Capítulo 27 · 5 min de lectura
La renovación diaria — El modelo
No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestidos del nuevo, el cual se va renovando en conocimiento conforme a la imagen del que lo creó.» — Colosenses 3:9-10.
«Si en verdad lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, y os renováis en el espíritu de vuestra mente, y os vestís del nuevo hombre, que conforme a Dios es creado en justicia y santidad de la verdad.» Efesios 4:21, 23, 24.
En todo empeño es de suma importancia tener claramente definida la meta. No basta con que haya movimiento y progreso; queremos saber si el movimiento va en la dirección correcta, derecho hacia el blanco; y sobre todo cuando obramos en asociación con otro, de quien dependemos, necesitamos estar seguros de que nuestro propósito y el suyo están en perfecto acuerdo. Si nuestra renovación diaria ha de alcanzar su objeto, necesitamos conocer con claridad y sostener con firmeza cuál es su fin.
«Os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando en conocimiento.» La Vida Divina, la obra del Espíritu Santo dentro de nosotros, no es una fuerza ciega, como en la naturaleza. Hemos de ser colaboradores de Dios; nuestra cooperación ha de ser inteligente y voluntaria: «El nuevo hombre se va renovando de día en día en conocimiento.» Hay un conocimiento que el entendimiento natural puede sacar de la Palabra, pero que carece de vida y de poder, de la verdad real y la sustancia que trae el conocimiento espiritual.
Es la renovación del Espíritu Santo la que da el verdadero conocimiento, el cual no consiste en pensamiento ni en concepto, sino en un gustar interior, una recepción viva de las cosas mismas de las cuales las palabras y los pensamientos no son sino imágenes. «Os habéis vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando en conocimiento.» Por diligente que sea nuestro estudio de la Biblia, no se adquiere ningún conocimiento verdadero sino en la medida en que se experimenta la renovación espiritual; «la renovación en el espíritu de la mente», en su vida y en su ser interior, es la única que trae el verdadero conocimiento Divino.
¿Y cuál es ahora el modelo que se revelará a este conocimiento espiritual que brota de la renovación como su verdadero y único fin? El nuevo hombre se va renovando en conocimiento, conforme a la Imagen del que lo Creó. Nada menos que la imagen, la semejanza de Dios. Ese es el único fin del Espíritu Santo en su renovación diaria; ese ha de ser el fin del creyente que busca esa renovación.
Este fue el propósito de Dios en la creación: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.» ¡Cuán poco se considera la gloria infinita de estas palabras! Nada menos que para esto sopló Dios su propia vida en el hombre: para que reprodujera en el hombre sobre la tierra una perfecta semejanza a Dios en el cielo. En Cristo, esa imagen de Dios ha sido revelada y vista en forma humana. Hemos sido predestinados, redimidos y llamados; somos enseñados y capacitados por el Espíritu Santo para ser conformados a la imagen del Hijo, para ser imitadores de Dios y andar así como Cristo anduvo. ¿Cómo puede llevarse a cabo la renovación diaria, de qué pueden aprovechar el estudio diario de la Biblia y la oración, si no ponemos nuestro corazón en aquello en que Dios ha puesto el suyo: el Nuevo Hombre que se va Renovando de Día en Día conforme a la Imagen del que lo Creó?
En el segundo pasaje tenemos el mismo pensamiento expresado de manera algo diferente. Renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, que conforme a Dios, según la semejanza de Dios, ha sido creado en justicia y santidad de la verdad. La justicia es el aborrecimiento que Dios tiene del pecado, y su sostenimiento de lo que es recto. La santidad es la gloria inefable de Dios, en la perfecta armonía de su justicia y su amor; su infinita exaltación por encima de la criatura; su perfecta unión con ella. La justicia en el hombre incluye toda la voluntad de Dios respecto a nuestro deber para con Él y para con nuestros semejantes; la santidad, nuestra relación personal con Él mismo. Así como el nuevo hombre ha sido creado, así también ha de ser renovado diariamente, conforme a Dios en justicia y santidad de la verdad. Para asegurar esto es que el poder del Espíritu Santo obra en nosotros. Para asegurar esto es que Él nos espera día tras día para que nos entreguemos a Él, en su gracia y poder renovadores.
La hora matutina que retorna cada día es el tiempo para asegurar la renovación diaria del Espíritu Santo en la imagen de Dios como justicia y santidad de la verdad. ¡Qué necesidad hay de meditación y oración para poner el corazón en aquello a lo que Dios apunta, y obtener una verdadera visión de la maravillosa posibilidad: el hombre interior renovado de día en día en la semejanza misma de Dios, transformado en la misma imagen como por el Espíritu del Señor! ¡Estudiante cristiano!
Que nada menos sea tu meta, ni satisfaga tus anhelos. La imagen de Dios, la vida de Dios está en ti. Su semejanza puede verse en ti. No separes más a Dios de su semejanza; que todo acercamiento a Él, que toda confianza en Él no signifiquen nada menos que hallarlo a Él, con su semejanza forjada en ti por la renovación del Espíritu Santo. Sea esta tu oración diaria: ser renovado conforme a la imagen del que te creó.