Capítulo 3 · 17 min de lectura · 22 min de escucha
Marzo
1 de marzo
Sube por la mañana . . . y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte. Éxodo 34:2.
La mañana es la hora señalada para mi encuentro con el Señor. Esta sola palabra, mañana, es como un racimo de uvas generosas. Déjame pisarlas y beber de su vino sagrado.
¡Por la mañana! Entonces Dios quiere que yo esté en lo mejor de mi fuerza y de mi esperanza. No tengo que subir en mi debilidad. Durante la noche sepulté el cansancio de ayer, y por la mañana recibo como una nueva provisión de energía.
¡Dulce mañana! Hay esperanza en su música. ¡Bendito es el día cuya mañana es santificada! ¡Próspero es el día cuya primera victoria se ganó en oración! ¡Santo es el día cuyo amanecer te halla en la cumbre del monte! La salud se afianza por la mañana. La riqueza se gana por la mañana. La luz es más brillante por la mañana. «Despierta, salterio y arpa; me levantaré de mañana».—Joseph Parker.
2 de marzo
Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Gálatas 6:7.
Las acciones más comunes de la vida, cada uno de sus días y de sus horas, se revisten de la más alta grandeza cuando pensamos que sus consecuencias se prolongan hasta la eternidad. Nuestras manos siembran ahora semillas para aquella gran cosecha. Volveremos a encontrarnos con todo lo que hacemos y hemos hecho. Los sepulcros entregarán sus muertos, y de las tumbas del olvido el pasado devolverá todo lo que guarda, para dar fiel testimonio a favor o en contra de nosotros.—Guthrie.
3 de marzo
Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea. Deuteronomio 1:2.
¡Once días, y sin embargo les llevó cuarenta años! ¿Cómo pudo ser esto? ¡Ay!, no necesitamos ir muy lejos para hallar la respuesta. Se parece demasiado a nosotros mismos. ¡Con qué lentitud avanzamos por el camino! ¡Cuántas vueltas y revueltas! ¡Cuántas veces tenemos que volver atrás y recorrer de nuevo el mismo terreno, una y otra vez! Somos viajeros lentos porque somos lentos para aprender. Nuestro Dios es un Maestro fiel y sabio, además de bondadoso y paciente. No nos permitirá pasar a la ligera por encima de nuestras lecciones. A veces, quizá, creemos que ya dominamos una lección e intentamos pasar a otra, pero nuestro sabio Maestro sabe más, y ve que hace falta arar más hondo. No quiere que seamos meros teóricos ni gente de saber superficial; nos tendrá, si es necesario, año tras año repitiendo nuestras escalas hasta que aprendamos a cantar.—C. H. M.
4 de marzo
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad. 1 Juan 1:9.
El mismo instante que nos trae la conciencia del pecado debería traernos también su confesión y la conciencia del perdón.—Smith.
5 de marzo
Como Príncipe del ejército de Jehová, ahora he venido. Josué 5:14.
Ciertamente Israel podía ahora hacer frente al enemigo con una confianza inquebrantable, y cantar victoria aun antes de haber ganado la batalla. Y así también puede hacerlo el cristiano. No avanza hacia un combate de resultado incierto; el desenlace de la batalla no está en duda. La lucha puede ser dura, y la guerra larga; a veces, como el peregrino, puede caer derribado por tierra y estar a punto de perder la espada; pero «aunque abatido», no está «destruido». El Capitán de la salvación está de su parte, y en medio del conflicto más encarnizado puede decir: «Gracias a Dios, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo».—S. A. Blackwood.
6 de marzo
Para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Filipenses 1:21.
Vive en Cristo, y estarás en los arrabales del cielo. Solo hay un muro delgado entre tú y la tierra de las alabanzas. Estás a una hora de navegación de la orilla de la nueva Canaán.—William Rutherford.
7 de marzo
El que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre. Juan 8:29.
Quien mantiene la comunión más estrecha con el cielo es quien mejor cumple los deberes de la vida diaria.—Seleccionado.
8 de marzo
No apaguéis al Espíritu. 1 Tesalonicenses 5:19.
Para no apagar al Espíritu, debes procurar constantemente conocer cuál es la intención del Espíritu. Debes distinguir con el mayor cuidado entre sus sugerencias y las sugerencias de tu propio corazón engañoso. Tendrás siempre presentes cuáles son los oficios del Espíritu tal como Cristo los describe en el Evangelio de Juan. Estarás en guardia contra los movimientos impulsivos, los actos irreflexivos, las palabras precipitadas. Permanecerás en oración. Escudriña la Palabra. Confiesa a Cristo en todas las ocasiones posibles. Busca la compañía de su pueblo. Huye de conformarte al mundo, a sus vanas modas y a su etiqueta sin sentido. Sé escrupuloso en lo que lees. «Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!». «Tened aceite en vuestras lámparas». «No apaguéis al Espíritu».—Bowen.
9 de marzo
Entrando en el mundo, dice:. . . Me apropiaste cuerpo. Hebreos 10:5.
Esta palabra de Cristo debe hacerla suya cada uno de sus seguidores. Nada nos ayudará a vivir en este mundo y a guardarnos sin mancha sino el Espíritu que estaba en Cristo, que miraba su cuerpo como preparado por Dios para su servicio; que mira también nuestro cuerpo como preparado igualmente por él, para que se lo ofrezcamos. Como Cristo, también nosotros tenemos un cuerpo en el que mora el Espíritu Santo. Como Cristo, también nosotros debemos entregar nuestro cuerpo, con cada miembro, cada facultad, cada acción, para cumplir su voluntad, para serle ofrecido a él, para glorificarle. Como Cristo, debemos demostrar en nuestro cuerpo que somos santos para el Señor.—Andrew Murray.
10 de marzo
Lleno de [saciado de] días. Génesis 25:8.
Los andamios son para los edificios, y los momentos, días y años de nuestra vida terrenal son andamiaje. ¿Qué es lo que estás construyendo dentro de él? ¿Qué clase de estructura aparecerá cuando se derribe y retire el andamio? Los días y los años son nuestros para que nos den lo que la eternidad no puede quitarnos: un carácter edificado sobre el amor de Dios en Cristo y moldeado a su semejanza.
¿Te ha ayudado tu vida a lograrlo? Si es así, has sacado de ella lo mejor, y tu vida está completa, cualquiera que sea el número de sus días. La calidad, no la cantidad, es lo que determina la perfección de una vida. ¿Tiene tu vida esta plenitud?—Alex. McLaren.
11 de marzo
Conservaos en el amor de Dios. Judas 21.
La fruta madurada al sol es la más dulce.—Seleccionado.
12 de marzo
Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos. Hechos 1:8.
¡Mira! ¡Piénsalo! Ciento veinte hombres y mujeres sin padrinos, sin promesa de favor terrenal alguno, sin rentas, sin riquezas; un grupo de hombres y mujeres que tenían que ganarse la vida con el trabajo común de cada día, ocupados en todas las tareas domésticas de la vida diaria; ¡y sin embargo son ellos quienes han de comenzar las conquistas del cristianismo! A ellos se les confía una obra que ha de trastornar el mundo. No hay nadie tan encumbrado que no lo alcance la influencia de este humilde grupo, hasta que el trono de los Césares sea reclamado para Cristo. ¡No hay nadie tan lejano que no llegue a él el poder de este pequeño grupo reunido en un aposento alto, hasta que el mundo entero quede unido en una fraternidad! No hay fuerza en la tierra, de hombres o de demonios, que no hayan de vencer, hasta que toda rodilla se doble ante su Maestro, y toda lengua confiese que él es el Señor.
Algo imposible, absurdo, se mire como se mire, hasta que admites esto: han de ser llenos del Espíritu Santo. Entonces las dificultades se desvanecen en el aire vacío. Entonces no hay límite para sus esperanzas, porque no hay límite para su poder. Su fuerza no es solamente «como la fuerza de diez»; es como la fuerza del mismo Todopoderoso.
Esta es la idea que Cristo tiene del cristianismo; no una idea humana —es infinitamente demasiado sublime—, ¡la idea de Dios!—Mark Guy Pearse.
13 de marzo
El que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. Juan 15:5.
Si estamos demasiado absortos en nuestra obra, podemos olvidar a nuestro Maestro; es posible tener las manos llenas y el corazón vacío. Si estamos absortos en nuestro Maestro, no podemos olvidar nuestra obra; si el corazón está lleno de su amor, ¿cómo no han de estar activas las manos en su servicio?—Adolphe Monod.
14 de marzo
El que me come, él también vivirá por mí. Juan 6:57.
Alimentarse de Cristo es recibir su fuerza dentro de nosotros para que sea nuestra fuerza. Te alimentas del trigal, y la fuerza del trigal entra en ti y se convierte en tu fuerza. Te alimentas de Cristo, y luego sales a vivir tu vida; y es Cristo en ti quien vive tu vida, quien ayuda a los pobres, quien dice la verdad, quien pelea las batallas y quien gana la corona.—Phillips Brooks.
15 de marzo
Lo busqué, y no lo hallé. Cantares 3:1.
Dime dónde perdiste la compañía de Cristo, y yo te diré el lugar donde es más probable que le encuentres. ¿Perdiste a Cristo en tu cámara secreta por haber descuidado la oración? Entonces es allí donde debes buscarle y hallarle. ¿Perdiste a Cristo por causa del pecado? No le hallarás de ningún otro modo que abandonando el pecado y procurando, por el Espíritu Santo, mortificar el miembro en el que habita la concupiscencia. ¿Perdiste a Cristo por descuidar las Escrituras? Debes hallarle en las Escrituras. Es verdadero el refrán que dice: «Busca una cosa donde se te cayó; allí está». Así que busca a Cristo allí donde le perdiste, porque él no se ha marchado.—Spurgeon.
16 de marzo
Que nada os falte en ningún don. 1 Corintios 1:7.
La Escritura da a los cristianos cuatro nombres, tomados de las cuatro gracias cardinales tan esenciales para la salvación del hombre: santos por su santidad, creyentes por su fe, hermanos por su amor, discípulos por su conocimiento.—Thomas Fuller.
17 de marzo
No tenían reposo día ni noche. Apocalipsis 4:8.
¡Oh bendito reposo! Cuando ya no reposemos ni de día ni de noche, diciendo: «¡Santo, santo, santo, Señor Dios Todopoderoso!»; cuando descansaremos del pecado, pero no de la adoración; del sufrimiento y del dolor, pero no del gozo. ¡Oh bendito día, cuando descanse con Dios; cuando descanse en conocer, amar, regocijarme y alabar; cuando mi alma y mi cuerpo perfectos gocen juntos perfectamente del Dios perfectísimo; cuando Dios, que es el amor mismo, me ame perfectamente y repose en su amor hacia mí, y yo repose en mi amor hacia él; cuando él se goce sobre mí con alegría y se regocije sobre mí con cántico, y yo me regocije en él!—Baxter.
18 de marzo
Los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán. Isaías 40:31.
El águila que se remonta en las alturas no se inquieta por cómo cruzará los ríos.—Seleccionado.
19 de marzo
Los ojos de ellos estaban embargados. Lucas 24:16. Fueron abiertos los ojos de ellos. Lucas 24:31.
Hay en esto un significado sumamente precioso. El Señor está a menudo presente en nuestra vida en cosas que ni soñamos que tengan importancia alguna. Pedimos a Dios algo que requiere su obrar poderoso, y el instrumento mismo con que ha de obrar está a nuestro lado, quizá durante semanas, meses y años, sin que lo reconozcamos en absoluto, hasta que de repente, un día, se vuelve luminoso y glorioso con la presencia misma del Señor, y llega a ser el poderoso instrumento de su obrar victorioso. A él le encanta mostrar su mano por medio de aquello que no esperamos. A menudo nos impide ver su camino hasta justo antes de abrirlo, y entonces, en cuanto se despliega, descubrimos que él andaba a nuestro lado en aquello mismo, mucho antes de que sospecháramos siquiera su significado.—A. B. Simpson.
20 de marzo
A los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien. Romanos 8:28.
Si nuestras circunstancias nos hallan en Dios, hallaremos a Dios en todas nuestras circunstancias.—Seleccionado.
21 de marzo
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Salmos 23:3.
Él siempre tiene un propósito al guiar. Sabe dónde están los pedazos de pasto verde, y a ellos quiere conducir a su rebaño. El camino puede ser áspero, pero es el camino correcto hacia el pasto. Las «sendas de justicia» quizá no sean sendas rectas; pero son sendas que llevan a alguna parte: al lugar debido. Muchos senderos del desierto engañan. Comienzan claros y llanos, pero pronto se pierden en la arena. No llevan a ninguna parte. Pero las sendas de justicia tienen una meta a la que conducen sin fallar.—J. R. Miller.
22 de marzo
Y él dijo: ¡Ay, Señor! Envía, te ruego, por mano del que has de enviar. Éxodo 4:13.
Fue un asentimiento dado muy a regañadientes. Era tanto como decir: «Puesto que estás resuelto a enviarme y yo debo emprender la misión, sea así; pero ojalá hubiera sido otro, y voy porque me veo obligado». Con tanta frecuencia retrocedemos ante el sacrificio o la obligación a la que Dios nos llama, que creemos que vamos a nuestra perdición. Buscamos cualquier razón para eludir la voluntad divina, sin darnos cuenta de que él nos está sacando de nuestros hogares tranquilos para lanzarnos a una carrera que incluye, entre otras cosas, el cántico de victoria a orillas del mar Rojo; las dos estancias solitarias de cuarenta días conversando con Dios; el rostro resplandeciente; la visión de la gloria; la sepultura por mano de Miguel; y el supremo honor de estar junto al Señor en el monte de la Transfiguración.—F. B. Meyer.
23 de marzo
Mirad, pues, con diligencia cómo andéis. Efesios 5:15.
No existe tal cosa como una influencia neutra o nula. Todos ejercemos una influencia positiva en el lugar que ocupamos, haciendo el mundo mejor o haciéndolo peor.—T. DeWitt Talmage.
24 de marzo
Tomó una arquilla de juncos . . . y la puso en un carrizal a la orilla del río. Éxodo 2:3.
La madre de Moisés puso la arquilla en el carrizal a la orilla del río. Sí, pero antes de hacerlo, ¡la puso sobre el corazón de Dios! No habría podido ponerla con tanto valor sobre el Nilo si antes no la hubiera puesto con devoción en el cuidado y el amor de Dios.
A menudo nos sorprende la calma exterior de hombres llamados a realizar actos desagradables y sumamente difíciles; pero si hubiéramos podido verlos en lo secreto, habríamos conocido la preparación moral por la que pasaron antes de salir a ser vistos por los hombres. Ponte en orden en el santuario, si quieres obrar con rectitud en la plaza del mercado. Sé constante en la oración, si quieres tener calma en la aflicción. Comienza tu carrera partiendo desde el mismo trono de Dios, si quieres correr bien y ganar el premio.—Joseph Parker.
25 de marzo
Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Gálatas 6:2.
Al levantar las cargas de otros perdemos las nuestras.—Seleccionado.
26 de marzo
He acabado la obra que me diste que hiciese. Juan 17:4.
¿Estaba de veras terminada la obra del Maestro? ¿No le faltaba todavía la tarea más pesada? Aún no había enfrentado la temible hora de la muerte. ¿Por qué dijo, entonces, que su obra estaba hecha? Porque sabía que, cuando se ha entregado la voluntad, la batalla ha terminado. Solo estaba en las sombras del huerto; pero vencer esas sombras era ya vencerlo todo. Quien ha decidido con su voluntad morir ya ha triunfado sobre la muerte. Todo lo que le queda no es más que la cáscara exterior, la corteza.
La copa que nuestro Padre nos da a beber es una copa para la voluntad. Es fácil para los labios apurarla hasta el fondo una vez que el corazón la ha aceptado. No en las alturas del Calvario, sino en las sombras de Getsemaní se presenta la copa; el acto resulta fácil una vez hecha la elección. El verdadero campo de batalla está en el silencio del espíritu. Vence allí, y serás coronado.—George Matheson.
27 de marzo
Una gran compañía . . . que estaban delante del trono. Apocalipsis 7:9.
Estar de pie delante del trono en el cielo es el fruto de estar a menudo de rodillas ante el trono en la tierra.—Seleccionado.
28 de marzo
Vio Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas. Génesis 1:4.
Apenas hay una cosa buena en el mundo, se hace necesaria una división. La luz y las tinieblas no tienen comunión; Dios las ha separado: no las confundamos nosotros. Los hijos de luz no deben tener comunión con las obras, las doctrinas ni los engaños de las tinieblas. Los hijos del día deben ser sobrios, honrados y valientes en la obra de su Señor, dejando las obras de las tinieblas a quienes habitarán en ellas para siempre.
Con nuestra clara separación del mundo debemos apartar la luz de las tinieblas. En el juicio, en la acción, en lo que oímos, en lo que enseñamos, en nuestras compañías, debemos discernir entre lo precioso y lo vil, y mantener la gran distinción que el Señor estableció en el primer día del mundo.
Oh Señor Jesús, sé tú nuestra luz durante todo este día, porque tu luz es la luz de los hombres.—Spurgeon.
29 de marzo
La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto. Proverbios 4:18.
¿He comenzado ya esta senda de amor y conocimiento celestial? ¿Avanzo en ella? ¿Siento algunos albores de la luz celestial, arras y anticipos del pleno día de gloria? Que todos los tratos de Dios sirvan para avivarme en mi camino. Que cada aflicción que a él le plazca enviarme sea como la antigua columna de nube en marcha, que me llama a mover mi tienda hacia adelante, diciendo: «Levantaos, y andad, que no es este vuestro reposo». Que a menudo me halle ahora en las elevadas alturas de la fe, esperando «el día de Dios»: el sol naciente que ya no se pondrá entre nubes de llanto. ¡Maravilloso avance! ¡Cómo se hundirá todo el saber de la tierra, sus jactanciosos logros y su filosofía de ojos de águila, en los balbuceos de la más tierna infancia comparados con esta madurez del conocimiento! El cielo será el verdadero «Excelsior»; su canto, «un cántico gradual»; Jesús conducirá a su pueblo de una altura de gloria a otra, diciendo, como dijo a Natanael: «¡Cosas mayores que estas verás!».—Macduff.
30 de marzo
Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; pues que nuestras viñas están en cierne. Cantares 2:15.
¡Qué numerosas son las zorras pequeñas! Pequeñas concesiones al mundo; desobediencia a la voz suave y apacible en las cosas pequeñas; pequeñas complacencias de la carne con descuido del deber; pequeñas jugadas de astucia; hacer el mal en cosas pequeñas para que venga el bien; ¡y se sacrifican la belleza y la fecundidad de la vid!—J. Hudson Taylor.
31 de marzo
Hijos de vuestro Padre que está en los cielos. Mateo 5:45.
El mejor nombre con que podemos pensar en Dios es Padre. Es un nombre amoroso, profundo, dulce, que toca el corazón, porque el nombre de padre está por naturaleza lleno de una dulzura y un consuelo innatos. Por eso también debemos confesarnos hijos de Dios, porque con este nombre tocamos hondamente a nuestro Dios, ya que no hay sonido más dulce para el padre que la voz del hijo.—Martin Luther.
Capítulo 3 completado
Marzo