Capítulo 30 · 5 min de lectura
El Salmo 119 y su enseñanza
¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. «Salmo 119:97.
En las Sagradas Escrituras hay una porción dedicada por entero a enseñarnos el lugar que la Palabra de Dios debe ocupar en nuestra estima, y la manera en que podemos asegurar su bendición. Es el capítulo más largo de la Biblia, y, con apenas una excepción, en cada uno de sus 176 versículos se hace mención de la Palabra bajo diferentes nombres. Cualquiera que verdaderamente desee saber cómo estudiar su Biblia conforme a la voluntad de Dios debiera hacer un estudio cuidadoso de este Salmo.
Debiera llegar un momento en su vida en que resuelva estudiar su enseñanza y llevarla a la práctica. ¿Cómo hemos de asombrarnos de que nuestro estudio de la Biblia no traiga mayor provecho y fortaleza espiritual, si descuidamos el Directorio Divino que ella nos ofrece para ese estudio? Es posible que jamás lo hayas leído entero de una sola vez. Si no tienes tiempo, halla el tiempo, alguna hora libre del día de reposo — ¿o por qué no alguna semana, día u hora libre? — en que lo leas de principio a fin y procures asir su pensamiento principal, o al menos captar su espíritu.
Si te resulta difícil hacerlo leyéndolo una sola vez, léelo más de una vez. Esto te hará sentir la necesidad de darle una consideración más atenta. Las siguientes indicaciones pueden ayudarte en tu estudio: 1.º Fíjate en todos los distintos nombres bajo los cuales se habla de la Palabra de Dios.
2.º Fíjate en todos los distintos verbos que expresan lo que debemos sentir y hacer respecto de la Palabra. Que esto te lleve a considerar cuidadosamente cuál es el lugar que la Palabra de Dios reclama en tu corazón y en tu vida, y cómo cada facultad de tu ser —el deseo, el amor, el gozo, la confianza, la obediencia, la acción— es llamada por ella a manifestarse.
3.º Cuenta y anota cuántas veces el escritor habla en tiempo pasado de haber guardado, observado, seguido y hallado deleite en los testimonios de Dios. ¿Cuántas veces expresa en tiempo presente cómo se regocija en la ley de Dios, la ama y la estima? Y luego cómo, en tiempo futuro, promete y hace voto de observar los preceptos de Dios hasta el fin. Reúne todo esto y verás cómo más de cien veces presenta su alma delante de Dios como quien honra y guarda su ley. Estudia esto especialmente en cuanto estas expresiones se hallan ligadas a sus oraciones a Dios, hasta que tengas una imagen clara del hombre justo cuya oración ferviente y eficaz puede mucho.
4.º Estudia entonces las oraciones mismas y anota las diferentes peticiones que hace respecto de la Palabra, ya sea por la enseñanza para comprenderla y el poder para observarla, o por la bendición prometida en la Palabra y que se halla al ponerla por obra.
Fíjate especialmente en oraciones como «Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos» y «Dame entendimiento». También en aquellas donde el ruego es «conforme a tu palabra».
5.º Cuenta los versículos en que hay una alusión a la aflicción, ya sea a causa de su propio estado, o de sus enemigos, o de los pecados de los impíos, o de que Dios tarda «en socorrerle»; y aprende cómo es en el tiempo de la tribulación cuando necesitamos especialmente la Palabra de Dios, y que solo ella puede traernos consuelo.
6.º Luego viene una de las cosas más importantes. Advierte cuán a menudo aparecen los pequeños pronombres tú y tuyo, y cuán a menudo se sobrentienden en cada petición, «Enséñame», «Vivifícame», y verás cómo todo el salmo es una oración dirigida a Dios. Todo lo que el salmista tiene que decir acerca de la Palabra de Dios, ya sea en cuanto a su propio apego a ella, o a su necesidad de la enseñanza y la vivificación de Dios, es dicho hacia lo alto, al rostro mismo de Dios. Él cree que es grato a Dios y bueno para su propia alma enlazar su meditación y sus pensamientos sobre la Palabra, tan continua y tan estrechamente como sea posible, mediante la oración, con el Dios vivo mismo. Cada pensamiento de la Palabra de Dios, lejos de apartarle de Dios, le lleva a la comunión con Dios.
La Palabra de Dios llega a ser para él el material rico e inagotable para mantener comunión con el Dios de quien ella es y hacia quien ha de conducir. A medida que poco a poco vamos penetrando en estas verdades, obtendremos nuevo significado de los versículos aislados.
Y cuando, de tiempo en tiempo, tomemos un párrafo entero con sus ocho versículos, hallaremos cómo nos ayudan a elevarnos, con la Palabra y por medio de ella, hasta la presencia de Dios, y hasta aquella vida de obediencia y gozo que dice: «Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios». «¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.»
Busquemos, por la gracia del Espíritu Santo, que la vida devocional que este Salmo revela quede forjada en nuestra vigilia matutina. Que la Palabra de Dios cada día, y antes que todo lo demás, nos conduzca a Dios. Que cada bendición que en ella hay sea motivo de oración, muy especialmente nuestra necesidad de la enseñanza divina. Que nuestro intenso apego a ella sea nuestro ruego confiado y filial de que el Padre nos ayudará. Que a nuestras oraciones siga el voto de que, a medida que Dios nos vivifique y nos bendiga, correremos por el camino de sus mandamientos; y que todo lo que la Palabra de Dios obre en nosotros mismos nos haga tanto más fervientes en el anhelo de llevar esa Palabra a otros, ya sea para el despertar o para el fortalecimiento de la vida de Dios en el alma.