; la gracia tiene sus niños y sus hombres en Cristo. Con la obra de Dios en el alma, como con todas sus obras «en todos los lugares de su señorío», el progreso es a la vez el preludio y el camino hacia la perfección. Por eso se nos exhorta a crecer en la gracia y conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a ir adelante a la perfección, diciendo con Pablo: «Yo mismo no hago cuenta de haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús».—Guthrie.

27 de julio

El pecado, tomando ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él me mató. Romanos 7:11.

Cristiano, guárdate de tener el pecado en poco. Ten cuidado, no sea que caigas poco a poco. ¿El pecado, una cosa pequeña? ¿No es un veneno? ¿Quién conoce su poder mortal? ¿El pecado, una cosa pequeña? ¿No echan a perder las viñas las zorras pequeñas? ¿No levanta el diminuto insecto del coral una roca que hace naufragar a toda una armada? ¿No derriban los golpes pequeños a los altos robles? ¿No desgasta las piedras el goteo continuo? ¿El pecado, una cosa pequeña? ¡Ciñó de espinas la cabeza del Redentor y le traspasó el corazón! Le hizo sufrir a él angustia, amargura y dolor. Si pudieras pesar el menor pecado en la balanza de la eternidad, huirías de él como de una serpiente y aborrecerías aun la menor apariencia de mal. Mira todo pecado como aquello que crucificó al Salvador, y verás que es «sobremanera pecaminoso».—Spurgeon.

28 de julio

Vuestro Padre celestial sabe. Mateo 6:32.

El Amo juzga por el resultado, pero nuestro Padre juzga por el esfuerzo. El fracaso no siempre significa culpa. Él sabe cuánto cuestan las cosas, y las pesa allí donde otros solo las miden. ¡Tu Padre! Piensa en el gran valor que su amor da a los pobres comienzos de los pequeños, por torpes y faltos de sentido que les parezcan a otros. Todo esto se encierra en esta bendita relación, e infinitamente más. No temas tomarlo todo como tuyo.—Mark Guy Pearse.

29 de julio

Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Colosenses 3:3.

No son el talento, ni el poder, ni los dones lo que hace la obra de Dios, sino aquello que está al alcance del más humilde: la vida sencilla y sincera escondida con Cristo en Dios.—F. W. Robertson.

30 de julio

La madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Juan 2:3, 4, 5.

Al pedir bendiciones temporales, la verdadera sabiduría consiste en poner el asunto en las manos del Señor y dejarlo allí. Él conoce nuestras penas y, si ve que nos conviene que el agua se convierta en vino, lo hará. No nos toca a nosotros dictar: él ve lo que más nos conviene. Cuando pedimos prosperidad, quizá lo que deberíamos recibir es la prueba. Cuando queremos ser librados de un «aguijón en la carne», él sabe que lo que necesitamos es comprender que su gracia nos basta. Así somos puestos en su escuela, y tenemos que aprender las lecciones que él tiene que enseñarnos.—W. Hay Aitken.

31 de julio

El que piensa estar firme, mire no caiga. 1 Corintios 10:12.

Los ángeles cayeron en el cielo; Adán, en el paraíso; Pedro, en la presencia de Cristo.—Theophilus Polwheile.

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