Capítulo 2 · 3 min de lectura · 4 min de escucha
Prefacio del autor
Solo después de considerarlo durante muchos meses, de examinar mucho mis motivos y de orar con mucho fervor, llegué a la conclusión de escribir esta obra. No he dado ni un solo paso en el servicio del Señor acerca del cual haya orado tanto como por este. Mi gran aversión a aumentar el número de libros religiosos habría bastado por sí sola para apartarme de ello para siempre, de no haber abrigado la esperanza de ser instrumento, de este modo, para llevar a algunos de mis hermanos a valorar más las Sagradas Escrituras y a juzgar según la norma de la Palabra de Dios los principios conforme a los cuales obran. Pero lo que más pesó en mí fue que tengo motivos para creer, por lo que he visto entre los hijos de Dios, que muchas de sus pruebas provienen o bien de la falta de confianza en el Señor en lo que toca a las cosas temporales, o bien de llevar sus negocios de una manera contraria a las Escrituras. Por eso, a causa de la notable manera en que el Señor me ha tratado en cuanto a las cosas temporales, siento que soy deudor de la iglesia de Cristo y que tengo el deber de dar a conocer el camino por el que he sido guiado, especialmente para provecho de mis hermanos más pobres. Además de esto, sé que el Señor ha bendecido a muchas almas por medio de lo que les he contado acerca de cómo él me ha guiado, y por eso me pareció un deber valerme de un medio por el cual también otros, con quienes de ningún modo podría conversar, pudieran recibir beneficio a su vez. Lo que finalmente me decidió a escribir este Relato fue que, si el Señor permitía que el libro se vendiera, yo podría, con las ganancias de la venta, ayudar en mayor medida a los hermanos y hermanas pobres entre quienes trabajo;—asunto que, precisamente en aquel tiempo, pesaba mucho en mi ánimo. Comencé, pues, a escribir. Pero a los tres días me vi obligado a dejar la obra a un lado a causa de mis otros compromisos apremiantes. Más tarde, tuve que guardar reposo a causa de un absceso; y como durante muchas semanas no pude andar como de costumbre, aunque sí podía trabajar en casa, tuve tiempo para escribir. Cuando el manuscrito estaba casi terminado, se lo di a un hermano para que lo revisara y me diera su parecer; y el Señor refrescó tanto su espíritu por medio de él, que se ofreció a adelantar los fondos para imprimirlo, en el entendido de que, si el libro no se vendía, nunca me consideraría su deudor. Con este ofrecimiento se quitó un obstáculo nada pequeño, pues no tengo medios propios para costear la impresión. Estas dos últimas circunstancias, junto con muchos otros puntos, me confirmaron que no me había equivocado al llegar a la conclusión de que era la voluntad de Dios que yo sirviera a su iglesia de esta manera.
El hecho de ser extranjero y, por tanto, de conocer muy imperfectamente la lengua inglesa, no lo juzgué razón suficiente para dejar de escribir. El lector cristiano, que conoce este hecho, disculpará con indulgencia cualquier inexactitud de expresión.
Este Relato está destinado especialmente a los pobres de entre los hermanos, y a sus oraciones lo encomiendo en particular.
GEORGE MÜLLER.
Capítulo 2 completado
Prefacio del autor