Capítulo 34 · 6 min de lectura

Ganar almas

El fruto del justo es árbol de vida, y el que gana almas es sabio.” Proverbios 11:30.

En un artículo publicado en The Student Movement de febrero de 1901, titulado “Un despertar espiritual”, de H. W. Old-ham, he hallado las siguientes frases: “En los estatutos de la mayoría de las Uniones Cristianas de Estudiantes se declara que el fin principal de la Unión Cristiana de Estudiantes es conducir a los estudiantes a hacerse discípulos de Jesucristo. Pero si se insiste en la pregunta: ‘¿Están siendo ganados realmente los estudiantes de la indiferencia y la incredulidad a la fe en Jesucristo?’, la respuesta ha de ser que, aunque en unos pocos casos así sucede, en la mayoría de las Uniones resulta muy dudoso. Algunas Uniones, desalentadas por el fracaso anterior, se han vuelto escépticas en cuanto a la posibilidad de ganar hombres para Cristo en circunstancias tan difíciles como las suyas. Puede que sigan practicando en cierta medida los métodos tradicionales de trabajo evangelístico, pero han dejado de esperar hacer algo más que fortalecer a quienes ya tienen fe.

El Comité Ejecutivo del Departamento General Universitario ha colocado de manera decidida el despertar espiritual de los estudiantes en el primer plano de su política. Si las Uniones locales se congregan en torno al Comité Ejecutivo, bien podemos esperar ver a Dios obrando en las vidas de quienes nos rodean.

‘El amor que nos ganó puede ganar a muchos. Es justo reconocer la seriedad de adoptar este propósito. Implica una estrecha comunión con Jesucristo en una vida santa, en el sacrificio propio, en el servicio amoroso; requiere someterse a la corrección y al gobierno del Espíritu de Dios…. Debemos sacar del segundo plano de nuestra obra el propósito de ganar estudiantes para Cristo y colocarlo en primer lugar. Nuestras Uniones tienen más que suficientes obreros mecánicos. Necesitan hombres y mujeres con propósitos definidos, que piensen y oren, y oren y trabajen, hasta que su Unión sea un instrumento apto en la mano de Dios para transformar las vidas de los estudiantes.”

En un editorial del mismo número leemos, respecto al Día de Oración: “Hay muchas confesiones, y muchas peticiones que habremos de presentar en el día de oración; pero, por nosotros mismos, sentimos que la más urgente ha de ser una oración por un despertar espiritual. Poco a poco hemos ido reconociendo el hecho de que la mayoría de nuestras Uniones no están ganando hombres para Cristo, y algunas han comenzado a darse cuenta, con espanto, de que ese hecho les ha causado muy poca tristeza. ‘Es una desgracia, ciertamente, que no se haya ganado a los estudiantes, pero… ¿qué podemos hacer? En verdad se necesita un despertar espiritual; se necesita en nuestros propios corazones. Cuando venga, pronto descubriremos qué hacer. ¿Dónde está el anhelo apasionado por ayudar a los hombres? ¿Dónde está la oración urgente por nuestro hermano que no se dejará negar?

En el mismo corazón de todo el asunto está nuestra falta de interés. Solo aquello que nos interesa influirá en los hombres.

Solo cuando, en lo más hondo, entre los intereses eternos de nuestra alma, arda el deseo apasionado de conducir a los hombres a Cristo, encontraremos a aquellos que necesitan nuestra ayuda y que la acogerán con gozo. Solo las palabras y las obras que brotan de la ardiente pasión del deseo de ayudar a los hombres hallan oportunidades de influir en las vidas. Porque solo donde hay un deseo como este se reconoce que sin Él somos impotentes, ya sea para hallar a los necesitados o, habiéndolos hallado, para darles ayuda. ¿No pediremos unánimemente que una pasión por las almas nazca en cada uno de nosotros en el día de oración?”

A esto permítaseme añadir un extracto de un artículo sobre “Las necesidades de la India”, del número de enero del mismo periódico. El autor (el Rev. W. E. S. Holland, antes Secretario Viajero de la B.C.C.U.) había hablado de que el propósito central en la fundación de los Colegios de Misión era “la influencia personal que los profesores de cuatro de los mayores Colegios de Misión de la India tienen tan ocupado su tiempo con las clases, que no les queda ni tiempo ni ánimo para una unión personal con sus estudiantes. Cinco o seis horas al día, con varias más de preparación, en un clima de la India, dejan a un hombre agotado, sin tiempo ni energía nerviosa para la más intensa de todas las obras: el trato individual con un hombre acerca de su alma.”

Concluye su escrito con estas palabras: “Se necesitan 40.000 hombres, no menos, si toda la India ha de oír. Y, sin embargo, casi retrocede uno ante un llamamiento en busca de hombres. ¿Por qué? Para que no vengan a ser estorbos que ocupen la tierra en vano. Porque la obra misionera es, después de todo, solo ganar almas. Y no hay nada que haga de un hombre un ganador de almas en la India si no lo ha sido antes en su patria.

El sentido del deber, o de la gran necesidad, puede traer a un hombre a la India. Nada puede capacitarlo para vivir, año tras año, una vida misionera aquí, sino un amor tan ardiente por Cristo que lo constriña al sacrificio y a una vida de ganar almas en su propia patria.”

¡Qué pensamientos sugieren estos extractos respecto a la obra de ganar almas! Que es el primer gran requisito en el misionero. Que ir a un campo misionero no hará necesariamente de un hombre un ganador de almas. Que es en la patria, antes de entrar en el campo misionero, donde se ha de adquirir y ejercitar el espíritu del sacrificio propio y de ganar almas. Adiestrar a sus miembros en el arte de ganar almas es uno de los principales fines del Movimiento Estudiantil, así como la práctica de ello será la medida de su fuerza y de su éxito. Que siempre nos amenaza el peligro de caer de esto en métodos tradicionales y mecánicos. Que debiera hacerse oración continua, ferviente, unánime y privada por más amor a las almas, y desplegarse en cada Unión de Estudiantes esfuerzos continuos, fervorosos, unánimes y privados para que nuestros compañeros sean ganados para Cristo.

La gran característica de la vida divina, ya sea en Dios, en Cristo o en nosotros, es el amor que busca salvar a los perdidos. Sea esta la vida cristiana que cultivemos: un amor que halla su bienaventuranza en salvar a los hombres. Esta vida no puede cultivarse en ningún hombre sino por un íntimo apego personal a Jesús y por la comunión diaria con Él como un Amigo a quien amamos.

Es en el aposento interior donde ha de mantenerse esta comunión con el Padre y el Hijo. Es en esto donde el Padre, que nos ve en lo secreto, nos recompensará en público.

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Ochorus

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