Pensamientos para la hora de quietud
Febrero

Capítulo 2 · 13 min de lectura · 17 min de escucha

Febrero

1 de febrero

Perseverad en la oración. Colosenses 4:2.

¿No te falta nada? Entonces temo que no conoces tu pobreza. ¿No tienes ninguna misericordia que pedirle a Dios? Entonces que la misericordia del Señor te muestre tu miseria. Un alma sin oración es un alma sin Cristo. La oración es el balbuceo del niño creyente, el grito del creyente que combate, el réquiem del santo moribundo que se duerme en Jesús.—Spurgeon.

2 de febrero

En el cual, compaginado todo el edificio, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. Efesios 2:21.

El tabernáculo de la vida es un edificio maravilloso; hay lugar para obreros de toda clase en la construcción de sus muros misteriosos y gloriosos. Si no podemos hacer la obra más grande, podemos hacer la más pequeña. Nuestro cielo brotará de comprender que era el tabernáculo de Dios lo que estábamos edificando, y que trabajábamos bajo la bendición de Dios.—Joseph Parker.

3 de febrero

No améis al mundo. 1 Juan 2:15.

No lo ames, y sin embargo, ámalo. Ámalo con el amor de aquel que dio a su Hijo para que muriera por él. Ámalo con el amor de aquel que derramó su sangre por él. Ámalo con el amor de los ángeles, que se gozan en su conversión. Ámalo para hacerle bien, dando tus lágrimas a sus sufrimientos, tu compasión a sus penas, tu riqueza a sus carencias, tus oraciones a sus miserias, y a sus campos de caridad, de filantropía y de piedad cristiana, tus fuerzas y tus horas de trabajo. No puedes vivir sin influir en él o sin que él influya en ti. Tú harás mejor al mundo, o el mundo te hará peor a ti.

Que Dios te ayude, por su gracia y por el Espíritu Santo, a vivir de tal modo en el mundo que vivas por encima de él y mires más allá de él; y a amarlo de tal manera que, cuando lo dejes, lo dejes mejor de lo que lo encontraste.—Guthrie.

4 de febrero

Abres tu mano, y colmas de bendición a todo viviente. Salmos 145:16.

¡Deseo, qué palabra tan delicada! Ya sería mucho que él satisficiera la necesidad, la carencia; pero él va mucho más allá. La compasión se mueve para suplir nuestra necesidad; el deber a veces puede atender nuestras carencias; pero satisfacer el deseo supone una vigilancia tierna, un conocimiento dulce y lleno de gracia de nosotros, un afán de bendecir. Dios nunca está satisfecho hasta que ha satisfecho nuestros deseos.—Mark Guy Pearse.

5 de febrero

Vosotros los siervos de Jehová, los que en la casa de Jehová estáis por las noches. . . . Bendígate Jehová desde Sión, el cual ha hecho los cielos y la tierra. Salmos 134:1, 3.

Si quiero conocer el amor de mi amigo, tengo que ver lo que es capaz de hacer en el invierno. Así sucede con el amor divino. Me es muy fácil adorar bajo el sol del verano, cuando las melodías de la vida llenan el aire y los frutos de la vida cuelgan del árbol. Pero que cese el canto del ave y caiga el fruto del árbol: ¿seguirá cantando mi corazón? ¿Estaré en la casa de Dios por las noches? ¿Lo amaré en su propia noche? ¿Velaré con él siquiera una hora en su Getsemaní? ¿Ayudaré a llevar su cruz por la Vía Dolorosa? Mi amor ha llegado a él en su humillación. Mi fe lo ha encontrado en su humildad. Mi corazón ha reconocido su majestad a través de su pobre disfraz, y por fin sé que no deseo el don, sino al Dador. Cuando puedo estar en su casa por las noches, lo he aceptado solo por sí mismo.—George Matheson.

6 de febrero

El que dice que está en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2:6.

La predicación que este mundo más necesita son los sermones con zapatos que caminan con Jesucristo.—Seleccionado.

7 de febrero

Y conoceremos, y proseguiremos en conocer al Señor. Oseas 6:3.

El Señor nos ha puesto en el sendero del conocimiento de él, y nos manda seguir ese sendero a través de todos sus extraños meandros hasta que desemboque en la llanura donde está el trono de Dios. Nuestra vida es un proseguir en conocer al Señor. Nos maravillamos de algunas de las experiencias por las que somos llamados a pasar, pero después vemos que nos dieron algún nuevo conocimiento de nuestro Señor. . . . No tenemos que esperar una oportunidad más propicia, sino que, aprovechando bien el presente, hemos de construirnos un puente hacia ese futuro.—G Bowen.

8 de febrero

Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre. Génesis 12:1. Abraham . . . fue unido a su pueblo. Génesis 25:8.

Aun con toda comunión, habitamos como en islas esparcidas por un gran archipiélago, cada uno sobre su pequeña roca, con el mar batiendo entre nosotros; pero llega el tiempo en que, si nuestro corazón está puesto en aquel gran Señor cuya presencia nos hace uno, ya no habrá mar, y todas las rocas aisladas serán partes de un gran continente . . . Si cultivamos ese sentido de desapego del presente y de tener nuestras verdaderas afinidades en lo invisible, si habitamos aquí como extranjeros porque nuestra ciudadanía está en los cielos, entonces la muerte no nos arrancará de nuestros compañeros ni nos empujará a una tierra solitaria, sino que nos llevará adonde lazos más estrechos unirán las «dulces compañías», y las ovejas se recostarán muy juntas unas de otras, porque todas estarán reunidas alrededor del único Pastor. Entonces se volverán a tejer muchos lazos, y el caminante solitario volverá a encontrar a los seres queridos a quienes «amó hace mucho y perdió por un tiempo».—Alex. McLaren.

9 de febrero

Empero Jehová esperará para tener piedad de vosotros. Isaías 30:18.

Este es el modo de obrar de Dios. En las horas más oscuras de la noche, sus pasos se acercan sobre las olas. Cuando despunta el día de la ejecución, el ángel llega a la celda de Pedro. Cuando el patíbulo para Mardoqueo está terminado, el insomnio del rey provoca un giro a favor del pueblo amenazado.

Ah, alma, quizá las cosas lleguen a lo peor contigo antes de que seas librada; ¡pero lo serás! Dios puede hacerte esperar, pero siempre se acordará de su pacto, y aparecerá para cumplir su palabra inviolable.—F. B. Meyer.

10 de febrero

Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga. Lucas 7:5.

El mármol y el granito son monumentos perecederos, y sus inscripciones quizá rara vez se lean. Graba tu nombre en corazones humanos; ¡solo ellos son inmortales!—Theodore Cuyler.

11 de febrero

Yo . . . castigo a todos los que amo. Apocalipsis 3:19.

Una vez vi una sombra oscura posada sobre la ladera desnuda de una colina. Buscando su causa, vi una pequeña nube, brillante como la luz, que flotaba en el azul límpido de lo alto. Así sucede con nuestro dolor. Puede parecer oscuro y triste aquí en la tierra; pero mira hacia arriba y verás que no es más que una sombra del resplandor de aquel cuyo nombre es Amor.—Deán Alford.

12 de febrero

¿Qué os significan estas piedras? Josué 4:21. Vosotros también, como piedras vivas. 1 Pedro 2:5.

Debería haber algo tan notable, tan singular en la vida y la conducta de un cristiano, que los hombres se vieran obligados a preguntar: «¿Qué significa esto?». . . . ¿Hay algo en tu carácter, en tus palabras y en tus hábitos de vida tan distinto del mundo que te rodea, que los hombres se vean obligados, sin querer, a preguntarse a sí mismos o a otros: «¿Qué significa esto?»? No se trata de una singularidad forzada, de una peculiaridad por el mero afán de ser peculiar; eso sería tan solo copiar el fariseísmo de los tiempos antiguos. . . . ¡Oh, que comprendiéramos que este es el propósito para el cual Dios nos envía al mundo, como envió a su Hijo unigénito!—S. A. Blackwood.

13 de febrero

Todos . . . vieron su rostro como el rostro de un ángel. Hechos 6:15.

El rostro se forma cada día con su oración matutina y con su mirada de la mañana por las ventanas que se abren al cielo.—Joseph Parker.

14 de febrero

Al dicho de Jehová asentaban, y al dicho de Jehová partían. Números 9:23.

Este es el secreto de la paz y de una serena elevación. Si un israelita, en el desierto, se hubiera empeñado en hacer algún movimiento independiente de Jehová; si se hubiera atrevido a moverse cuando la multitud descansaba, o a detenerse mientras la multitud avanzaba, fácilmente podemos ver cuál habría sido el resultado. Y así será siempre con nosotros. Si nos movemos cuando debemos descansar, o descansamos cuando debemos movernos, no tendremos con nosotros la presencia divina.—C. H. M.

15 de febrero

En el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Efesios 1:13.

El Señor pone un sello sobre los suyos, para que todos los reconozcan. En tu caso, el sello es el Espíritu que produce en ti la semejanza con el Señor. Cuanto más santo llegues a ser, más claro y nítido será el sello, más evidente para todo el que pase, porque entonces los hombres reconocerán que has estado con Jesús.—Andrew Bonar.

16 de febrero

No te jactes del día de mañana. Proverbios 27:1.

La única preparación para el mañana es el buen uso del hoy. La piedra en manos del constructor debe ponerse en su lugar y ajustarse para recibir otra. El mañana llega en vano si no se atiende al hoy. No descuides el llamado que te llega este día, porque ese descuido no es otra cosa que jactarte del día de mañana.—G. Bowen.

17 de febrero

Yo te socorreré, dice Jehová. Isaías 41:14.

Oh alma mía, ¿no te basta esto? ¿Necesitas más fuerza que la omnipotencia de la Trinidad unida? ¿Quieres más sabiduría de la que hay en el Padre, más amor del que se muestra en el Hijo, o más poder del que se manifiesta en las influencias del Espíritu? ¡Trae aquí tu cántaro vacío! Sin duda este pozo lo llenará. Apresúrate, reúne tus carencias y tráelas aquí—tu vacío, tus aflicciones, tus necesidades. He aquí, este río de Dios está lleno para tu provisión; ¿qué más puedes desear? Sal, alma mía, con esta tu fuerza. ¡El Dios eterno es tu ayudador!—Spurgeon.

18 de febrero

A cada uno su obra. Marcos 13:34.

Quien más hace por el gran mundo de Dios es quien mejor obra en su propio mundo pequeño.—Seleccionado.

19 de febrero

Traed de los peces que cogisteis ahora. Juan 21:10.

¿Por qué esto? Oh, el Señor quiere que le sirvamos a él, además de recibir de él, y nuestro servicio halla su verdadero fin cuando se convierte en alimento para nuestro amado Señor. A él le agradó alimentarse de sus peces mientras ellos se alimentaban de los suyos. Era el doble banquete del que habla en el tierno mensaje del Apocalipsis: «Cenaré con él, y él conmigo».—A. B. Simpson.

20 de febrero

Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad. Hebreos 11:8.

Salió sin saber a dónde iba; le bastaba saber que iba con Dios. No se apoyaba tanto en las promesas como en aquel que las había hecho. No miraba las dificultades de su suerte, sino al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios, que se había dignado trazarle el rumbo y que ciertamente se vindicaría a sí mismo. ¡Oh fe gloriosa! Esta es tu obra, estas son tus posibilidades: contentarse con navegar bajo órdenes selladas, por una confianza inquebrantable en el amor y la sabiduría del Señor Gran Almirante; disposición para levantarse, dejarlo todo y seguir a Cristo, por la gozosa certeza de que lo mejor de la tierra no admite comparación con lo menor del cielo.—F. B. Meyer.

21 de febrero

El Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar las acciones. 1 Samuel 2:3.

Dios no mide lo que le traemos. Lo pesa.—Mark Guy Pearse.

22 de febrero

Después de haber sido iluminados, sufristeis gran combate de aflicciones. Hebreos 10:32.

Nuestra valentía por Dios ante el mundo debe ser siempre el fruto de un trato personal con Dios en secreto. Nuestras victorias sobre el yo, el pecado y el mundo se libran siempre primero donde ningún ojo ve sino el de Dios. . . . Si no tenemos estos combates secretos, bien puede ser que no tengamos ninguno público. La ausencia exterior de combate delata el sueño interior del alma.—F. Whitfield.

23 de febrero

Felipe halló a Natanael, y dícele: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas. . . . Ven y ve. Juan 1:45, 46.

Lo que sigue a saber que «hemos hallado a aquel» es encontrar a otra persona y decirle: «Ven y ve».—Frances Ridley Havergal.

24 de febrero

El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde vaya: así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Juan 3:8.

Sabemos que el viento quiere soplar allí donde hay un vacío. Si encuentras una tremenda ráfaga de viento, sabes que en algún lugar hay un espacio vacío. Estoy completamente seguro de este hecho: si pudiéramos expulsar todo orgullo, vanidad, justicia propia, egoísmo, deseo de aplauso, de honra y de ascenso—si por algún poder divino fuéramos vaciados por completo de todo eso, el Espíritu vendría como un viento recio que corría, para llenarnos.—A. J. Gordon.

25 de febrero

Tu benignidad me ha acrecentado. 2 Samuel 22:36.

La benignidad de Cristo es el adorno más hermoso que un cristiano puede llevar.—William Arnot.

26 de febrero

Jacob se fue su camino, y saliéronle al encuentro ángeles de Dios. Génesis 32:1.

Es en el camino por donde Dios nos ha mandado andar donde encontraremos a los ángeles a nuestro alrededor. Podemos encontrarlos, es cierto, en caminos que nosotros mismos elegimos, pero será la clase de ángel que encontró Balaam, con una espada en la mano, poderoso y hermoso, pero también airado; ¡y más nos vale no hacerle frente! Pero los ayudadores amigos, los emisarios del amor de Dios, los apóstoles de su gracia, no frecuentan los caminos que nos trazamos nosotros mismos.—Alex. McLaren.

27 de febrero

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6.

El cielo a menudo parece lejano y desconocido, pero si aquel que hizo el camino hasta allí es nuestro guía, no tenemos por qué temer perder el rumbo. No necesitamos ver muy lejos: solo lo bastante para distinguirlo a él y seguir sus pisadas. . . . Los que siguen a Cristo, aun a través de las tinieblas, ciertamente llegarán al Padre.—Henry Van Dyke.

28 de febrero

Olvidando ciertamente lo que queda atrás . . . prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Filipenses 3:13, 14.

La verdadera obra no se hace lamentando lo irreparable, sino sacando el mejor partido de lo que somos. No se hace quejándonos de no tener las herramientas adecuadas, sino usando bien las que tenemos. Lo que somos, y donde estamos, es disposición providencial de Dios: obra de Dios, aunque pueda ser desacierto del hombre. La vida es una serie de errores, y no es el mejor cristiano el que da menos pasos en falso. El mejor es el que obtiene las victorias más espléndidas al reparar sus errores.—F. W. Robertson.

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