Pensamientos para la hora de quietud
Enero

Capítulo 1 · 18 min de lectura · 23 min de escucha

Enero

1 de enero

Sube por la mañana . . . y preséntate . . . ante mí sobre la cumbre del monte. Éxodo 34:2.

Padre mío, ya voy. Nada de la llanura mezquina me apartará de las santas alturas. Ayúdame a subir deprisa, ¡y guarda tú mi pie, no sea que caiga sobre la dura roca! A tu llamado vengo, y por eso no defraudarás mi corazón. Trae contigo miel del cielo, sí, leche y vino, y aceite para el bien de mi alma, y detén al sol en su carrera, o el tiempo será demasiado corto para contemplar tu rostro y oír tu dulce voz.

¡La mañana en el monte! Me hará fuerte y alegre durante todo el resto de un día que ha comenzado tan bien.—Joseph Parker.

2 de enero

Mi galardón está conmigo. Apocalipsis 22:12.

Seremos recompensados no solo por el trabajo hecho, sino también por las cargas llevadas, y no estoy seguro de que las recompensas más brillantes no sean para quienes han llevado cargas sin murmurar. En aquel día él tomará el lirio que ha crecido tanto tiempo entre espinas, y lo levantará para que sea la gloria y la maravilla de todo el universo; y la fragancia de ese lirio arrancará alabanzas inefables de todas las huestes del cielo.—Andrew Bonar.

3 de enero

¿Dónde estás tú? Génesis 3:9.

¿Te estás escondiendo de aquel que quiere enviarte a hacer su propia obra bendita a su propia manera? Oh, déjame decirte esta mañana: «El Señor te ha menester». Puede parecer que lo que tiene para ti es solo una cosa pequeña, pero es una cosa importante. Él «te ha menester». No le vuelvas la espalda; no te pongas fuera del camino por el que él podría emplearte; no empieces dictándote leyes sobre lo que harás y lo que no harás; antes bien, clama desde lo más hondo de tu corazón: «Heme aquí, envíame a mí».—W. Hay Aitken.

4 de enero

Muchos son los males del justo; mas de todos ellos lo librará Jehová. Salmos 34:19.

Todas las aflicciones del justo desembocan en algo glorioso. El prisionero no solo es librado, sino que encuentra un ángel que lo espera a la puerta. Y con cada liberación llega una bendición concreta. Un ángel se llama fe; otro, amor; otro, gozo; otro, longanimidad; otro, benignidad; otro, bondad; otro, mansedumbre; otro, templanza; otro, paz. Cada una de estas gracias dice: «Hemos venido de grande tribulación».—G. Bowen.

5 de enero

Mi . . . canción es JAH. Salmos 118:14.

Pensemos en Dios mismo convertido en nuestra canción. Esta es la plenitud y la perfección del conocimiento de Dios: conocerlo de tal manera que él mismo llegue a ser nuestro deleite; conocerlo de tal manera que la alabanza sea más dulce, más plena, más fresca y más gozosa cuando cantamos de él. Quien ha aprendido este bendito secreto lleva la llave de oro del cielo—más aún, ha bajado el cielo a la tierra, y ya no tiene por qué envidiar a los ángeles.—Mark Guy Pearse.

6 de enero

No temáis; estaos quedos, y ved la salvación de Jehová. Éxodo 14:13.

A menudo Dios parece colocar a sus hijos en situaciones de profunda dificultad—los mete en un callejón sin salida; dispone una situación que ningún juicio humano habría permitido, de haber sido consultado de antemano. La misma nube los conduce hasta allí. Quizá tú te encuentres así en esta misma hora. Parece desconcertante y grave en sumo grado; pero está perfectamente bien. El desenlace justificará con creces a aquel que te ha traído hasta aquí. Es una plataforma para la manifestación de su gracia y su poder omnipotentes. No solo te librará, sino que al hacerlo te dará una lección que nunca olvidarás, y a la que volverás en muchos salmos y cánticos en los días venideros. Nunca podrás dar suficientes gracias a Dios por haber obrado exactamente como lo ha hecho.—F. B. Meyer.

7 de enero

Ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8.

La influencia que ejercemos en el mundo nace de nuestra relación con Jesucristo; y nuestra relación con Jesucristo se revela por nuestra influencia.—Seleccionado.

8 de enero

Por tanto, cuidad mucho por vuestras almas. Josué 23:11.

El oro no puede usarse como moneda mientras esté mezclado con el cuarzo y la roca en que yace incrustado. Así tu alma es inútil para Dios hasta que es sacada del pecado, de lo terrenal y del egoísmo en que yace sepultada. Por el poder regenerador del Espíritu has de ser apartado para Cristo, sellado con su imagen e inscripción, y convertido en una moneda divina que lleve su semejanza entre los hombres. El cristiano es, por así decirlo, el medio circulante de Cristo, la moneda del reino por medio de la cual se llevan a cabo las grandes transacciones de misericordia y gracia para con un mundo perdido. Así como la moneda representa al oro, así el cristiano representa a Cristo, dando a conocer su voluntad buena y agradable.—A. J. Gordon.

9 de enero

El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel. Lucas 16:10.

La acción más pequeña de la vida puede hacerse con un motivo tan elevado como la más alta y noble. La fidelidad mide los actos como Dios los mide. La verdadera escrupulosidad de conciencia trata nuestros deberes como Dios los trata. El deber es el deber, la conciencia es la conciencia, el bien es el bien y el mal es el mal, sea cual sea el tamaño de la letra en que estén impresos. «Grande» y «pequeño» no son palabras del vocabulario de la conciencia. Ella solo conoce dos palabras: bien y mal.—Alex. McLaren.

10 de enero

Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Filipenses 4:19.

¡Qué fuente: «Dios»! ¡Qué medida: «sus riquezas en gloria»! ¡Qué cauce: «Cristo Jesús»! Es tu dulce privilegio poner todo lo que te falta frente a sus riquezas, y perder de vista lo primero en presencia de lo segundo. Su tesoro inagotable está abierto para ti, con todo el amor de su corazón; ve y saca de él con la sencillez ingenua de la fe, y nunca tendrás ocasión de mirar a un arroyo de criaturas ni de apoyarte en un puntal de criaturas.—C. H. M.

11 de enero

Tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones. Santiago 1:2.

No podemos salir perdiendo por confiar en Dios, porque él es honrado por la fe, y más honrado aún cuando la fe discierne su amor y su verdad tras una espesa nube de sus caminos y su providencia. ¡Dichosos los que son probados así! Solo guardémonos de la incredulidad y de una conciencia culpable. Nos esconderemos en la roca y en el pabellón del Señor, al abrigo de las alas del amor eterno, hasta que hayan pasado todas las calamidades.—Seleccionado.

12 de enero

Bienaventurados los que no vieron y creyeron. Juan 20:29.

Lo que se ve son sombras: la sustancia se halla en lo invisible. . . . Sin duda, en Cristo, el fundamento de nuestra fe es invisible; pero así lo es también el de aquella torre que alza su alta y erguida figura entre las olas, sobre las cuales arroja una luz salvadora. Parece descansar sobre las olas agitadas; pero debajo de ellas, invisible e inamovible, yace la roca sólida sobre la cual se mantiene segura; y cuando el huracán ruge arriba y las rompientes braman abajo, yo podría dormirme tranquilamente en aquella solitaria torre marina. Fundada sobre una roca, y más segura que el palacio más soberbio levantado en la orilla arenosa batida por el oleaje, no puede ser movida. ¡Cuánto menos la Roca de los siglos! Quien confía en ella está apto para la muerte, preparado para el juicio, listo para el toque de trompeta del día final, puesto que «Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán asolados cuantos en él confían».—Guthrie.

13 de enero

En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto. Juan 15:8.

¡Qué posibilidad, qué inspiración, que podamos acrecentar la gloria de «nuestro Padre»! Nuestro corazón salta de gozo ante ese pensamiento.

¿Cómo puede lograrse? ¿Dando «hojas»,—una profesión de amor a él? No. ¿Dando algún fruto? No. «En que llevéis mucho fruto». En la abundancia de la cosecha está el gozo, la gloria del labrador. Por eso debemos aspirar a ser cristianos extraordinarios, de los que dan «a ciento», que no se conforman sino con la cosecha más abundante. Nuestra vida debe estar repleta de buenas obras. Entonces, en el tiempo de la siega, podremos decir: «¡Padre, yo te he glorificado en la tierra!»—W. Jennings.

14 de enero

Cada día te bendeciré, y alabaré tu nombre por siglo y para siempre. Salmos 145:2.

Hay un emblema muy hermoso con el que los japoneses acostumbran expresar sus buenos deseos a sus amigos. Es la figura de un tambor en el que los pájaros han hecho su nido. La historia que se cuenta de él es que hubo una vez un buen rey, tan solícito por el bienestar de su pueblo, que puso un tambor a la puerta del palacio, y quien tuviera algún agravio que reparar o alguna necesidad debía tocar el tambor, y al instante, de día o de noche, el rey concedería al suplicante audiencia y alivio. Pero en toda la tierra reinaban tal prosperidad y contentamiento que nadie necesitaba pedir nada, y los pájaros hicieron sus nidos dentro del tambor y lo llenaron con la música de su canto.

Un acceso así de lleno de gracia nos lo concede también el mismo Rey del cielo, y de día y de noche su oído dispuesto y su ayuda están al alcance de todos los que acuden a él; pero los más bienaventurados de todos los hombres son los que han hallado en la tierra una dicha en la que toda necesidad queda olvidada, y en la que la confianza descansa tan segura en el cuidado del Padre que la oración cede su lugar a una alabanza incesante. Ellos se gozan en el Señor siempre.—Mark Guy Pearse.

15 de enero

Levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.—Isaías 40:31.

Este es, alma mía, el triunfo de tu ser: ¡poder caminar con Dios! El vuelo pertenece al alma joven; es el idilio de la religión. Correr sin cansarse pertenece al alma elevada; es la belleza de la religión. Pero caminar sin fatigarse pertenece al alma perfecta; es el poder de la religión.

¿Puedes andar vestido de blanco por las calles manchadas de los hombres? ¿Puedes tocar a los viles y contaminados de la tierra y conservar puras tus vestiduras? ¿Puedes tratar con los pecadores y permanecer tú mismo sin mancha? ¡Entonces has superado el vuelo del águila!—George Matheson.

16 de enero

Y estuvo Moisés en el monte cuarenta días y cuarenta noches. Éxodo 24:18.

La vida de comunión con Dios no puede edificarse en un día. Comienza con el hábito de referirlo todo a él, hora tras hora, como hacía Moisés en Egipto. Pero avanza hacia períodos de comunión más numerosos y más largos; y halla su consumación y su dicha en días y noches de intercesión, de espera y de santo trato con él.—F. B. Meyer.

17 de enero

Dijo Eliseo: Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. 2 Reyes 6:17.

Esta es la oración que necesitamos hacer por nosotros mismos y los unos por los otros: «Señor, abre nuestros ojos para que veamos»; porque el mundo que nos rodea, igual que rodeaba al profeta, está lleno de los caballos y carros de Dios, que esperan llevarnos a lugares de gloriosa victoria. Y cuando nuestros ojos sean así abiertos, veremos en todos los acontecimientos de la vida, grandes o pequeños, alegres o tristes, un «carro» para nuestra alma. Todo lo que nos llega se convierte en carro en el momento en que lo tratamos como tal; y, por otra parte, aun la prueba más pequeña puede ser un carro de Juggernaut que nos aplaste hasta la desdicha o la desesperación, si así la consideramos. A cada uno de nosotros nos toca escoger qué serán. Todo depende, no de lo que sean esos acontecimientos, sino de cómo los recibamos. Si nos tendemos bajo ellos y dejamos que pasen por encima de nosotros y nos aplasten, se convierten en carros de Juggernaut; pero si subimos a ellos, como a un carro de victoria, y hacemos que nos lleven triunfantes hacia delante y hacia arriba, se convierten en los carros de Dios.—Smith.

18 de enero

A los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Romanos 8:28.

De mil pruebas, no son quinientas las que obran para bien del creyente, sino novecientas noventa y nueve, y una más.—George Müller.

19 de enero

Harás vestidos sagrados a Aarón. Éxodo 28:2.

¿No tenemos nosotros vestiduras de azul, y de púrpura, y de hermoso significado? Tenemos vestiduras de alabanza; estamos revestidos del Señor Jesús. ¿Y no tenemos adornos? El ornato de un espíritu agradable y pacífico es de grande estima delante de Dios. ¿Y no tenemos campanillas de oro? Tenemos las campanillas de oro de las acciones santas. Nuestras palabras son campanillas, nuestras acciones son campanillas, nuestros propósitos son campanillas. Cada vez que nos movemos, nuestro movimiento se entiende así como un movimiento hacia lugares santos, hechos santos, un carácter santo.—Joseph Parker.

20 de enero

Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré a ti, y esperaré. Salmos 5:3.

La mañana es la puerta del día, y debe estar bien guardada con oración. Es un extremo del hilo en que se ensartan las acciones del día, y debe estar bien anudado con devoción. Si sintiéramos más la majestad de la vida, cuidaríamos más sus mañanas. Quien salta de la cama a sus negocios sin detenerse a adorar es tan necio como si no se hubiera vestido ni lavado la cara, y tan imprudente como si se lanzara a la batalla sin armas ni armadura. Bañémonos en el río de suave corriente de la comunión con Dios, antes de que el calor del desierto y la carga del camino comiencen a oprimirnos.—Spurgeon.

21 de enero

Muéstrame, oh Jehová, tus caminos; enséñame tus sendas. Salmos 25:4.

Hay una senda por la que todo hijo de Dios ha de andar, y solo en ella puede Dios acompañarlo.—Denham Smith.

22 de enero

Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Hebreos 4:9.

¡Qué dulce es la música de esta primera campanada celestial que flota sobre las aguas de la muerte desde las torres de la Nueva Jerusalén! Peregrino, desfallecido bajo tu larga y ardua peregrinación, ¡escúchala! Es reposo. Soldado, que todavía llevas sobre ti la sangre y el polvo de la batalla, ¡escúchala! Es reposo. Viajero, sacudido por las olas del pecado y la tristeza, llevado de aquí para allá por el agitado océano de vicisitudes del mundo, ¡escúchala! El puerto está a la vista; las mismas olas que rompen sobre ti parecen murmurar—«Así da Dios a su amado el reposo». Es el largo suspiro de la existencia, al fin respondido. El trabajo y la fatiga de la prolongada semana de la tierra han llegado a su fin. La calma de su sábado ininterrumpido ha comenzado. ¡El hombre, el hombre cansado, ha hallado por fin el reposo tanto tiempo buscado en el seno de su Dios!—Macduff.

23 de enero

Bajo la sombra del deseado. Cantares 2:3.

Frances Ridley Havergal dice: Me parece ver cuatro cuadros sugeridos por estas palabras: bajo la sombra de una roca en una llanura fatigosa; bajo la sombra de un árbol; más cerca aún, bajo la sombra de su ala; lo más cercano e íntimo, en la sombra de su mano. ¡Sin duda esa mano ha de ser la mano traspasada, que muchas veces puede oprimirnos dolorosamente, y que, sin embargo, siempre nos rodea, nos sostiene y nos cubre con su sombra!

24 de enero

Él hizo como que iba más lejos. Lucas 24:28.

¿No obra Dios siempre así? Viene a nosotros por su Espíritu Santo como vino a aquellos dos discípulos. Nos habla por la predicación del evangelio, por la Palabra de Dios, por los diversos medios de gracia y por las circunstancias providenciales de la vida; y, habiendo hablado así, hace como que va más lejos. Si el oído se abre a su voz y el corazón a su Espíritu, entonces subirá la oración: «Señor, quédate conmigo». Pero si esa voz no produce impresión alguna, entonces él sigue de largo, como lo ha hecho miles de veces, dejando cada vez el corazón más endurecido que antes y el oído más cerrado al llamado del Espíritu.—F. Whitfield.

25 de enero

El Dios mío será mi fortaleza. Isaías 49:5.

¡Oh, no pidas en oración una vida fácil! ¡Pide ser un hombre más fuerte! ¡No pidas tareas a la medida de tus fuerzas; pide fuerzas a la medida de tus tareas! Entonces el cumplimiento de tu obra no será ningún milagro. Pero tú sí serás un milagro. Cada día te asombrarás de ti mismo, de la riqueza de vida que ha entrado en ti por la gracia de Dios.—Phillips Brooks.

26 de enero

Menospreciando la vergüenza. Hebreos 12:2.

¿Y cómo se hace esto? De dos maneras. Sube al monte, y las cosas de la llanura se verán muy pequeñas; cuanto más alto subas, más insignificantes parecerán. Ten comunión con Dios, y los enemigos que aquí te amenazan te parecerán muy, muy poco temibles. La otra manera es: levanta el telón y contempla lo que hay detrás. Las bajas estribaciones que se extienden al pie de alguna región alpina pueden parecer altas vistas desde la llanura, mientras las cumbres nevadas permanecen envueltas en la niebla; pero cuando llega una ligera ráfaga de viento y despeja la niebla de los altos picos, nadie mira ya las pequeñas colinas verdes del frente. Así también los obstáculos, las dificultades y los afanes del mundo parecen muy elevados hasta que se levanta la nube. Pero cuando vemos las grandes cumbres blancas, todo lo que está más abajo ya no parece, después de todo, tan alto. Mira a Jesús, y eso empequeñecerá las dificultades.—Alex. McLaren.

27 de enero

¿No tiene el día doce horas? Juan 11:9.

El solo hecho de que un cristiano esté aquí, y no en el cielo, es una prueba de que le aguarda alguna obra.—William Arnot.

28 de enero

No como yo quiero, sino como tú. Mateo 26:39.

No hay desilusiones para aquellos cuya voluntad está sepultada en la voluntad de Dios.—Faber.

29 de enero

El Dios viviente. Daniel 6:20.

¡Cuántas veces hallamos esta expresión en las Escrituras, y sin embargo es precisamente esto lo que tan propensos somos a perder de vista! Sabemos que está escrito «el Dios viviente»; pero en nuestra vida diaria apenas hay algo que en la práctica perdamos tanto de vista como el hecho de que Dios es el Dios Viviente; que él es ahora todo lo que era hace tres o cuatro mil años; que tiene el mismo poder soberano, el mismo amor salvador hacia los que lo aman y le sirven, que siempre tuvo, y que hará por ellos ahora lo que hizo por otros hace dos, tres, cuatro mil años, sencillamente porque él es el Dios viviente, el que no cambia. ¡Oh, cuánto debemos, pues, confiar en él, y en nuestros momentos más oscuros no perder nunca de vista el hecho de que él es todavía y siempre será el Dios Viviente!—George Müller.

30 de enero

Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Romanos 6:4.

Esa es la vida que estamos llamados a vivir, y esa es la vida que tenemos el privilegio de llevar; porque Dios nunca nos hace un llamado sin que sea un privilegio, y nunca nos concede el privilegio de subir más alto sin extendernos su mano para levantarnos. Sube más y más alto, a las realidades y glorias de la vida de resurrección, sabiendo que tu vida está escondida con Cristo en Dios. Sacúdete de todo estorbo, vuelve la espalda a toda contaminación, entrégate como barro en manos del alfarero, para que él imprima en ti la plenitud de su propia gloria de resurrección, a fin de que tú, mirando como en un espejo la gloria del Señor, seas transformado de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor.—W. Hay Aitken.

31 de enero

Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3:11.

El servicio de Cristo es la ocupación de mi vida.
La voluntad de Cristo es la ley de mi vida.
La presencia de Cristo es el gozo de mi vida.
La gloria de Cristo es la corona de mi vida.—Seleccionado.

Página 1 / 1 · 18 min restantes en el capítulo
Siguiente