Capítulo 26 · 5 min de lectura
La renovación diaria: su poder
Por tanto, no desmayamos. Aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 2 Corintios 4:16.
"Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino según su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo" Tito 3:5.
Con cada nuevo día, la vida de la naturaleza se renueva. Cuando el sol vuelve a salir con su luz y su calor, las flores se abren, las aves cantan, y por todas partes la vida se despierta y se fortalece. Cuando nos levantamos del reposo de nuestro sueño y tomamos nuestro alimento matutino, sentimos que hemos cobrado nuevas fuerzas para los deberes del día. El aposento interior es la confesión permanente de que también nuestra vida interior necesita una renovación diaria. Solo mediante el alimento fresco que nos da la Palabra de Dios, y mediante una fresca unión con Dios mismo en la oración, puede mantenerse y crecer el vigor de la vida espiritual.
Aunque nuestro hombre exterior perezca, aunque la carga de la enfermedad o del sufrimiento, la tensión del trabajo y el cansancio nos agoten o nos debiliten, el hombre interior puede renovarse de día en día.
Un tiempo y un lugar de quietud, con la Palabra y la oración, son los medios de la renovación. Pero solo lo son cuando, como medios, están animados por el poder divino que obra a través de ellos. Ese poder es el Espíritu Santo, el poder poderoso de Dios que obra en nosotros. Nuestro estudio del aposento interior y de la vida interior que representa sería deficiente si no diéramos el lugar que le corresponde a la renovación diaria del hombre interior, que es siempre obra del bendito Espíritu. En el texto de Tito se nos enseña que "Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino según su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación del Espíritu Santo.” Las dos expresiones no pretenden ser una repetición.
La regeneración es un solo gran acto, el comienzo de la vida cristiana; la renovación del Espíritu Santo es una obra que se lleva a cabo de manera continua y que nunca termina. En Romanos 12:2 leemos acerca de la transformación progresiva de la vida cristiana, que se realiza por "la renovación de vuestro entendimiento.'' En Efesios 4:23, la expresión "despojaos del viejo hombre" (en aoristo) indica un acto hecho de una vez para siempre; la expresión "renovaos en el espíritu de vuestra mente" está en tiempo presente, y apunta a una obra progresiva. Así también en Colosenses 3:10 leemos: "y habiéndoos vestido del nuevo hombre, el cual se va renovando en conocimiento conforme a la imagen del que lo creó.” Es al bendito Espíritu a quien hemos de mirar, y en quien podemos contar, para la renovación diaria del hombre interior en el aposento interior.
En nuestras devociones secretas, todo depende de que mantengamos la verdadera relación con la adorable tercera persona de la bendita Trinidad, por medio de la cual únicamente pueden el Padre y el Hijo realizar su obra de amor salvador, y por medio de la cual únicamente puede el cristiano realizar su obra. Esa relación puede expresarse con dos palabras muy sencillas: fe y entrega. Fe. Dice la Escritura: "Dios ha enviado a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: “¡Abba, Padre!”
El hijo de Dios, aun el más débil, que en su devoción matutina quisiera elevar una oración que sea agradable al Padre y sea una bendición para sí mismo, ha de recordar que ha recibido al Espíritu Santo como el espíritu de oración, y que su ayuda es indispensable para capacitarnos a orar eficazmente. Así también con la Palabra de Dios. Es únicamente por el Espíritu Santo que la verdad, en su significado y poder divinos, puede sernos revelada y hacer su obra en nuestros corazones. Si la renovación diaria del hombre interior en la hora matutina ha de ser una realidad, toma tiempo para meditar, adorar y creer con todo tu corazón que el Espíritu Santo te ha sido dado, que Él está dentro de ti, y que por medio de Él Dios obrará la bendición que da mediante la oración y la Palabra.
Entrega. No olvides que el Espíritu Santo debe tener pleno dominio. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.”
Andan conforme al Espíritu, no conforme a la carne. Es la presencia no contristada del Espíritu la que puede dar a la Palabra su luz y su poder, y guardarnos en esa bendita vida de confianza filial y obediencia filial que es agradable a Dios.
Alabemos a Dios por este maravilloso don, el Espíritu Santo en su poder renovador, y miremos con nuevo gozo y esperanza al aposento interior como el lugar donde el hombre interior puede en verdad renovarse de día en día. Así se mantendrá siempre fresca la vida; así iremos de poder en poder, así llevaremos mucho fruto, para que el Padre sea glorificado.
Si todo esto es verdad, cuán necesario es que conozcamos rectamente al Espíritu Santo. Como Tercera Persona, es su oficio y su obra traernos la vida de Dios, ocultarse en lo profundo de nuestro ser y hacerse uno con nosotros, revelar allí al Padre y al Hijo, ser el poderoso Poder de Dios obrando en nosotros, y tomar el control de todo nuestro ser. Solo pide una cosa: sencilla obediencia a su dirección. El alma verdaderamente rendida hallará en la renovación diaria del Espíritu Santo el secreto del crecimiento, de la fuerza y del gozo.