El secreto de la guía divina ·¿Por qué firmar el Compromiso?

Capítulo 5 · 15 min de lectura

Traducción por IA — pendiente de revisión

¿Por qué firmar el Compromiso?

El sentir a favor de la Abstinencia Total de las Bebidas Fuertes crece con rapidez. Por los esfuerzos y el sacrificio de decenas de miles, se va formando un fuerte sentir público, como un poderoso rompeolas. Se está poniendo freno al avance de la embriaguez, y muchas naves, maltrechas por la furia de la Pasión y la Complacencia Propia, quedan ancladas a salvo en el puerto, resguardadas de la ruina total, y capaces de reparar su terrible naufragio. ¡Dichosos los que vivimos en tal tiempo! Hagamos cuanto podamos por poner nuestras pocas piedras en este gran rompeolas, que solo se levanta con la pequeña labor de constructores desconocidos y pronto olvidados.

Un medio importante por el que tanto se ha logrado ha sido el uso del Compromiso. Humanamente hablando, de no haber sido por el Compromiso, el sentir actual a favor de la Abstinencia Total no habría sido posible. Y será un gran error si el firmar el Compromiso llegara alguna vez a caer en desuso, o a volverse objeto de desprecio. No debemos apartar de una patada la escalera por la que hemos subido.

Y sin embargo, en ciertos círculos hay tendencia a pensar y hablar con ligereza del Compromiso.

«Oh», dice uno, «yo puedo mantenerme abstemio sin firmar tu Compromiso.»

«Sí», dice otro, «es cosa de niños firmar la renuncia a tu libertad.»

«Podrá estar muy bien», dice un tercero, «que algunos lo hagan, pero no lo es para mí.»

¿Por qué, entonces, hemos de firmar el Compromiso de Abstinencia Total?

Firma el Compromiso: es tu protesta contra la Bebida Fuerte. ‑‑ Es hora de que toda persona reflexiva presente una solemne protesta contra la Bebida Fuerte, que cada año inflige tan espantosos estragos entre nuestra raza. ¿Quién puede quedar indiferente ante las desgracias que trae a corazones y hogares, a aldeas y ciudades, a países y continentes? Bien pueden los hindúes llamarla «agua de la vergüenza». No hay casa en la que no puedas hallar a sus víctimas. No hay periódico que no registre sus diabólicos ultrajes. No hay funcionario público que no pudiera dar testimonio condenatorio contra ella.

No podemos hacer mucho, pero hagamos lo que podamos. Tenemos voz, un derecho a gritar sí o no, un poder para asentir o protestar. Usémoslos por todos los medios del lado correcto. Y si no podemos expresar nuestro sentir de ninguna otra manera, firmemos al menos una solemne declaración en papel de que nunca más volveremos a tocar al más cruel enemigo que jamás se haya recreado en lágrimas y sangre humanas.

Firma el Compromiso: beneficiará tu salud. ‑‑ El alcohol no es más necesario para la salud que cualquier otro agente químico o medicinal. Excita el corazón, entorpece la digestión, perturba el hígado y embota el cerebro. Da un momentáneo ardor y estímulo, pero después has de pagarlos con una inevitable disminución del calor vital, del vigor físico y de la fuerza mental. Aun en cantidades moderadas obra como un irritante y un veneno.

El atleta, entrenándose para una regata, un combate de premio o una carrera, ha de renunciar por completo al uso del Alcohol; y si los hombres no lo necesitan para esfuerzos tan extraordinarios, ¿por qué lo quieres tú para los ordinarios? Recientes expediciones inglesas en Abisinia, el Transvaal y Egipto probaron que si un general quiere que sus tropas hagan marchas forzadas, o soporten fatigas inusuales, ha de sustituir el grog por café. Los extremos del círculo ártico y del sol tropical se soportan mejor con agua fría, como lo prueba la experiencia de muchos exploradores y viajeros. Las tablas de las Compañías de Seguros muestran que mueren cien bebedores moderados por cada setenta y tres abstemios, y muchas compañías tienen una sección especial para conceder a los abstemios los beneficios del seguro a menor precio.

Sería una perfecta revelación para algunos que leen estas palabras si dieran una oportunidad a la Abstinencia Total. Tu apetito sería mejor, tu mente más clara, tus nervios más firmes, y todo tu organismo ganaría en forma y en vigor.

Firma el Compromiso: ahorrará tu tiempo. ‑‑ No tenemos más que una sola y breve vida que vivir, y no podemos permitirnos arrojar los diamantinos momentos a la corriente impetuosa que fluye a nuestro lado. ¡Cuántos días de la primera parte de la semana pasan nuestras clases obreras en tabernas que son una pérdida total para ellos, para sus familias y para el país! ¡Cuántas horas pasan los oficinistas y viajantes de comercio en el transcurso de la semana, en las barras de las estaciones de ferrocarril y de los restaurantes, horas que podrían sembrarse con las semillas de una cosecha de oro! ¡Cuántas veladas se malgastan, peor que perdidas, en compañías festivas, veladas que podrían pasarse en una recreación inocente y saludable, o en adquirir conocimientos que abrirían más de una puerta cerrada! De todo esto escaparías si firmaras el Compromiso.

Firma el Compromiso: ahorrará tu bolsa. ‑‑ Siéntate y calcula cuánto gastas al día en Bebida, no solo para ti, sino también para aquellos a quienes convidas. Sumará una cantidad respetable en el transcurso del año. Añade a esto el dinero que podrías ganar en el tiempo que ahora pierdes. Añade a esto todas las sumas malgastadas despilfarradas en la compañía a la que te llevan los hábitos de la bebida. Y cuando todo esté junto, ¿no formaría un buen ahorro para un día de aprietos, o para la enfermedad y la vejez?

A menudo digo a quienes firman mis tarjetas de compromiso que hay un billete de 500 dólares escondido dentro del doble cartón.

Firma el Compromiso: te librará de la tentación. ‑‑ No tienes intención de convertirte en un borracho; desprecias la idea. Pero hay riesgo de que llegues a serlo, mientras coquetees con la bebida. Ahora la tomas por cortesía social, pero llegarás a tomarla por sí misma. No puedes estar seguro de que el beber un trago a diario no haga contigo lo que ha hecho con miríadas, despertando una sed, quizá ahora dormida, pero que, una vez despierta, ¡será insaciable! Hombres sabios, hombres buenos, hombres fuertes han sido dominados por esa terrible sed, sin esperarla más de lo que tú la esperas. ¿No es, pues, una locura que corras el riesgo de crearla? ¿Por qué no detenerte de una vez, antes de que esa sed haya sido despertada?

Me dices que te parece difícil pasar sin la Bebida. Pues bien, eso es señal segura de que el maldito apetito ha ganado terreno dentro de ti. Salta del carro antes de que se lance cuesta abajo. Mete la barca en un remanso antes de que la atrapen los rápidos que hay sobre la catarata. Empuja la pezuña hendida fuera de la puerta antes de que el demonio tenga tiempo de meter todo su cuerpo en tu corazón y en tu vida. Hazlo de una vez. Hazlo ahora. Pides no ser llevado a la tentación; pues entonces no entres en ella. A las tabernas bien se las llama «sombras» y «criptas». Son las sombras de la muerte, y la cripta para el entierro de todo lo más noble y mejor que hay en el hombre. Evítalas. Pasa de largo. Niégate a entrar en ellas, a menos que el Buen Pastor te envíe allá a buscar una oveja perdida.

Firma el Compromiso: marcará un punto de partida definido en tu historia. ‑‑ En todo empeño por una vida mejor conviene tener algún hito o marca de tiempo al cual volver la mirada y desde el cual fechar. Hay una especie de satisfacción en poder señalar un mojón mental, o una raya, o un poste pintado de blanco, que se destaca en el páramo de la vida, y decir:

«Hasta ese punto viví una vida egoísta y mala, pero desde entonces he procurado correr recto y bien, con la ayuda de Dios.»

Para unos es un sermón. Para otros es un cumpleaños, una muerte, una anotación en el diario, o una Nochevieja. Para otros es la visita de algún defensor del Evangelio de la Templanza a su ciudad. Pero en muchos casos, el mismo propósito lo cumple el firmar el Compromiso. La fecha de esa tarjeta de compromiso es un cumpleaños, un nuevo comienzo, el principio de una nueva era en la historia del alma; y muy a menudo lleva al segundo paso, el de la fe en Cristo.

Firma el Compromiso: crea una fuerte obligación. ‑‑ Cuando un hombre renuncia a la Bebida, ha de hacer todo lo posible por fortalecer su resolución. Si simplemente toma una resolución, se siente en libertad de retirarse de ella si quiere. Pero si ata su resolución con doble nudo, mediante una solemne promesa a la que ha puesto su mano, entonces se siente ligado por las más solemnes obligaciones. No puede pensar en faltar a su palabra. No se atreve a violar su promesa empeñada. Y en el momento de la tentación, su amor propio, su amor a la verdad, su deseo de ser hombre de palabra, su voto escrito, serán una razón poderosa para decir No.

Un caballero que firmó la tarjeta de compromiso hace poco dijo que durante todo el día siguiente la llevó en el bolsillo, y la sacó quince veces para recordar que había puesto su mano a una promesa que no se atrevía a violar, y que no podía retractar.

Firma el Compromiso: dará una respuesta suficiente a quienes te tienten a beber. ‑‑ No hay respuesta que un hombre pueda dar tan buena como esta. Si rehúsa porque tiene calor, se le aconsejará que beba para refrescarse. Si rehúsa porque tiene frío, se le recomendará que beba para calentarse. Si rehúsa porque no puede costeárselo, su compañero con gusto lo convidará. Si rehúsa porque no se encuentra bien, no hay dolencia a la que esté sujeta la carne para la cual no se receten las bebidas embriagantes como cura segura. Los que están bien beben hasta enfermar; y luego beben para reponerse. Ninguna de estas excusas sirve, pero si un hombre dice: «He firmado el Compromiso», podrán tenerlo por necio, pero no podrán decir que no ha dado una razón suficiente; y si ellos mismos son hombres cabales, no se atreverán a pedirle que falte a su palabra. Si un hombre te pide que bebas después de que has firmado el compromiso, no es un verdadero amigo; está haciendo la obra del diablo. Es seguro que se volverá contra ti y te insultará después de que hayas hecho su voluntad, porque habrá perdido el último resto de respeto por ti.

Hay algunos hombres que necesitan una razón que dar a otros por lo que hacen. He aquí, al menos, una razón clara, franca, inteligible, que pone fin a la controversia y zanja el asunto para siempre: «He firmado el Compromiso.»

Firma el Compromiso: evita que se convierta en la insignia del borracho reformado. ‑‑ Si el Compromiso solo lo firmaran hombres que habían sido borrachos, pero que procuraban vivir una vida nueva, se convertiría en la insignia de los borrachos reformados, y pronto dejaría de firmarlo esta clase de hombres que más lo necesitan. Esto sería una gran calamidad.

«No me atrevo a firmar el Compromiso», dijo un joven médico a un amigo que trataba de convencerlo, como medio de salvarlo de la ruina.

«¿Por qué no?», fue la respuesta de su amigo.

«Porque, si la gente oyera que lo he hecho, dirían que debía de haber algún tornillo suelto en mi carácter, y que yo era un borracho reformado.»

«No», dijo su amigo, «nunca podrán decir eso, porque lo han firmado miles y miles de personas en cuyo carácter jamás ha habido mancha.»

La respuesta lo tranquilizó. Tomó el Compromiso, y hoy es un ferviente obrero cristiano en una de nuestras grandes ciudades.

Quizá no necesites firmar el Compromiso por ti mismo, pero fírmalo para prestarle el beneficio, el peso, el prestigio de tu propio carácter moral. Si toda persona de carácter respetable e intachable se mantuviera al margen, el Compromiso sería un fracaso sin remedio. Toda persona cristiana y respetable que lo firma es como uno de los corchos que flotan en la superficie del mar, ayudando a sostener las pesadas redes cargadas de peces.

Firma el Compromiso: les facilita a otros hacer lo mismo. ‑‑ Somos criaturas de la costumbre. No podemos evitarlo. Así estamos hechos. Lo que uno hace, los demás son propensos a hacer. Hay muchos ojos ansiosos observando qué va a hacer el que lee estas líneas. Si él firma el Compromiso, aquel muchacho, aquel compañero, aquel criado, hará lo mismo; pero si él se niega a hacerlo, puede que aquel que espera se niegue también, y esa negativa lo lleve a la ruina.

Nos observan más ojos de los que pensamos. Más vidas de las que sabemos penden de la balanza, esperando el peso de nuestro ejemplo para inclinarse de un lado o de otro. ¿Hacemos bien en dejar sin hacer algo que pudiera salvar a alguno por quien Cristo murió? Debemos usar de todos los medios para salvar a algunos, aunque el uso de esos medios nos obligue a renunciar a alguna cacareada libertad, o a alguna complacencia querida.

No digas que no tienes influencia. No es más que una excusa; sí la tienes; no te gustaría que otro dijera eso.

«No tengo ninguna influencia», dijo un hombre a otro que le pedía que tomara el Compromiso por amor a los demás.

Su esposa se acercó en aquel momento y dijo: «Eso es verdad, no tienes más influencia que un gato.»

«Como vuelvas a decir eso, mujer», dijo él, «te tumbo de un golpe.»

Por supuesto que tienes influencia. Úsala bien.

Firma el Compromiso: te ganará amigos. ‑‑ Todos necesitamos amigos, y si hemos renunciado a los que se reúnen en torno a la Bebida, necesitamos otros, y lo más probable es que los hallemos allí donde haya tarjetas de compromiso para firmar. Está muy bien resolverse a dejar la Bebida y guardar el voto en secreto; pero es mucho mejor tomar el Compromiso en presencia de una o más personas, que darán testimonio de lo que han visto, y que quedarán unidas a ti con los lazos de una nueva y común fraternidad, porque han hecho lo mismo, y están comprometidas con la misma causa.

OBJECIONES.

Pero no me gusta firmar la renuncia a mi libertad. ‑‑ Entonces, si eres soltero, nunca te casarás; con seguridad nunca prometerás amar y honrar a una persona en particular, porque puede que quieras cambiar de parecer. Y lo que es cierto en este caso lo es en otros, y es respuesta suficiente a la objeción.

Si quieres, toma el Compromiso solo por un breve tiempo, como tomas el arriendo de una casa. Puedes renovarlo fácilmente una y otra vez. O, mejor aún, promete abstenerte, con la ayuda de Dios, de toda Bebida embriagante como Bebida ordinaria, hasta que devuelvas tu tarjeta de compromiso al amigo de quien la has recibido. Esto te dará la oportunidad de dejarla cuando quieras, y le dará a él la oportunidad de hablar contigo con seriedad cuando tu propósito flaquee.

Pero puede que me obliguen a beber. ‑‑ Si te obligan, no violarás tu Compromiso. Solo prometes abstenerte de embriagantes como bebida. Si te lo vierten por la garganta a la fuerza, o cuando estás desmayado; si el médico te obliga a tomarlo; si lo tomas sin saberlo en algún guiso; tu Compromiso no queda roto. No eres tú quien lo rompe.

Pero lo he tomado, y lo he roto más de una vez. ‑‑ Entonces tómalo de nuevo, en humilde dependencia del Salvador, «que fue manifestado para deshacer las obras del diablo.»

La mayoría de los Compromisos de Abstinencia Total, si no todos, ponen el énfasis en las palabras: DIOS AYUDÁNDOME. Estas palabras son el corazón de todo. Si no se sienten en lo hondo del alma, el Compromiso no vale de mucho; descansa en mera fuerza humana. Pero cuando se apela a Dios, la cosa cambia. El poder divino se derrama en el espíritu que se eleva a Él en oración y confianza. Manos angélicas se extienden para retener los pies que yerran. Se pone una santa guarnición dentro de la naturaleza débil y temblorosa para defenderla contra el enemigo. Pídele al Señor Jesús que te perdone el pasado. Pídele que te salve de tu enemigo. Pídele que te escude en el día de la batalla. Pídele que, cuando la puerta esté casi derribada, ponga su pie contra ella y la mantenga bien cerrada. Él es poderoso para guardarte de caer. Él es poderoso para guardar lo que le encomiendas. Él es poderoso para hacerte más que vencedor. Ponte en sus manos antes de salir de tu cuarto por la mañana. Mantén la mirada puesta en Él todo el día. Alábalo por su gracia cada noche.

«¿Qué es eso que andas mascullando entre dientes?», dijo un obrero a otro que estaba a poca distancia de él en el mismo taller.

«No dejo de decir: “Señor, ayúdame”», fue la respuesta; «lo digo de día y de noche. Es la única manera que conozco de sofocar mi sed de la Bebida.»

Cobrad ánimo, amigos míos. La batalla podrá ser dura, pero la victoria es segura. Y una vez que estéis firmes sobre la roca, estad alerta para rescatar a otros de las aguas embravecidas de la Bebida Fuerte.

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El secreto de la guía divina Frederick Brotherton Meyer

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