Pensamientos para la hora de quietud
Abril

Capítulo 4 · 15 min de lectura · 19 min de escucha

Abril

1 de abril

Y fue a mí palabra de Jehová por la mañana. Ezequiel 12:8.

Una hora tranquila a solas con Dios al comenzar el día es el mejor principio para los trabajos y afanes de la vida activa. Un breve tiempo de oración, mirando a lo alto en busca de sabiduría, gracia y fuerza, y buscando un derramamiento del Espíritu Santo, nos ayuda a llevar nuestra religión a los quehaceres del día. Trae gozo y paz al corazón. Y cuando ponemos todos nuestros asuntos al cuidado y bajo la custodia del Señor, esforzándonos fielmente por hacer su voluntad, tenemos la gozosa confianza de que, por oscuros o desalentadores que parezcan los acontecimientos, la mano de nuestro Padre lo guía todo y dará la dirección más sabia a todos nuestros trabajos.—Seleccionado.

2 de abril

Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente. Génesis 2:7.

¡Así que esta alma mía es un compuesto de dos mundos—polvo y divinidad! Toca la línea fronteriza de dos hemisferios. Por un lado está emparentada con lo divino; por el otro, con la bestia del campo. Su comienzo viene de abajo, pero su culminación viene de arriba; empieza en el polvo de la tierra, pero se completa en el aliento de Dios.

Alma mía, ¿vives a la altura de tu doble origen? ¿Recuerdas tu doble linaje y, por tanto, tu doble deber? Tienes un deber para con tu Dios, porque su aliento está en ti; tienes un deber para con la tierra, porque de ella fuiste tomada.—George Matheson.

3 de abril

Siempre gozosos. 2 Corintios 6:10.

Ningún cristiano puede llegar a saber lo que significan esas dos palabritas, «siempre gozosos», sino el cristiano que toma su cruz y sigue a Jesús.—W. Hay Aitken.

4 de abril

Toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu simiente para siempre. Génesis 13:15.

Las promesas de Dios van siempre en escala ascendente. Una conduce a otra, más plena y más bendita que ella misma. En Mesopotamia Dios dijo: «Te mostraré la tierra». En Betel: «Esta es la tierra». Aquí: «Te daré toda la tierra, e hijos innumerables como los granos de arena». Y veremos que aun estas quedan eclipsadas.

Así es como Dios nos atrae a la santidad. No dándonos nada hasta que nos hemos atrevido a actuar—para probarnos. No dándonoslo todo al principio—para no abrumarnos. Y guardando siempre en reserva una bendición infinita. ¡Oh, los tesoros inexplorados que aún quedan en Dios! ¿Quién vio jamás su última estrella?—F. B. Meyer.

5 de abril

Aquella noche no cogieron nada. Juan 21:3.

Dios puede permitir que el mundo pecador tenga éxito en sus planes prohibidos; pero, ¡bendito sea su nombre!, no permite que sus escogidos prosperen en el camino que los aparta de su santa voluntad. Tiene una tormenta que enviar tras cada Jonás, y una red vacía para cada Simón incrédulo e inconsecuente.—A. B. Simpson.

6 de abril

Hiciéronme guarda de viñas; y mi viña, que era mía, no guardé. Cantares 1:6.

Aquí se nos llama la atención sobre un peligro que es, por excelencia, propio de nuestros días: la intensa actividad de nuestro tiempo puede llevarnos al celo en el servicio con descuido de la comunión personal; pero tal descuido no solo disminuirá el valor del servicio, sino que tenderá a incapacitarnos para el servicio más elevado.—J. Hudson Taylor.

7 de abril

Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste . . . y también vimos allí los hijos de Anac. Números 13:27-28.

Es cuando vamos por el camino del deber cuando encontramos gigantes. Fue cuando Israel avanzaba hacia adelante cuando aparecieron los gigantes. Cuando se volvieron al desierto, no encontraron ninguno.—Seleccionado.

8 de abril

Tales eran aquellos ni más ni menos, que parecían hijos de rey. Jueces 8:18.

Frances Ridley Havergal dice: «Si el Rey es de veras nuestro pariente cercano, el parecido real será reconocible».

9 de abril

En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. Salmos 23:2.

Esto sugiere el descanso al que nuestro Buen Pastor conduce a su rebaño. La vida no es solo trabajo. Dios nos da muchos lugares tranquilos de descanso en nuestro camino de peregrinos.

La noche es uno de ellos, cuando, tras el trabajo, la lucha y el agotamiento del día, somos llevados aparte, se corren las cortinas para dejar fuera el ruido, y él da a su amado el sueño, y en el sueño le concede las maravillosas bendiciones de la renovación. El día de reposo es otro de estos tranquilos lugares de descanso. Dios quiere que dejemos nuestras tareas mundanas y tengamos un día para el refrigerio del cuerpo y del alma. . . . Los encuentros de la amistad son también tranquilos lugares de descanso, donde el corazón puede comulgar con el corazón, y adonde Jesús viene también, invisible, y da su bendición. Todas las ordenanzas del culto cristiano—tiempos de oración y devoción, horas de comunión con Dios—son tranquilos lugares de descanso.

Necesitamos estos tiempos de silencio en nuestra vida ajetreada mucho más de lo que solemos darnos cuenta, y los necesitamos tanto más cuanto más ajetreada sea la vida.—J. R. Miller.

10 de abril

Fuele diariamente dada su comida de continuo. 2 Reyes 25:30.

Un bastón ayuda al viajero, pero un haz de bastones es una carga pesada.—Spurgeon.

11 de abril

Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:2.

Por perplejo que llegues a estar en cualquier momento acerca de alguna cuestión de verdad, siempre tienes a mano un refugio y un recurso: puedes hacer algo por alguien que no seas tú mismo. En los momentos en que no puedes ver a Dios, sigue abierta ante ti esta sagrada posibilidad: mostrar a Dios; porque es por medio del amor y la bondad de los corazones humanos como la realidad divina llega a los hombres, lo reconozcan o no por su nombre. Que este pensamiento, pues, permanezca contigo: puede haber momentos en que no logres encontrar ayuda, pero no hay momento en que no puedas dar ayuda.—George Merriam.

12 de abril

Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:12-13.

No nos corresponde a ti ni a mí estudiar si llegaremos al cielo, ni siquiera estudiar si seremos hombres buenos; nos corresponde estudiar cómo entraremos en medio de los propósitos de Dios y tendremos el indecible privilegio, en estos pocos años, de hacer algo de su obra.—Phillips Brooks.

13 de abril

Dios . . . es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios 4:6.

¡Cristiano!, no descanses hasta que conozcas el pleno, el ininterrumpido resplandor de Dios en tu corazón. Con este fin, ríndete a cada impulso de esa luz que te muestre algún mal no vencido y quizá invencible. Tráelo simplemente a la luz; deja que la luz brille sobre él y lo disipe con su resplandor. Espera en el Señor más que los centinelas a la mañana, porque «la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto». Cuenta con que Dios quiere llenarte de la luz de su gloria: espera en él más que los centinelas a la mañana. «Sí, espera a Jehová».—Andrew Murray.

14 de abril

Alma mía, en Dios solamente reposa. Salmos 62:5.

¿Se te ha ocurrido alguna vez que, si no oyes la respuesta de Dios a la oración, quizá no sea porque él es mudo, sino porque tú eres sordo; no porque él no tenga respuesta que darte, sino porque tú no has estado atento a ella? Estamos tan ocupados con nuestro servicio, tan ocupados con nuestro trabajo, y a veces tan ocupados con nuestras oraciones, que no se nos ocurre dejar de hablar nosotros mismos y escuchar si Dios tiene alguna respuesta que darnos con «el silbo apacible y delicado»; ser pasivos, estar quietos, no hacer nada, no decir nada, en cierto sentido verdadero no pensar nada; simplemente ser receptivos y estar a la espera de la voz. «En Dios solamente reposa», dice el salmista; y otra vez: «Espera a Jehová».—Seleccionado.

15 de abril

¿No habéis podido velar conmigo una hora? Mateo 26:40.

¡Oh, vosotros que suspiráis y languidecéis, y lloráis vuestra falta de poder,
atended a este suave susurro: «¿No habéis podido velar una hora?»
Hacia el fruto y la bendición no hay «camino real»;
el poder para el santo servicio es la comunión con Dios.
—Seleccionado.

16 de abril

Mi comida es que haga la voluntad del que me envió. Juan 4:34.

Busca el alimento de tu vida en la obra de tu vida.—Phillips Brooks.

17 de abril

Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Filipenses 2:13.

La salvación plena consiste en comprender que todo lo que vemos en Cristo, nuestro Ejemplo, puede ser nuestro, no por imitación, sino por reproducción.—Seleccionado.

18 de abril

He aquí, yo estoy con vosotros todos los días. Mateo 28:20.

«Todos los días»—en los días de invierno, cuando las alegrías han huido; en los días sin sol, cuando las nubes vuelven una y otra vez tras la lluvia; en días de enfermedad y dolor; en días de tentación y perplejidad, tanto como en los días en que el corazón está tan lleno de gozo como los bosques en primavera están llenos de cantos. Nunca llega el día en que el Señor Jesús no esté al lado de sus santos. El amigo y el compañero pueden mantenerse lejos, pero él camina con ellos a través del fuego; vadea con ellos los ríos; está junto a ellos cuando se hallan cara a cara con el león. Nunca podemos estar solos. Al hacer nuestros cálculos, siempre debemos sumar sus recursos a los nuestros.—F. B. Meyer.

19 de abril

Teniendo . . . libertad para entrar en el santuario por la sangre de Jesucristo . . . lleguémonos con corazón verdadero. Hebreos 10:19, 22.

¡Oh, la gloria del mensaje! Durante quince siglos Israel tuvo un santuario con un Lugar Santísimo en el que nadie podía entrar, so pena de muerte. Su único testimonio era: el hombre no puede morar en la presencia de Dios; no puede permanecer en su comunión. ¡Y ahora cuánto ha cambiado todo! Así como entonces resonaba la advertencia: «¡Prohibida la entrada! ¡No entres!», ahora sale el llamamiento: «¡Entra! El velo está rasgado; el Lugar Santísimo está abierto; Dios espera para darte la bienvenida en su seno; de ahora en adelante has de vivir con él». Este es el mensaje. ¡Hijo!, tu Padre anhela que entres, que mores allí y que nunca más salgas.—Andrew Murray.

20 de abril

Esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios . . . diciendo: Pablo, no temas. . . . Dios te ha dado todos los que navegan contigo. Por tanto . . . tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho. Hechos 27:23-25.

Una fe activa puede dar gracias por una promesa, aunque todavía no se haya cumplido, sabiendo que los pagarés de Dios valen tanto como el dinero en efectivo.—Matthew Henry.

21 de abril

Sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Filipenses 4:6.

La tentación natural ante cada dificultad es hacer planes para resolverla, quitarla de en medio uno mismo; pero detente en seco con todos tus planes, tus pensamientos, tu preocupación, ¡y habla con él! «Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará». Quizá no siempre puedas hacerlo en un momento o dos. Entonces persevera en la súplica hasta que sepas que él la tiene en sus manos, y la oración se convierta en alabanza. Descansa, confía y espera, y mira cómo él hace aquello que tú querías hacer y que tanto te preocupaba. «Estaos quedos, y ved la salvación de Jehová».—A. E. Funk.

22 de abril

Los que esperan a Jehová . . . levantarán las alas como águilas. Isaías 40:31.

Todas las criaturas que tienen alas pueden escapar de cualquier lazo que se les tienda, con tal de que vuelen lo bastante alto; y el alma que usa sus alas siempre puede hallar una segura «salida» de todo lo que pueda dañarla o turbarla.—Smith.

23 de abril

El perfecto amor echa fuera el temor. 1 Juan 4:18.

El temor y el amor se alzan como motivos de la vida en oposición mutua, como aquellos dos montes desde los cuales se pronunciaban respectivamente las bendiciones y las maldiciones de la antigua ley—el monte de la maldición, todo él estéril, pedregoso, sin verdor y sin agua; el monte de la bendición, verde y luminoso con multitud de flores, y bendecido con multitud de arroyuelos. El temor es estéril. El amor es fecundo. El uno es esclavo, y su obra vale poco. El otro es libre, y sus hechos son grandes y preciosos. Desde la cumbre asolada del monte que engendra para servidumbre pueden oírse las palabras de la ley; pero el poder para guardar todas esas leyes debe buscarse en la colina soleada donde la libertad mora en el amor y da energía a la obediencia. Por tanto, si quieres emplear en tu propia vida el poder más alto que Dios nos ha dado para crecer en la gracia, saca tus razones no del temor, sino del amor.—Alex. McLaren.

24 de abril

El amor de Cristo nos constriñe. 2 Corintios 5:14.

El amor de Cristo es demasiado grande para que un solo corazón lo contenga. Se desbordará en el corazón de otros: se dará, se entregará por completo, para enriquecer otras vidas. El corazón de Cristo es algo costoso de tener. Llevará a quienes lo tienen adonde lo llevó a él. Si a él le costó la cruz, a ellos no les costará menos.—J. M. Campbell.

25 de abril

Yo Jehová soy tu Dios, que te ase de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudé. Isaías 41:13.

No intentes sostener la mano de Dios; deja que él sostenga la tuya. Deja que él se ocupe de sostener, y tú ocúpate de confiar.—H. W. Webb Peploe.

26 de abril

Considerad cuán grandes cosas ha hecho con vosotros. 1 Samuel 12:24.

Mira atrás, a todo el camino por el que el Señor tu Dios te ha conducido. ¿No lo ves sembrado de diez mil bendiciones disfrazadas? Trae a la memoria el socorro necesario enviado en el momento crítico; el camino recto escogido para ti, en lugar del camino equivocado que tú habías escogido; aquello dañino a lo que tu corazón se aferraba con tanto cariño, quitado de tu senda; el respiro concedido que tu espíritu probado y combatiente necesitaba justo en ese momento. ¡Oh!, ¿no ha estado Jesús a tu lado cuando tú no lo sabías? ¿No ha rodeado el Amor infinito cada acontecimiento con sus brazos eternos, y dorado cada nube con su forro de misericordia? ¡Oh, vuelve sobre tus pasos y señala su huella en cada uno de ellos! Dale gracias por todos, y aprende la necesaria lección de apoyarte más sencillamente en Jesús.—F. Whitfield.

27 de abril

Él . . . dijo . . . yo . . . escondí tu talento en la tierra. . . . Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo. Mateo 25:24-26.

Entre las grandes cosas que no podemos hacer y las pequeñas que no queremos hacer, el peligro es que no hagamos nada.—Monod.

28 de abril

A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. 2 Pedro 3:18.

Creyente, esperas con ilusión el tiempo en que te unirás a los santos de arriba para atribuir toda la gloria a Jesús; pero ¿lo estás glorificando ahora? Las palabras del apóstol son: «A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad».—C. H. Spurgeon.

29 de abril

Conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que me esperan. Isaías 49:23.

J. Hudson Taylor dice: «Esperar en quietud delante de Dios podría librarnos de muchos errores y de muchas tristezas».

30 de abril

Sea hecho contigo como quieres. Mateo 15:28.

¡Oh, las victorias de la oración! Son las cumbres de la Biblia. Nos llevan de vuelta a las llanuras de Mamre, a los vados de Peniel, a la cárcel de José, a los triunfos de Moisés, a las victorias trascendentes de Josué, a las liberaciones de David, a los milagros de Elías y Eliseo, a toda la historia de la vida del Maestro, al secreto de Pentecostés, a la nota dominante del incomparable ministerio de Pablo, a las vidas de los santos y la muerte de los mártires, a todo lo más sagrado y dulce de la historia de la Iglesia y de la experiencia de los hijos de Dios. Y cuando, para nosotros, haya pasado el último combate, y el escabel de la oración haya dado paso al arpa de la alabanza, los momentos que estarán dorados con el resplandor más celestial y eterno serán aquellos, a menudo unidos al dolor más hondo y a la noche más oscura, sobre los cuales leeremos la inscripción: «Jehová-Shammá: ¡El Señor estaba allí!».—A. B. Simpson.

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