La imitación de Cristo
Cuando no podemos llegar a lo más alto, hemos de practicar las obras humildes

Capítulo 89 · 1 min de lectura · 1 min de escucha

Cuando no podemos llegar a lo más alto, hemos de practicar las obras humildes

La voz de Cristo

HIJO, no siempre puedes perseverar en el deseo más fervoroso de la virtud, ni mantenerte en el grado más alto de la contemplación; sino que, a causa del pecado de la humanidad, tendrás que descender a veces a cosas más bajas y llevar la carga de esta vida corruptible, aunque sea contra tu voluntad y con cansancio. Mientras lleves un cuerpo mortal, padecerás cansancio y pesadumbre de corazón. Debes, pues, gemir en la carne por la carga de la carne, que te impide entregarte sin cesar a los ejercicios espirituales y a la contemplación divina.

En tal estado, te conviene dedicarte a obras humildes y exteriores y recrearte en buenas obras, esperar con confianza inquebrantable mi visita celestial, y soportar con paciencia tu destierro y la sequedad de tu alma hasta que yo te visite de nuevo y te libre de todas las angustias. Porque yo te haré olvidar tus trabajos y gozar de la quietud interior. Extenderé ante ti los campos abiertos de las Escrituras, para que con el corazón abierto comiences a avanzar por el camino de mis mandamientos. Y dirás: lo que en este tiempo se padece no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

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